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¡Aviven el fuego que arde en ustedes!

Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Cuando hemos aprendido a Jesucristo por medio de la fe, sabemos que hemos nacido de nuevo. El corazón hace un fuego por hacer la voluntad de Dios, servirle y obrar para su gloria. Además que, en nosotros nacía un hambre que solo era saciado al momento de ir a la Palabra de Dios, comenzamos experimentar que el conocer a Dios, es mucho mejor que todo el oro que puede ofrecer este mundo. Cuando comenzamos a andar en el camino de la verdad, era casi imposible el que faltásemos el asistir a la iglesia para reunirnos con nuestros hermanos para adorar las grandezas de Dios, y nuestro corazón se inclinaba a la colaboración voluntaria para continuar con la obra encomendada por Dios, el proclamar su evangelio. Pero algo triste que le sucede a muchos cristianos, en el andar diario, es que ese fuego ardiente comienza a apagarse.

Algo que es muy común en nuestra vida cristiana, es que aquel amor ardiente hacia el señor Jesucristo, debido a las diferentes circunstancias y tempestades, comienza a apagarse. Y esto es algo que, si no nos damos cuenta oportunamente, esa llama podría extinguirse completamente. ¿Pero cuál es la razón de que acontezca todo esto? Bueno como en casi todos los casos, creo que la razón principal de esto, es cuando permitimos que las influencias del mundo se introduzcan en nuestra relación íntima con Jesucristo. Existen tantas cosas por las cuales el mundo se rige, tales como la ira, la codicia, el dinero, depresión, persecución, etc. Estas cosas tienden a introducirse en la vida de muchos cristianos, lo que produce que nos alejemos de esa relación íntima con Jesús, y como Él es el único que puede mantener nuestra llama ardiendo, da como resultado que la llama que había en nosotros comience a extinguirse.

¿Qué medidas debemos tomar para evitar que ese fuego en nosotros termine siendo extinguido? ¿Cómo podemos recuperar y mantener ese primer amor? Las respuestas a estas interrogantes, serán el tema que con la ayuda de Dios y basados en su Santa Palabra hablaremos hoy.

2 Timoteo 1:3-7Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; 4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; 5 trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. 6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

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Amados, como es habitual en nosotros, y para tener una amplia visión del contexto de los versículos en estudio, realizaremos un corto repaso de la historia en torno a estos pasajes. El autor de esta carta es Pablo, y su remitente era Timoteo, el apóstol escribió esta carta desde una celda fría, en la que se encontraba en Roma (2 Timoteo 4:13). Ya que en ese entonces el predicar el evangelio era considerado un delito, Pablo se encontraba tras las rejas y apunto de ser ejecutado (2 Timoteo 4:6). Les había mencionado al principio que las circunstancias a nuestro alrededor en la mayoría de los casos influyen de manera notable en que aquella llama que arde por hacer la voluntad de Dios, comience a extinguirse. Y en el breve repaso histórico que acabamos de hacer, hemos podido observar como algunos agentes exteriores tentaron para dar el ministerio del apóstol Pablo. Amados, con esta pequeña introducción histórica podemos continuar con el mensaje cristiano de hoy.

Ahora, daremos respuestas basados en la Palabra de Dios a las interrogantes que nos hicimos hace un momento, ¿Qué medidas debemos tomar para evitar que ese fuego en nosotros termine siendo extinguido? ¿Cómo podemos recuperar y mantener ese primer amor?

Primera respuesta: “demos gracias a Dios” (vers. 3-4).

Observemos en los versículos: “…Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; 4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo…” Amados, podemos observar como aquí, a pesar de todas las circunstancias en las que se encontraba Pablo, bien podría decirse que, todas las circunstancias estaban en su contra, y a pesar de eso el apóstol daba gracias a Dios en todo. Para que un claro concepto de esta frase de comilla dar gracias a Dios”, detalladamente analicemos la palabra “gracias” usada aquí.

