Justificados por fe

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: Justificados por fe

Predica Cristiana Escritas Texto Bíblico:Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Romanos 5:1

Introducción

Toda la humanidad se encuentra perdida sin Dios. En este mundo de pecado no hay justo ni aun uno. La esperanza de salvación es nula y solo nos espera la muerte. Pero una luz iluminó la oscuridad y ahora hay una esperanza para nuestra alma. El sacrificio en la cruz de Jesús nos provee el camino para acercarnos a Dios.

Muertos al pecado (Romanos 6:11)

Para poder recibir la justificación de nuestra vida debemos primero estar libres de pecado. Esto es imposible para una persona, el hacerlo por sus medios, pues como dice la biblia todos hemos pecado. Pero la biblia nos dice que en principio debemos estar muertos al pecado. 

¿Qué significa estar muertos al pecado? significa que hemos decidido cambiar completamente nuestra forma de vida. Significa que lucharemos cada día para que todo nuestro ser sea del agrado de Dios. Y, como sabemos, a Dios no le agrada el pecado. 

Si queremos agradar a Dios debemos estar muertos a nuestros deseos y concupiscencias. Una práctica común de los cristianos muertos al pecado es realizar regularmente ayunos. Se ayuna por una razón específica y mostramos que no estamos alimentando los deseos del cuerpo, sino los del espíritu. Pablo también escribe que hay un pecado que mora en nosotros, el cual debemos resistir todos los días.

Al venir a los pies de Cristo decidimos ya no vivir más para nosotros mismos, sino empezar una nueva forma de vida que se ajuste a los mandamientos de Dios. Y nos resistimos todos los días de hacer lo malo, para hacer lo que Dios quiere.

Ya no vivimos para agradarnos, sino para agradar a aquel que nos amó primero. Es entonces cuando Dios viene a nuestro ser para darnos las fuerzas necesarias para enfrentar cada día en su voluntad. Cristo mora entonces en nosotros, cuando ya no vivimos para agradar a nuestro cuerpo (Gálatas 2:20).

Justificados (Romanos 6:7)

El pecado nos alejó de Dios, pero ahora hemos reconocido el sacrificio de Cristo en la cruz y le hemos pedido perdón, aceptando ya no vivir para nosotros, sino completamente para Él. Y todo lo que hacemos lo hacemos para la gloria de Dios (Colosenses 3:17).

Al haber muerto al pecado hemos sido sepultados junto con Cristo. Y como Él resucitó, así nosotros andamos en nueva vida. Por esa muerte al pecado hemos sido justificados. Hemos sido reconciliado con Dios. Fuimos perdonados, hemos pasado de muerte a vida.

Entonces ya no hay más condenación por el pecado, pues ya hemos sido perdonados. Ahora, no queda nada más que vivir para Él. ¿O acaso descuidaremos una salvación tan grande? (Hebreos 2:3).

Al estar sin esperanza alguna de salvación y en el horizonte solo alcanzamos a ver una condenación y muerte eterna, el sacrificio de Jesús fue suficiente para una consagración total a su voluntad. Este perdón sólo merece el cambio total de vida.

Si descuidamos la salvación, entonces no queda más sacrificio por el pecado y no hay quien pueda salvarnos más. Es por eso que debemos apreciar este sacrificio por nosotros y darlo absolutamente todo por nuestro Maestro.

Todo por su gracia (Efesios 2:8)

Y esta justificación la recibimos por fe. No es algo físico que podamos ver o medir. Es algo intangible que solamente podemos obtenerla en nuestro corazón. No es algo que podamos recibir en pago por nuestros méritos pues no serían suficientes ni sumando los de la humanidad entera.

No existe un precio lo suficientemente elevado que podamos dar en pago. Solo la sangre de Jesús es suficiente. ¿Y cómo sabemos que tenemos esa salvación? es algo que solamente se sabe. Cuando nuestro espíritu se toca con el Espíritu de Dios podemos comunicarnos directamente con el Señor.

Ahora tenemos paz con Dios por ese sacrificio. Y lo sabemos, lo atesoramos y experimentamos. Para quien no lo haya experimentado aún esto es difícil de entender. Pero quien ya lo experimentó  sabe que esto es una realidad. Sol podemos comprenderlo experimentando esta gran salvación y este perdón de pecados.

 Vivir por fe (Romanos 1:17)

Ahora que no es posible alimentar el pecado, sino que ponemos todo nuestro ser en servidumbre del Señor, aprendemos a caminar nuevamente. Cada día debemos dar un paso de fe. Aprendemos una nueva vida, como cuando fuimos bebés.

Aprendemos a ver a nuestro alrededor como es esta nueva vida; a dar pasos; a hablar. Todo lo debemos aprender, a cómo conducirnos. Es por eso importante que nos reunamos y tengamos comunicación con otros cristianos, aprender de sus experiencias y estudiar juntos la palabra de Dios. La biblia nos invita a congregarnos y estar juntos con los demás santos unidos para fortalecernos unos a otros.

