¿Qué es la gracia de Dios?

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Predicas Cristianas Prédica de Hoy: ¿Qué es la gracia de Dios?

Predicas Cristianas Texto Bíblico: Génesis 1:26

Introducción

¿Qué es la gracia de Dios? Es una muy buena pregunta que debe hacerse todo cristiano y que seguramente una buena cantidad de ellos no conocen el verdadero significado y en que forma obra en nuestras vidas.

Leamos la Palabra de Dios 

El hombre fue creado del polvo de la tierra en su parte material; y la parte inmaterial, la parte espiritual, la proporcionó el soplo de vida del creador; la parte inmaterial está compuesta por el alma y el espíritu, allí es donde opera la naturaleza espiritual, todo ser humano tiene un espíritu dado por Dios.

En el principio decíamos que Él proporcionó el hálito de vida, el soplo de vida, y es de allí que solamente Dios puede impartir una nueva vida, un espíritu nuevo, “Crea en mi, oh Dios; un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mi” (Salmo 51:10), solamente el que lo creó puede regenerarlo, convertirlo en una nueva criatura.

Caída de Adán

En virtud de los poderes originados en el hecho de ser creados a la imagen de Dios hace que todo ser viviente fuera entregado a su señorío, aún la naturaleza es sojuzgada al hombre. Desde el momento de la creación le dio al hombre un medio ambiente adecuado y la capacidad para responder a sus obligaciones y responsabilidades para con la obra de Dios.

Pero la caída de Adán dio como resultado que la inocencia e integridad moral en que fuera creado se perdiera, resultando dañada la imagen de Dios en él; incapaz de salvarse por si mismo, solamente alberga la esperanza de un acto de gracia de Dios, un regalo de Dios que le restaure la imagen divina y junto con ella la comunión con el Padre.

Las Escrituras manifiestan al corazón como centro de todo, allí convergen todas las corrientes de vida, tanto espirituales como carnales, el corazón es el centro de nuestra vida ética y moral; allí está el verdadero tesoro, el espiritual, esta en el interior guardado en vasos de barro como dice 2 Corintios 4:7, este es el receptáculo del amor de Dios, “…, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5), es el lugar donde nace la luz de Dios (2 Corintios 4:6) y el sitio íntimo de comunión con Dios, “Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5:19).

Dios sabe que el hombre es pecador

Él conoce todos sus pecados, aún aquellos que están ocultos para los hombres; Él sabe que el hombre peca con sus ojos (Jeremías 22:17), con la boca (Romanos 3:14), con los pies (Proverbios 6:18) y con las manos (Salmos 26:10), todo ello como consecuencia de los pensamientos que Satanás pone en la mente del hombre, una mente vacía, una mente ociosa resulta ser el taller maléfico de Satanás; si la mente es ocupada por Cristo, si sujetamos nuestros pensamientos a la obediencia a Cristo pasa a ser el sitio de elaboración de las buenas obras de Dios.

Sabiendo de la opresión por parte de Satanás que sufre el hombre, Dios le da el plan perfecto de redención (Tito 2:14) a través de la sangre de Jesucristo y restableciendo la comunión con el Padre; nuestro Señor Jesucristo señaló el camino para escapar de las garras del pecado y de la degradación moral para todo aquél que acepte seguirle.

La gracia de Dios abrió la senda de la salvación a través de su muerte expiatoria en la cruz

De las muchas obras que Jesús ha realizado, la mayor, la de mayor excelencia fue el morir por los pecados del mundo, “Y darás a luz un hijo; y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).

Él destruyó la barrera que nos separaba permitiendo la reconciliación del hombre con Dios, Él soportó sobre si mismo todo lo que nosotros debíamos soportar y como beneficio de ello recibimos el don de la vida eterna y la justicia de Dios, brindándonos libertad y toda bendición espiritual; Dios espera del hombre el arrepentimiento, la conversión y la vida en santidad, alabándole y recibiendo su fortaleza en toda circunstancia.

Vemos que el hombre puede seguir el camino que nos marcara Nuestro Señor o bien puede caer en dos caminos equivocados, el hombre puede caer en el camino irresponsable de la carnalidad o la mundanalidad, y por otro lado está el camino del legalismo, ambos son dolorosos y a nada bueno conducen.

El camino esta marcado por la gracia de Dios puesto que esta es la que vivifica

Así como hemos recibido al Señor Jesús, debemos andar el él” dice Colosenses 2:6-7, la justificación, el sin igual hecho de que un pecador es hecho justo, su transformación y liberación de sus hábitos pecaminosos es la obra poderosa de la gracia de Dios; la gracia de Dios es la herramienta que cancela todas nuestras deudas ante Dios, “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).

Y por la gracia de Dios no solo gozamos de la justificación y salvación sino que además a través de ella recibimos la plenitud de Dios en nuestras vidas, “Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:19), y seguramente es este el estímulo mas eficaz para vivir en santidad toda vez que al tener la plenitud de Dios, anhelamos agradar a Dios y por ello asumimos su Palabra como nuestro estilo de viva, la vida de Cristo es nuestra guía y ejemplo.

