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La batalla interna, batalla sin tregua

Predicas Cristianas – Sermones Cristianos

Ya tiene varios días que a mi correo llegó una reflexión muy interesante, la cual quisiera compartirles el día de hoy. Trata acerca de un aborigen ya muy anciano, quién se hallaba instruyendo a su nieto acerca del peregrinaje en esta vida. Y le dijo: -sabes, una gran batalla se lleva a cabo dentro de mí. Es una batalla entre dos fieras. Una es mala, y es el odio, la envida, la ira, el resentimiento, la vanagloria, el orgullo, la vanidad, la codicia. Y a otra fiera es buena y es el amor, la bondad, la paz, la esperanza, la humildad, la confianza.

Esta lucha es sin tregua alguna, y también se lleva a cabo en tu interior, y en el interior de cada ser humano de este mundo. En medio de su meditación, el niño pregunta al anciano: -¿quién vencerá?, -pues el que sea más alimentado-, replicó el anciano.

Aunque se desconoce al autor de esta reflexión, podemos notar que no es cristiano. No obstante sé que ustedes pudieron observar que lleva una gran enseñanza que se puede aplicar a todo ser humano. Habiendo meditado un poco en esta reflexión, notaremos prontamente cómo las Escrituras nos enseñan acerca de algo parecido, lo cual nos ayudará e ver la batalla interna que todo nacido de Dios conlleva. Pasemos ahora a la Palabra de Dios, vayamos a:

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Romanos 7:15-21 – Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. 16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. 18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. 21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.

Es claro el ver aquí, cómo Dios por medio del apóstol Pablo nos habla acerca de esa batalla que todo cristiano tienen en su interior. La misma que es una batalla de forma diaria y sin tregua. También podemos inferir que el campo principal de batalla de todo cristiano se encuentra en su mente. Ya que es aquí en donde germina la ira, la mentira, la fornicación, los homicidios, las lascivias, la incredulidad (Marcos 7:21-23). Deseos, sentimientos y hasta pensamientos que por la Palabra de Dios sabemos que van en contra de su voluntad, los cuales debemos desechar. Hermanos, la batalla es sin tregua, y si nos descuidamos, estaremos tendientes a pecar, ya que el enemigo también intervendrá con el mismo objetivo para engañarnos en cuanto al pecado, con tentaciones disfrazadas y difíciles de identificar para que caigamos en ellas y derribarnos, así que se genera la pregunta: -entonces ¿cómo venceremos?

Es allí, en respuesta a la pregunta, en donde entra en el campo aquella reflexión con la que iniciamos el mensaje de hoy. Antes que nada quiero aclararles algo, esta reflexión que vimos no es cristiana y tampoco tiene alguna relación con Dios, pero podemos sacar una verdad de ella. Ya que, amados, lo que más alimentemos en nuestras vidas, eso nos dominará. Entonces para ser victoriosos en nuestro andar, debemos alimentar el Espíritu Santo que habita en nosotros. Ahora ¿de qué manera alimentamos al Espíritu Santo? Pues por medio del pan, por medio de la Palabra de Dios, y viviendo en su voluntad. También es verdad, que esta batalla es difícil, y hasta en ocasiones terminaremos haciendo lo que aborrecemos, veamos como Pablo recalcó esto: “…Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago…” A esto se genera la pregunta: -¿Cómo podemos impedir que esto acontezca?

Esto lo veremos de una forma práctica, y les digo que para vencer a los deseos de la carne, y crear una gran brecha entre lo que es conforme a la voluntad de Dios y lo que no lo es, debemos primero examinar nuestras vidas y reconocer el pecado que exista en ella. Reconocer todos aquellos pecados que nos asedian y nos tientan a querer consumarlos. Así que, no olvidemos esto debemos mirar hacia nuestras vidas, para examinar nuestros caminos, veamos lo que nos dice Pablo en Romanos 8:6-8 “…Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. 7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios…” Es claro ver lo que aquí se nos dice, si nos ocupamos de la carne moriremos.

