Apoderandonos de las promesas de Dios

Y por supuesto que si estamos en pecado las bendiciones de Dios no llegarán a nuestras vidas. Similar caso al de Israel, ellos al no creer, lo cual es pecado, paralizaron su bendición de entrar a la tierra prometida, y también recibieron la disciplina de Dios.

Hermanos, bien lo dicen las Escrituras que debemos tener nuestros ojos puestos en Cristo Jesús. No en nuestro desempeño, no en nuestras fuerzas y habilidades, no en nosotros. A

sí que a pesar de las circunstancias a nuestro alrededor, no temamos, ni por más grandes que sean los gigantes, no dudemos del Señor, Él nos ha prometido la victoria, pues ¡Él la dará!

Ahora, a nuestro alrededor también existen ciudades amuralladas, como en ese tiempo. Y esas ciudades amuralladas las vemos en tantas falsas religiones de hoy en día, en tantos sistemas políticos y económicos que quieren dominar el mundo y eliminar la verdad revelada de Dios.

El mundo quiere que nosotros seamos partes de estas ciudades amuralladas y vayamos tras de sus ídolos. Hermanos, aquí es donde entran en el campo todas aquellas promesas de Dios, las cuales por fe son nuestras, así que no temamos, más bien estemos firmes.

Pero ¿Específicamente que representa un gigante que se levante en contra de nosotros? Pues un gigante vendría a ser todo lo que nos quiera alejar y desviar de la voluntad de Dios. Y la cristiandad en la actualidad enfrenta dos fuertes gigantes.

La incredulidad es uno de los dos gigantes. Y al estudiar el relato bíblico del tema de hoy, vemos cómo la incredulidad se apoderó de ellos. Vemos cómo ellos por temor de aquellos moradores de la tierra que Dios les prometió, decidieron no entrar, pues al verse a ellos mismos como incapaces de echar fuera a esos pueblos, desecharon la valiosa promesa y palabra de Dios de que aquella tierra Él se las entregaría.

Ye eso es exactamente lo que sucede con muchos hoy en día, que no le creen a Dios. Pero también vemos que de todos los doce espías sí hubo dos que miraron a Dios y a sus promesas.

Leamos lo que Caleb, dijo mirando a las promesas de Dios: “…Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos…” Caleb no dudó de las promesas de Dios, Caleb creía que Dios sí entregaría la tierra en sus manos, tal y cómo lo había dicho.

Así que hermanos, digamos como Caleb poniendo nuestras miradas en las promesas de Dios, y ante cualquier situación o problema digamos que con Dios: “…más podremos nosotros que ellos...”

El temor es el otro gigante que se levanta en contra de la iglesia. De acuerdo a las Escrituras el temor el cual se apoderó de Israel, a causa de las ciudades fortificadas y los habitantes que allí vivían, fue más grande que las promesas de Dios para ellos.

El temor se apoderó de ellos de tal manera, que se veían como langostas con relación a los moradores de aquella tierra, sin ver al Gran Dios y Todopoderoso que tenían como su protector.

De la misma manera nosotros vemos los problemas, y las circunstancias a nuestro alrededor en relación a nosotros mismos, y nos vemos tan pequeños e insignificantes ante ellos, y a la verdad lo somos, pero no somos nosotros los que tenemos que vencer, sino que Dios vencerá por medio de nosotros, es Él quien prometió entregar aquella tierra en sus manos y en las nuestras.

Acerca José R. Hernández

José R. Hernández
Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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