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¿Estas respondiendo al Señor?

Predicas Cristianas

¿Estas respondiendo al Señor conforme a todas las bendiciones que Él ha derramado sobre tu vida?

¿Has pensado cuan grandes y maravillosas cosas ha llevado a cabo en tu vida, comenzando desde tu rescate de las tinieblas del pecado y hasta el día de hoy cuántas veces se ha manifestado en ella?

Leamos la palabra de Dios en 2 Crónicas 32:24-26En aquel tiempo Ezequías enfermó de muerte; y oró a Jehová, quien le respondió, y le dio una señal. 25 Mas Ezequías no correspondió al bien que le había sido hecho, sino que se enalteció su corazón, y vino la ira contra él, y contra Judá y Jerusalén. 26 Pero Ezequías, después de haberse enaltecido su corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalén; y no vino sobre ellos la ira de Jehová en los días de Ezequías.”.

Si piensan un poco, quizás les resulte conocida esta situación que pasaba Ezequías, “En aquél tiempo Ezequías enfermó de muerte; y oro a Jehová”; puede resultarles conocida pues es una situación que casi todos veníamos soportando cuando llegamos al Señor, mas que enfermos de muerte, estábamos muertos, “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1).

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Pero también estábamos padeciendo una enfermedad, una enfermedad que puede estar en nuestro cuerpo, en nuestro espíritu, en nuestra economía, en nuestra familia, o en general había una enfermedad que afectaba algún área de nuestra vida y fue por ella que llegamos a los pies de Cristo y nos entregamos para recibirle en nuestro corazón como Señor y Salvador; fue en estas circunstancias, allí mismo cuando clamamos a Él como lo hizo Ezequías.

¿Se dan cuenta de la similitud que existe entre este pasaje bíblico y nuestra vida personal?; además de esto, también nos ha dado señales de su maravilloso amor como lo hizo con Ezequías, repasa en tu vida cuantas veces el Señor se presentó ante ti en esos momentos de necesidad física, espiritual o material.

Recuerdas cuantas veces se mostró a tu vida dando señales de socorro cuando en tu alacena no había nada para presentar a la mesa, y sin saber cómo ni porqué, te llegó una bendición que suplió tu necesidad y la de toda tu familia.

Recuerdas cuando estabas tan caído anímicamente que ya no querías nada, ni aún vivir pues la vida misma era para ti un martirio, y de pronto recibiste una palabra del Señor en tu corazón o a través de un hermano, recibiste esa palabra que te fortaleció, levantó tus brazos y de la mano de Jesús superaste el obstáculo:

Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7).

Recuerdas cuando el Señor te mostró su amor protegiendo tu vida ante el peligro o te brindó los medios necesarios para salir de la enfermedad; cuántas veces estuviste a punto de abandonar el camino del Señor y allí se presentó para darte la palabra que necesitabas para confirmar tu ministerio o el propósito que Él tiene para tu vida, haciéndote afirmar tus pies en el camino correcto.

Es cierto que la señal dada a Ezequías fue algo verdaderamente maravilloso, pero para cada uno de nosotros han resultado ser maravillosas cada una de sus muestras de amor y no tienen comparación unas a otras sino que debemos simplemente tomarlas como lo que son: Una muestra del misericordioso y glorioso amor de Dios.

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Dios habló a Ezequías a través del profeta Isaías para hacer saber que su oración había sido escuchada:

Así dice Jehová; el dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová” (2 Reyes 20:5)

Veamos acá algo muy importante y que no siempre se cumple por parte de quienes reciben la gracia de Dios en su vida, Ezequías fue sanado para que suba a la casa de Jehová, es decir que primero debía dar gracias al Señor y luego retomaría su reinado.

Con tristeza podemos ver como muchos de aquellos que reciben la bendición del Señor, esa bendición que tanto necesitaban y anhelaban, la bendición por la cual con clamor y lágrimas tocaron el corazón de Dios:

Le has concedido el deseo de su corazón, Y no le negaste la petición de sus labios. Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; Corona de oro fino has puesto sobre su cabeza. Vida te demandó, y se la diste; Largura de días eternamente y para siempre” (Salmo 21:2-4).

Abrieron su boca y recibieron, pero luego que les fueran concedidos los anhelos de sus corazones, en lugar de venir a la casa del Señor, retoman el reinado de su propia vida desplazando al Señor del primer lugar para ocuparlo con su propio ego, desconociendo por completo la obra de Dios en su vida.

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Acerca de Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos. Soy un fiel seguidor de la palabra de Dios.

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