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La fortaleza del debil

Predicas Cristianas

¡Jesús es la fortaleza del débil!

Introducción 

Erradamente medimos la fuerza y la debilidad de las personas según parámetros equivocados. Es por esto que consideramos el dinero, la belleza, la fuerza física, las influencias, los amigos poderosos, para evaluar si una persona es fuerte, o si ha triunfado en la vida.

Digo que erramos con esta evaluación pues nos olvidamos que esos aspectos son pasajeros, brillan durante un tiempo y luego dejan de valer.

Lo que realmente da fuerzas a cualquier ser humano, es la fe. Es saber que Dios nos ama, que nuestra vida vale mucho para Él. Saber que Jesús está siempre dispuesto a perdonarnos los pecados, y a abrazarnos. Estas son riquezas y poderes que no se compran ni con el dinero, ni con la salud, ni con una multitud de amigos influyentes.

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La mayor fuerza de los débiles es la fe, y la mayor debilidad de los fuertes es cerrar las puertas del corazón a la fe. El secreto está en confiar en Jesús, en verlo en el amor de los padres, en unos pastores que nos dan el testimonio de su fe y nos enseñan a orar y a confiar en el Padre y en el Hijo, sabiendo que el Espíritu Santo nos fortalecerá en la prueba.

La palabra de Dios

Lucas 17:11-19Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado

Los leprosos

Hemos leído lo que sucedió cuando Jesús iba a Jerusalén. Uno de los leprosos, al comprobar que estaba sano, volvió alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús dándole gracias. Al verlo, Jesús le dijo: Y los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino el extranjero?, porque era samaritano, entonces le dijo: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado.»

Los diez tenían un problema en común, la lepra, pero tenían una esperanza y por eso se presentaron a Jesús. La ley de los judíos considera a la lepra como enfermedad impura y por esos no podían tener trato con los demás hombres. Así que tenían que vivir alejados de los poblados.

Sus vidas eran humillantes, debían vestirse para mostrar su enfermedad y si alguien se les acercaba. Era obligación gritar: Soy impuro, pero “cercano está Jehová a todos los que le invocan, A todos los que le invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que le temen; Oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvaráSalmos 145:18-19.

Jesús ten misericordia

Cuantas veces repetimos el mismos llamado: ¡Jesús, …., ten misericordia de nosotros! en diversas circunstancias de nuestras vidas y ahí viene el Señor a terminar con nuestros problemas y tristezas. Así es como llamamos a Jesús y tenemos los que buscamos y deseamos.

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Pero algo que debemos destacar es que los leprosos no le piden riquezas, ni oro ni plata, sino la salud, la limpieza de su cuerpo. Esto es algo que muy pocos piden, pues parece que el gran problema de los cristianos es el mismo del mundo, la falta de dinero.

Los leprosos hicieron un acto de fe en Jesús, pusieron su confianza en Él y tuvieron la seguridad de la respuesta, de manera que se pusieron inmediatamente a caminar hacia el templo obedeciendo el mandato recibido. Esto es un acto de obediencia y humildad, y mientras iban, “en el camino quedaron limpiados.

¿Sabían que esto no es lo más común en los creyentes? Hoy se eleva una oración o se asiste a la iglesia para luego quedarse esperando una respuesta a la petición, y muchas veces en la casa para no molestarse, como si el Señor tuviera la obligación de responder, pero lo que deberían preguntarse es donde pusieron su confianza que no fueron obedientes y humildes.

Nueve eran israelitas

De los diez, nueve eran israelitas y fueron desagradecidos. Uno era samaritano y volvió a dar las gracias, fue así que “uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole graciasLucas 17:15-16

Los otros nueve no volvieron, como hacen muchos que reciben sus peticiones, sanidades, liberaciones, o solución a sus problemas económicos.

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Lo que no tienen estos en cuenta es que el Señor, a aquél que regresó para agradecer le agregó una extra al decirle: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”. El Señor le agregó la bendición más grande que una persona puede recibir, la salvación.

¿Qué te impide acercarte a Jesús? 

Nada le impide a nadie acercarse a Jesús, venga de donde venga, sea del pueblo que sea, y muchos son sanados conforme a su voluntad soberana. Pero no todos le agradecen al Señor el milagro y vuelven a dar la gloria a Dios.

Muchos se apropian de las bendiciones recibidas, como que el Señor tenía la obligación de dárselas porque se las pidieron. Pero se olvidan de lo mejor, se olvidan de lo más grande, y que solamente puede darles Jesucristo, se olvidan de la salvación.

Cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba pidiendo limosna, no conocía a Jesús pero se enteró que pasaba y gritó: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!Lucas 18:38

Muchos le decían que se callara, pero él gritaba más fuerte como sabiendo que la fe que lucha es la que triunfa sobre los problemas. Como sabiendo que los beneficios del Señor se obtienen por la fe y que mientras más se abra el corazón, más fe entrará.

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Pues la palabra de Dios es luz para los ciegos a quienes Jesús les dice: “¿Qué quieres que te haga?”, y si tú le dices: Señor, que reciba la vista, Jesús te dirá: “Recíbela, tu fe te ha salvado.” Lucas 18:41-42.

Clamar a Jesús para recibir

El ciego nos demuestra que hay que clamar para recibir, debemos insistir en la oración con perseverancia. Cuando lo querían callar, “él gritaba más fuerte.” Nuestra oración debe oírse por sobre todo lo demás, con insistencia. Debe oírse por encima de la incredulidad que nos rodea, para que el mundo sea testigo del poder de Cristo.

La fe salvo y sanó al ciego, y la fe puede desatar el milagro que necesitamos. Pero nuestra fe debe ser como la del ciego, firme y perseverante. Y cuando recibamos los beneficios del Señor, seamos como el samaritano leproso que volvió y siguió glorificando a Dios.

Acerca de Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos. Soy un fiel seguidor de la palabra de Dios.

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