Siendo agradecidos en todo

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predicación de Hoy: Siendo agradecidos en todo

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Filipenses 4:6 

Introducción

En este día vamos a revisar unos de los milagros de Jesucristo que tiene un mensaje de gran valor. Deseo informarles desde este momento que el escrito de hoy no es únicamente de gran valor, sino que es posible que muchos lo encuentren muy duro.

Les comento esto porque vamos a proceder a hablar de un pecado muy común en la vida de muchos creyentes. Ahora, cuando tocamos el tema del pecado, instantáneamente todos recordamos los diez mandamientos. Recordamos las leyes dejadas por Dios que nos enseñan nuestras fallas, ¿verdad?

Pero yo comentaría que es un pecado que ocurre desapercibidamente en el rebaño de Dios con suma repetición, este es la ingratitud. Comento esto porque si hacemos una retrospección de nuestra vida, esto seguro que todos podemos profesar que Dios ha realizado y está realizando grandes cosas.

Esto por este motivo que deberíamos estar constantemente agradeciendo a Dios, pero la verdad de esto es que gran mayoría de los cristianos no separamos tiempo para orar y dar las gracias por los alimentos antes de ser ingeridos.

Agradecidos en todo

La gratitud es un problema muy delicado, y es por este motivo que en el día de hoy vamos a reflexionar sobre un tema que todo cristiano debe aprender. Hoy vamos a instruirnos sobre la necesidad de agradecer. Demos aso a la Palabra de Dios y aprendamos sobre esta lección.

Lucas 17:11-19 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. 12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz, diciendo! Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. 15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Estoy completamente confiado de que todos aquí hemos escuchado hablar sobre la lepra, que hemos repasado en los versículos de la Biblia que nos hablas acerca de este horroroso sufrimiento, pero también tengo certeza que la mayoría de nosotros sino es que todos, ignoramos la dimensión de esta enfermedad.

El motivo de esto es porque esta enfermedad no es muy frecuente hoy en día. Pero para llegar a comprender mejor las dimensiones de esta enfermedad, tendremos que hacer un breve recuento de la historia. Cuando se comenta sobre la lepra, se está comentando sobre el tema más espantoso en esos tiempos.

Adquirir esta enfermedad era lo duro que la sentencia a la muerte, ya que el contagiado era totalmente rechazado por la sociedad, esto queda muy bien evidenciado en Números 5:1-3 cuando leemos “Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Manda a los hijos de Israel que echen del campamento a todo leproso, y a todos los que padecen flujo de semen, y a todo contaminado con muerto. 3 Así a hombres como a mujeres echaréis; fuera del campamento los echaréis, para que no contaminen el campamento de aquellos entre los cuales yo habito.

Con lo anterior podemos observar que el contagiado no solo padecía los dolores físicos generados por esta terrible enfermedad, sino que también recibía absoluto rechazo por todos los que tenía cerca, sin olvidad que rechazo también recibido por parte de sus propios seres amados y familiares.

Es decir, el contagiado sufría una muerte lenta y moribunda literalmente en todos los aspectos. Pero ¿Que es la enfermedad en sí? Para que podamos tener un mejor comprendimiento sobre esta, déjenme informarles cómo evoluciona esta enfermedad en el cuerpo.

La enfermedad empieza con diminutos brotes en los parpados y en las palmas de las manos. Que luego gradualmente se desplaza por todo el cuerpo, perdiendo de esta manera el color del pelo hasta dejarlo blanco y comenzar a crearse unas escamas en todas las partes del cuerpo que se ve involucrado generando dolorosas llagas y abscesos.

Observen, será tan devastadora la enfermedad que genera en la piel llagas y abscesos, pero esto no se para allí. La contaminación va digiriendo la piel y la carne hasta encontrar el hueso, de esta forma va descomponiendo todo el cuerpo parte por parte. Debido a esto es que en las etapas finales del contagio, es normal ver que las partes del enfermo se desprendían literalmente.

Los judíos observaban este contagio como una condena de Dios, así que solo Dios tenía el poder de curar a las personas que se contagiaban. Esto lo encontramos escrito en 2 Reyes 5:7 cuando leemos “Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.

El leproso era visto como una persona obscena físicamente y espiritualmente.

Debido a esto los judíos tenían normas y leyes muy serias sobre estas personas que sufrían este contagio, esto lo podemos ver muy claro en los capítulos 13 y 14 del libro de Levíticos.

El leproso no tenía permitido acercarse a otras personas, tenía que conservar una distancia de por lo mínimo 6 pies de otras personas en todo el tiempo. Como les comente anteriormente, el leproso no tenía permitido vivir dentro de los muros de ciudad alguna. El leproso era exiliado y totalmente discriminado y excluido por todos. Con estas palabras en el pensamiento, observemos ahora los versículos del día de hoy.

