Poderoso en batalla

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Texto Biblico: “Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. Mas jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerraJosué 6:1-2

Introducción

Moisés había muerto, Israel tenía un nuevo líder y una gran empresa por delante. Dios estuvo con Moisés para sacar a su pueblo de Egipto con maravillas y poderosas obras. Durante todo ese tiempo el pueblo de Israel pudo ver la gloria de Dios y como hablaba con Moisés cara a cara. Pudo ver el pueblo como todo lo que Moisés traía a ellos era palabra de Dios.

Pero ese líder formidable ya no estaba y era tiempo de entrar en la tierra prometida. Moisés había enviado espías a la tierra que estaban por entrar, pero los espías regresaron hablando maravillas de la tierra, buena en gran manera, pero que no había forma en que ellos pudieran conquistarla pues sus moradores eran numerosos, poderosos guerreros y no los podrían derrotar. Solo dos de los espías regresaron con emoción y deseos de conquistar la tierra inmediatamente, pues ellos no veían lo que los demás, ellos miraban las cosas bajo la sombra de Dios.

Dios elige a uno de ellos para liderar al pueblo de Israel. De todo el pueblo que estuvo presente cuando salieron los espías ninguno sobrevivió pues Dios no les entregó a ellos la tierra prometida, solo los dos espías que confiaron más en Dios que en lo que ellos veían con sus ojos naturales. Sólo Caleb y Josué entraron a la tierra prometida y Josué fue nombrado el sucesor de Moisés. Dios le pidió a Josué que se esforzara y fuera muy valiente para afrontar lo que estaba por venir.

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I. Enemigo atrincherado

La promesa de Dios a Josué fue que estaría con él, así como había estado con Moisés. Josué fue ese siervo que estuvo todo el tiempo al lado de Moisés, ahora Dios le recompensaba ese servicio poniéndole al frente del pueblo de Israel con una gran empresa por delante. Josué sabía muy bien que todas las maravillas que había visto mientras Moisés era líder no habían sido hechas por él, sino por el Dios al que Moisés servía.

Josué aprendió a servir y a esperar solamente en Dios, así como hacía Moisés. Aprendió a no apartarse ni a derecha ni a izquierda de lo que Dios mandaba. Por lo tanto ahora tenía delante la misión de conquistar a las naciones, de echar a los gigantes moradores de esa tierra que Dios había prometido a su pueblo. Habían ahí pueblos grandes, poderosos a los que técnicamente Israel no podía enfrentarse, pero a los cuales debía derrotar en batalla.

Uno de los primeros enemigos que debía atacar fue la ciudad de Jericó. Una ciudad amurallada a la que no podían entrar debido a sus altas murallas. Una de las primeras batallas y la ciudad es impenetrable. El pueblo de Jericó sin embargo se encerraron dentro de sus murallas. Habían escuchado que Dios estaba con el pueblo de Israel, nadie entraba ni salía de la ciudad.

El rey y el pueblo de Jericó confiaba en sus murallas impenetrables, sin embargo tuvieron temor pues Dios ya se había manifestado en este pueblo y ahora deben enfrentarlos. El enemigo conoce cuando una persona está de la mano de Dios, sabe que contra el Señor y su pueblo no tiene oportunidad. El enemigo se encerró a causa del pueblo de Dios.

II. La causa es Dios

La razón por la que el pueblo de Israel podía enfrentar a naciones más poderosas y más numerosas que ellos era Dios. Dios siempre es la causa de las victorias. Dios siempre es la causa de los milagros. Dios es la causa por las que unos pocos hacen correr a una multitud, Dios es la causa de que el pueblo de Jericó estuviera encerrado y temeroso de Israel.

Cuando estemos en una batalla, cuando estemos en alguna prueba, debemos estar de la mano de Dios y no importará si el enemigo es poderoso. No importará si el panorama no parece tener solución. No importa si parece imposible de resolver algo, Dios es más poderoso que cualquier problema, más poderoso que cualquier enfermedad. Dios es más poderoso que diez mil que vengan contra mi. Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza.

La causa siempre es Dios. Cuando obtengamos la victoria debemos darle a Él toda la gloria, pues por nuestra fuerza no hubiera sido posible. Reconozcamos a quien merece el honor y reconocimiento de todas las cosas. Dios es poderoso para librarnos, a Él sea el honor para siempre.

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III. La guía de Dios

Lo que Dios le pide a Josué hacer contra el pueblo de Jericó no lo hubiera aconsejado ningún militar. El pueblo de Jericó y su rey seguramente se extrañaron de lo que el pueblo de Israel hacia. Con sonido de bocina, los sacerdotes y el arca de Dios rodeaban la ciudad entera. Así lo hicieron por siete días. Seguramente el pueblo de Jericó pensaban que el pueblo estaba intentando entrar pero no podían encontrar ni encontrarán como entrar a la tierra. Seguramente pensaron que el pueblo de Israel se cansaría después de ver que era imposible entrar a Jericó.

