Ofreciendo nuestras vidas como un sacrificio vivo

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas.. Texto bíblico: Malaquías 6:14

Introducción

La Biblia dice que debemos tomar nuestra cruz y seguir a Cristo (Mateo 16:24-25). Seguir a Cristo requiere abandonar seres queridos, dinero, puestos de trabajo, e incluso la propia vida (Lucas 14:26-27). Por eso, la Escritura muestra que los cristianos somos un sacrificio vivo para adorar a Dios (Romanos 12:1).

Sin embargo, somos rápidos para olvidar cuán radical es la entrega que el Señor demanda de nosotros. Muchos son de doble ánimo y nunca están determinados a seguir al Señor, mientras otros se entregan de lleno al pecado. Algunos otros tienen que ser exhortados para cumplir con su deber, y ¡cuánto se molestan si se les pide más! Y otros simplemente siguen allí por mera obligación. No quieren, pero saben que deben hacerlo.

Sin embargo, en el texto de Malaquías que veremos hoy, aprenderemos que el Señor quiere discípulos entregados y abnegados. En evangelio de hoy, aprenderemos que el pueblo de pacto debe entregar su vida como un sacrificio vivo a Dios.

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Desarrollo

Contexto

a. Antecedente histórico.

Hay que tener muy en cuenta el contexto en que Dios pronuncia estas palabras. Malaquías fue el último profeta del Antiguo Testamento, hasta la llegada de Juan el Bautista y Jesucristo 400 años después.

Cuando Malaquías proclama estas palabras, el pueblo de Israel había salido del cautiverio de Babilonia. El pueblo de Israel había pasado por muchas cosas en toda su historia; Dios los había castigado por sus pecados, haciéndolos esclavos nuevamente.

Sin embargo, después de 70 años, el Señor Dios los liberó, e hizo que volvieran a la tierra prometida. El templo y las murallas de Jerusalén fueron reconstruidos, y la adoración a Dios fue reanudada. Esto sucedió en el tiempo de Esdras y Nehemías.

No obstante, Israel aun seguía siendo esclavo del imperio medio-persa. Aun no veían cumplir totalmente las promesas de Dios. Así que muchos se desanimaron, y en vista de la victoria de sus enemigos, pensaban: “¿De qué sirve trabajar para el Señor, si los malos prosperan?”.

b. Pensamiento pesimista

Este pensamiento pesimista llevó a que el pueblo no sirviera de corazón al Señor. Dos pecados cometieron en esta ocasión. Primero, los sacerdotes menospreciaban al Señor. Ellos veían el pecado de Israel, y como encargados, no los exhortaba. Porque no les gustaba trabajar para Él (verss. 6-8). La mesa de Jehová les era despreciable (vers. 7).

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Segundo, los Israelitas le ofrecían lo peor de su ganado. Traían al enfermo, desnutrido, y al que estaba a punto de morir (vers. 8). Y tercero, decían que era un fastidio servir al Señor (vers. 13).

I. Temiendo al Señor (vers. 6-7)

a. El primer argumento del Señor.

El primer argumento de Dios tiene que ver con su gloria. El Señor alega que, como Padre y Señor, Él merecía ser honrado por su pueblo. Los hijos obedecen a sus padres y les sirven por respeto. Por otro lado, los siervos trabajan duro para cumplir el mandato de sus amos, por temor a ellos. Les tienen reverencia, y saben el duro castigo que pueden recibir, si no obedecen.

Ahora, Dios alega merecer el mismo trato de parte de su pueblo porque es su Padre y su Señor. El servicio no tiene como principal propósito ayudar a otros o beneficiarnos a nosotros mismos, sino dar la gloria a Dios.

¿Por qué los sacerdotes aceptaban pan inmundo o podrido como ofrenda? ¿Acaso esta ofrenda de agradecimiento puede glorificar a Dios? ¿Puede un pan podrido honrar el nombre de Dios? ¡Por supuesto que no! Sin embargo, los sacerdotes eran indiferentes, y aceptaban  el pan inmundo. Con lo cual, deshonraban a Dios.

b. Al actuar así no buscamos la honra del Señor.

El principal propósito de nuestro servicio es glorificar a Dios. ¡Cuánto nos enfocamos en los beneficios personales o en lo que digan otros para hacer algo! ¡Cuán poco pensamos en la gloria de Dios! Es por eso que, cuando algo no nos beneficia, o no es aplaudido por la gente, no lo hacemos.

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Sin embargo, lo que ofrecemos a Dios es para la gloria de Dios. Damos a los necesitados, por ejemplo, sin esperar nada a cambio, porque con eso Dios es exaltado en nosotros. ¿Y tú? ¿Sirves a Dios motivado principalmente por su gloria?

II. Haciendo lo que agrada al Señor (verss. 7-11)

a. El segundo argumento del Señor.

Ahora, el Señor emplea un segundo argumento en contra de Israel. Dios llama a esas acciones como algo malo. Al parecer, los Israelitas creían que no había ningún tipo de problemas en traer estas ofrendas al Señor. Los Israelitas daban lo peor de su ganado: al enfermo, el moribundo, el dislocado, el pan podrido. Ofrecían lo que no necesitaban, lo que les sobraba.

Acerca de Pastor Jose R. Hernandez

Educación cristiana: Maestría en Teología. El Pastor Hernández es el fundador y pastor del Ministerio El Nuevo Pacto.

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