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La obediencia de Isaac

Predicas Cristianas

Base Bíblica: Génesis 26:1-6

Introducción.

Si hay algo con lo cual luchamos la mayoría de los creyentes en Dios, (y los no creyentes también), es con la obediencia. Hay algo en la naturaleza humana que nos impide seguir las instrucciones que otra persona nos exige.

Quizás el hecho de ser creados para gobernar la tierra (Génesis 1:28) sea un factor a considerar, cuando estudiamos la razón por la cual no nos gusta que nos den órdenes. Sin embargo, podemos entender cuando estudiamos a las personas que aparecen en la Biblia, que la obediencia fue una característica común en aquellos que marcaron la diferencia, y en aquellas personas que Dios bendijo de forma extraordinaria.

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Una de esas personas fue Isaac. Isaac fue hijo de Abraham, padre de Jacob y abuelo de José, esta descendencia forma parte de una de las dinastías más impresionantes que encontramos en la Biblia. La mayor parte del libro de Génesis habla sobre las vivencias de estos cuatro siervos de Dios, pero en esta oportunidad queremos enfocarnos en Isaac, en su obediencia, y en los beneficios de su obediencia. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Génesis 26:1-3Después hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que hubo en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar. 2 Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. 3 Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre”.

En Génesis 26:1 se nos dice que después de la muerte de su padre Abraham, Isaac estando casado con su esposa Rebeca, decide irse a Guerar, donde vive Abimelec, debido a que en la tierra donde habitaba había mucha hambre. Si pensamos en la historia del mundo y sus civilizaciones, entendemos que no hay ningún grupo humano que no haya sufrido de un período de escasez, de debilidad, y de sufrimiento.

En el periodo colonial, los países de América sufrieron los embates de los pueblos colonizadores. Años después, las grandes potencias de Europa, después de las Guerras Mundiales, en su mayoría estaban totalmente resquebrajadas tanto en su capacidad financiera como en amor propio como nación. Y así como los grupos humanos han sufrido, los seres humanos también podemos decir lo mismo.

Hay etapas en nuestras vidas que seguramente preferiríamos haber olvidado. Rupturas amorosas, despidos injustificados, pérdidas familiares, entre otros acontecimientos que llegan a nuestra vida sin previo aviso, y la mayoría de las veces duran más de lo que quisiéramos. A pesar de ello, el creyente puede tener la certeza de que tiene un Dios, que como a Isaac, nos habla en nuestra necesidad, y nos indica lo que debemos hacer.

Isaac tuvo que salir de su comodidad, de lo que él conocía, y fue entonces que Dios le habló. Al igual que Isaac, Dios quiere hablarnos a nosotros, sus hijos (Juan 1:12), y necesitamos estar atentos a Su mensaje. En Génesis 26:2 la biblia nos dice que Dios le habló a Isaac, y le dio dos órdenes, y esto nos conlleva a los tres puntos que estaremos explorando en nuestro estudio bíblico de hoy.

Punto 1. “No desciendas a Egipto”.

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Como creyentes en Dios, necesitamos entender que cuando Dios nos da una orden es porque sencillamente nos conviene. Nuestro problema es que sabemos que Dios tiene planes de bien para su pueblo, pero su pueblo tiene otros planes.

No desciendas a Egipto” es la forma de Dios decirnos: quédate quieto. Y si hay algo que le cuesta al ser humano, es quedarse quieto. Preferimos hacer cualquier cosa antes quedarnos quietos. Pero si Dios no lo mandó, no lo haga; este consejo debería ser una máxima para todo aquel que se considera hijo de Dios. Lamentablemente no todos lo siguen, por ende, terminan separándose de la voluntad de Dios para sus vida.

En la Biblia encontramos a una persona que no pudo quedarse quieto, y ese fue el Rey Saúl. En 1 Samuel 13 se nos narra la vez que Saúl debía esperar a Samuel para ofrecer el holocausto antes de la guerra. Pero Saúl, al ver que su ejército desertaba, que el ejército contrario se acercaba y con estas acciones se esfumaban las posibilidades de salir victorioso, decidió ofrecer el holocausto él mismo. Saúl decidió que antes de quedarse quieto, era mejor hacer algo; pero lamentablemente esa lógica no funciona con Dios.

Apenas había terminado Saúl de ofrecer el holocausto, llegó Samuel y le reprendió (1 Samuel 13:13-14), y le dijo que Dios se había buscado una persona conforme a su corazón. A Saúl el hecho de no quedarse quieto le costó su posición y su legado. El no poder obedecer, (o no querer), es sin duda una de las peores decisiones que un creyente puede tomar. El no poder obedecer, (o no querer), es sin duda una de las peores decisiones que un creyente puede tomar.

Volviendo a Isaac, resulta sumamente llamativo que la primera orden que Dios le da es “No desciendas a Egipto”. Es llamativo porque cuando leemos el principio del capítulo no nos percatamos, ni nos imaginamos que Isaac quería ir a Egipto. Pero entonces: ¿por qué es lo primero que Dios le dice?

Después de leer muchas veces este pasaje, y pedir dirección al respecto, entendí que sí Dios le dijo a Isaac que no fuese a Egipto, fue porque en su interior Issac estaba planeando irse a Egipto. Pareciera que es muy especulativo, pero hagámonos esta pregunta: ¿por qué Dios le va a decir que no haga algo que Isaac no piensa hacer? No tendría ningún sentido.

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Nuestro Dios, es su infinita sabiduría y omnisciencia, conoce todo lo que hay en nuestros corazones (Jeremías 17:10). Jesús conocía los pensamientos de las personas (Lucas 11:17), y muchas veces el saber eso le hacía actuar de determinada manera.

A veces nosotros queremos ser más sabios que Dios, auto engañándonos al pensar que podemos esconderle algo, o que podemos hacer algo con otra intención desconocida. Olvidamos que no hay nada oculto que después no se manifieste (Marcos 4:22).

Quizás Isaac tenía un plan B, pero con Dios siempre hay un plan A, y es el plan de la obediencia. Por eso, cuando Dios nos dice que no vayamos a Egipto, lo mejor es quedarse quieto, y reconocer que su plan es mucho mejor que el nuestro (Isaías 55:9).

El punto 2. “Habita en la tierra que yo te diré”.

A Isaac no solo le dijeron que no se fuera a Egipto, sino que se quedara en el lugar que Dios le indicaría, que era ahí en Guerar. Podemos pensar que Isaac, al Abraham morir, pudo sentirse desconsolado, desprotegido con un futuro incierto. Pero Dios quien siempre llega en el momento correcto, le dio la palabra que él necesitaba.

De igual forma, si nosotros queremos sentirnos seguros, podemos hallar en Dios lo que necesitamos para vivir tranquilos y en paz, y muchas veces con una palabra suya es suficiente. Este versículo nos hace reflexionar al respecto y preguntarnos: ¿estoy en el lugar que Dios quiere?

Acerca de Pastor Jose R. Hernandez

Educación cristiana: Maestría en Teología. El Pastor Hernández es el fundador y pastor de la iglesia El Nuevo Pacto, localizada en el 50 W 29 Street, Hialeah, Florida. Tel. (305) 885-6534

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