Inicio / Predicas cristianas / El camino de la salvación no es el camino de la religión

El camino de la salvación no es el camino de la religión

Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Hoy nos encaminamos a instruirnos en un tema trascendente e importante. Hoy nos dirigimos a instruirnos sobre la religión y la misericordia de Dios. Cuando se refieren ambos temas en un diálogo, lo primero que se retorna a la mente de las personas es que no existen muchas diferencias entre ambas. Les comento esto porque particularmente las personas creen que religioso siempre logrará alcanzar la misericordia de Dios. Frecuentemente las personas suponen que si alguien practica el religiosismo, tiene que instantáneamente obtener la gracia de Dios. Pero en verdad, la religión no es un vale inmediato para ingresar al cielo. Y en absoluto la religión no es un “paz y salvo” para el perdón de los pecados. Como les comenté, este es un asunto muy difícil debido a que muchos son los que creen que debido a que asisten a las iglesias, o porque no fallan un servicio o una actividad de la congregación, o que diezman, ofrendan y demás, ellos están separando un tiquete al cielo, pero desafortunadamente esto no puede estar más distante de la realidad porque sencillamente es algo ilusorio. Demos inicio a la Palabra de Dios y localicemos un fuerte aprendizaje sobre este tema que nuestro Señor nos dejó.

Lucas 7:36-48Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. 41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. 47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; más aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.

Como constantemente he dicho, para tener un alto comprendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros, nos será debido realizar una breve revisión historia. Lo que primordialmente hallamos aquí es que se nos platica de los fariseos. Se nos comenta de una multitud de personas que existía en aquella época y conocer quiénes eran es la llave para comprender la enseñanza tan fuerte de nuestro Señor para su pueblo. Entonces, ¿Quiénes eran estos personajes? Los fariseos eran uno de las dos congregaciones religiones más predominantes que existía durante el tiempo del ministerio de Jesús. Los fariseos desempeñaban gran dominio, pero tenían una gran imperfección, así como lo tiene toda religión. Los fariseos creían en un Dios personal y en las escrituras como la Palabra de Dios, pero ellos le agregaban a la Palabra. Ellos agregaban leyes, normas, ritos y ceremonias, implantando así impedimentos a las personas. Esto acarreó a dos enormes equivocaciones. El primero es que estaban llevando al pueblo a la creencia que a través de una buena conducta y ritos serian admisibles ante Dios. Segundo, es que llevaban al pueblo a una religión de admiración social, una doctrina externa. En palabras más sencillas, si una persona era digna socialmente y desarrollaba las cosas de buena manera, entonces era tenido en cuenta como admisible ante Dios. Pero la verdad de esto es que ellos eran unos farsantes porque creían una cosa, pero ejercían otra. Esto queda claramente cuando leemos Mateo 23:13 cuando el Señor les dijo “Mas ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.” Y Mateo 23:25 cuando el Señor también dijo “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.” De esta manera comprendiendo ahora mejor a los fariseos prosigamos con nuestro aprendizaje de hoy.

En estos versículos, objetos de nuestro estudio del día de hoy, observamos claramente la enseñanza de Jesús sobre cómo conseguir la misericordia de Dios. Aquí nos presentan al fariseo y a una mujer pecadora (de la palabra griega “hamartolos” cuyo significado es dedicada al pecado, principalmente malo); en otras definiciones podemos encontrar la discordia que existe entre la religión y un pecador verdaderamente afligido. Realmente no sabemos el motivo por el cual este fariseo invito a Jesús a cenar en su casa, pero indudablemente fue para cuestionar de manera sutil. Comento esto debido a que los fariseos no creían absolutamente que Él era el Mesías. Definitivamente los fariseos no confiaban que Él era el Hijo de Dios, y sólo buscaban ocasión para desprestigiarlo. Esto queda muy bien plasmado, puesto que ellos después de escuchar su palabra y ser testigos de sus milagros, decían lo que hallamos en Mateo 13:55 cuando leemos “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ”. Ellos no lo admitirían como el Mesías o el Hijo de Dios porque esto denotaría que ellos cederían el centro de atención. Esto sin lugar a dudas es el tremendo problema con toda religión o los religiosos. Ambos conjuntos no buscan glorificar a Dios, sino buscan vanagloriarse ellos mismos. Hermanos es por este argumento que la religión no es lo que Dios busca para nosotros. ¿Porque no explora Dios nuestra religión? No la indaga porque la religión no lleva a nada que pueda darnos la salvación. La religión sin un amor legítimo de Dios, nuestras creencias sin una real aflicción no puede salvarnos. Óiganme bien, y comprendan lo que les estoy diciendo, por muy devotos que seamos, si realmente no tenemos a Dios en nuestro corazón, nada de lo que profesemos o realicemos podrá llevarnos a Dios. ¿Porque digo esto?

