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La apostasía que viene

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Tanto el apóstol Pablo como el apóstol Pedro advierten acerca de la apostasía que sobrevendrá en los postreros tiempos. Ambos nos dan claras señales que es preciso tener en cuenta porque ellas se están empezando a cumplir ante nuestros ojos.

En la palabra de Dios en 2ª Tesalonicenses 2:3, el apóstol está hablando acerca de la venida de nuestro Señor Jesucristo. En la época en que Pablo escribió esta epístola, parecía muy inminente la venida del Señor, y muchos estaban vendiendo sus posesiones y dejando sus trabajos. Muchos estaban haciendo los preparativos porque ya venía el Señor.

El mismo Pablo lo había anunciado en la primera epístola a esta misma iglesia, pero aquí, al ver Pablo las medidas que los hermanos estaban tomando, él les hace una advertencia, y es lo que leemos aquí en el versículo 3: “Nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que antes -no vendrá el Señor, se refiere- … sin que antes venga la apostasía y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición“.

¿Qué vendrá antes de que el Señor regrese?

La apostasía. Y luego también, más o menos en el mismo tiempo, muy cerca del tiempo de la apostasía, y como una culminación de la apostasía, precisamente, ¿qué más se va a manifestar? Al final del versículo 3 lo dice: “el hombre de pecado, el hijo de perdición“. Más abajo dice en el versículo 8 y 9 dice “aquel inicuo” ¿Quién es ese? Ese es el anticristo.

Por tanto, no nos extrañemos que estemos comenzando a ver la apostasía, porque ella es la antesala del regreso de nuestro Señor Jesucristo.

En este ambiente que tenemos aquí, en esta reunión preciosa, parece muy fuera de lugar hablar de la apostasía, porque nosotros de verdad hemos sido beneficiados, hemos sido bendecidos; nosotros hemos sido traídos a la casa de Dios, al monte de Sion, donde Dios habita.

A nosotros nos pueden sonar muy raras estas palabras. La apostasía… ¿de qué apostasía me habla, si estamos mirando al Señor? ¿Si estamos postrándonos delante de él? ¿Si estamos contemplando a Jesús? ¿Si estamos adorándole? ¿Si el Espíritu Santo nos ha llenado? ¿Si el amor se está manifestando? ¿Si la gloria del Señor ha descendido? ¿de qué apostasía me habla? Parece un tema extraño en este ambiente. Sin embargo, no lo es, si miramos el mundo cristiano de hoy en día.

La cristiandad está comenzando a vivir los días de la apostasía.

En 2ª Timoteo, capítulo 3, se nos muestra en qué va a consistir o en qué está consistiendo esta apostasía de los postreros días: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos“. La palabra ‘peligrosos’ se puede traducir también como ‘trabajados’.

Tiempos trabajados. Tiempos donde hay que esforzarse. Tiempos cansadores. Los postreros tiempos para los cristianos serán tiempos de agotamiento, en que parece que hay un gran peso sobre el corazón que impide caminar con agilidad, con prestancia. Tiempos trabajados, porque cuesta mantener la fe, porque el gozo de la salvación pareciera que rápidamente se pierde, porque cuesta caminar en santidad, porque el ambiente está corrompido, porque el pecado ha sobreabundado.

Los cristianos de los postreros días deben saber esto: por causa de la apostasía, el amor de muchos se enfriará y será difícil caminar. Son tiempos peligrosos, agobiantes.

Intelectualmente desarrollados

En el versículo 2 se comienza a explicar por qué serán tiempos trabajados o peligrosos.

Veamos el verso 2: “Porque habrá hombres amadores de sí mismos“. Amadores de sí mismos… ¿Se ha encontrado usted por casualidad con alguno de éstos? Ellos son idólatras, y el principal fetiche en su idolatría son ellos mismos. Ellos tienen un altar en su corazón donde se inclinan ante su propia figura.

Luego dice: “avaros”. En otra versión dice así: “Amadores de sí mismos y del dinero”. En vez de ‘avaros’ dice ‘y del dinero’. ¿Conoce a alguno de éstos usted? ¿Hombres amadores del dinero? Puede que tengan mucho dinero, pero no se conforman con lo que tienen. Ellos nunca se conforman con lo que tienen, y lo que tienen lo guardan bajo siete llaves para que no se los toquen.

Ellos no tienen paz; no hallan descanso. En cada persona que se topan por la calle, ellos ven a un posible ladrón. Cada persona que toca a su puerta es para ellos alguien que viene a pedirles dinero. Ellos buscan en los bancos cuál está dando más interés, cómo amasar una nueva fortuna, cómo hacer nuevos negocios.

Amadores de sí mismos y del dinero“. El dinero como un ídolo. También dice que son vanagloriosos. Vanagloriosos, que buscan el aplauso, que buscan aparecer ante los demás. Ellos no aceptan sufrir, les gusta el placer, aman gozar de los deleites del pecado.

Hombres soberbios”, dice luego. “Soberbios”. Éstos no se inclinan ante nadie. Los soberbios son altivos, orgullosos; son duros. Su corazón es más duro que la piedra, es como el pedernal, como el diamante. Tocarlos a ellos es como rasguñar un vidrio. Se mantienen siempre muy erguidos aunque la vida los golpee. Pueden estar derrotados, pero siguen siendo soberbios. Pueden estar al borde de la muerte, pero siguen en su soberbia.

Esos son los hombres de los postreros días, tanto los vanagloriosos como los soberbios.

Luego dice más abajo: “implacables … crueles, aborrecedores de lo bueno“.

Si nosotros tuviéramos que hacer un resumen en qué se parecen todos estos hombres que aquí se describen, podríamos decir que son personas intelectualmente desarrolladas, autosuficientes, personas exitosas, personas que tienen una mente muy fuerte, muy hábil. Ellos pueden ser intelectuales, ellos conocen las ciencias, ellos se han levantado a sí mismos, han alcanzado altas etapas en los estudios. Son hombres fuertes intelectualmente.

Ellos consideran que la fe es vana. Ellos creen que un hombre se basta a sí mismo, no necesita a Dios, si es que Dios existiera. Y como algunos dicen: “Como no existe… ¿de qué nos preocupamos?”. Ellos han llenado los colegios, las Universidades.

Nuestros jóvenes están siendo víctimas de su incredulidad, de su altivez, de su soberbia, de su vanagloria, de su ateísmo, de su humanismo. Nuestros jóvenes, nuestros niños, están recibiendo la semilla de muerte en sus mentes. Están siendo conducidos por filosofías extrañas, huecas sutilezas: la Nueva Era, el humanismo, las filosofías orientales. ¡Tantas extrañas y huecas sutilezas que se han levantado en este postrer tiempo!

¡Oh, es una pesada carga sobrellevarlos a ellos! Para un hijo de Dios, es un trabajo pesado soportar la miopía de su vista, su corazón entenebrecido, su mirada extraviada.

Ellos son impíos. Se burlan de los que creen, de los que esperan en Dios. Ellos son los burladores que dicen: “Desde el principio de la Creación las cosas han sido igual. ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” -refiriéndose a Cristo.

Ellos se ríen, se burlan. Ellos tienen teorías para explicar todas las cosas. Y las que no las pueden explicar, con su vana palabrería envuelven a los incautos para hacer parecer que sus teorías son válidas, que sus demostraciones están comprobadas, que sus asertos son correctos. ¡Oh, la vanamente llamada ciencia, que ha vuelto engreídos a los hombres, como si sus principios fueran irrefutables! Ellos son adoradores de la ciencia.

Acerca Gonzalo Sepúlveda

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