La gracia de Dios no es la ley

Son principios éticos y morales, cumplidos y enseñados por Cristo para mostrar la fuerza poderosa del amor de Dios. En la ley de Moisés la obediencia a la ley era el único fundamento para la justificación, pero conocemos el fracaso humano, “Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión” (Romanos 3:20) y en consecuencia la justicia de Dios debe ser satisfecha por un inocente (1 Pedro 3:18).

Mediante la aparición de un sustituto que cargó con nuestras culpas, Jesús nuestro redentor; solamente por su gracia somos justificados ante Dios, es fundamental que reconozcamos que la justificación es por Jesucristo y a través de su gracia.

La Biblia fija conductas a cumplir basadas en la moral establecida por Dios y que la sociedad suele ignorar o hacerse la distraída respecto de ella al hallarse cegada por el dios de este siglo:

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

No somos entes aislados, Dios nos puso en una familia en primer lugar y si bien han cambiado las costumbres y formas, lo que no ha cambiado es la obligación de enseñar a nuestros hijos, y primordialmente durante los primeros años de vida pues es el tiempo en que se forjan conductas que nos marcarán y acompañarán durante toda la vida, “Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).

El deber de los padres

El deber de los padres es encarrilar a la familia y en especial a los hijos por el camino correcto, desarrollando una vida familiar conforme a lo que Dios ha diseñado; por medio de su Palabra nos guía y aconseja sabiamente, brindándonos los principios, las normas y comportamientos éticos necesarios para llevar adelante nuestra vida cristiana.

Por otro lado, como familia estamos integrados a una sociedad que también tiene y está sujeta a derechos y obligaciones, y es por ello que el Señor nos dejó establecido y cumplió en si mismo estos principios a fin de mantener una relación eficaz con los demás en el marco de una integridad ética y moral sustentada por la Palabra de Dios, “Abominación es a Jehová el camino del impío; mas él ama al que sigue justicia” (Proverbios 15:9).

Las obras son consecuencia de la transformación que se produce en nosotros a través de la gracia de Dios (Filipenses 4:8-9), somos salvos por gracia; es por creer, por insertar en nuestro corazón lo que Dios nos regala es que la obra se hace efectiva en nuestra vida.

La salvación nos une a Dios y la restauración restablece la comunión con Él

Somos parte de los propósitos del Señor por gracia, somos salvos sin merecimiento propio, simplemente por el hecho de reconocer nuestras culpas, arrepentirnos de ellas y sobre todo por aceptar a Jesucristo como Señor y Salvador.

Crecemos espiritualmente, avanzamos en la obra de Dios conforme al lugar en que establecemos a Jesucristo en nuestras vidas (Juan 6:29), la gracia es independiente de la obra del hombre; si una persona está bajo la ley no puede estar bajo la gracia, una persona esta bajo la ley cuando procura asegurarse la salvación o santificación como recompensa, como retribución por la realización de buenas obras y el cumplimiento ceremonial de la iglesia.

Si está bajo la gracia, una persona asegura su salvación confiando en la obra de Dios, confiando y madurando espiritualmente al hacer de Jesucristo el eje central de su vida; la gracia capacita al hombre para vivir con justicia, para resistir la tentación y para hacer o cumplir con los propósitos de Dios.

La gracia es la acción y efecto del Espíritu Santo que mora en el hombre y da como resultado una vida llena de la plenitud de Cristo y en abundancia de los frutos del Espíritu Santo, de manera que ésos frutos fluyen en todo momento e impactan al entorno que nos rodea.

Observa tu vida, observa tu entorno y fíjate si realmente estas derramando los frutos del Espíritu, mira si estás cumpliendo los propósitos de Dios para tu vida, evalúa si tienes la capacidad necesaria para resistir la tentación, piensa si realmente estás confiando y has convertido a Cristo en el eje central de tu vida dejándote guiar por Él; si esto es así, ¡¡¡GLORIA A DIOS!!! pues estas viviendo en la gracia del Señor, en la plenitud del Espíritu.

Si la evaluación anterior te resultara negativa, replantea tu vida. El Señor te espera con sus brazos abiertos y su corazón lleno de amor y misericordia. Siempre dispuesto a perdonar, a cambiar nuestra forma de vivir. Él siempre te espera para cumplir los propósitos para los que fuiste concebido y que puedas gozar de todos sus beneficios.

Conclusión:

Visitó un hombre una fábrica de papel, le mostraron el proceso con su avanzada tecnología y la fábrica provista de moderna maquinaria, pero él quiso ver la material prima, fue llevado a un gran depósito en donde vio trapos sucios, viejos y malolientes, papeles y cartones amarillentos, y sucios; entonces preguntó al responsable si verdaderamente de esa suciedad era posible extraer algo de papel bueno.

Al tiempo recibió de la fábrica un paquete de papel blanquísimo, de excelente calidad y con marca de agua de su fabricante.

Así es la gracia de Dios, nos toma como materia prima, sucios, malolientes y arruinados por el pecado, en muy distintas condiciones cada uno; y Dios, a través de su gracia nos transforma en personas útiles para su servicio, con vestiduras blancas y resplandecientes, con la marca de santidad de nuestro fabricante

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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