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La tentación

Es importante diferenciar entre prueba, tentación, y pecado, ya que la prueba no es tentación, ni la tentación es pecado, ya que es anterior al pecado, y el pecado se produce al consentir la tentación, de manera que no es lo mismo ser tentado que pecar, pues no toda tentación termina en pecado.

Como creyentes hay dos cosas que debemos tener claras, que tenemos toda la ayuda necesaria de parte de Dios para vencer cada una de las tentaciones que el diablo nos presente en nuestra vida; y que nadie, en ningún momento, es tentado por encima de las fuerzas que Dios dispone para vencer esa tentación, pues:

no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar 1 Corintios 10:13.

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El diablo sabe que cuando cedemos a la tentación, Dios no oirá nuestras oraciones, y esta es la razón por la que se esfuerza tanto en tentarnos a los cristianos para que pequemos; y es el motivo por el cual pierden sus bendiciones ya que perdieron la comunión con el Señor al caer en pecado fruto de ceder a la tentación.

Leamos la palabra de Dios de Dios en Santiago 1:12-16Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Amados hermanos míos, no erréis”.

La prueba es permitida por Dios para incrementar nuestro desarrollo, crecimiento y madurez espiritual, y el objetivo de la prueba es que nosotros seamos bendecidos porque nos ama y quiere lo mejor para nosotros; mientras que la tentación viene del diablo y tiene como objetivo nuestra destrucción.

Pero las tentaciones las permite Dios para que tengamos la oportunidad de aumentar los méritos que vamos acumulando para nuestra salvación y ganar la carrera hacia nuestra meta que es el cielo, pudiendo decir como el Apóstol:

He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida2 Timoteo 4:7-8.

De manera que nada ni nadie puede hacernos mal, o hacernos caer en la tentación si nosotros mismos no lo deseamos, por lo que las tentaciones sirven para que los cristianos tengamos la posibilidad de elegir libremente a Dios o al diablo, como también sirven para no creernos autosuficientes y sin necesidad de Cristo para llevar la vida en santidad.

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Los cristianos debemos tener plena confianza en Dios y hacer nuestras las palabras de Pablo cuando dice: Nadie es tentado por encima de las fuerzas que Dios nos da, pues junto con cada prueba Dios ha dispuesto fuerzas suficientes para vencer, por lo que no importa cuán fuerte sea la tentación, no importa la insistencia, ni la gravedad, pues en todas las pruebas está Dios para vencer con nosotros al maligno.

Lo importante, y que debemos tener claro, es que toda tentación puede ser resistida por aquél que ha rendido su vida a Cristo, y sin dudar pueda salir victoriosos de ella ya que la palabra de Dios enseña que no seremos tentados más allá de lo que podemos resistir, y que Dios también nos dará la salida frente a dicha tentación:

porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe1 Pedro 5:8-9, “someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotrosSantiago 4:7.

La palabra de Dios habla de pecados que son externos y de otros pecados que son internos, entre los externos podríamos nombrar el maldecir, mentir, robar, la ebriedad, o el homicidio, y si en un cristiano estos pecados todavía existen no hay evidencia que haya nacido de nuevo.

Pero tanto los cristianos como los inconversos pueden mantener pecados internos como orgullo, celos, envidia, egoísmo, falta de perdón, o codicia, pecados que los ojos del hombre no pueden ver, pero que Dios sí los ve, por lo que tenemos que aprender a triunfar sobre ellos ya que el diablo conoce nuestro punto débil, y es allí donde más nos tienta.

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Ahora, como cristianos hemos sido rescatados de las tinieblas donde reina el pecado pues Dios nos puso en Cristo sobre la cruz, morimos juntamente con Él, fuimos sepultados con Él, y también resucitamos con Él; quiere decir que en Cristo ya no estamos bajo la autoridad del pecado “porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive.

Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justiciaRomanos 6:10-13.

Y si bien no podemos vencer la ley del pecado mediante nuestro propio esfuerzo, Dios si nos puede librar del poder del pecado a través de Cristo, ya que su vida vence la ley del pecado y la muerte en nosotros, como también su vida en nosotros vence la ley del pecado y la muerte, triunfando siempre sobre el pecado, por lo que:

ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del EspírituRomanos 8:1-5.

Sabemos que esta lucha no es contra fuerzas humanas, “porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmesEfesios 6:12-13, y es por eso que hay que armarse con armas espirituales, donde la confesión de nuestros pecados y la comunión con el Señor son los medios que nos ofrece Dios para mantenernos en santidad, alejándonos de las situaciones que nos pueden llevar a pecar.

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Para estar preparados para este combate espiritual debemos ser sabios e identificar la tentación antes de que nuestra alma caiga, por ejemplo, una tentación de orgullo donde el diablo trata de engañarnos para que creamos que somos capaces de hacer las cosas sin pensar que es Dios quien nos capacita para hacer las cosas bien, siendo a Él a quien debemos agradecer y alabar, ya que por nosotros mismos no somos capaces de nada, es decir que no debemos ser fuertes en nosotros mismos sino que debemos fortalecernos en el Señor, “¿qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?Romanos 8:31.

Y aunque a veces la tentación no desaparece inmediatamente después de haberla rechazado, somos atacados con insistencia como una demostración de que el alma no ha caído en la tentación, pero si rechazamos la tentación una y otra vez el diablo terminará por alejarse, aunque no para siempre pues buscará otro motivo y otro momento para volver a tentar como hizo con Jesús, que “cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempoLucas 4:13.

La mayoría recapacita sobre lo que perdió al ceder a la tentación cuando ya lo ha perdido, y si “cada uno es tentado cuando por su propia concupiscencia”, es decir, por sus malos deseos, siendo atraído a actuar contra la voluntad de Dios, entonces debemos alejar de nuestra vida los malos deseos pues son los generadores de las tentaciones, por esto es que la sabiduría de Dios lleva al cristiano a recapacitar antes de perder lo que ha logrado, por lo que al ser tentado no dejes de tener en mente lo que puedes perder frente a tu caída y valora lo que tienes, actuando sabiamente conforme a la palabra de Dios de Dios.

Como hijos, “someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazonesSantiago 4:7-8

Como cristianos, durante la tentación debemos orar con fe y resistir con la ayuda que Dios a nuestro alcance; y después de la tentación, si hemos caído en pecado debemos arrepentirnos de corazón y buscar el perdón de Dios.

Y si no hemos caído debemos glorificar al Señor, dándole la gloria del triunfo a Dios, no a nosotros mismos, pues a Él debemos la fortaleza, la gloria y el agradecimiento; como cristianos debemos andar no haciendo caso a los deseos de la carne, y no participando en situaciones en las que sea fácil pecar, sino:

andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” Romanos 13:13-14 evitando los amigos que influyan para que hagamos cosas pecaminosas, y “10 si los pecadores te quisieren engañar, No consientas. 15 no andes en camino con ellos. Aparta tu pie de sus veredas, Porque sus pies corren hacia el malProverbios 1:10, 15-16.

© Luis Coria. Todos los derechos reservados.

Acerca de Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos. Soy un fiel seguidor de la palabra de Dios.

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