De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, se puede definir a la palabra gracias como: “para expresar nuestro agradecimiento por cualquier beneficio, favor o atención que se nos dispensa.” Ahora, ¿Qué quiere decir esto? Bueno, esto denota que el “dar gracias a Dios” significa el acercarnos a él con un corazón sincero, no olvidando las bendiciones que por su favor nos ha dado. Aunque aquí se genera la pregunta de que si Pablo tenía algún motivo que lo moviera a ser agradecido con Dios. Amados, pues, los motivos sobraban, aunque si las personas miraran solamente las circunstancias que se levantaban en contra de Pablo, ellas dirían que no ven ningún motivo para ser agradecido en sus aflicciones. Pero Pablo si las veía, mencionemos sólo las dos más significativas: Pablo había sido salvo por Dios, y había sido escogido para llevar su mensaje de salvación a los gentiles. Amados, Dios eligió a Pablo para que magnificar a su reino entre las personas. También, el apóstol fue el autor de 13 libros, los cuales forman parte del Nuevo Testamento. La comprensión del evangelio que le fue dada a Pablo, creo yo que no le fue dada a ningún otro apóstol. Amados, el apóstol Pablo tenía suficiente motivo para estar agradecido para con Dios por el resto de su eterna vida.

Amados, nosotros los que hemos nacido de Dios, de igual forma tenemos innumerables motivos, por los cuales debemos dar siempre gracias a Dios. Ya que, Dios nos ha salvado del pecado y de la vida, de la misma forma que al apóstol. Tan sólo este motivo es suficiente para estar eternamente agradecidos con Dios. De la misma forma que a Pablo, hemos sido escogidos para proclamar las Buenas Nuevas del evangelio a toda criatura. Amados, hemos mencionado razones idénticas a las de Pablo, como para estar agradecidos con Dios de la misma forma que lo estaba el apóstol, a pesar de las circunstancias que se habían levantado todas en su contra. Así que, de igual forma que el apóstol Pablo perseveremos en la santidad, vivamos de tal forma que nuestras obras sean agradables a Dios. Hermanos, así que, la primera respuesta en cuanto a implementar medidas para que aquel fuego no termina extinguiéndose dentro de nosotros. Acerquémonos con corazón sincero, como lo dice la Santa Palabra, acerquémonos confiadamente ante el trono de la gracia, ya que en Jesucristo tenemos el perdón de nuestros pecados, y la vida eterna. Además, hemos sido elegidos por Dios para anunciar el Evangelio a aquellos que aún se encuentran en tinieblas. Entonces con todo esto ¿cómo no ser agradecido con Dios? Pero alguno dirá: -Pastor, yo quiero ser agradecido con Dios, pero dígame ¿cómo puedo hacerlo aún más? Hermano, continuando con el mensaje encontraremos la respuesta a esta pregunta.

Segunda respuesta: “recordemos de dónde nos sacó Dios” (vers. 5).

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Algo que motiva a dar gracias siempre a Dios, y conducirnos de la manera que a Él le agrada, es cuando recordamos y buscamos el mantener siempre presente de donde nos sacó Dios. Observemos lo que Pablo, por medio del Espíritu Santo nos dice aquí: “…trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también…” Notamos como el apóstol se consolaba recordando que ellos fe verdadera que Timoteo reflejaba. Amados, debemos hacer esto, debemos recordar aquella fe verdadera que alimentaba ese fuego que ardía en nuestro corazón al comenzar nuestra vida en el Señor. Debemos avivar el fuego de esa fe que nos llevaba a someternos la voluntad de Dios gozo. Hermanos, siempre recordemos de dónde Dios nos sacó, y las gracias emanarán de una forma natural en nosotros. Para que las gracias a Dios abunden recordemos esto que nos dice Pablo en Efesios 5:8: “…Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz…”

