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La unción de restitución

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La Palabra de Dios nos enseña claramente acerca del tema de la restitución. Existen dos clases de restitución en la Biblia. De la que quiero tratar en este artículo es aquella obra poderosa que Dios quiere hacer en la vida de aquellos que a pesar de haber sido fieles e íntegros han sido temporalmente despojados y han perdido algo injustamente. Estoy hablando de la Unción de restitución.

Jesús enseño a sus discípulos acerca de la Unción de restitución y lo encontramos en Marcos 10:28-30Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos. o tierras, por causa de mi y del evangelio que no reciba cien veces mas ahora en este tiempo: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, con persecuciones, y en el siglo venidero la vida eterna

Para entender lo que Jesús estaba diciendo debemos en primer lugar definir lo que significa la palabra “restituir”. El diccionario la define como “Devolver una cosa a su dueño; restablecer una cosa en su estado anterior; volver al lugar de donde había salido.” Restituir significa, devolver, restaurar, reivindicar.

Si somos detallistas en la lectura del pasaje inicial notaremos que Jesús dijo que nadie que haya dejado todo por el Señor y la causa del evangelio se quedará sin recibir la unción de restitución.

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La promesa de restitución de Jesús es del ciento por uno, o sea, ¡Un interés del 10,000 por ciento!

Ahora bien, todo esto no ha venido fácil o en forma gratuita. Hubo un precio que pagar, porque para que se me devuelva algo, primero tuve que haber perdido algo injustamente; para que se me restaure algo, primero tuve que haber sido dañado injustamente; para que se me reivindique, primero tuve que ser eliminado, desplazado, rechazado, quitado de algún lugar o posición injustamente.

Todo este proceso de despojo produce heridas, dolor, angustia, frustración, vergüenza, lágrimas, tristeza, debido a que las pérdidas no fueron voluntarias, como un acto de renuncia, sino involuntarias donde se perdió lo que no se quería perder. La angustia interior y muchas veces la confusión crecen debido a que todo eso nos ha pasado precisamente por ser fieles al Señor.

La Palabra de Dios nos dice que el causante de semejante pérdida es el mismo Diablo. En Juan 10:10a se lo describe como ladrón que viene para hurtar, matar y destruir. El Diablo quiere robarle al cristiano fiel, quiere matarlo lentamente y destruirlo totalmente.

El enemigo utiliza algunas veces a personas incrédulas para cumplir su plan pero muchas veces utiliza aún a aquellos que se dicen cristianos.

Cada acto de las vidas de aquellos hombres y mujeres fieles que aman a Dios está en manos del Señor y todo lo que les pasa es para bien (Ro. 8:28), pero muchas veces el Señor permitirá, con un propósito especial, que podamos experimentar perdidas injustas temporales, para posteriormente glorificar su Nombre y enviar la Unción de restitución.

Existen muchas cosas que podemos perder por nuestra fidelidad a Cristo. En 2 Timoteo 1:15 leemos a Pablo abandonado por sus hermanos y amigos. Nosotros también por la causa de Cristo podemos perder amistades y hermanos en la fe. La santidad para muchos es detestable. Podemos perder también nuestro buen nombre, testimonio y reputación.

En Hechos 25:7 se menciona la frase “falsas acusaciones” que podemos recibir por cumplir fielmente nuestro ministerio; en 1 Corintios 4:10-21 nos muestra como los siervos de Dios pueden sufrir injustas calumnias, acusaciones sobre sus propias vidas y ministerios. Mateo 10:34-39 nos enseña que aún podemos perder la buena relación con los familiares más cercanos a causa de nuestra fidelidad y santidad y por no participar de acciones pecaminosas. 2 Corintios 11:23-29 nos habla que nuestra salud y economía pueden desmejorarse por servir al Señor.

En 1 Corintios 16:9 leemos “se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios”. Hemos recibido reportes de siervos fieles a Dios, que debido a la fuerte oposición (que viene en forma de calumnia, falsas acusaciones, desprestigio, etc) han perdido el ministerio o tuvieron que cerrar alguna iglesia. Todo este aparente “triunfo” del mal sobre el bien, no escapa a la vista del Señor.