Anuncios

Lo predico porque es muy sencillo comentar que somos cristianos. Es realmente fácil decir que amamos Dios. Pero, si no estamos obrando la voluntad de Dios, si no nos encontramos firmes en Su palabra, entonces tenemos nada. Tenemos nada porque en verdad no estamos satisfaciendo a Dios, esto queda bastante reflejado en las palabras de Jesús en Mateo 15:8 cuando leemos “Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.” Pero por lo tanto si van a acudir a la iglesia, realizar obras buenas, diezmar y ofrendas, y no fallar a una actividad de la iglesia no conmueve la misericordia de Dios. ¿Cómo nosotros podemos lograrla? Hermanos míos, la solución a esta pregunta la hallamos sencillamente en los versículos que estamos indagando en el día de hoy.

En estos versículos leemos: “Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.” Aquí encontramos que nos comenta de una mujer pecadora, pero no especifica su pecado. Probablemente su pecado era que ella era una prostituta, que en definitiva iba en contra de las leyes de Dios. Esto lo podemos encontrar fácilmente en Deuteronomio 23:17-18 cuando leemos “No haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel. 18 No traerás la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque abominación es a Jehová tu Dios tanto lo uno como lo otro.” Pero su impureza no está establecida aquí, y supongo que el motivo del porque no está establecido es porque para Dios el pecado, es pecado y lo que verdaderamente importa es que tengamos afligimiento real. Y conforme podemos contemplar aquí, una aflicción real fue lo que esta mujer exhibió con sus actos. Sus actos nos enseñan que ella acepto que era una pecadora, y que lo que realizaba era una perversidad ante Dios. Así que lo primero que debemos que realizar para lograr la misericordia de Dios es aceptar nuestro pecado, y realmente afligirnos de este. Observen bien como dice la Palabra en 1 Juan 1:9 cuando leemos “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”

En segundo lugar lo que debemos considerar para lograr la misericordia de Dios es aceptar que la religión no nos puede perdonar. Esto algo que se pone en evidencia aquí. Comento esto porque nos habla la Palabra, Ella era una “mujer pecadora”. Esto representa que era una mujer menospreciada por los grupos religiosos, y rotundamente no podía vincularse a ellos. Esto representa que ella no tenía fe alguna de que la religión o los religiosos le lograran perdonar sus pecados. Esto representa que ella no jamás podría ser admitida por la sociedad y ni siquiera pensarlo de los grupos religiosos. Bueno, Esta mujer con certeza habría oído de las enseñanzas de Jesús. Probablemente habría oído que Él había realizado, ya que como nos dice la Palabra en Lucas 4:37 “Y su fama se difundía por todos los lugares de los contornos.” Ella probablemente habría oído que Él Era el Hijo de Dios y tenía la potestad para perdonar los pecados, algo que proclamo Jesús a dichos grupos religiosos de aquella época si rodeo alguno lo hallamos en Lucas 5:24 cuando leemos ” Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.” Debido a esto probablemente dicha mujer habría oído que Jesús con reiteración comentaba “Tus pecados serán perdonados”. Debido a esto, esta mujer que subsistía sin esperanza alguna de ser perdonada fue conducida enteramente por su fe, y no dejo que nada la frenara para llegar a Él. Ella busco la figura del único que podría liberar de sus pecados. Ahora quiero parar aquí por un breve instante y reclamar su atención a un acto muy importante que probablemente hayan dejado pasar. Deseo que observemos cautelosamente donde leemos que ella estaba “detrás de Él”. Es primordial que observemos esto debido a que nos enseña que ella no buscaba obtener la atención de los demás. Nos enseña que ella nos estaba buscando ningún tipo de aprobación, es más, con seguridad digo que si le hubiesen visto antes de llegar a los pies del Señor, con plena seguridad la hubiesen sacado de la casa. Así con este acto, refleja que ella estaba en búsqueda de la misericordia de Dios con su corazón completamente afligido. Hermanos, si ansiamos lograr la misericordia de Dios esto es fundamental, nuestro corazón debe estar en el lugar correspondido, debe estar completamente afligido, arrepentido.