Sé que el problema radica principalmente en que existen cristianos que creen que no podrán obtener la victoria frente a aquellos pecados asedian. Si bien es cierto, en nosotros mismos no está el poder para lograr vencer, y si dependemos de nuestras propias fuerzas toda lucha que tengamos será imposible de vencer. La solución está en la manera en que confiamos en Dios o nos aferramos a Él. Observemos lo que la Palabra de Dios nos enseña en 1 Juan 5:4 al leer “…Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe….” Hermanos, ¿no es esta una buena noticia? Que si hemos nacido de Dios venceremos al mundo, así que levantémonos tomemos nuestras armas, las cuales nos ha provisto Dios, y seguros desechemos todas las obras de la carne que se hallen en nuestras vidas.

Al alimentar a nuestro espíritu con la Palabra de Dios, perseverando en santidad, haremos morir todo deseo y todo pensamiento que se levante en nosotros en contra de la voluntad de Dios. Pero quizás alguien puede decir: -Pastor, yo no tengo pensamientos en contra de la voluntad de Dios. ¿Estás seguro? Bueno, profundicemos un poco más y examinemos bien cada intención de nuestros pensamientos, para descubrir lo que muchas veces alimentamos.

Estoy seguro que existen muchas personas alrededor del mundo, que se encuentran pasando situaciones que les aflijan, que les desalientan, que les turban, o que le llenan de ira. Que pueden ser situaciones como problemas en el hogar, problemas de salud, problemas financieros, etc. Por ocasiones estas situaciones que sobrevienen a nuestras vidas pueden llevarnos a alejarnos del camino de la verdad. Estos momentos incluso nos pueden llevar a que nuestro servicio y devoción a Dios se paralicen, ya que, en situaciones como estas cuán difícil puede resultar mantener la devoción y el servicio a Dios. Es ahí, cuando en medio de estas situaciones nos dejamos derribar por las circunstancias, alimentando aún más estos sentimientos que vemos que nos alejan de Dios. Esto puede llevarnos a un estado de aflicción y depresión del alma, que si no nos damos cuenta a tiempo y nos aferramos a Dios, podemos llegar al punto de que no queramos salir de allí.

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De esta forma, abrimos paso a que el enemigo nos venza con el mal, debiendo ser como lo dice la Palabra de Dios, que nosotros con el bien venzamos al mal. Al no confiar en Dios y en su soberanía, permitimos que el enemigo siga sembrando semillas de dudas en nuestros corazones, en relación al obrar de Dios. De esta forma estamos también apagando al Espíritu Santo que habita en nosotros.

Hermanos, busquemos el andar en el espíritu, y no cedamos a los deseos de la carne. Sino que, inclinemos nuestros corazones a Dios y desechemos de nuestras vidas toda ira, contienda, amargura, desánimo, desobediencia, para que desechando esto, y viviendo conforme la voluntad de Dios, Él pueda glorificarse en nosotros. Si no desechamos todo esto, será fácil para el enemigo el mantenernos en circunstancias que parezcan desesperanzadoras y no podamos ver la salida que Dios nos muestra.

Amados, las Escrituras nos enseñan que si alimentamos el espíritu por medio de la Santa Palabra, podremos resistir toda asechanza del pecado que se levante en nosotros mismos y contra nosotros mismos, y podremos vencer matando toda obra de maldad. Veamos lo que nos dice Juan en 1 Juan 4:4: “…Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo…” Al estar alimentado el espíritu con la Palabra de Dios, el Espíritu Santo en nuestras vidas nos guiará al arrepentimiento trayendo convicción sobre cada una de nuestras acciones. Así que hermanos, como bien lo dijo el apóstol Pablo, debemos buscar el ser llenos del Espíritu Santo, y así, sólo de esta forma, lograremos vencer.

