Sígueme

Predicas Cristianas

Jesús en su ministerio buscaba a sus discípulos, fue así que “andando en el camino llamó a un hombre y le dijo, sígueme, este respondió, déjame que primero vaya y entierre a mi padre, lo cual Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve y anuncia el reino de Dios. Otro le dijo: Te seguiré, Señor, pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa; Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” Lucas 9:59-62.

Que difícil se les estaba haciendo a estos hombres recibir el llamado de Jesús, tenían que dejarlo todo, su familia, sus amigos, dejar sus gustos y pasiones para seguir a Jesús y anunciar el evangelio.

Vemos que seguir a Cristo no es solo tener unas pocas palabras en nuestras bocas, diciéndole como estos hombres: Te seguiré Señor, sino que es mucho más;  es un compromiso eterno con Él, porque desde el día que recibimos a Cristo en nuestro corazón  le estamos dando nuestras vidas para que realmente Cristo sea nuestro Señor.

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En esta bendita palabra de Dios hablaremos de la importancia de ser un discípulo de Jesús, y si estás seguro de querer pagar el precio para serlo.

Leamos la palabra de Dios en Lucas 14:22-33

Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena. Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.  Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.

Es muy clara la palabra de Dios cuando Jesús llama a sus discípulos y les dice: Deja todo y sígueme; pero también es cierto que no todos obedecen al llamado de Dios, y conforme el corazón de cada uno es la respuesta que recibe el Señor, y por esto no fueron muchos los discípulos  de Jesús, como hoy no son muchos los que lo siguen y hacen su voluntad, o muchos abandonan el llamado, otros ponen excusas, otros ponen en primer lugar sus necesidades antes que seguir a Jesús.

Pero Dios nos habla de perseverar hasta el fin, “el que persevere hasta el fin, este será salvo”, porque Jesús conoce los corazones y conoce el principio y el final que cada uno tendrá en esta vida, por eso el aconsejará a través de esta palabra a los creyentes de doble animo, a los que dudan, a los que piensan en retroceder, a los de corazón inconstante, a los tibios; aunque su consejo es para todos, porque dice la palabra que “guardemos nuestra salvación con temor y temblor”.

Discípulo de Cristo es aquél que aprende, que se deja enseñar e instruir, que sigue las pisadas y toma el ejemplo de su maestro, conformándose a la imagen y semejanza de  nuestro Señor Jesucristo y puede mostrar orgullosamente  con su testimonio y forma de vivir que es un discípulo del Señor, en el cual, como dice la palabra: “Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mi”.

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Vemos entonces que el versículo clave es Lucas 14:33 “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.

Cristo nos llamó para que seamos sus seguidores, sus servidores, sus discípulos, pero para llegar a ser un discípulo de Cristo tenemos que pagar un costo; a sus discípulos Cristo los llamó y les dijo; Deja todo y sígueme.

¿Cuál es el costo, para seguirlo a Él?, es clara la Palabra en el vers. 33 que nos habla de renunciar, ¿y que significa renunciar?

Renunciar es: Poner aparte, sacar, despedir, echar fuera, dejar, abandonar, quitarse algo de encima; de modo que es renunciar a uno mismo para que sea Cristo en cada uno, es darle el primer lugar en el corazón pues Dios no busca migajas, ni sobras, Dios demanda una entrega total, Deuteronomio 6:5 “amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”.

Renunciar a todo lo que se posee es renunciar a las riquezas que se posee en el corazón y que no permiten que Jesús sea el centro de su vida, porque las riquezas que se poseen y gobiernan en el corazón, pueden ser: El amor al dinero, pues es uno de los principales males, el dinero acarrea avaricia, y cuando no se administra en la voluntad de Dios tampoco se administran las bendiciones de Dios como corresponde sino que se adueñan de ellas.

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Otra de las riquezas que puede gobernar la vida es el amor al trabajo, donde si no administran sus tiempos el trabajo se lo administrará y le quitará todo el tiempo para con Dios; otra riqueza puede ser las malas relaciones, pues se deben abandonar las relaciones que les dañan y no los edifica, y que además lo están sacando del camino de la salvación, aprendamos que toda relación que no edifica, divide, corrompen y destruye.

También hay que renunciar al amor obsesivo ya que es idolatría que acarrea celos y contiendas ya que no es el amor genuino de Cristo, el amor excesivo por algo o por alguien destruye la paz, la armonía, y la confianza, mientras que el perfecto amor de Cristo en el corazón, es el que da paz, seguridad, y confianza.

Otras de las riquezas en el corazón que apartan de la comunión con Dios, son los vicios, se llama así a cualquier pecado sea alcohol, droga, adulterio, engaño, mentira, la rebeldía, y debemos aprender que “Dios no puede ser burlado, a Él no lo podemos engañar” 1 Corintios 6:9, o ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.

Para ser un discípulo de Cristo se debe renunciar a todo pecado, caminando Hebreos 12:2 “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”, porque la carrera que corremos no es el pecado, sino la justicia, es la verdad y no la hipocresía, es el amor y no el odio, es la salvación la que Dios ha preparado para todos los creen y le obedecen; si Cristo está ocupando el lugar correcto en su corazón es porque estás corriendo la carrera de la salvación y vida eterna, puestos los ojos en Jesús.

Un discípulo recibe guía, corrección, enseñanza, y consejo de su Señor, esta bajo sus órdenes para hacer conforme a lo establecido por Él; ¿Y cómo se reciben?, se reciben por Su Palabra escrita, la Biblia, allí están sus ordenanzas, leyes y estatutos, Deuteronomio 11:1Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días”, y cuando dice la palabra que hay cumplirla no será de vez en cuando, o cuando tenga tiempo, o cuando tenga ganas, total nadie me ve o no tengo que rendirle cuentas a nadie; No, la palabra dice “Todos los días”.

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Muchos hijos de Dios pueden estar en peligro creyendo que están bien, pero hacen mal y se están alejando de la gracia y misericordia de Dios porque sacaron los ojos de Jesús y ya no ocupa el primer lugar de su corazón, porque ya no tienen temor de la Palabra de Dios porque se han debilitado en la fe, y la incredulidad se esta adueñando de sus corazón.

Porque están dejando que el enemigo los atrape en sus propios pecados, pero Dios, en su infinita misericordia sigue llamándoles a la reflexión, Dios quiere cumplir su propósito en tu vida, y de ti depende; Dios no te va a obligar a tomar la decisión de seguirle, Jesús te dice: Sígueme, y la respuesta solo la tienes tú en tu corazón, Dios esta a las puertas y te llama, y si tú quieres puedes abrir la puerta de tu corazón y dejarlo entrar; Jesús nunca te dejará, nunca te abandonará, el dio su vida por ti, porque te ama con amor eterno y nuevas son sus misericordias sobre tu vida cada día.

Resumiendo:

¿Qué demanda Jesús para que seamos sus discípulos?, que lo amemos con todo nuestro corazón; Que tengamos una entrega absoluta e incondicional; Que no miremos atrás, sino que tomemos nuestra cruz y le sigamos; Que le demos lo mejor de nosotros, que nuestro amor sea verdadero y ferviente; Que le sirvamos con todo nuestro corazón y seamos obedientes a sus mandamientos.

Jesús primero se hizo hombre para llegar al calvario y allí pagar por nuestros pecados, murió en la cruz y resucito para entrar a la gloria eterna y cada día Jesús nos conduce por el camino de la vida eterna.

Demos Gloria a Dios por su eterno amor y su infinita misericordia.

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