Sanidad

Predicas Cristianas

Si analizamos el ministerio de Jesús y los apóstoles, es evidente que la sanidad divina era un testimonio importante de que Jesús era la revelación del Padre y el Salvador del pecado cuando dijo: “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el PadreJuan 10:37-38, mostrando así una conexión entre el ministerio de sanidad y su ministerio de salvación y perdón, ya que sus milagros de sanidad eran paralelos a su predicación del evangelio.

Jesús reconoció que la enfermedad era el resultado del pecado o la obra de Satanás, pero también reconoció que la enfermedad no siempre era el resultado directo del pecado ya que en ocasiones era una oportunidad para glorificar a Dios como el caso del paralítico que introdujeron por el techo.

El Antiguo Testamento muestra a Dios como Jehová el sanador y Jesús mostró que la sanidad divina es todavía parte del plan de Dios, pues “él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolenciasMateo 8:17, “y por su llaga fuimos nosotros curadosIsaías 53:5

La sanidad divina siguió siendo parte del evangelio durante el ministerio de los apóstoles, aunque los milagros no estaban limitados a los apóstoles, sino que la promesa de Jesús era para todos los creyentes.

Leamos la Palabra de Dios en Juan 14:11-15

Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. Si me amáis, guardad mis mandamientos”.

Quiero que comencemos este servicio declarando con nuestros labios que como cristianos aceptamos la doctrina de la sanidad divina y que muchos ya la hemos experimentado en nuestro propio cuerpo, mediante la oración de fe, y que podemos seguir ejerciendo este poder de Dios confesando y haciendo nuestras Sus promesas, pues no es Dios, sino el diablo, el autor de la enfermedad y la muerte; como sabemos Dios es el autor y dador de la vida y la salud, por lo que Jesucristo vino para destruir todas las obras del diablo.

Ahora bien, Dios quiere que sepamos que tiene una fuente inagotable de provisión, que incluye sanidad para cualquier enfermedad que podamos tener, y que Jesucristo, a través del sacrificio de la cruz vino a traer sanidad para nuestros cuerpos para que tengamos salud y que no estemos enfermo, por lo que la enfermedad se convierte en una oportunidad para experimentar el poder sanador de Dios.

Cuando el hombre se apartó de Dios al desobedecer en el Edén, perdió la protección, cayó bajo maldición y el poder del diablo quien pudo desde allí someter al cuerpo humano bajo debilidad, dolor y enfermedades; pero es por eso que Jesucristo llevó a la cruz no sólo nuestros pecados, sino también nuestras enfermedades, y es por lo que podemos recibir ahora, por la fe en Jesús, sanidad física para nuestro cuerpo, de manera que Dios es poderoso para sanar cualquier enfermedad, y además Él quiere sanarnos.

Hemos dicho que la enfermedad puede tener que ver con el pecado, pero si nuestra vida se abre para vivir limpia y santamente para Dios, Dios tiene que cumplir eso, porque es palabra suya, y Él es quien perdona todas nuestras iniquidades, no importa el pecado que sea; venimos al Señor a que nos perdone, y si setenta veces venimos con el corazón arrepentido, esas mismas veces Dios nos va a perdonar, pues

Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águilaSalmo 103:3-5.

Las promesas de Dios no son para los pecadores, ni son para aquellos que se llaman evangélicos y no hacen nada para Dios, ni le sirven al Señor, pero nos dice que:

si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir. No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del todo, y quebrarás totalmente sus estatuas. Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de tiÉxodo 23:22-25.

De manera que el Señor sana a los enfermos en la actualidad si cumplen sus mandatos, pues ahí se manifiestan las obras milagrosas del Señor, pero la fe es de vital en la vida cristiana pues es la única manera de conocer a Dios, por lo que la fe debe ser nuestro sistema diario de vida, vivir por fe es un requisito indispensable para los cristianos ya que “el justo por su fe viviráHabacuc 2:4.

Jesús llevó el pecado a la cruz, y también llevó la enfermedad, y si tienes fe aun cuando fallas, para venir al Señor y decirle: Perdóname, debes tener fe cuando viene el diablo y te pone una enfermedad, para decir: Señor, aquí estoy para que me sanes; pero hay cristianos que si pecan se tiran al piso a gritar delante de Dios por su perdón, y por qué cuando se enferman no se ponen a gritar también delante de Dios proclamando sus promesas, reprendiendo al diablo mentiroso y se levantan sanos dando la gloria a Dios, pues si no lo hacen quiere decir que les falta fe; “Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficiosSalmo 103:2.

Cuando uno peca, viene tranquilo a Dios en busca de perdón, pero cuando se enferma le da temor; si eres un hijo de Dios, cuando viene la enfermedad no te atemorices, piensa que hay alguien que te dijo: “Yo soy tu sanador, yo quitaré toda enfermedad en medio de ti; yo soy el que sana todas tus dolencias”, empieza a hablar eso y repítelo, apréndete de memoria las promesas de sanidad divina, y si te mueres te vas al cielo con el Señor, ¿A qué le tienes miedo? si tienes a Cristo que te dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justiciaIsaías 41:10.

Refresquemos la enseñanza, dijimos que el Señor es el sanador, pero, ¿De quién?, de los que están dispuestos a guardar Su Palabra y todos sus mandamientos y todos Sus preceptos, de esos que oyen con sinceridad y respeto Su Palabra; de esos se compromete a ser el médico.

Es decir que todo creyente que realmente se ha convertido al Señor, que anhela servirle a Dios de corazón y agradarle con su vida, tiene una promesa de que quiere ser su médico, y ese es un privilegio que no podemos perder por no cumplir con Él y servirle.

Los que le sirven guardan Su Palabra porque les ha prometido muchas cosas y tiene que cumplirlas, y no será tardo en poner por obra Su propia Palabra, es decir que tomándonos de esas promesas, quienes confiamos que Él es nuestro sanador, que no fallará, que atenderá al que está por morir antes de tiempo, podemos descansar pues Él completará el número de nuestros días, Éxodo 23:26; entonces, si quiere ser poseedor de sus promesas, dígale como el salmista: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eternoSalmo 139:23-24.

Aprendamos la Palabra de Dios pues es la espada es que peleamos contra el diablo, es la espada del Espíritu que tienes que tener siempre en la mano si es que estás vestido con toda la armadura; aprende de memoria versículos de la Biblia que son instrumentos de poder, de autoridad, de defensa para rechazar los dardos del enemigo, y cuando venga un síntoma de enfermedad, no esperes, empieza a hablar la Palabra, pues cuando tú hablas y repites la Palabra, recibes fe, ya que la fe viene por el oír la Palabra, y esa es la fe en la que tenemos que movernos los cristianos.

Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscanHebreos 11:6; cada uno recibimos una medida de fe, y aquellos que ponen en marcha la fe que Dios les ha dado, hablará, y lo que diga, sucederá, por eso es necesario que sepamos que Dios nos ha dado esa medida de fe pero que esa medida debe de crecer como el grano de mostaza que crece y se convierte en un gran árbol; nuestra fe debe crecer y debemos aprender a vivir en la vida sobrenatural de Dios, en la vida de fe que nos llevará a recibir toda la provisión de Dios.

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