¿Cómo estábamos antes sin Cristo? Pues, andábamos errantes sin esperanza y sin Dios, y por supuesto bajo la ira de Dios a causa de nuestros pecados. Sin nada en nuestras manos, sin nada en nuestro haber que nos pudiera recomendar ante Dios para alcanzar su gracia, lo único que podíamos recibir de Dios era su condenación. Más, en el tiempo señalado por Dios, Él nos trajo desde las tinieblas hasta el reino glorioso de su hijo Jesucristo, no salvó, no por algo bueno que hubiésemos hecho, sino sólo por su gracia. Como lo dije antes, este es motivo suficiente para vivir agradecidos para con Dios. Pero, ¿cómo podemos mantener esto en nuestras mentes, para vivir siendo agradecidos con Dios?

Tercera respuesta: “aviven el fuego” (vers. 6).

Hermanos, avivando el fuego, esa llama que arde en nosotros, es una manera en la cual podemos mantener en nuestras mentes el hecho de que Dios nos ha sacado de lodo cenagoso del pecado. Tristemente hoy en día nuestras iglesias se encuentran llenas de cristianos, que no sienten ningún fuego por parte del Espíritu Santo dentro de sus vidas. Iglesias llenas de cristianos que se la pasan escuchando mensajes cristianos, sin llegar a la verdad. Como lo dice la palabra de Dios que siempre están aprendiendo pero no llegan a conocimiento de la verdad. Pero ¿Por qué acontece esto? Pues esto acontece, porque aquel fuego se ha extinguido, ha sido extinguido por aquellas circunstancias que sobrevienen a sus vidas. Entonces, no de que ese fuego se extinga dentro de ustedes, veamos lo que dice la Palabra: “…Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos…” Hermanos, ¡aviven el fuego dentro de ustedes!

Amados, es esto lo que tenemos que hacer a diario, avivar el fuego dentro de nosotros, para no olvidar el ser agradecidos para con Dios por su abundante misericordia. El hecho de avivar el fuego, es que se demanda una acción en nosotros, no una inactividad. Aunque también lo podríamos decir de otra forma, no contristemos al Espíritu Santo, no lo apaguemos dentro de nosotros, antes busquemos el ser llenos de Él cada día. Dejémonos guiar por el Espíritu Santo que habita en nosotros, ya que los hijos de Dios son guiados por el Espíritu Santo. Así que, cada día recuerda siempre esto: ¡aviva el fuego que hay en ti!

Debemos diariamente cultivar esa relación íntima con Dios. Al cultivar esa relación con Dios, estaremos avivando ese fuego que hay dentro de nosotros. Hermanos, el avivar el fuego que hay en nosotros, seremos conducidos a proclamarse su evangelio, seremos conducidos a vivir vidas de santidad, seremos conducidos a someternos a la voluntad de Dios, seremos conducidos a vivir y sentir al Señor con gozo en todo momento.

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Aquella oración del profeta Habacuc, debe también salir de lo más profundo de nuestro corazón: “…OH Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer…” (Habacuc 3:2). Hermano, ¡no permitas que se extinga el fuego que hay en ti!

El mantener avivado el fuego que hay en nosotros, se comenzará a ser visible en la forma en cómo nos conducimos. Ya que el espíritu Santo será el que gobierne nuestra vida, Él nos llevará a diario a la Palabra de Dios y a su presencia. Nuestro sometimiento a Dios y a la verdad que hay en su palabra será tan evidente, que las personas nos llamarán extremistas religiosos. Ya que en este mundo contrario a la voluntad de Dios, decidimos seguir firmes en el camino que Dios nos ha mostrado, debido al fuego que arde en nosotros, seremos el centro de burlas y de las personas de este mundo. Pero sé que preferimos agradar a Dios antes que a los hombres. ¿Cómo podemos mantenernos firmes en agradar a Dios, sin importar lo que el mundo diga?

