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El costo de seguir a Cristo

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En este mundo en el que vivimos hay muchas personas que anhelan seguir a Cristo, ¿Verdad? ¿Cuantos aquí anhelan seguir a Cristo? Más que claro está que todos los aquí presentes anhelamos enormemente en nuestro corazón seguir a nuestro Rey y Salvador. Sobra comentar, que este anhelo nos ha llevado a buscar una congregación donde comenzamos a reunirnos. La incógnita que se genera y muchos llegan a pensar que con tan solo asistir frecuentemente a los servicios que brindan una iglesia o congregación es más que suficiente, y que con esto siguen y militan por Dios. Por supuesto que todos nosotros estamos atendiendo el llamado a reunirnos, pero la entristecedora verdad es que esto no precisamente significa que estemos siguiendo y militando. ¿Por qué comento esto? Lo comento porque seguir a Cristo es algo muy caro, y no todos estamos disponibles acarrear este costo. ¿De qué costo les comento? Ahora mismo prosigamos a la Palabra de Dios y descubramos este tema del día de hoy.

Lucas 9:57-62Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. 58Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 59Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. 60Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. 61Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

Esto queda supremamente claro en estos versículos a simple vista es que estos tres hombres percibieron el anhelo de seguir a Jesús, pero por otra parte también hallamos una enseñanza muy trascendental sobre el costo que debemos pagar cuando tomamos la decisión de seguir a Jesús. Exploremos ahora estos versículos a fondo con la intención de encontrar el costo que debemos pagar cuando tomamos la decisión de seguir a Jesús.

En primer lugar, encontramos aquí que el hombre le dice a Jesús “te seguiré adondequiera que vayas”. ¿Porque le dice esto? Si filosofamos este acontecimiento por un instante, estoy seguro que todo aquí encontraremos la misma solución que probablemente fue que este hombre, en semejanza que nosotros, había oído del conocimiento y doctrinas del Señor, y que él supo apreciar todo lo maravilloso que el Señor había realizado y representaba. Quizá, ¿no son estos los motivos porque nosotros comenzamos a seguirle? Por supuesto que sí, le comenzamos a seguir porque en Él hallamos la paz que tanto deseábamos, En Él hallamos la tranquilidad que necesitábamos, en Él hallamos el poder y amor verdadero. ¿Cuantos gritan gloria a Dios? Lo que ocurrió en aquella época es tal como expresamos que le seguiremos y lo realizaremos son tener en cuenta que seguir a Jesús tiene un costo muy elevado que tendremos que pagar. Observen bien como queda claramente dicho en la respuesta de nuestro Señor cuando le dijo: “Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza”. Coméntale a la persona de tu lado, existe un costo que pagar.

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Como logramos observar, acá Jesús se utilizó él mismo como ejemplo. Quiero que miremos muy bien que Jesús siendo el señor de todo lo que existe en este mundo; siendo el amo y creador de todo lo que existe en el universo; siendo Dios Todopoderoso, no tenía un espacio donde pudiera descansar. ¿Porque tenemos que darle atención a este detalle? Tenemos que darle mucha atención a lo que el Señor dijo porque en Su respuesta Él señalo a este hombre y nos señala a todos nosotros en la actualidad que ser Su discípulo tiene un costo que pagar. Examinemos cautelosamente y observemos si lo que les comento tiene sentido.

En esta época de la historia de Jesús estaba en camino hacia Jerusalén, Él estaba efectuando con la misión que Él Padre le había mandado a realizar. Así pues, una gran verdad es que una vez aceptemos a Cristo y nos convertimos en sus discípulos, no podemos parar en el acto de que estamos salvados. No podemos tomar amparo en esto únicamente, sino que debemos que hacer y realizar todo lo posible por aumentar el Reino de Dios aquí en el mundo. ¿Logran imaginar lo que acontecería si Jesús no hubiera acatado la misión que Él Padre le encomendó realizar seriamente? Si hubiese sido este el acontecimiento, hoy nosotros no estaríamos aquí.

