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Por sus llagas

Predicas Cristianas

A través del derramamiento de su sangre, Jesucristo ganó por nosotros y nos hizo fuertes para vencer la debilidad y no desobedecer a Dios, nos dio confianza para no vivir angustiados, nos quitó la soberbia y orgullo para ser humildes y recibir la gracia de Dios.

Por su sangre nuestros pensamientos están cautivos en Cristo, por eso dice la Escritura que “nosotros tenemos la mente de Cristo” 1 Corintios 2:16, de manera que si queremos ser transformados, crecer y ver esa vida en abundancia, debemos filtrar nuestros pensamientos por de la mente de Cristo con las ayuda del Espíritu Santo.

Leamos la Palabra de Dios en Isaías 53:4-5 “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.

En los tiempos bíblicos los enfermos fueron sanados, los ciegos recibieron vista, los sordos oyeron, los cojos anduvieron, los leprosos fueron limpiados, y toda la gente enferma fue sanada por el poder de Jesús, y estos milagros son para hoy como lo fueron en esos tiempos.

A Jesús, antes de ponerle la corona de espinas le dieron azotes con látigo, le golpearon en su espalda haciéndole una llaga profunda por donde derramó Su sangre y fuimos nosotros curados, esto significa que Jesús se llevó todas nuestras enfermedades y todos nuestros dolores por la sangre de Su llaga y somos sanos.

Lo primero de lo que tenemos que estar seguros para recibir la sanidad divina es saber que el tiempo de los milagros no ha pasado, y que la sanidad física es parte del ministerio de Cristo glorificado en este tiempo.

En la Biblia leemos que Jesucristo “recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” Mateo 9:35, y “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” Hebreos 13:8, y como sus  discípulos nos manda diciendo: “Predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:7-8

Hoy como en aquellos días, Jesús nos dice: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” Juan.8:31, “de cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” Juan 14:12-14.

Al leer y al oír las promesas de Dios la fe viene para ser sanados si las creemos, Pablo dijo que “la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios” Romanos 10:17, pero para recibir la sanidad de Cristo es necesario conocer las promesas de Dios, “por cuya herida fuisteis sanados” 1 Pedro 2:24, y estar convencido de que son para nosotros ya que bien dice: Fuisteis, es decir que ya fuimos sanados pues en la cruz Jesús pago por todas nuestras enfermedades.

Debemos entender que Dios quiere que seamos sanos, aunque satanás quiere hacernos sufrir a por causa de nuestra naturaleza caída y satanás la usa como una maldición del pecado, por eso dice la escritura que toda la gente enferma a las cuales Cristo sanó, estaban oprimidas por el diablo.

La enfermedad es una opresión de satanás, como también lo es la tristeza, depresión, o deseos de morir, pero de la misma manera Jesús nos libera y nos sana.

Entendamos que la sanidad divina es parte de la salvación, pero hay una condición, pues así como no podemos separar al sanador del salvador, tampoco podemos separar la sanidad divina de la salvación.

Y otra condición pone Dios para su sanidad: “A Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti” Éxodo 23:25, pero la forma egoísta del hombre es: Ayúdame Dios mío, y no me pidas nada a cambio; pero como la sanidad viene del sanador, y Él sana desde adentro, necesita entrar en el corazón, de manera que no podrá recibir la sanidad mientras rechace al sanador, ya que “el que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” 1 Juan 5:12.

De manera que si usted quiere la sanidad para su cuerpo tiene que estar dispuesto a recibir primero la salvación de su alma arrepintiéndose de corazón y pidiéndole perdón a Jesús por sus pecados, aceptándole como su Señor, y después permitir que como su Salvador, le sane de su enfermedad, pues:

“Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila” Salmo 103:3-5.

El sacrificio de Jesús es para darnos victoria eterna y victoria aquí en la tierra, es decir, victoria espiritual, y también victoria física pues no quiere que suframos dolores y enfermedades, Jesús nos quiere sano, para que el dolor y sacrificio que sufrió por los latigazos de su espalda hagan cumplir la Palabra en nosotros y seamos sanos.

Jesús nos enseña que si entendieran que somos pequeños pero en el reino de los cielos, donde se camina por medio de la fe, somos grandes, como la semilla de mostaza, que siendo pequeña se convierte en un árbol; y lo mismo le enseña Jesús a quien está interesado por la sanidad, ya sea suya o de algún ser querido, le enseña que “si puedes creer, al que cree todo le es posible” Marcos 9:23.

La fe hace que nada sea imposible y todo sea posible, la fe unida del que ora por sanidad con la del que quiere la sanidad, mueven la mano de Jesús para recibir su milagro de sanidad, siempre considerando que por sobre todas las cosas esta la voluntad soberana de Dios, “y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” Marcos 16:17-18, “pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder” 1 Tesalonicenses 1:5.

Si Cristo llevo nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, nuestro deber es declararlo, no podemos quedarnos callados, nuestra declaración es lo que nos libera de las enfermedades, es confesar que Jesucristo venció en la cruz, es decir en todo momento; estoy sano porque Cristo llevo mis enfermedades en la cruz del Calvario, llevo todos mis dolores y esa carga no está más sobre mí; soy libre de las enfermedades, libre de los dolores, y de toda atadura.

En el nombre de Jesús lo creo y por fe confieso que no tengo ninguna de esas enfermedades que me atacaban y me atemorizaban; como hijo de Dios, y como coheredero con Cristo de todas las promesas del Padre declaro victoria, declaro que estoy sano por el poder de la sangre preciosa que derramo Nuestro Señor en la Cruz del Calvario.

Para recibir la sanidad debemos orar al Padre en el nombre de Jesús para que nos sane conforme a sus promesas:

“Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” Juan 14:14, “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe” Mateo 7:7-8, pero oremos creyendo que el Señor oye nuestra oración, y que Dios puede sanarnos de forma instantánea, o a través de la medicina.

¡JESUS ES NUESTRO SANADOR!, ¿Está enfermo?, ¡Ore y crea, que Cristo le sana, pues Él es su sanador y no hay enfermedad que resista el toque de Jesús! Amén.

© Luis Coria. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos. Soy un fiel seguidor de la palabra de Dios.

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