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Que se vuelvan ellos

Predicas Cristianas

Como decíamos la semana pasada, ¿Cómo nos comportamos cuando estamos solos o con nuestra familia y creemos que nadie nos ve?, muchas veces hacemos lo que no corresponde creyendo que nadie se enterará, pero nos olvidamos que los ojos de Dios están permanentemente sobre nosotros desde que le dijimos: Sé mi Señor y Salvador; y desde ahí el Señor espera que seamos transparentes, no solo en la iglesia, sino en todo lugar.

La realidad de los cristianos es que siempre debemos ser luz en medio de las tinieblas, estemos donde estemos, y nada nos debe cambiar las convicciones basadas en la Palabra de Dios, pero para eso debemos madurar espiritualmente, no tener doble ánimo ni dejarnos influenciar por nada, ni por nadie para “que ellos se vuelvan hacia ti, pero tú no te vuelvas hacia ellos”.

Leamos la Palabra de Dios en Jeremías 15:18-21 “¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables? Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová. Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes”.

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Cuando nos dice el Señor: “Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos”, está hablando de algo muy importante, porque hay cristianos que le gusta entresacar lo vil y venir a contarlo, le gusta sacar lo indigno, los pecados, los defectos, lo malo,  para venir a contarlo, y ahí es donde debes presentar la madurez, no los oigas, no te conviertas a ellos, si viene un hermano y te cuenta, murmura delante tuyo y tú le oyes, te estás convirtiendo a él mientras el Señor dice que no te conviertas a ellos, y sigas sacando lo precioso que Él te ha dado.

El hecho de oír a alguien que está juzgando, que está murmurando, te estás haciendo como él, estás siendo copartícipe y ahí no hay bendición, entonces debemos madurar y cuando alguien entresaque lo vil delante tuyo no lo dejes, no lo oigas, comparte solo lo precioso si quieres estar delante de la presencia de Dios, y para eso, como nos decía el Señor, nos tenemos que convertir mostrando lo precioso para que ellos se conviertan a nosotros, que el convivir con gente no cristiana no nos haga regresar al mundo sino que el mundo se vuelva a Cristo.

Debemos madurar para que el convivir con aquellos que no conocen la Palabra de Dios no nos convierta a ellos para regresar al pecado, no vuelvas a hacer lo que hacías, al contrario, que los que están a tu alrededor se convierta a ti, que tú puedas decir como dijo Pablo: Véanme como ejemplo, síganme como ejemplo, sean como yo, porque yo soy como Cristo.

Para esto debemos tener en cuenta de nuestras palabras, nuestros pensamientos, debemos tener en cuenta que es lo que lo que estamos entresacando para entresacar lo precioso de vil y que Dios nos llene de bendiciones como lo promete en su Palabra, “así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce”.

Vivimos una época difícil, si miramos a la historia, al profeta Jeremías y todas las profecías de su época encontramos que la nación entera había corrompido su forma de vivir, incluso su fe abrazando la idolatría y participando un gran desenfreno, pero fue enviado para llamarles al arrepentimiento pues el juicio vendría pronto  y tenían que cambiar su forma de vivir, tenían que enderezar sus caminos para buscar el rostro de Dios, pero el pueblo no quiso escuchar.

Y eso ocurre en la actualidad, el Señor nos habla y no le escuchamos, nos advierte que es el tiempo del arrepentimiento, el tiempo de enderezar los caminos para caminar firmes y de acuerdo a lo que Dios establece pero no hacemos caso; creemos que hay tiempo para hacer lo que queramos y que tendremos tiempo para arrepentirnos y enderezar los caminos que están torcidos, pero no vemos que los tiempos se van acercando muy rápidos.

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Fíjense que el profeta hablaba la palabra de Dios y lo maldecían porque la palabra que llevaba era fuerte, era dura pero necesaria para el arrepentimiento, pues el pueblo tenía que enderezar sus caminos, y aunque el pueblo no quería escucharlo, prefería entregarla y vivir como estaba viviendo.

El pueblo se enojaba contra él y prefería escuchar falsos profetas  que le dijeran: Qué bien estás, Dios está muy contento y dice que te va a bendecir y te va a ir muy bien, sigue como estás y no te preocupes porque Dios te va a llenar de bendición y va a abrir la ventana de los cielos y va a sobreabundar bendición sobre tu vida, tu familia, tu trabajo, y sobre todo lo que tú haces.

Eso es lo que queremos oír siempre, cuando nosotros escuchamos profecías de bendición a través de alguno de sus profetas, ahí nos anotamos y damos gloria a Dios, nos ponemos en primera fila y levantamos nuestras manos como diciendo: Aquí estoy Señor, no te vayas a pasar, qué bueno eres y cuánto me amas.