Nosotros debemos ser imitadores de Jesús. Coméntale a la persona que tienes a tu lado, Imita a Jesús. Como les he dicho antes, Jesús estaba en camino a Jerusalén, Él estaba en camino a realizar su misión. Nosotros también vamos en camino a Jerusalén. Nosotros vamos en camino al antiguo Jerusalén. Observen bien como nos dice el Señor en Apocalipsis 3:12 cuando leemos “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”. ¿Cuantos están en vía hacía este lugar? Por supuesto que todos los presentes aquí anhelamos llegar a ese sitio donde no convivan los sufrimientos; todos anhelamos llegar a ese sitio donde no encontraremos ante la presencia Divina de nuestro Dios; Pero para alcanzar este lugar hay un costo que debemos pagar. Así pues, quiero realizar un alto por un corto momento, y realizar una especificación. Yo no les estoy comentando ni involucrando que la salvación puede ser adquirida por medio de actos u ofrendas.

La salvación del hombre solo se realiza por obra y gracia de Dios. Esto queda muy evidenciado en Efesios 2:8-9 cuando leemos “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe”. De esta manera deseo que dejarles esto muy evidente que el costo del que les estoy predicando no es para comprar su salvación o como un requisito para nuestra salvación. Cristo cancelo el costo de nuestra salvación totalmente y la cancelo por adelantado con su sacrificio en la cruz. ¿A qué costo me refiero entonces? El costo del que les comento es el costo de negarnos a nosotros mismos, es decir rechazar esos deseos o atracciones de la carne que solo realizan un propósito pero que con reiteración nos dan placer. Observemos como dice en Romanos 8:6-8 cuando leemos “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. 7Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”. De este modo la primera sección de nuestro análisis de hoy nos ha dicho que para servir debidamente lo primero que debemos que realizar es rechazarnos a nosotros mismo. Debemos que manejar una vida en santidad. Prosigamos ahora a la segunda enseñanza de hoy.

Prosigamos leyendo “Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. 60Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios”. Si leemos esto sin reflexionar en lo que está sucediendo y en lo que nuestro Señor simboliza, la mayoría terminara en la conclusión que la respuesta de Jesús en ese momento fue algo áspera. Esta respuesta se puede mostrar como una respuesta helada, una respuesta que no tiene ninguna apreciación del sufrimiento de este hombre. Pero la verdad es que esto no es el motivo. Comento esto porque no debemos desconocer que nuestro Señor hurga nuestro corazón. Esto queda muy especificado en Proverbios 20:27 cuando leemos “Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, La cual escudriña lo más profundo del corazón”. Y también en Romanos 8:27 cuando leemos “Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”. De esta manera conservando esto en nuestra memoria en breve podremos ver que la respuesta de Jesús no fue helada o cruel, todo lo contrario Jesús observo dentro del corazón de este hombre y pudo observar que lo que estaba ocurriendo es que este hombre estaba utilizando el fallecimiento de su padre como un vil pretexto para no responder al llamado del Señor de con prontitud.

Lo que ocurrió a este hombre no es algo fuera de lo normal, es algo que nos ocurre a muchos. Comento esto debido a que cuando el señor ingresa en nuestra vida, Él nos llama realizar algo distinto. Díselo a la persona que tienes a tu lado, Fuiste llamado. Pero lo que ocurre con reiteraciones es que muchos nos justificamos y organizamos nuestras acciones porque no estamos disponibles a parar o que estamos realizando. Les estoy comentando sobre las cosas que probablemente nos generen placer o nos den un prestigio social más alto, pero que conocemos muy bien que aborrecen a Dios. Sucede que al no estar disponibles a desprender estas cosas atrás, realizamos igual que este hombre y empleamos pretextos para no parar lo que estamos realizando y seguirle sin interesarnos nada más. Pero cuando a nuestra razón lleguen los pretextos tengamos presente lo que hallamos en Salmos 139:2-4 cuando leemos “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. 3Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. 4Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda”. De esta manera que la segunda enseñanza de hoy es que debemos abandonar los pretextos y tenemos que seguirle firmemente en cada instante divulgando Su amor, misericordia y perdón a todas las personas de nuestro alrededor. “ve, y anuncia el reino de Dios.” Sigamos ahora a la tercera enseñanza.