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Aquel que todo lo ve y procede con justicia tiene una salida para todo aquel que ha padecido y sido despojado injustamente por ser fiel al Señor y a la causa del Evangelio. La recompensa de Dios para todos ellos es la Unción de restitución.

El alcance de la restitución es doble: a) Aquí en la tierra y b) en el cielo (vers. 30). Aquí en la tierra es donde se nos asegura la restitución del mil por ciento de interés. En el cielo no necesitaremos nada pues allí estaremos completes de todo pero aún así existe una restitución celestial.

El Espíritu Santo en este tiempo quiere restituir sobrenaturalmente buena reputación a aquellos siervos fieles que injustamente han perdido su buen nombre por causa de la difamación y calumnia; quiere restituir ministerios a aquellos que lo han perdido debido a las mentiras y acusaciones infames; quiere restituir ministerios a aquellos que se quedaron sin gente en sus congregaciones debido a acusaciones falsas y sin fundamento.

Dios quiere restituir económicamente a aquellos que han padecido severamente por años debido al cumplimiento del llamado del Altísimo; Dios quiere sanar físicamente también a aquellos valientes que por la dureza de la batalla espiritual han quedado frágiles y débiles. ¡Dios es un Dios de restitución! Es por eso que en 2 Timoteo 1:12 Pablo dijo: “Padezco pero no me avergüenzo”. El padecer por ser fieles a Cristo no debe ser causa de vergüenza sino de honra, más sabiendo que de nuestro lado esta el Señor de la restitución.

La Palabra de Dios refleja en varios episodios al Señor de la restitución.

La vida de José, entre otros, nos dará una perspectiva diferente de lo que estamos atravesando actualmente y a la vez aliento y fe para creer que sobre nosotros se derramara la Unción de restitución.

La historia de José se relata en Génesis caps. 37 al 50, cuando siendo un adolescente preferido por su Padre, recibe sueños proféticos sobre lo que sucedería en su vida (verss. 5 y 9). José debido a su inexperiencia cometió el error de contar sus sueños a sus hermanos, los cuales le envidiaron aun más (vers. 11) y decidieron sacárselo de encima (vers. 18).

Primero lo tiran en un pozo seco (vers. 24), luego lo sacan de allí y pensaron que vendiéndolo como esclavo a los ismaelitas todo se solucionaría (vers. 28). Aquí a José se le quita involuntariamente la vida familiar y el calor de hogar y sufre una gran perdida emocional.

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Luego es vendido a Egipto y comprado por una persona influyente (39:1), donde lo coloca al cuidado de sus cosas personales (39:2). Aquí a José se le robó su personalidad y privó del legítimo derecho de vivir en libertad. A pesar de esos duros golpes José continuaba siendo fiel a Dios y contaba con el favor del Señor (39:2). Su ferviente deseo de ser fiel al Señor le lleva a ser acusado de acoso sexual por una mujer adultera y perversa (39:7-18).

José de esclavo “libre” pasa a ser un esclavo en la cárcel (39:20). Humanamente hablando todo se había terminado para el… pasaría el resto de sus días confinado una cárcel. Aquí José sufrió la perdida de su integridad. Fue acusado y calumniado injustamente y no teniendo manera de defenderse tuvo que callar y ser encarcelado. Solo José podría decirnos todo lo que pasaba por su mente y las luchas interiores que el estaría padeciendo.

Todo esto le pasaba, no por ser desobediente e infiel a Dios, ¡sino por ser absolutamente fiel al Señor!

Esto es lo que confunde a muchos hoy también y se derrumban para siempre. No pueden entender lo que les está sucediendo y en vez de ver la mano del enemigo intentando eliminarlos de la carrera espiritual, comienzan a culpar a Dios de sus desdichas.

Acerca de Ricardo M. Pugliese

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