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Nuestro ayudador

Predicas Cristianas

Estamos en tiempos en los que la maldad es mayor, no solamente en cantidad, sino que también es más mala, y esto es una señal de la pronta venida de Cristo, pero ante ese incremento de la maldad en todas sus formas y dimensiones, el Señor sigue protegiendo a sus hijos y nos fortalece con Su Palabra, porque:

“la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” Romanos 5:20-21.

Pero demasiadas veces nos olvidamos que sin la presencia de Dios en nuestra vida no somos nada, y andamos por la vida con la confianza puesta en nuestras habilidades, creyendo que existen situaciones en las que nos podemos manejar solos, sin el consejo de ancianos o pastores.

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Nos molesta que nos den indicaciones sobre cosas que supuestamente sabemos, o que quieran enseñarnos algo que ya damos por conocido en medio de nuestra soberbia.

Creemos que podemos enfrentar solos las trampas que el diablo pondrá en nuestro camino y por eso fracasamos.

Nos olvidamos que estamos frente a un experto en poner trampas para hacer caer a los desprevenidos, por eso el Señor permite que pasemos por situaciones en las que nos podamos desencantar de nosotros mismos y aprender lecciones de dependencia, como David, que tuvo que pasar una parte de sus mejores años como fugitivo, donde su permanente angustia e inseguridad lo llevaron a buscar la dirección divina y a reconocer su fragilidad.

Leamos la palabra de Dios en Juan 14:15-18

“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”.

El pasaje nos habla de la manifestación del Espíritu Santo en nuestro tiempo, que como lo estaba en el tiempo de la iglesia del Libro de los Hechos, estaba disponible para todos pero no todos lo tuvieron sino solo los que lo desearon, que lo anhelaron, y en este tiempo esa manifestación extraordinaria solo está disponible para los que la busquen, la anhelen, y se sujeten al Espíritu Santo:

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“pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” Lucas 11:13.

Pero si no conozco al Espíritu Santo no voy a tener lo que Él dispuso para mí, por eso necesitamos conocer al Espíritu Santo y lo que hace para poder aprovechar todo lo que quiere hacer con nosotros.

Muchos lo tienen sentado por la ignorancia de no saber lo que puede y quiere hacer en nosotros, y aunque la unción, el poder, y los dones son cosas importantes que hace, no son las más importantes, el Espíritu Santo es más que eso, mucho más.

Del pasaje que leímos podríamos preguntarnos: ¿Cómo un Consolador nos va a ayudar a guardar los mandamientos?, esto porque pensamos en una persona que nos consuela y tiene compasión de nosotros, pero el Espíritu Santo hace más que eso.

La traducción de “Consolador” es de “Paracleto”, y en este caso no sería la mejor traducción por el contexto de este pasaje, ya que el Paracleto es un amigo inseparable que nunca nos va a dejar.

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No importa la situación, el lugar, o el tiempo, el Espíritu Santo nos ayuda en toda situación a cumplir los mandamientos del Señor, a vivir como Él quiere que vivamos, haciendo la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta, para que tengamos vida y vida en abundancia, y que se cumplan los planes que Él tiene para nosotros.

La creencia es que el Espíritu Santo está para ayudarnos a nosotros cuando nosotros necesitamos o queremos, pero el Espíritu Santo, como parte de la Trinidad de Dios, nos pide sujeción y obediencia como nos enseña en Mateo 11:28-30 al invitarnos:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”

Acerca de Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos. Soy un fiel seguidor de la palabra de Dios.

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