El fariseo no miró algún motivo para afligirse y buscar el perdón, no miró, porque él se consideraba recto ante los ojos de Dios. Su religión le dirigía a razonar que con seguir las leyes hallaría la aprobación ante los ojos de Dios. Pero todos conocemos que ninguna persona jamás logro cumplir con la ley de Dios como hallamos en Romanos 3:23 cuando leemos “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Pero este hombre se consideraba completamente un ejemplo, y es por eso que leemos, “Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.” Para entenderlo mejor él estaba enteramente opuesto a lo que estaba aconteciendo, él no tenía su corazón en el lugar correspondido, él la había discriminado y excomulgado. Pero esta mujer no toleró que nada la parara. No la frenó el comentario que realizó este hombre. No la frenó las ojeadas con desconsideración que sin lugar a duda recibió, no la paró el aborrecimiento que probablemente estaban en el ambiente ante su presencia. Ella alcanzo los pies del Señor, ella: “comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.”. Es decir se postro completamente ante Él. Esto es un acto que todavía persiste pero que la mayoría no ha podido realizar. Existen demasiados que proclaman ser creyentes pero qué no alcanzan a recibir gracia de Dios debido a que no se han postrado completamente a Él. Hay demasiados que son con el fariseo y creen que son correctos y que son vistos ante Dios como íntegros, pero la verdad es que no lo son. Pero si anhelamos lograr la misericordia de Dios, Si anhelamos ver Su gloria y poder en cada acto realizado de nuestra vida, entonces consideremos ser como esta mujer, debemos postrarnos enteramente a Él. No solo postrarnos a Él enteramente, sino que también debemos dar lo mejor de nosotros.

Aquí observamos que ella ofrendo lo mejor de ella, ella ofrendo lo más preciado que tenía, ella le ungió con su perfume. Estoy más que seguro que muchos están pensando que ese objeto no pudo ser lo mejor que pudo ofrendar ella, pero esto es algo que razonamos si solo observamos lo que sucedió allí con nuestra mente centrada en los placeres modernos. Pero si dejamos nuestra mente centrada en la antigüedad, entonces caemos en cuenta que el perfume en aquel tiempo no era como ahora. En este siglo podemos adquirir todo tipo de perfumes en cualquier sitio, y no son caros, pero en aquel tiempo el perfume era muy preciado, esto quedó muy claro en Mateo 26:7 cuando leemos “vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa.”. El perfume era una comodidad y no todas las personas accedían a este. Pero ella no lo razonó, ella derrocho, ella lo ungió. Cuestionemos nos ahora ¿Le estamos dando a Dios lo más preciado de nosotros? No les estoy diciendo sobre los objetos terrenales, no les estoy diciendo sobre el dinero, estoy diciendo sobre lo más preciado. ¿Qué es lo más preciado?

Estoy seguro que si realizamos una encuesta ahora mismo, la mayoría dirá que lo más preciado es “nuestro tiempo”. Evangelicé sobre esto hace poco tiempo, entonces no deseo llegar más afondo en este tema, pero ¿Cómo aumentará nuestra fe si no le brindamos tiempo a Dios? ¿Cómo seremos robustecidos para vencer los ataques del adversario si no damos el tiempo para comprender le, de comprender Su voluntad y de alcanzar Su propósito en nuestra vida? Estas cuestiones para reflexionar.

Para finalizar. ¿Deseas lograr la misericordia de Dios en tu vida? Entonces no dejar que nadie te pare para alcanzarla ante Su presencia. Esta mujer era odiada y aborrecida por la mayoría, pero ella no dejó que nada de esto la parará. Esta mujer no se paró, no lo razonó, ella alcanzo los pies del Señor en contra de las miradas y las críticas que se estaban formando ante ella. Esta mujer admitió que una religión, que unos ritos no le ayudarían, ella admitió que la tranquilidad y la armonía que ella buscaba solo Jesús podía entregarla. El Señor desea que tú hoy sientas esta tranquilidad, el Señor desea que hoy sientas esta armonía. Oídlo atentamente en sus palabras que hallamos en Mateo 11:28-29 cuando leemos “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” Esta mujer estaba amarrada a los objetos terrenales. Esta mujer estaba amarrada a la aversión a Dio, pero Cristo la desato. Cristo es el único que puede abolir tus pecados, y en ningún otro hay salvación, escucha sus palabras en Juan 14:6 que te dicen “…Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. ” Cristo quiere desatar tus cadenas que te atan. Hoy puedes encontrar Su perdón y obtener Su misericordia, sin importar lo mucho que has pecado. Cristo quiere restaurarte y hacerte admisible ante los ojos de Dios. Esta mujer era una gran pecadora, su perversidades le alejaban de la gloria de Dios, pero ella alcanzo a oír: “Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.” En ese momento, todo pecado de su vida quedo abolido. En ese momento ella logro ver la misericordia de Dios. La cuestión ahora es ¿Lo quieres tú? Te hago la invitación a que hoy la alcances, te invito a que hoy oigas “Tus pecados te son perdonados.”

Anuncios

Acerca de Jose Hernandez

Ver también

Predicas Cristianas.. La tarea de apacentar ovejas

La tarea de apacentar ovejas

Predicas Cristianas.. En esta predica el apóstol comparte algunas indicaciones sobre cómo debe realizarse la tarea pastoral, y como no debe realizarse...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *