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¿Qué es la gracia de Dios?

La gracia de Dios no es la ley, son principios éticos y morales, cumplidos y enseñados por Cristo para mostrar la fuerza poderosa del amor de Dios; en la ley de Moisés la obediencia a la ley era el único fundamento para la justificación, pero conocemos el fracaso humano, “Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión” (Romanos 3:20) y en consecuencia la justicia de Dios debe ser satisfecha por un inocente (1 Pedro 3:18).

Mediante la aparición de un sustituto que cargó con nuestras culpas, Jesús nuestro redentor; solamente por su gracia somos justificados ante Dios, es fundamental que reconozcamos que la justificación es por Jesucristo y a través de su gracia.

La Biblia fija conductas a cumplir basadas en la moral establecida por Dios y que la sociedad suele ignorar o hacerse la distraída respecto de ella al hallarse cegada por el dios de este siglo:

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No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

No somos entes aislados, Dios nos puso en una familia en primer lugar y si bien han cambiado las costumbres y formas, lo que no ha cambiado es la obligación de enseñar a nuestros hijos, y primordialmente durante los primeros años de vida pues es el tiempo en que se forjan conductas que nos marcarán y acompañarán durante toda la vida, “Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).

El deber de los padres es encarrilar a la familia y en especial a los hijos por el camino correcto, desarrollando una vida familiar conforme a lo que Dios ha diseñado; por medio de su Palabra nos guía y aconseja sabiamente, brindándonos los principios, las normas y comportamientos éticos necesarios para llevar adelante nuestra vida cristiana.

Por otro lado, como familia estamos integrados a una sociedad que también tiene y está sujeta a derechos y obligaciones, y es por ello que el Señor nos dejó establecido y cumplió en si mismo estos principios a fin de mantener una relación eficaz con los demás en el marco de una integridad ética y moral sustentada por la Palabra de Dios, “Abominación es a Jehová el camino del impío; mas él ama al que sigue justicia” (Proverbios 15:9).

Las obras son consecuencia de la transformación que se produce en nosotros a través de la gracia de Dios (Filipenses 4:8-9), somos salvos por gracia; es por creer, por insertar en nuestro corazón lo que Dios nos regala es que la obra se hace efectiva en nuestra vida.

La salvación nos une a Dios y la restauración restablece la comunión con Él, somos parte de los propósitos del Señor por gracia, somos salvos sin merecimiento propio, simplemente por el hecho de reconocer nuestras culpas, arrepentirnos de ellas y sobre todo por aceptar a Jesucristo como Señor y Salvador.

Crecemos espiritualmente, avanzamos en la obra de Dios conforme al lugar en que establecemos a Jesucristo en nuestras vidas (Juan 6:29), la gracia es independiente de la obra del hombre; si una persona está bajo la ley no puede estar bajo la gracia, una persona esta bajo la ley cuando procura asegurarse la salvación o santificación como recompensa, como retribución por la realización de buenas obras y el cumplimiento ceremonial de la iglesia.

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Si está bajo la gracia, una persona asegura su salvación confiando en la obra de Dios, confiando y madurando espiritualmente al hacer de Jesucristo el eje central de su vida; la gracia capacita al hombre para vivir con justicia, para resistir la tentación y para hacer o cumplir con los propósitos de Dios.

La gracia es la acción y efecto del Espíritu Santo que mora en el hombre y da como resultado una vida llena de la plenitud de Cristo y en abundancia de los frutos del Espíritu Santo, de manera que ésos frutos fluyen en todo momento e impactan al entorno que nos rodea.

Observa tu vida, observa tu entorno y fíjate si realmente estas derramando los frutos del Espíritu, mira si estás cumpliendo los propósitos de Dios para tu vida, evalúa si tienes la capacidad necesaria para resistir la tentación, piensa si realmente estás confiando y has convertido a Cristo en el eje central de tu vida dejándote guiar por Él; si esto es así, ¡¡¡GLORIA A DIOS!!! pues estas viviendo en la gracia del Señor, en la plenitud del Espíritu.

Si la evaluación anterior te resultara negativa, replantea tu vida, el Señor te espera con sus brazos abiertos y su corazón lleno de amor y misericordia, siempre dispuesto a perdonar, a cambiar nuestra forma de vivir; Él siempre te espera para cumplir los propósitos para los que fuiste concebido y que puedas gozar de todos sus beneficios.

Conclusión:

Visitó un hombre una fábrica de papel, le mostraron el proceso con su avanzada tecnología y la fábrica provista de moderna maquinaria, pero él quiso ver la material prima, fue llevado a un gran depósito en donde vio trapos sucios, viejos y malolientes, papeles y cartones amarillentos, y sucios; entonces preguntó al responsable si verdaderamente de esa suciedad era posible extraer algo de papel bueno.

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Al tiempo recibió de la fábrica un paquete de papel blanquísimo, de excelente calidad y con marca de agua de su fabricante.

Así es la gracia de Dios, nos toma como materia prima, sucios, malolientes y arruinados por el pecado, en muy distintas condiciones cada uno; y Dios, a través de su gracia nos transforma en personas útiles para su servicio, con vestiduras blancas y resplandecientes, con la marca de santidad de nuestro fabricante.

© Luis Alberto Coria. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos. Soy un fiel seguidor de la palabra de Dios.

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