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Iglesias del Apocalipsis – Parte 7

Predicas Cristianas

Tema: Laodicea – Sé pues celoso

Apocalipsis 3:14-22

INTRODUCCIÓN:

Hay varios tipos de celos. Uno de los más comunes es aquel que se origina en una relación sentimental o conyugal. Es el tipo de situación que plantea un estado de desconfianza frente a la posibilidad de que algún “intruso” o “intrusa” se interponga en lo que es algo exclusivo.

Este tipo de celos ha enceguecido a muchas personas los ha llevado a cometer acciones violentas cuyas consecuencias les acompañan por el resto de sus vidas. Los celos también se ven en las relaciones laborales, en las competencias deportivas y en el llamado mundo de la farándula.

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Aún los niños manifiestan tales tendencias cuando algún otro niño quiere “invadir” su territorio. Estos celos están subscritos bajo una actitud negativa. Pero hay un tipo celo que hasta se recomienda practicar.

Celo Santo

Hablamos de un “celo santo”. Aquel que tuvo el mismo Señor Jesucristo, quien al ver lo que habían de la Casa de su Padre, una “cueva de ladrones”, derribó con su ira justificada todo lo que en ella se había erigido, de modo que sus seguidores tuvieron que recordar la profecía que sobre él se había escrito: “El celo por tu casa me consume”.

El texto que da origen a nuestro mensaje, está formulado en las palabras que el Señor pronunciara contra el “ángel de la iglesia de Laodicea”, quien después de descubrir el estado de tibieza espiritual en el que vive la iglesia, le recomienda ser celoso y arrepentirse, de manera que al final pudieran sentarse con el Señor en su trono.

La necesidad del celo santo; el celo por la condición espiritual y por el trabajo dentro de la iglesia es el gran énfasis de las Escrituras. Este imperativo bíblico es el más urgente debido a la condición espiritual en la que viven muchas de nuestras iglesias en este tiempo.

Un estudio detenido de esta iglesia nos revela las razones por las que el celo cristiano debiera ser la nota distintiva de todo seguidor de Cristo. La falta de celo por la obra del Señor está creando las modernas iglesias de “Laodicea”. ¿Qué origina, pues, la falta de un celo santo?

I. LA FALTA DE CELO DA ORIGEN A CRISTIANOS TIBIOS

Hasta ahora hemos señalado que una de las características del mensaje a las Siete Iglesias es la forma como Cristo camina en medio de ellas para ver sus obras, aunque en esta, era tal la situación que se ha quedado afuera y “está a la puerta y llama” (vers. 20). Con sus ojos como de llamas escudriña todo lo que en ella hay y por lo general descubre profundas fallas que la identifican y las ponen como ejemplos para que no se sigan.

Jesús vio que los hermanos que viven allí no eran “ni fríos ni calientes”. Eran “tibios”, lo que les ponía en una posición espiritual deplorable. La provisión de agua de la ciudad de Laodicea provenía de manantiales calientes a cierta distancia, pero al correr hasta la ciudad llegaba tibia. Jesús toma esa analogía para comparar los estados espirituales de nuestra vida.

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La falta de celo espiritual

La falta de celo espiritual tiene una de las consecuencias más dramáticas que debiera ser revisada con frecuencia y con urgencia. Nada es más desagradable que tomar algo tibio. El cuerpo humano está preparado para digerir con agrado una taza de café caliente o un té con hielo. Pero puede venirse en vómito cuando al estómago llega algo tibio.

Lo que se vomita, nunca llegó a ser parte integral del cuerpo, es un desecho porque el cuerpo no lo tolera. Jesús dice que es mejor o ser frío o ser caliente. El creyente “frío” puede llegar a ser un ortodoxo, que aun cuando no tiene fuego en su ser, conserva una actitud cristiana que todavía es reconocida por el Señor.

Un cristiano frío se puede calentar de un momento a otro; pero uno tibio es impredecible su reacción. En el caso de uno “caliente”, aunque sus acciones pueden llevarle al fanatismo, vive siempre en un estado espiritual que no es difícil identificar. Bien pudiéramos decir que un cristiano caliente vive con la “tensión muy alta”.

Advertencia

Para el cristiano tibio hay una advertencia muy solemne de parte del “Amén y el testigo fiel” (vers. 1) como se identifica el Señor con esta iglesia. “Te vomitaré de mi boca”, es una frase dura, pero rebela lo que el Señor no tolera en la vida de un creyente. Cuando él nos recomienda a ser celosos y a arrepentirnos es porque no quiere llegar a esta medida.

¿Cuáles son algunas características de la tibieza espiritual? Una excesiva preocupación por los asuntos materiales y de este mundo. Ese desmedido afán por el dinero hace que éste substituya el amor por el Señor.

El ocupar más tiempo en las cosas triviales que en las que tienen más importancia: la oración y la meditación de la palabra. El poco celo y amor por los perdidos. La falta de un compromiso con el cuerpo de Cristo. Cuando hay una mayordomía deficiente.

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El no entregar el diezmo que le pertenece al Señor es un claro indicio de un creyente tibio. Es no darle importancia a un asunto tan sagrado. El creyente tibio vive el peor estado espiritual que ningún otro. No es ni una cosa ni la otra.

Le pasa como la fábula del murciélago. Se cuenta que un murciélago cuando volaba y llegaba a los lugares altos con las aves, sus compañeros alados le decían: tú no perteneces a este lugar tú eres un ratón. El mismo murciélago cuando bajaba y sus compañeros terrenales le veían las alas le reclamaban: no perteneces a este lugar porque tu aspecto es el de un pájaro. En la vida espiritual no podemos movernos en aguas tibias. Eso desagrada al Señor.

Acerca de Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá.

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