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Iglesias del Apocalipsis – Parte 2

Predicas Cristianas

Tema: Esmirna – Los Santos que Sufren

Apocalipsis 2:8-11

INTRODUCCIÓN:

Nos corresponde hablar ahora de la carta dirigida a la iglesia de Esmirna. A lo largo de los siglos Esmirna fue una ciudad muy próspera. Sin embargo, por un tiempo permaneció en el olvido. No fue sino cuando Alejandro el Grande detentó su imperio que fue reconstruida, llegando a ser distinguida y rica.

Las referencias históricas que se tienen de la ciudad están llenas de los más grandes elogios acerca de su belleza. De todas las ciudades del Asia, Esmirna fue la más adorable decían sus poetas. Arístides, uno de ellos, le compuso una canción en honor a su belleza, y en uno de sus versos dijo: “la gracia se extiende sobre cada parte de la ciudad como si fuera un arco iris”.

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Era una ciudad donde el viento, de acuerdo a la descripción del mismo Arístides, la hacía tan fresca como si estuviera siempre debajo de una arboleda. Algo así como una ciudad con una “eterna primavera”. En tan hermoso lugar comenzó una iglesia.

Persecución de Esmirna

No se sabe mucho de su origen, pero lo que sí es notorio en la carta fue la enorme persecución que se desató sobre ella, lo cual se describe en términos muy gráficos, tales como: tribulación y pobreza. Esto parecía un contraste con la belleza de la ciudad misma. Era tal la persecución desatada que el Señor les alienta de esta manera: “No temas en nada lo que vas a padecer…”.

Es como si le dijera, ‘prepárate porque se avecina un huracán devastador, y quien lo conduce es el mismo Satanás’. Tan notoria fue la persecución, que fue en esa ciudad donde se dio el martirio de Policarpo, uno de los hombres más piadosos después de la era apostólica.

La historia registra las palabras de este mártir, quien después de rechazar la propuesta del procónsul de dejarlo libre si maldecía Cristo y adoraba al César, dijo: “Por 86 años he servido a él y no me ha hecho mal. ¿Cómo podía yo blasfemar de mi rey quien me salvó?”. De modo, pues, que allí vivían los “santos que sufren”, el tema para la ocasión. Veamos el mensaje de esta carta para nosotros hoy.

I. EL SEÑOR TAMBIÉN HA PASADO POR EL SUFRIMIENTO (vers. 8)

Cuando analizamos el sufrimiento de esta iglesia, tenemos que reconocer que muchos de nosotros no hemos pasado por condiciones parecidas. Es verdad que todavía hay lugares en el mundo donde se dan persecuciones, pero no igualan las que se dieron en los primeros años del cristianismo. Sin embargo, si aún tuviéramos que comparar los sufrimientos de los santos a través de los tiempos, tenemos que reconocer que el Santo de los santos, nuestro Señor Jesucristo, ha tenido el padecimiento mayor.

De modo que no es casualidad que frente al muy notorio sufrimiento de los hermanos de Esmirna, el se presente como el “Primero y postrero”, y como “el que estuvo muerto y vivió”. ¿Qué significa todo esto? En la primera oración descubrimos la divinidad del Señor. El “yo soy el primero” es un término aplicado a Dios en el Antiguo Testamento (Isaías 44: 6; 48:12). El que él sea el “primero y postrero” significa que tiene control de la historia; que conoce todo lo que ocurre “debajo del sol”, y por lo tanto nada escapa a su presencia, incluyendo nuestras penas y sufrimientos.

Esta declaración vino para dar confianza a los hermanos atribulados. Él es el Alfa y el Omega como define este libro su persona. No hay nada antes de él ni después de él. No es el poder humano ni de la naturaleza el “primero y el último”. El fin de todas las cosas está bajo la mano del único que dirige el curso de los tiempos y de la historia. Por otro lado, el hecho de que él “estuvo muerto y vivió” le garantiza a cada uno de sus seguidores una continua victoria.

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Nuestro Dios se ha identificado con nuestra miseria humana.

Él se hizo como uno de nosotros. Asumió nuestra propia naturaleza, lo cual le hizo sentir todo el dolor humano. Y más aún, la decisión de morir en una vulgar cruz, donde solo morían los más indignos pecadores, nos hace ver la manera más baja a la que descendió el Hijo de Dios. De modo que su muerte fue real, pero lo más importante ahora es que vive.

Esta es la gran noticia para todos los que pasan el “valle de sombra y de muerte”. Él puede ayudarnos en la peor de nuestras circunstancias. No hay sufrimiento tan grande que él no lo haya pasado. Lo peor que nos pueda suceder ya él lo ha vivido. Los hermanos de Esmirna podían tener esta seguridad. Esa es la base de nuestra confianza también. Él ya venció la muerte, ahora nos espera triunfante y victorioso en los cielos. ¡Ánimo hermano mientras pasas tus pruebas!

II. EL SEÑOR CONOCE LAS ETAPAS DEL SUFRIMIENTO (vers. 10ª)

El sufrimiento ha sido real para el pueblo de Dios. Jesús advirtió a sus seguidores sobre el particular. Él no negó esto, sino que afirmó: “En el mundo tendréis aflicción…”. Alertó a sus discípulos sobre la gran tribulación que vendría después de su muerte. La iglesia de Esmirna fue un ejemplo de lo que había profetizado (Mateo 24:9). Cuando miró dentro de ella notó que estaba pasando por un gran período de sufrimiento.

A esta iglesia le dice que él conocía sus obras, pero sobre todo su “tribulación y tu pobreza”. Era un gran consuelo que Jesús conociera su tribulación. Los hombres jamás verán el sufrimiento como lo puede ver Jesús. Muchos, frente a la tragedia humana, son indiferentes como el levita y el sacerdote en la parábola del Buen Samaritano.

Jesús es el único que se detiene, se baja, toca al herido, lo venda, lo pone en la cabalgadura y lo lleva hasta el mesón. Ese es el consuelo para quien sabe que el Señor conoce el sufrimiento y su paso para socorrerlo. Jesús notó que los hermanos de Esmirna también eran pobre, aunque de inmediato sentencia que eran ricos. Sí, ellos eran ricos porque la auténtica riqueza no es la material sino la espiritual, y de eso los hermanos estaban llenos.

Al final de estas cartas Jesús reprocha la iglesia de la Laodicea porque ellos, contrario a los hermanos de Esmirna, decían que eran ricos, pero Jesús les dice que eran “desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Apocalipsis 2:18) Jesús también conocía al grupo que se había convertido en el objeto de su sufrimiento y persecución vers. 9. Ellos hablaban mal de estos hermanos, de allí el término “blasfemia”.

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Las calumnias son peores que los mismos golpes.

Un grupo de judíos se había convertido en “sinagoga de Satanás”. Una de las tareas de Satanás es usar la calumnia para ensuciar el carácter de los creyentes. Satanás como padre de mentira se ha encargado de engañar desde el principio, y esta arma la ha usado muy bien para traer tristeza, dolor y quebrantamiento.

Acerca de Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá.

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