Acá tenemos Jesús con destino a Jerusalén y observamos que se cruza con estas personas afligidas por esta horrorosa enfermedad. Estamos diciendo de personas que se encontraba completamente en la desesperación y con un gran sufrimiento.

Pero vemos que ellos clamaron su nombre. Un acto muy importante que debemos ver de aquí es que ellos enseñaron una gran humildad, la Palabra nos habla que “se pararon de lejos.” Ellos tenían muy en claro la ley la cual requería los 6 pies de distancia.

Y es en este momento donde observamos la humildad que reflejaron, pues e múltiples ocasiones las personas desconsoladas por diferentes enfermedades nos guardaban la ley, así que corrían hacia Jesús. De este modo al conservar ellos la distancia, Jesús notos su humildad.

Si hacemos una semejanza entre estos diez hombres, y nosotros, creo que rápido encontraremos que no somos muy distintos. Probablemente algunos disciernen que este no puede ser el caso, porque aquí nadie entre la multitud sufrimos de lepra, pero les comento que cuando nos acercamos a los caminos de Jesús, nosotros presentaríamos un dolor tan grande o peor que el de ellos.

Nosotros estamos totalmente consumidos por llagas dolorosas que nos inhabilitan en todos los sentidos. No estoy diciendo sobre llagas físicas, sino llagas espirituales. Entonces en el mismo modo que ellos, nos postramos ante Dios. Aceptamos que no éramos dignos y que estábamos en una situación que solo Él podía ayudarnos e imploramos su nombre.

Es decir, tal cual como los diez hombres nos tropezamos en el camino al Señor e imploramos su misericordia. Nos acercamos a los caminos del señor y le rogamos que nos curara las llagas y que recompusiera nuestro espíritu. Y así como lo realizo con aquellas personas, Él nos enseñó su amor y misericordia y fuimos curados.

Agradecidos en todo porque ese desierto que existía en nuestras vidas fue llenado totalmente.

Él esparció de su santo espíritu sobre nosotros, nuestros hogares y en todo lo que nos rodea y comenzamos a recibir las bendiciones. El esparció su gracia y misericordia sobre nosotros y acogemos su sanidad que tanto deseábamos. Pero desgraciadamente, aquí es donde empieza el enorme problema para una multitud de personas.

Cuando observamos o que sucedió allí, nos percatamos de que diez que fueron curados solo uno se acercó a darle las gracias. No solo aquello, pero este hombre que se acercó a darle las gracias era probablemente el más rechazado por todos ellos, este hombre era Samaritano.

Aquí da a lugar una gran lección para todas las susodichas personas que dicen ser cristianos. Hermanos, este en acto de gracia encontramos un gran consejo que tenemos que asimilar y practicar. Observemos atentamente, todos los leprosos en este pasaje recibieron una bendición y probablemente debieron estar agradecidos.

Todos debieron acercarse a Él y ofrecer sus agradecimientos por la bendición, dar sus agradecimientos por su misericordia. Todos recibieron una bendición de Cristo, peno casi ninguno retorno a Él. Únicamente uno retorno, los otros nueve prosiguieron su ruta y omitieron lo que Dios había realizado por ellos. En verdad o que sucedió aquí no es muy distinto a lo que hoy en día acontece. Déjeme enseñárselo de otra manera.

Examinemos la representación que genera la iglesia.

Cuando nos colocamos a examinar lo que es la iglesia, estoy seguro de que la mayoría aquí presente está de acuerdo conmigo cuando manifiesto que la iglesia es similar a un hospital. ¿Cómo así?

Sencillo, analicemos el papel de un hospital. Estoy confiado que ninguno de los presentes ha entrado a un hospital sin tener un sufrimiento. Esto confiado que ninguno de los presentes ha ingresado sin estar padeciendo una enfermedad que nos agotó, hasta el punto de solicitar ayuda instantánea y atención medica. Estoy confiado que ninguno de los presentes ha ingresado en un hospital porque le encanta la comida que allí brindan. ¿Verdad?

Así que no entramos sin ninguna razón si no porque nos urgía la intervención medica. Y una vez que empezábamos a recibir la atención medica que necesitábamos en el hospital, y ¿que acontece cuando nos dan el tratamiento? Sobra decir que con los tratamientos y la atención que recibimos comenzamos a mejorar.

Con el pasar de cada día van regresando nuestras fuerzas, o somos curados hasta que por fin llega el día que nos dan de alta, dejamos el hospital y seguimos con nuestro camino. Estamos saludables y debido a esto no recordamos más en los doctores o en los que duramente trabajaron para que estuviésemos saludables. ¿Pueden observan hacia donde me guio con todo esto? ¿Observan lo similar que son el hospital y la iglesia en este momento? como les comente, no existe mucha diferencia.

Así como todos los enfermos son llevados a los hospitales, nosotros entramos a la iglesia porque nos encontrábamos gravemente enfermos. Lo aseguro porque en la totalidad de los casos, la gente llega a la iglesia como yo al hospital.

