Apoderandonos de las promesas de Dios

Y esto, en la mayoría de casos, tiene su base en que no se quieren alejar de toda la comodidad que hasta el momento tienen. Lo cual es muy peligroso porque se puede terminar amoldando a la comodidad del mundo.

Hermanos, al no comprometerse con Dios, perdemos la visión de aquellas grandes promesas que Dios nos ha dado. Es verdad, que todo conlleva esfuerzo, pero si nuestra motivación son sus hermosas promesas, será más fácil.

Veamos la forma en la que se evalúan las situaciones cuando se pierden de vista las promesas que Dios ha dado: “…Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.” ¿Vieron? Perdiendo de vista las promesas de Dios, no confiaron en Él, sino en ellos mismos.

La incredulidad retarda las promesas de Dios

Y la consecuencia de su incredulidad les costó un andar en el desierto por unos cuarenta años. Ahora, miremos y reflexionemos lo que le aconteció al pueblo de Israel y la situación que hoy en día vivimos. ¿Ven cosas en común? Pues creo que sí, ¿No es cierto?

Acaso no nos hemos topado con situaciones en las que nuestras actitudes se han parecido a las del pueblo de Israel. Israel había sido elegido por Dios, para ser bendición a otros pueblos, para ser luz que alumbrase en medio de la idolatría de esos pueblos. Pero luego ellos dudaron de Él y su Palabra.

¿Acaso no hemos sido escogidos por Dios para que llevemos la luz del evangelio y la santidad a otras personas? Claro que sí, pero en ocasiones nos alejamos de su perfecta voluntad.

Sigamos hermanos, y miremos lo que nos dice la palabra de Dios: “…Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. 33 También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos…”

Es fácil notar aquí como ellos pusieron sus ojos en las circunstancias que se encontraban a su alrededor. Era obvio que si veían a ellos mismos les sería imposible el tomar en posesión aquella tierra.

Muchos alejan sus miradas de las promesas de Dios

Algo similar sucede con muchos en la actualidad. Es decir comienzan a verse ellos mismos, alejando sus miradas de las promesas de Dios. Y es allí donde su fe comienza a debilitarse, y esto puede terminar en incredulidad y rebeldía a no seguir.

Es algo, como lo dije, de mucha obviedad el que nos desanimemos y terminemos cayendo, cuando intentamos caminar mirándonos a nosotros mismos. Hermanos, no es mirándonos a nosotros que la fe se mantiene, sino mirando a Cristo.

Cuando miramos a nuestras propias fuerzas y habilidades, veremos todo las cosas imposibles de realizar, y todas las bendiciones de Dios se detendrán, las mismas que iban hacia nuestras vidas.

Cierto es, que en este mundo reina el pecado, el cual nos asecha en todo momento, pero al depender de nosotros mismos, es claro que solo terminaremos rindiéndonos al pecado. Así que hermanos, examinemos nuestras vidas y veamos dónde está puestos nuestros ojos.

Recuerden siempre que el pecado nos aleja de Dios y el perseverar en el pecado endurece el corazón. Lo cual termina en una insensibilización al pecado terminando en una total anarquía.

Acerca José R. Hernández

José R. Hernández
Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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