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Nuestra misión

Predicas Cristianas

Nuestra misión es llevar las buenas nuevas de salvación a ese mundo que el enemigo mantiene sometidos a las tinieblas del pecado.

Nuestra obligación es también escuchar la voz del Señor y llevar su palabra a los inconversos a fin de que éstos puedan reconstruir su vida, pero si tu no cumples te convertirás en culpable de su muerte espiritual.

Leamos la palabra de Dios en Ezequiel 3:16-21Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tu no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano…”.

Cada uno de nosotros tenemos una gran misión que el Señor nos dejara establecida en Mateo 28:19-20Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo

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Como dueño de la autoridad, ésta es la orden en que el Señor desarrollo la plenitud de esa autoridad para que sea cumplida por todo aquél que en Él cree y haya sido lleno de su amor y misericordia, Filipenses 2:10-11.

Observemos que el Señor no nos manda solamente a hablar del evangelio ni de Él mismo, sino que la orden es: “Id, y haced discípulos”; por un lado nos esta diciendo que vayamos nosotros a buscar a esos inconversos que necesitan de la luz de Cristo para que su vida cambie.

La orden es movernos, ir a la casa de los inconversos, de nuestros familiares, de nuestros amigos, de nuestros vecinos; la orden es “Id”, caminar en la búsqueda de los necesitados y no quedarnos cómodamente sentados en la iglesia o en nuestras casas a la espera de que esos que necesitan del Señor se dispongan a visitarnos o pedirnos ayuda, Marcos 1:16-20.

Por otro lado nos ordena que los hagamos discípulos nuestros, como nosotros lo somos de Cristo, Juan 13:35.

Hacer discípulos tampoco es hablarles del Señor o de las bondades del evangelio sino es convertirlos en alumnos permanentes, alumnos regulares que reciban clases constantes en cuanto a responsabilidad y cumplimiento con la obra como de todas las cosas de Dios; el Señor nos manda a hacer alumnos que reciban la enseñanza de nuestro cambio de vida y lecciones a través de nuestro testimonio; alumnos que reciban a diario la lección de nuestro trabajo para el Señor como ejemplo y enseñanza a través de la aplicación de la Palabra en nuestra vida, Santiago 1:22.

Los discípulos debemos hacerlos “a todas las naciones”, no solamente a aquellos que están junto a nosotros ya que la orden es “Id, y haced discípulos a todas las naciones”; el Señor esta mandando que salgamos de nuestro lugar para llevar su evangelio a las naciones, a los vecinos, a los de otros lugares, observemos que nos envía a “las” naciones, en plural, nos esta diciendo que no miremos distancias ni dificultades sino que dispongamos nuestro corazón para hacer discípulos y cubrir el mundo entero de la palabra de Dios.

Ya conoces el mandato del Señor y debes cumplirlo, seguramente que muchas veces habrás escuchado esta cita de la Escritura y la tomaste livianamente, no cumpliste con diligencia y simplemente te has limitado a hablar de la palabra de Dios con aquellos que se presentaron ante ti pero no pusiste nada tuyo por salir a cumplir tu misión.

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Veías a quienes se desviaban del camino o a quienes transitaban por caminos errados y los dejaste avanzar aún sabiendo que transitaban hacia la muerte sin amonestarles o exhortarle a corregirse pues pensabas que a ti no te afectaba esa situación, pero sería bueno ver que dice la Escritura de esa actitud.

Ya hemos visto la gran orden del Señor y hemos comprendido el alcance que la misma tiene para cada uno de nosotros, volvamos al pasaje que leímos en un principio: “Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte”.

Ahora el Señor nos entrega un puesto muy importante para su obra, el Señor nos pone por “Atalaya” a su pueblo, te has convertido en un vigía que debe controlar los movimientos del enemigo y dar la alarma ante una situación de peligro.

Acerca de Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos. Soy un fiel seguidor de la palabra de Dios.

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