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Descubriendo a Dios

Predicas Cristianas

Introducción

En estos días tan difíciles que pasa la humanidad sería bueno que reflexionemos en la vida que estamos llevando y en lo que Dios quiere de nosotros. Debemos tener la certeza de que estamos realmente haciendo lo correcto ante sus ojos, no sea que todo lo que nos toca pasar es a consecuencia de no escuchar su voz, y hacer su perfecta voluntad.

Sería bueno ponernos a pensar sobre nuestras acciones, y buscar la comunión con el Señor en la intimidad. Buscar la comunión para confesarle esas faltas que hemos cometido, logrando así respuestas a las muchas preguntas que le hacemos a Dios en medio de nuestras crisis y problemas, para terminar siempre diciendo: Señor, ¿qué quieres de mí?.

Si pensamos un poco en las maravillas del Señor y aprendemos a orar conforme a la voluntad de Dios, veremos que es la experiencia más agradable y hermosa que podamos imaginar.

Hablar con un Dios tan puro y bueno, sabiendo además que te escucha y responde con amor. Y a partir de ahí comenzar cada día a leer la Palabra con nuevos ojos, como si nos hubiesen quitado una venda que ahora me permite leer, comprender, y estar con Jesús.

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Leamos la Palabra de Dios

1 Juan 1:4-10Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”.

La palabra de Dios

Cuando podemos leer con entendimiento, descubriendo lo que realmente es la oración. Y la Palabra de Dios que nos hace entender que el Señor camina a nuestro lado.

Inevitablemente nos sentiremos atraídos, ya que nuestra alma anhela estar con Dios, y pasar ratos juntos. Será que Dios nos está pidiendo una fe verdadera, que le entreguemos nuestra confianza, todo lo que tenemos y lo que somos, para que Él pueda obrar libremente en nuestra vida.

A llegado el momento de despertar

A llegado el momento de despertar a nuestra propias realidad. Es tiempo de despertar del largo sueño terrenal que hemos venido teniendo. Es el momento de resucitar, de salir del sepulcro, y comenzar a vivir realmente una vida cristiana. Pero esto no es para mañana, sino para hoy mismo, para este instante.

Entonces, despójate de las obras de las tinieblas que te han venido haciendo dormir. Revístete con la luz del amanecer en Cristo. Despierta, tú que duermes, y Cristo te iluminará. El eterno Dios te llenará de su luz de gloria. Comienza ahora mismo a caminar en la presencia de Dios, del Dios de la Vida, del Dios del Amor.

Somos peregrinos en la tierra

Sabemos que en la tierra somos peregrinos. Nuestra estadía aquí en la tierra es temporal, pues nuestra verdadera tierra es el cielo, lo eterno. Allí tenemos morada, porque “en la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” Juan 14:2.

Entonces, ¿para qué apartarnos de Dios para estar lleno de cosas, si mañana tendremos que proseguir nuestro viaje? Ese pasaje por la tierra es una etapa gloriosa, porque somos representantes de lo eterno de Dios. somos embajadores de Dios para nuestros semejantes, quienes esperan de nosotros grandes mensajes a través de nuestro testimonio de vida, a través de nuestra forma de ser, actuar, y relacionarnos.

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Nuestra cabeza

Entendamos que si bien nuestros pies están en esta tierra, nuestra cabeza debemos mantenerla en las alturas de Dios. Por lo que debemos interesarnos por las cosas terrestres, pero conservar la consciencia por encima de todos los intereses terrestres.

No haciendo de este mundo nuestro reino, trabajando en la tierra para el Señor. Pero viviendo en la libertad de los hijos de Dios, gozándonos de ser embajadores y mensajeros de Dios en este mundo sometido bajo el poder del diablo.

Trabaja con alegría, dedicación y entusiasmo por todas las cosas terrestres. Pero no te identifiques con ninguna de ellas. recuerda que  eres mayor que todas las obras que haces.

No te esclavices en las cosas del mundo, pues tus obras son tuyas, pero tú no eres de ellas. Tú eres el soberano de tus trabajos y sus cosas. Pero debes mantener plena libertad sobre ellos, ya que ellos se quedarán en esta tierra, pero tú seguirás más allá, rumbo a Dios.

No te esclavices

No te esclavices de ninguna cosa. Nadie puede amar aquello de lo que es esclavo. Recuerda que estamos aquí en la tierra para servir al Señor. Pero para servirle con entusiasmo y amor, porque este es nuestro cielo en la tierra y una de las moradas por donde debemos pasar, sabiendo que el Señor nos dice:

Vosotros sois la luz del mundoMateo 5:14

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Dios es luz, es la luz que llena de vida espiritual pues “en Él no hay tinieblas”. Y sus discípulos también son la luz del mundo. Esa es una invitación, un desafío que hace el Señor a los discípulos de Cristo para llevar esa luz a la humanidad.

El hombre que ha recibido a Cristo como Señor y Salvador personal no está separado de Dios, quien sigue dándole la responsabilidad de sus actos conscientes y libres, de manera que si el hombre es bueno, no es Dios el que es bueno en él, sino él mismo; y si el hombre es pecador, no es Dios el que es malo en él, sino el propio hombre, así que quien comete pecado es el hombre mismo.

Acerca de Ricardo Hernandez

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