Pero no olviden algo, para ser conducidos hacia la victoria es necesario alimentar el espíritu. Es la única forma de poder vencer los deseos de la carne. Aprendamos a discernir que si las circunstancias que nos rodean han obstaculizado nuestra adoración y búsqueda de Dios, la razón es que nos encontramos ante un ataque directo del enemigo. Y esto es claro para todos, que el objetivo del enemigo es destruir nuestras vidas. Esto es algo que podemos ver claramente en la palabra de Dios, vayamos a Juan 10:10, leamos: “…El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia…”

Por el contrario, si alimentamos diariamente nuestro espíritu por medio de las Escrituras, seremos llevados a saciarnos de la presencia de Dios, a buscar su presencia, y de una forma natural haremos morir toda obra de maldad y todo deseo maligno que se despierte en nuestra carne. Hermanos, cuando nos dejamos guiar por el espíritu, la paz de Dios llenará nuestros corazones. Veamos lo que nos dice Pablo en Filipenses 4:7: “…Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús…”

Así que, no dejemos que la vanidad de este mundo y todos sus afanes obstaculicen nuestro andar, por ningún motivo permitamos que la oscuridad la cual reina en el mundo se asiente en nuestras vidas. Leamos lo que nos dice la Palabra de Dios en Lucas 21:34-36: “…Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. 35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. 36 Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre…” ¡Hermanos, mantengámonos sin fluctuar en la verdad revelada de Dios!

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Recordemos siempre, que si no pasamos tiempo con la palabra de Dios, la cual es la única que puede traer luz a nuestras vidas y acciones, y a poco iremos perdiendo toda convicción, al mismo tiempo que comenzaremos a justificar nuestros pecados, endureciendo día poco nuestro corazón a la voluntad de Dios. Amados, por más apariencia externa de religiosidad que tomemos, si sabemos que realmente estamos andando según los deseos de nuestra carne, y justificándonos con nosotros mismos nuestros pecados, no olvidemos que aunque engañemos al hombre, Dios no puede ser burlado. Así es, no olvides esto, camina firme en su palabra y en su voluntad por que: “Dios no puede ser burlado”.

Entonces, alguien puede preguntar: -¿cómo puedo saber si realmente estoy alimentando el espíritu? Bueno, una forma de saberlo, es cuando nuestra confianza a Dios crece, que por más circunstancias que sobrevengan en nuestra contra, por más difíciles, seguimos aferrándonos a Dios y a sus promesas. Es decir, que nos alejamos totalmente desde las propias fuerzas o habilidades, y nos arrojamos totalmente a los brazos de Dios, seguro de que Él nos entregará la batalla en nuestras manos.

Es preciso saber, que caeremos, vez tras vez seguiremos cayendo, sin hallar victoria en ningún momento, como resultado de nuestra autoconfianza y autosuficiencia. Así es, ese ser el resultado de cada batalla, derrota tras derrota, sino dejamos que Dios pelea por nosotros. Amados, ¿no es ésta una maravillosa noticia? Es Dios quien nos dice, que estemos tranquilos, pues Él nos entregará la victoria en nuestras manos, ya que fue Él quien ha vencido al mundo. Corroboremos esto, leyendo en Juan 16:33: “…Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo…” En verdad que sí, si es una buena noticia “Cristo ha vencido por nosotros”.

Conclusión. Cuando a nosotros estén llegando todos aquellos dardos de fuego del maligno, los cuales tratarán de alejarnos de la presencia de Dios, no olvidemos que Dios ha prometido entregarnos la victoria en nuestras manos, Él ha prometido guardarnos y sus ojos están sobre nosotros. Veamos esto en 1 Pedro 3:12: “…Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal…” Hermanos, es tan alentador el saber que Dios escucha nuestras oraciones. ¿Qué más motivación para orar sin cesar y alimentar el espíritu por medio de la palabra?

Amados, recordemos siempre que, toda batalla peleada en el nombre de nuestro señor Jesús, será entregado en nuestras manos. Fuimos llamados a esto, a vencer, por medio de aquel que es Señor de todo, y por sobre todo.

Quiero en este momento, que cada uno se pregunte asimismo: ¿cómo va mi batalla? ¿Estoy realmente alimentando el espíritu? O, ¿estoy alimentando y proveyendo para los deseos de la carne? ¿Estoy siendo guiado por mis sentimientos y mis propios pensamientos?

Amados, aferrémonos a las promesas de Dios, y desechemos todo pecado de nuestras vidas, para que en aquel día podamos decir de la misma forma que el apóstol Pablo: “…He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Timoteo 4:7-8).

Acerca de Jose Hernandez

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