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Saca la idolatría

Predicas Cristianas

Vemos a preciosos siervos y siervas del Señor que, como el antiguo pueblo de Israel, a pesar de conocer el propósito del Señor con su vida mantenían una relación cíclica con Él, podemos ver como ese pueblo escogido una día estaban tocando la gloria de Dios en su presencia, viendo prodigios y milagros que Dios hacía a favor de ellos; pero al poco tiempo después los vemos sumido en el pecado y bajo la ira de Dios como fruto de la desobediencia.

Así hay creyentes que viven en medio de la gloria del Señor un tiempo, y luego caen en un agujero de tinieblas, cuando esta situación no les lleva a alejarse de los caminos del Señor; es cierto que cada uno de nosotros decaemos frente a los problemas o cuando las cosas no son como quisiéramos, nuestros brazos nos pesan frente a las circunstancias y nos cuesta levantarlos para adorar al Señor, pero teniendo en cuenta de que podemos decir: “Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos” 2 Samuel 22:2-4, solo al Señor debemos temer y debemos demostrarlo cumpliendo con sus mandatos.

Leamos la Palabra de Dios en Éxodo 20:3-6 “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

Lo primero que haremos es dejar claro que cuando el Señor habla de dioses ajenos son aquellos que se adoran fuera de Él, lo cual no quiere decir que sean exclusivamente hombres sino también todo aquello que le desplace del primer lugar del corazón; de igual manera, las imágenes a que se refiere no son solo aquellas que se encuentran en los santuarios sino que también pueden ser imágenes que elevamos en nuestra mente y las llevamos a ocupar el lugar de Dios en nuestro corazón, adorándolas aún más que a Dios.

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Otra cosa que debemos tener claro es que cuando la Biblia se refiere a lugares altos, se está refiriendo a aquellos lugares donde se adora a esos dioses e imágenes, que por cierto no se trata de los santuarios físicos que conocemos sino también de aquellos que levantamos en nuestro corazón y aunque los hombres no los ven, el Señor si lo hace.

Es necesario que además de ser espirituales pensemos y razonemos para ser buenos cristianos y obedientes a lo que el Señor nos manda; es así que por el hecho de no razonar respecto de lo que sucede en nuestra vida podemos perder la bendición que anhelamos y por la cual pasamos horas clamando al Señor; por no analizar lo que sucede a nuestro alrededor y razonar hacia dónde pretende dirigirnos el entorno que nos rodea es que muchos pierden sus ministerios.

Cuando tocamos el cielo con las manos, cuando pareciera que la unción ya se derrama sobre nuestra vida, viene alguien y nos dice que el ministerio que pretendíamos desarrollar no es el nuestro; o le hacen bajar los brazos diciéndole: ¡Que vas a ser pastor!, o ¡¿Qué vas a ser evangelista o misionero, no tienes pasta para eso!; es allí en donde debemos razonar y pedirle al Señor que nos confirme nuestro sentir y saque a luz la verdad, no sea que nos estén diciendo esto porque como ellos mismos no hacen nada para el Señor no dejan que nos desarrollemos y cumplamos el propósito que Dios.

Al ingresar a la tierra prometida Dios les ordena: “Cuando hayáis pasado el Jordán entrando en la tierra de Canaán, echaréis de delante de vosotros a todos los moradores del país, y destruiréis todos sus ídolos de piedra, y todas sus imágenes de fundición, y destruiréis todos sus lugares altos; y echaréis a los moradores de la tierra” Números 33: 51-53, y esto mismo es lo que nos ordena hacer cuando recibimos a Cristo; por este mandato del Señor es que debemos destruir los falsos dioses, ídolos que nos fabricamos con imagen de futbolistas, cantantes, amigos o parientes, cuando venimos a Cristo es necesario bajar del pedestal todo aquello que hemos elevado para adorar, aunque muchas veces no nos hayamos dado cuenta de que lo hacíamos.

Acerca de Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos. Soy un fiel seguidor de la palabra de Dios.

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