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El espejo del alma

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas – Texto Biblico: Santiago 1:19-27

INTRODUCCIÓN

El espejo es el lugar donde vamos por lo menos una vez veces al día para ver nuestros rostros. Algunos lo hacen con más frecuencia, dependiendo de su necesidad para verse mejor. Pero la verdad es la misma. El espejo no miente.

Por más que nos adornemos, el reflejo de lo que de allí sale será el mismo. A través de los años la verdad revelada en el espejo será mayor. Nos mostrará una cara más arrugada. Unas ojeras más abultadas. Una cabeza más pelada o un cabello más gris.

Pero quiero decirles que “si nuestro hombre exterior se va desgastando”, nuestro hombre interior puede cambiar su imagen cada vez que nos vemos en el “espejo del alma”, la palabra de Dios. La palabra de Dios, en efecto, es el espejo moral que el Espíritu Santo usa para que podamos vernos como realmente somos.

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Por cierto que esa vista que obtenemos no es sobre la base de nuestra propia experiencia, o de la opinión de otros, sino en la forma como finalmente Dios nos ve. Pero a diferencia del espejo, donde nos miramos la cara, no vamos con frecuencia al “espejo del alma” para ver allí el reflejo de nuestra condición espiritual. La verdad dolorosa es que no se está leyendo la Biblia. Y no es porque no se tenga una Biblia.

La Biblia está presente en casi todos los hogares cristianos.

El problema es que no se lee y se aplica. Así que el asunto no es que la Biblia sea irrelevante, sino que no se acaba de leer, comprender y aplicar a la vida diaria. Hay una gran urgencia por volver a la palabra según la visión de Santiago. El énfasis del medio hermano de Jesús es convertir lo que oímos en una práctica cotidiana. Necesitamos vernos en este “espejo del alma” para cambiar nuestras vidas.

I. LA PALABRA DE DIOS COMO ESPEJO DEL ALMA NOS INVITA A DARLE LA BIENVENIDA CON HUMILDAD (verss. 19-21)

Una bienvenida como si se tratara del mejor huésped en la vida. Aquí Santiago nos dice: “recibid con mansedumbre” o “aceptar con humildad la palabra sembrada en ustedes”. La palabra traducida como “recibir” significa literalmente “dar la bienvenida”. ¿Cómo hacerlo?

1. Aprendiendo a escucharla bien

Tenemos que ser rápidos para escuchar la Palabra de verdad. “Veloz o rápido para oír” es una referencia para tener un oído alerta. Santiago no está hablando de oír con nuestros oídos físicos la palabra de Dios, sino escuchar lo que Dios nos dice por ella. “Pronto para oír”, describe un corazón atento, escuchando lo que Dios quiere decirnos.

Aquí hay algo que debe afirmarse. A menudo Dios está tratando de comunicarse con nosotros. Pero pudiera ser que mis oídos físicos escuchen su Palabra y, sin embargo en realidad no oírla. No basta concentrarse en los hechos, debemos poseer un una actitud correcta de nuestro corazón al escuchar los hechos. Pero ¿cuáles son las cosas que nos impiden escuchar?

2. Una lengua no controlada: “tardo para hablar”.

Una de las cosas que nos impide escuchar es que tenemos que ser lentos para hablar. No se puede ser un buen oyente si usted está hablando todo el tiempo. Cuando Dios repartió las partes del cuerpo, nos dio dos oídos y una boca. Eso tiene que decir algo. No nos dio dos bocas y un oído.

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A menudo, no oímos lo que alguien nos dice, porque no estamos escuchando. Considere el caso de nuestras esposas. Ellas nos hablan e insisten sobre algo que es importante, pero como no le prestamos atención a lo que nos dice, tenemos que volver a preguntarles después. No somos rápidos para escuchar cuando se trata de poner atención a lo que otros están tratando de decirnos. Así actuamos con Dios.

3. Una actitud calmada: “lento para la ira”.

La segunda cosa que tenemos que hacer es cultivar un espíritu apacible. Santiago nos dice que debemos ser “lentos para la ira” porque en “la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. El enojo es contrario a la vida justa que Dios quiere. Así que necesitamos calmarnos. Cuando usted se enoja, usted no puede comunicarse con coherencia. Seguramente usted me dirá, “lo sé, lo intento, pero a veces no puedo”.

¿Sabía usted que estar molesto con lo que se oye puede bloquear toda la capacidad que poseemos para escuchar, especialmente cuando se trata de una palabra nueva relevante de Dios? Si no calmamos el espíritu y dejamos que Dios nos hable a través de su palabra, incluso cuando esa palabra es incómoda, no podremos escuchar.

Cuando estamos enojados, estamos cerrados. Es un hecho que Dios no podrá hablarnos cuando hay una actitud de enojo en el corazón. La ausencia del enojo nos proporciona oídos claros para escuchar la voz de Dios. ¿Se enoja con frecuencia?

4. Una vida limpia: “desechando toda inmundicia y abundancia de malicia”.

La palabra “inmundicia”, de donde nos viene la palabra “basura”, tiene que ver con una raíz griega que significa “cera del oído”. Más descriptivo no podría ser este cuadro. Así como no podemos oír con nuestros oídos llenos de cera, tampoco podemos recibir la palabra de Dios con nuestras vidas llenas de pecado.

La recomendación de Santiago es deshacer todo lo que conocemos en nuestra vida que nos impide escuchar a Dios. ¿Cuáles son las cosas que necesitamos deshacernos para escuchar la voz de Dios? A nuestra vida le puede pasar como a nuestras casas. Cuántas cosas se guardan que a la larga hay que desecharlas porque es basura y sin utilidad.

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¿Cómo recibimos la Palabra? Tenemos que desarrollar una capacidad de escuchar la Palabra de Dios. Tenemos que desarrollar una lengua controlada y un espíritu controlado para recibir la Palabra de Dios. Por último, necesitamos desarrollar una vida limpia, en obediencia a la Palabra de Dios.

II. LA PALABRA DE DIOS COMO ESPEJO DEL ALMA NOS INVITA A SER HACEDORES DE ELLA (VERSS. 22-25)

Santiago es un abanderado en el evangelio práctico. Bien pudiéramos decir que el llamado de toda su carta se resume en estos textos. Aunque es bueno oír palabra, eso no basta. Hay que ser “hacedores de la palabra”. Para ello el autor nos plantea tres requisitos indispensables.

Acerca de Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá.

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