Ninguna brasa arderá sola, es necesario que nos juntemos con otros para avivar ese espíritu de fe y oración. Aprendamos a perseverar juntos, como un solo pueblo, en los caminos de Dios. 

Y toda nuestra vida viene a ser una expresión de fe. Si hablo lo hago en esta nueva vida, si camino lo hago en esta nueva vida. La biblia dice que, después de que apresaron a Jesús, las personas reconocían a los discípulos por como caminaban y hablaban. (Marcos 14:70).

Cuando hemos venido a Cristo nuestra forma de hablar cambia.

La personas que nos conocieron en nuestra vida pasada se extrañaran mucho de esta cambio tan radical en nosotros. Esta es la predicación más grande que podemos hacer. Quizá no sea hablando ante una multitud, predicando en una iglesia o algo semejante.

La predicación más grande que podemos hacer es que toda nuestra vida esté por completo rendida a Dios. Que las cosas que hacíamos en el pasado no las hagamos más y que la gente pueda ver a Cristo en nosotros. Un faro de Luz

Te van a conocer. No importa el lugar en donde estemos una persona que ama a Dios se reconoce fácilmente. Cuando Moisés hablaba cara a cara con Dios, al salir debía usar un velo para cubrirse, pues su rostro brillaba de la gloria de Dios.

Tu rostro va a brillar. Tu vida entera será un faro de luz a los necesitados. Cuando te has rendido a Dios su gloria viene sobre ti y la gente podrá verlo, hasta en la forma que hablas. Y lo que está en tu boca es solamente el bien, solamente la palabra de Dios.

Si Dios está con nosotros, cualquier acción que realicemos, sea esta pequeña o grande, será un éxito. Con Dios no existe el fracaso. Su luz viene a nuestra vida y no hay forma alguna que las tinieblas nos cubran pues esa luz es más grande que cualquier cosa.

Sé un faro para los demás. Si alguna carencia existe en el mundo hoy en día es sobre cómo vivir. Existen profesionales que nos enseñan sobre cualquier cosa que se nos ocurra, algunas cosas de mucho provecho. Podemos aprender algo nuevo, lo que queramos.

Pero una forma de vida en Cristo es más importante que cualquier curso que recibamos. Sé un faro que le indique a los demás el camino a seguir. Que los demás puedan verte y preguntar cómo lo haces. Que los demás te pregunten cual es la receta para tener paz. Cual es procedimiento para ser feliz en cualquier circunstancia. Que los demás vean tu sonrisa todo el tiempo. Que los demás al escucharte se den cuenta que cada una de tus palabras llevan un mensaje de bien y nunca de mal. 

Un don de Dios

Lo más grande que una persona puede llegar a obtener es la salvación. Ser rescatado de la condenación por la gracia de Dios. En Efesios 2:8 se nos recuerda que no es por voluntad nuestra que hemos llegado a alcanzar el perdón de pecados. Todo se lo debemos a Dios, a quien debemos estar agradecidos por el resto de nuestra vida. Es un don de Dios.

Por gracia somos salvos. Por la gracia de Dios ahora tenemos vida eterna. Y la muerte no se puede enseñorea más de nosotros.

¿Dónde está el aguijón de la muerte? (1 Corintios 15:55) la muerte no puede tocarnos pues la vida de Cristo está en nosotros. Jesús mismo dijo que si creíamos en Él, aunque estemos muertos físicamente, viviremos eternamente para Él (Juan 11:25). 

Esto no lo puede dar nadie más. En ningún otro hay salvación, solo en Jesucristo (Hechos 4:12). A cristo acudimos, de Él somos y para Él vivimos. También para Él morimos. Seamos fieles hasta la muerte haciendo todo para la gloria de su nombre.

Conclusión

La pasada manera de vivir, sin victoria y sin una meta agradable ha pasado. Dios hace la invitación a todo aquel que quiera. No es para unos pocos, sino para aquel que se atreva a vivir diferente. Solo debemos morir, pero al pecado.

Entonces obtenemos por fe la salvación que sólo Jesús puede dar. Aunque uno no pueda percibirlo cuando está fuera de las manos de Dios, cuando venimos a Él no nos queda más que rendirle todo nuestro ser a su servicio. 

Es entonces cuando cambia la forma en que vemos el mundo, ahora hay luz en nuestros ojos y queremos que todos conozcan también del Señor. Este gozo tan grande que sentimos al venir al señor queremos que todos lo conozcan.

No hay otra manera de vivir en donde podamos obtener este regalo. Ahora el Dios creador de todo lo que existe, el Dios Todopoderoso es nuestro Dios. Estaremos con Él por toda la eternidad y para siempre nos postraremos a sus pies.

© Pedro Blanco. Todos los derechos reservados.

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