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Morir a la carne

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas.. Lectura Biblica: Hebreos 12:7-15

“Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”.

Introducción

Los que son de Cristo ya fueron muertos con Él y no tiene sentido tratar de salvar lo que Dios ya condenó, esto es la carne. Sino que debemos poner en práctica la obra de la cruz en nosotros.

Si el Espíritu de Dios mora en nosotros vivificará también nuestros cuerpos por su Espíritu. Así que deudores somos “porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” Gálatas 5:13.

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Fuimos llamados a libertad en un mundo que hace de la libertad una vida de libertinaje. Y aun muchos de los llamamos cristianos siguen luchando en la carne en contra de esos deseos que los llevan a vivir vidas de esclavos del pecado.

Porque los que se creen en libertad para mostrar que todo lo pueden, que no hay límites a la manera de vivir que tienen. Que se creen libres por ser abiertos de mentes, cuando en realidad sus vidas son una transgresión a las leyes, autoridades, y a todo que vaya en contra de su supuesta libertad. Este es el motivo por el cual cometen aberraciones en contra de sus propias vidas, haciéndose ellos mismos esclavos de los deseos pecaminosos de su carne.

La humanidad fue creada buena y perfecta

La humanidad fue creada buena y perfecta porque Dios es perfecto. Pero cuando Adán y Eva pecaron se corrompió su naturaleza, y esa naturaleza pecaminosa pasó a su descendencia. De manera que, tanto la naturaleza física como espiritual eran buenas, pero fueron afectadas negativamente por el pecado. El resultado final es una naturaleza que se denomina “la carne”. Una naturaleza que se opone a Dios y busca gratificación pecaminosa, por lo que es imposible para el hombre natural agradar o servir a Dios.

Pablo afirma en Romanos 7:14-24 que había algo “en los miembros” que llama “mi carne” que trae dificultad en su vida cristiana y le hace prisionero del pecado. Y Lutero dice que Pablo habla ahí del hombre entero, cuerpo y alma, razón y todas sus facultades, porque todo lo que está en él anhela y se esfuerza para la carne. Lo que equivale a decir que sus afectos y deseos van en contra de Dios en todos los ámbitos de la vida.

Las obras de los hombres

Podríamos clasificar las obras de los hombres en dos grandes grupos. La obras de la fe, y las obras de la carne. Donde las obras de la fe son en obediencia a la palabra de Dios. Es decir, por fe, y el final es la vida eterna. Mientras que  las obras de la carne, son en obediencia a nuestras propias concupiscencias y se ejecutan creyendo que lo que hacemos es lo que nos conviene y el final es muerte.

En la práctica, lo que estoy diciendo es que si escuchamos la voz del Señor que nos habla al corazón y le obedecemos, estamos siendo guiados por su Santo Espíritu y hacemos morir las obras de la carne en ese acto al no escuchar ni obedecer a la carne.

Por esto es que muchos llegan a la iglesia y dejan sus grandes pecados, y cambian su manera de hablar, en vez de decir suerte dicen Dios te bendiga. Pero pasado el tiempo algunos empiezan a recaer en pecados que habían dejado atrás, o porque no les gusto algo y creen estar bien, sintiéndose frustrados caen más abajo, y se alejan de la congregación.

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Ayunar

También están aquellos que piensan que ayunar es para mover la mano de Dios a nuestro favor, en el sentido de que nos dé cosas que deseamos. Buscan a Dios solo para eso. Pero el ayuno es para dos cosas fundamentales. Acercarse a Dios teniendo un encuentro personal en el Espíritu, y morir a la carne y a nuestros deseos. Esas tienen que ser las metas principales de nuestros ayunos cristianos.

No tiene sentido creer en Jesucristo sin creer que su Espíritu nos ayuda a vencer las obras de nuestra carne, porque si no lo creemos tampoco podemos creer que tiene el poder de vivificar nuestros cuerpos mortales y levantarnos de entre los muertos; y si no lo creemos deberíamos recordar que las promesas se alcanzan por la fe.

Los que viven según la carne

Aquellos que viven según la carne, y que no desean cambiar o arrepentirse de su conducta pecaminosa experimentarán la separación de Dios en esta vida, porque:

“¿…qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte” Romanos 6:21

No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” Gálatas 6:7-8.

Dicen: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” Zacarías 4:6 en la guerra espiritual, y la verdad es que para vencer a la carne solo lo podemos hacer con su Santo Espíritu.

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Quieren la Gloria de Dios

Quieren la Gloria de Dios, pero si la gloria de Dios bajase no lo soportarían. Hablar de santidad es un mensaje que no agrada y lo llaman legalismo, religiosidad, pero la Biblia dice que sin santidad nadie verá a Dios.

Muchos desean el derramamiento del Espíritu Santo, pero no están listos pues en sus vidas todavía hay carne. Por eso “nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar” Marcos 2:22.

Quizás sacaron los pecados más grandes, pero todavía hay mentiras, engaños, envidas, celos, quejas, divisiones, chismes, iras, rivalidades, o borracheras.

A libertad fuimos llamados

Pero “vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne” Gálatas 5:13. A libertad fuimos llamados en un mundo que hace de la libertad una vida de libertinaje que los llevan a vivir como esclavos de los deseos pecaminosos de su carne.

De manera que por más que saquemos fuera todo lo que nosotros consideramos pecaminoso, pero no sacamos la raíz, que es el deseo de hacer, o ver, o tocar, o consumir, o en general el deseo desordenado o como lo llama la Biblia concupiscencia, si no lo extirpamos por medio de morir a la carne con ayuno, oración, y acción, es en vano todo intentemos para crecer espiritualmente.

Vencer a la carne solo lo hacemos con su Santo Espíritu

Pues “si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” Romanos 8:11-13.

Es decir que nos enfrentamos a una condición, a un condicionante, ya que si por medio del Espíritu Santo hacemos morir la obras de la carne, viviremos; pero si vivimos conforme a la carne, moriremos, y estamos hablando de cristianos que ya tienen el Espíritu Santo, que han nacido de nuevo, es decir que la advertencia es para creyentes y no para incrédulos.

Y también nos dice que no es que el Espíritu lo hará sólo, sino que somos nosotros quienes debemos hacerlo por medio del Espíritu Santo, ya que ese Espíritu tuvo el poder de levantar a Jesús de los muertos y tiene el poder de hacer morir nuestras obras de la carne, por lo que debemos usarlo para hacer morir las obras de la carne ya que de otro modo moriremos.

Obedecer la carne

Obedecer la carne siempre resulta en desobedecer la ley de Dios, pero el Señor nos da un proceso para superar la carne y restablecer la relación correcta con Dios. Y para esto, lo primero es caminar en honestidad, reconociendo el comportamiento pecaminoso delante de Dios, pues:

si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” 1 Juan 1:8,10.

Luego debemos caminar en el Espíritu, que es mantener a Cristo como salvador y recibir el Espíritu Santo para vivir correctamente delante de Dios y no obedecer los deseos de la carne. Asumiendo como Pablo que “con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” Gálatas 2:20.

Y el último paso es cuando la carne pasa hambre de sus deseos para finalmente morir. Entendiendo que cuando una persona nace de nuevo por el Espíritu aún tiene la vieja naturaleza con sus deseos que batallan con la nueva naturaleza y los deseos que provienen del Espíritu. Por lo tanto, “haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” Colosenses 3:5-6.

© Ricardo Hernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Ricardo Hernández

Siervo de Jesucristo.

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