Pero cuando Dios habla fuerte y dice: Estás pecando, conviértete, decimos, ¿a quién le hablará?, pobre hermanito, le va a ir mal porque Dios está enojado; o lo que es más fácil: Eso no es de Dios, es palabra de hombre,  perdió la espiritualidad, está mal y mejor ni lo escucho porque Dios me ama; no escuchamos las profecías que son fuertes, sino solo las agradables en lugar de poner atención a Dios, abrir nuestros oídos, y revisar nuestro corazón para ver qué es lo que está mal.

Queremos escuchar profecías de prosperidad, de bendición, de paz, profecías lindas de parte de Dios, pero no las vamos a escuchar si estamos viviendo en pecado, las cosas no van a salir como queremos si estamos viviendo en pecado, si no hay freno al pecado y al pueblo no le interesaba cambiar, sino seguir viviendo fuera de la voluntad de Dios porque eso le agrada, le hace sentir bien seguir pecando aunque sabe que dice la Biblia que al pecador Dios lo echa de su presencia y lo castiga.

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Cuantas ocasiones nos dio Dios para levantarnos, extendió la mano para sacarnos del pecado, y teniendo misericordia nos bendijo, pero regresan a lo mismo, hasta que llega un momento en que dice el Señor: Me cansé de arrepentirme, estoy cansado de estarlos perdonando, y nunca cambian; aunque debemos recordar que las promesas de la Biblia tienen un condicional, y si nosotros hacemos, Dios hace la otra parte; si te arrepientes Dios te perdona, si te conviertes Dios te bendice, si andas en los caminos de Dios te va a prosperar, y ahora está diciendo: Es el tiempo en que el pueblo tiene que dar un primer paso, ahora lo tiene que dar el pueblo, y luego verán mi gloria.

Hoy muchos cristianos viven un cristianismo muy liberal queriendo huir del legalismo y la religiosidad, pero que caen en el engaño de mezclar lo santo con lo vil, y como vivimos en la gracia Dios nos perdona todo, de manera que, ¿Cuál es el problema que peque?, algún día me arrepiento y está todo solucionado, y esto porque no saben lo que Dios exige para estar en su presencia.

La conversión es que se cambie de una cosa a otra, es cambiar el corazón en un corazón conforme al propósito de Dios, con las prioridades de Dios, significa retornar a Dios después de años de que anduvieron fuera de los caminos de Dios; es creer en Jesucristo, arrepentirse de los pecados y dejar de pecar para volver a tener como prioridad a Dios; es retomar las cosas de Dios para hacerlas, eso es conversión.

Pero mientras seas un cristiano que algunas cosas las hagas conforme al propósito de Dios, pero otras las hagas conforme al mundo, no hay conversión, no le has entregado nada al Señor y hasta que no le entregas absolutamente todo tu vida no está sujeta a la voluntad de Dios, y no estás en la presencia de Dios porque no hay conversión.

Tenemos el condicional de la promesa de Dios: “Si te conviertes, Yo te restauraré”, y necesitamos ser restaurados porque cuando se vive en pecado el interior está destrozado, el interior está vacío, tiene soledad, tristeza, amargura, insatisfacción, heridas, pero sobre todo tiene un gran resentimiento por la condenación; y necesita ser restaurado.

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Cuando se vive en pecado el corazón se insensibiliza y sigue pecando, no hay conciencia y el corazón sigue lastimándose cada día más, llega el momento en el que enojan con Dios al no entender que quien está en pecado no puede ser bendecido, pero Dios no puede restaurar un corazón herido si antes no hay conversión; si esta es tu condición necesitas dejar el pecado, necesitas hacer lo que Dios establece para que pueda venir a tu corazón y restaurarlo.

Hoy te dice el Señor: “Si tú te conviertes”, si tú dejas el pecado, yo restauro tu corazón y “estarás delante de mí”, es la forma en que te puedes presentar y estar delante del Señor; y no te engañes, cuando estás en pecado estás apartado de Dios, Dios no está contigo, no puedes estar en su presencia pues es imposible hacerlo estando en pecado.

Jesucristo extendió su misericordia sobre nosotros. Jesucristo trajo bendición sobre nuestra vida y podemos entrar a la presencia de Dios en el lugar Santísimo porque Jesús nos perdona; solo tienes que decirle al Señor: Señor perdona mis pecados, perdóname para poder entrar a la presencia de Dios; pero si no pides perdón no puedes estar en la presencia de Dios, si no tienes un corazón restaurado, no puedes estar en la presencia de Dios.

© Luis Coria. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos. Soy un fiel seguidor de la palabra de Dios.

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