Josué hizo todo lo que Dios le indicó, se levantaban de mañana y rodeaban la ciudad día tras día. A veces lo que Dios nos pide no parece tener un propósito definido, no parece tener lógica humana, no parece llevar a ningún lado. Pero si Dios ha dado la orden hay que obedecer. Si Dios ha hablado no queda otra opción que hacer lo que Él pide. Pues toda la razón es de Dios, toda la sabiduría está con Él. Josué sabía que si a Dios obedecía vería su poder.

Al séptimo día de estar rodeando la ciudad, Josué le dice al pueblo que en lugar de dar una sola vuelta a la ciudad, como el resto de los días, esta vez daría siete vueltas. A la vuelta siete se sonarán las trompetas y el pueblo debía gritar con todas sus fuerzas. Así lo hace el pueblo y Dios hace un milagro en aquel lugar. Las murallas impenetrables de Jericó caen y el pueblo de Israel puede entrar a la ciudad y conquistarla.

IV. Ejecuta su obra

Cuando una persona hace lo que Dios manda, no hay otra opción que obtener la victoria. No hay opción a la derrota con Dios. Antes de llegar a Jericó, Josué había enviado espías a la ciudad y una mujer los recibió. Esta mujer con toda su familia fue la única que sobrevivió aquel día. Esta mujer recibió a los espías del pueblo de Israel pues sabía lo que Dios era capaz de hacer.

Dios quiere que ejecutemos su obra en la tierra. Pero nos pide que seamos valientes. Dios nos pide que nos esforcemos y que hagamos su obra como Él ordena. No como pensamos que será, como creemos que puede encontrarse solución o la mejor forma que nos parezca hacerlo. Sino que Dios quiere que le obedezcamos como Él quiere hacer las cosas.

Dios no quiso que el pueblo hiciera armas para tratar de derribar las murallas. Tampoco se ejecutó un gran plan militar, sino que Dios mostró su poderosa mano. Josué solo tenía que hacer lo que Dios mandara, así lo hizo y la victoria fue del pueblo de Dios. Al hacer la voluntad de Dios podemos tener paz en nuestro corazón pues sabemos que Dios es el que pelea las batallas. No peleamos con nuestras fuerzas, ni con nuestra lógica e inteligencia, sino con la voluntad de Dios hacemos las cosas y Dios obra. 

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Tenemos paz al saber que Dios es el que pelea las batallas y como decía David: Jehová el poderoso en batalla, de Él es la victoria. Los que confían en Él son salvados como le sucedió a la mujer que albergó a los hijos de Israel. Dios salva a su pueblo. Dios pelea por su pueblo. Dios le da la victoria a su pueblo.

Conclusión

Josué 6:27 dice “Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra”. Las naciones de estas tierras conocieron que un pueblo pequeño se acercaba. Conocieron que había en ellos un líder esforzado que no le tenía miedo a ninguna de estas tierras. Conocieron entonces que Dios estaba con este pueblo y que no podrían salir contra ellos.

Que se diga lo mismo de nosotros. Que se diga que Dios está a nuestro lado como poderoso gigante. Que se diga que todo lo que Dios mande eso haremos. Que se diga que Dios pelea por su pueblo y que toda batalla que tengamos ya ha sido ganada en Dios. Que no importe el tamaño de nuestra batalla, enfrentemosla confiando en nuestro Señor, hagamos lo que Él nos pida y la victoria vendrá. 

Jehová pelea por nosotros, estemos tranquilos y veamos la mano de Dios en nuestra vida y en la vida de los que nos rodean. El enemigo escuchará que Dios está de nuestro lado y correrá. El enemigo se esconderá de la presencia de Dios. Sigamos la guía de nuestro Señor y obtendremos la victoria.

Como a Josué, Dios solo nos pide que seamos esforzados, que seamos valientes. Las promesas y las bendiciones de Dios ya nos las ha dejado escritas en su palabra. Solo seamos esforzados para conquistarlas, Dios es poderoso en batalla, él va delante de nosotros conquistando la tierra. Dios es poderoso guerrero y nos ha dado todas las bendiciones descritas en su palabra. Seamos valientes y conquistemos esas bendiciones en nuestra vida, Dios ya nos las ha dado, declaremos la victoria de nuestro Dios.

© Roberto Torres. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Roberto Torres

Siervo de Cristo y seguidor de la palabra de Dios. Es mi oración que los mensajes que redacto le sirva de bendición.

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