Se acercan a la iglesia porque es su última escapatoria. La gran cantidad de las personas se acercan a la iglesia porque están sin fuerzas y decaídos. La gran cantidad de las ´personas se acercan después de haber tomado otras soluciones a sus problemas que solo aprovecharon para defraudarles y hacer que llegaran a un estado peor.

La gran cantidad de las personas se acercan a los pies de Dios debido a que están en adversidades que no logran solucionar. Es por eso que se acercan a los caminos del Señor de tal manera como los diez hombres que se acercan llenos de llagas y profundas laceraciones.

Se acercan a los caminos del Señor de tal manera como estos diez hombres llamando a la misericordia y anhelando ser sanados. Se acercan a los pies del Señor clamando ser rescatados de sus sufrimientos.

¿Qué sucede entonces? lo que acontece es que como los hombres en los versículos, la persona toma instrucciones determinadas de lo que se debe realizar para se le otorgue la sanidad que tanto desea. Les comento esto porque estos hombres tomaron instrucciones determinadas de lo que debían realizar para ser curados cuando Jesús les dijo “Id, mostraos a los sacerdotes.”

Para que obtuvieran la cura debieron que realizar algo, Jesús les mando a que siguieran la ley, y que se dirigieran a mostrarle a los sacerdotes. Y del mismo modo que ellos tuvieron que realizar lo que Jesús les encomendó, todas las personas que se acercan a los caminos del señor se les encomiendan instrucciones determinadas para realizar.

Toda persona que se acerca a los caminos del Señor recibe un requerimiento a cambiar por completo, toda persona que se acerca a los caminos del Señor es requerido a conllevar una vida en santidad como encontramos en 1 Pedro 1:16 cuando leemos “porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. “

Hermanos, Esto cuando la persona lo realiza, es cuando la persona es capaz de observar el poder, majestad y misericordia de Dios en su vida.

La sumisión de estos diez hombres que fueron curados en un instante, observen bien como nos comenta la Palabra de Dios aquí, “Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.” ¡Gloria a Dios! El señor en su enorme misericordia curo a estos hombres de su padecimiento.

Ellos recibieron una bendición enorme y fueron rescatados de esta aborrecida enfermedad, pero lo más entristecedor de todo es que aquí comienza a ver la deslealtad del hombre. Los diez fueron curados, los diez fueron benditos, pero solo una persona, un hombre volvió a agradecerle. Solo uno volvió a reconocerle, solo uno le dio las gracias a Dios.

Es por este motivo que Jesús nos dice “Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.” Hermanos, esto es un motivo que debemos tener siempre presente, no podemos ser personas de mala memoria. Les comento esto porque es lo que se ve en reiteradas ocasiones en la iglesia.

Observamos personas que se acercan derrotados, llenos de dolores, aclamando la misericordia poderosa de nuestro Rey y Salvador pero una vez otorgada esta, una vez que se reestablecen al igual como en el hospital, no se les mira más.

Estamos diciendo sobre de personas que se pudieron ver que hubo diáconos, ministros y hermanos que sin parar oraron intercediendo por su misericordia. Estamos diciendo sobre esas personas que una vez se les otorgaron las bendiciones hicieron de la misma manera que los nueve del pasaje. No volvieron a darle las gracias a Dios, no volvieron a reconocer que solo por Su obra y gracia se les otorgó esta bendición.

Es muy lamentable comentarlo, pero solo con observar a los que nos rodean en este instante nos tomamos conciencia que la ingratitud del hombre hacia Dios por todo lo que ha realizado y continua realizando, afuera de las iglesias hubiera enormes filas o colas para acceder a culto.

Porque el Cristo que en ese tiempo curo a los leprosos y a múltiples enfermos tanto físicamente como espiritualmente sigue siendo el mismo de hoy, que debido a su misericordia con poder y gloria está presente en nosotros para darnos libertad y sanar nuestras heridas.

Para finalizar.

El cristiano fiel debe conservar estos versículos siempre presentes, Debemos conservar estos versículos siempre presentes para no llegar a ser como los nueve de la historia. Debemos de acordarnos siempre que se nos otorgan instrucciones determinadas para seguir.

Debemos de acordarnos que fuimos enseñados a ser distintos, que fuimos llamados a llevar una vida sana. Debemos acordarnos que solo Dios nos logró dar el descanso que tanto anhelábamos, que solo Dios logró curar nuestras heridas. No olvidemos demostrar nuestra gratitud a nuestro Rey y Salvador.

¿Cómo le enseñamos nuestra gratitud? Lo realizamos de la misma manera como lo hizo el hombre en esta historia. Lo hacemos reuniéndonos para adorar y bendecir su santo nombre. No dejes que las influencias de la vida te alejen de la presencia de Dios. Como cristianos fieles, no podemos tolerar que cuando el señor piense en nosotros diga: ¿dónde están?

© Jose R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca José R. Hernández

José R. Hernández
Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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