Cuando leemos “Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”. Podemos darnos cuenta que aquí hallaremos a un tercer hombre muy similar al primero. Un hombre que manifestó que le seguiría pero nuevamente leemos que este hombre utilizo un pretexto y de nuevo hallamos la respuesta de Jesús que a simple vista parece ser un poco tosca. Pero entendiendo como es nuestro Señor, en otras palabras comprendiendo Su naturaleza, Su amor y Su gracia, podemos observar que tal cual como el segundo hombre, lo que ocurrió aquí es que Él observo el interior del corazón de este hombre. Es por este motivo que logramos concluir seguramente que lo que ocurrió en este hecho fue que este hombre le daba más valor a las cosas terrenales que a las cosas de Dios. Desafortunadamente este es un gran lio que sigue existiendo en el interior del rebaño de Dios. Es el lio que la mayoría, por complacer a los que están a nuestro alrededor o por contentar deseos impuros de la carne, arriesgan su fe y siguen o empiezan a realizar cosas en oposición de la voluntad de Dios. Pero para cuando se acerquen estas tentaciones a nosotros, debemos tener muy presente lo que dice el Señor en Lucas 9:24-26 cuando leemos “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. 25 Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? 26Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles”. Déjenme aclararles el tema que deseo explicarles de otra manera para que entiendan mejor.

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Meditemos en el ejemplo que Jesús utilizo. ¿Cuantos han observado que se labra un terreno? Probablemente que la mayoría aquí presente, si no es que todos hemos tenido la oportunidad de apreciar el producto final de un labrado bien realizado. El suelo queda muy bien dividido y las zanjas quedan rectas unas al lado de las otras. Entonces, cuestionémonos ahora, ¿Cómo fue que lograron hacerlo de esta forma? La respuesta es muy sencilla, el que estaba realizando esa labor no estaba observando hacia atrás y conservo la vista hacia o que estaba realizando. El sostuvo su mirada en las zanjas en línea recta. Lo que el señor nos comenta es que nuestro servicio hacia Dios debería ser del mismo modo. No podemos estar volviendo nuestra mirada hacia atrás porque el que camine observando hacia sus espaldas, más pronto que tarde terminara trastabillando y se caerá. Cuando apartamos el enfoque de nuestra mirada de lo que tenemos adelante y nos colocamos a mirar en cada momento hacia atrás, le estamos dando todas las de ganar al enemigo para que se nos infiltre nuevamente en nuestras vidas y nos robe la visión que Dios nos ha otorgado. Le estamos dando todas las de ganas para que el enemigo nos aleje del camino que Dios nos ha marcado.

Le estamos dando todas las de ganar al enemigo de inculparnos de todas las cosas que ya fuimos perdonados. Siempre tengamos presente las palabras de nuestro Dios como lo encontramos en Isaías 43:25 al leer “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. Y es por este mismo motivo que el Señor nos deja conocer que tenemos que no darle atención a todo lo que atrás hemos dejado y enfocarnos en las cosas que tenemos en nuestro futuro. De este modo la tercera enseñanza es que tenemos que conservar la vista en el camino que dios nos ha marcado. Coméntale a la persona que tienes a tu lado, enfoca tu vista en el camino ¿Que camino? La respuesta es sencilla y la hallamos en Juan 14:6 cuando leemos “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.

Para finalizar. La enseñanza global que Nuestro Señor nos ha dejado acá es que servirle no es algo que podemos aceptar por encima. Tengamos presente que servirle debidamente no es concurrir una vez por semana a la iglesia, no es calentar la silla en la iglesia proclamando “amen” o “aleluya” una que otra vez. Para servirle debidamente debe que acontecer un cambio total en nuestra vida. Tal como nos dice el apóstol en 2 Corintios 5:17 cuando leemos “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Y dado a que acontezca esto, entonces indispensablemente tenemos que rechazarnos a nosotros mismos, debido a que la carne nos someterá a conducirnos en un camino pero el Espíritu Santo nos llevara por otro.

En el rebaño de Dios existen cantidades de personas semejantes a estos tres hombres. Existen múltiples personas que notan la necesidad de servirle y claro esta tienen los mejores deseos para realizarlo, pero que dejan que las cosas terrenales los paren. Pero tengamos siempre presente que como creyentes verdaderos, nosotros no debemos estar observando hacia atrás, no debemos estar enfocándonos en los que hemos abandonado, sino enfocarnos en la ruta que nos queda por delante. Tengamos presente siempre que una vea que le admitimos también admitimos Su llamado. Cristo desea que le sirvamos debidamente, Él nos está atrayendo para estar a su lado, Él nos está atrayendo a su servicio. El precio que tenemos que pagar por servirle puede parecer muy alto, pero pensamos en lo que recibiremos en cambio.

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