Cuarta respuesta: “espíritu de poder, de amor y dominio propio” (vers. 7)

Leamos lo que el apóstol Pablo dijo aquí: “…Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio…” Hermanos, desechemos todo temor que pueda provocar que nos detengamos en obrar conforme a la voluntad de nuestro Dios. Confiemos, puesto que la Palabra dice que Dios nos ha dado espíritu de poder. Amados, aquí Dios nos dice que tenemos el poder en Él para poder desechar todo temor de nuestras vidas, y pararnos firmes ante toda burla, o crítica que el enemigo levante para atemorizarnos, y paralizarnos en hacer la buena voluntad de Dios por temor a desagradar a los hombres. Pero no olvidemos esto que, si buscamos agradar a los hombres ya no seremos discípulos de Dios. Hermanos, Dios no ha dicho que nuestro andar sería fácil, peo lo que sí ha dicho es que Él nos daría la victoria ante cualquier suceso, y que además todo lo que sobrevenga a nuestras vidas serán con el propósito de conformarnos a su imagen.

Amados, Dios nunca nos ha prometido que tendríamos una vida sin dificultades, Él nos dijo que si queríamos vivir piadosamente, tendríamos persecuciones. Amados, jamás deseemos vidas sin dificultades. Puesto que, todas las pruebas, circunstancias, y demás, son para limpiar nuestra fe, son para refinarla igual que el oro y la plata. Dios no permitirá que seamos probados más allá de lo que podamos resistir. Así que con esto, pongámonos en sus manos. Confiemos en que Él obrará, en que Dios no nos dejará hasta que Él haya hecho con nosotros todo lo que tenga que hacer. Y al final de todo, nuestra recompensa, la cual es Cristo. Así que dejemos que vengan las pruebas, solamente aferrémonos a Dios.

Amados, así que, las pruebas vendrán, y ellas refinarán nuestra fe, de tal forma que nos podamos acercar a Dios, con un espíritu de adoración sincera, veamos lo que nos dice la Palabra de Dios en Juan 4:23: “…Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren…” Hermanos, Dios busca esta clase de adoradores, y Él mismo refina nuestra fe, para acercarnos de la forma más sincera en adoración, ¿acaso no es esto un gran motivo para dar gracias a Dios?

Para concluir. Es triste ver la realidad de que en muchas iglesias se encuentra cristianos que han olvidado el de cultivar la relación diaria con Dios, y por tal manera se ha ido extinguiendo esa llama que hay en ellos, algunos han llegado al punto de que la llama se ahogara por completo. Hoy Dios habla a nuestras vidas, para que avivemos esa llama dentro de nosotros y podamos ser guiados por el Espíritu Santo. Te mostraré cuatro cosas que puedes hacer, para encender esa llama de Dios en ti.

Primera cosa; da gracias a Dios en todo momento y por toda situación que acontezca en tu vida. Aparta la mirada de ti mismo o del mundo, y céntrala en Dios, con un corazón sincero. Y las gracias emanarán de tu vida de forma natural.

Segunda cosa; recuerda siempre de dónde Dios te ha sacado. Nunca olvides que sin merecerlo Dios te sacó de aquellas tinieblas a las cuales amabas, hasta que el Señor abrió tus ojos.

Tercera cosa; buscar avivar el fuego que hay en ti. Alimenta ese fuego que arde en ti, aliméntalo por medio de la Palabra, por medio de la oración, por medio de las alabanzas, y una vida entregada totalmente a Él.

Cuarta cosa; Dios te ha dado espíritu de poder, para vencer toda dificultad, así que no te dejes atemorizar por los hombres o las circunstancias. Busca siempre el agradar a Dios ante que a los hombres, pues si buscas agradar a Dios ante que a los hombres, la Palabra dice que ya no serías un discípulo de Jesús.

Amados, levántense y no dejen que ese fuego, el cuál es tan importante mantenerlo avivado y encendido, se apague dentro de ustedes, así que, hermanos, ¡AVIVEN EL FUEGO QUE ARDE EN USTEDES!

Acerca de Jose Hernandez

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