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Nuestra maravillosa herencia

Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Hace una semana el predicador Fernández nos predicó un mensaje poderosísimo acerca del matrimonio. Con este mensaje se buscaba que entendiéramos el peso tan grande del compromiso que efectuamos cuando elegimos contraer nupcias. Entonces con ese poderoso mensaje se nos enseñó que la unión en matrimonio de dos personas es para toda la vida, en las buenas y en las malas, no sólo en los buenos tiempos. Este día deseo que mantengamos esta predica en nuestro pensamiento. Esto porque hoy haremos un breve estudio sobre el matrimonio. Centraremos nuestro estudio en la familia y en nuestros hijos.

Con esto en nuestras cabezas quiero plantear una cuestión, ¿Quiénes de aquí no desean dejarle a sus hijos la más preciada herencia? Por supuesto que a todos nos dejaría más tranquilos tener la certeza que al morir nuestros hijos y descendientes estarán bien. Pero por supuesto que es nuestro más grande anhelo dejarles a nuestros hijos la mejor herencia pero la verdad es que no siempre se puede. O casi nunca mejor dicho. La causa de que esto pase es porque siempre que pensamos en herencia, en seguida pensamos en cosas de índole material, dinero o propiedades. Pero lo cierto es que cualquiera de esas cosas puede terminarse o desaparecer en un segundo. El dinero se gasta y las posesiones se devalúan. Puede ocurrir una catástrofe natural y quedarnos simplemente sin nada, como pasa con los huracanes o tornados, o terremotos. Y entonces quedarnos sin nada. Y cuando esto sucede ¿qué clase de herencia podemos dejar a nuestras familias? ¿Qué clase de herencia no se agota? Esa respuesta hermanos míos se encuentra en la Palabra de Señor. Veamos que nos dice la Palabra de Dios.

Hechos 26:12-18Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en comisión de los principales sacerdotes, 13 cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. 14 Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 15 Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 16 Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, 17 librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, 18 para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

Yo tradicionalmente digo, que para tener una mejor comprensión de lo que nos dicta la palabra de Dios es menester hacer un breve repaso por la historia. Pero lo primero que necesitamos saber sobre los versículos que arriba retomamos de Pablo es que en aquel momento de la historia, el apóstol Pablo se encontraba en presencia de rey Agripa haciendo su defensa. Y esto es algo que podemos leer claramente en: Hechos 26:1-2 que nos dice “Entonces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó así su defensa. 2 Me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de defenderme hoy delante de ti de todas las cosas que hoy soy acusado por los judíos”. Ahora bien, si notamos estamos observando a un Pablo acusado, aunque injustamente ante este rey. Yo supongo que todos aquí tenemos vagos conocimientos sobre el apóstol Pablo, y hoy en día nadie puede negar su aporte tan grande en la construcción de la Iglesia primitiva. Su conversión al cristianismo ha sido una prueba grandísima de la resurrección de Cristo. Así como del amor y benevolencia de Dios. Sin embargo, es preciso decir antes que Pablo, quien se hacía llamar Saulo antes de estar en gracia de Dios, era un hombre completamente distinto. Si no me crean escuchen y conozcan ustedes mismos mejor a este discípulo de Cristo.

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Pablo, o Saulo, era descendiente de hebreos. El mismo lo deje asentado cuando hacía su defensa ante el rey. Escuchen: 2 Corintios 11:22 cuando leemos “¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo.” Él fue nacido en la ciudad de Tarso de Cilicia como encontramos declarado en Hechos 21:39 cuando leemos “Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo.” Este lugar que el cita era muy popular por su cátedra de literatura y filosofía. La historia nos dice que esta escuela era superior por mucho a la de Atenas y Alejandría.

Después había sido educado en Jerusalén por Gamaliel, quien era además un fariseo pero también un respetado maestro de la ley como señalan en el libro de Hechos 5:34 cuando leemos “Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles.” Por otro lado, quisiera que mantengan en mente que Saulo era hijo de fariseo, por tanto él había crecido y se había formado como un fariseo. Si dudan de lo que digo escuchen lo que dice el libro de Hechos 23:6 cuando él declaro “Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga.” ¿Por qué esto me parece importante?

Es importante porque cuanto se ve es una muestra de la herencia que Pablo recibió de su padre. Y dada la religión de su padre el mismo Saulo fue un perseguidor de los creyentes de la Iglesia primitiva, claro está hasta que se convirtió. Y lo que digo no son inventos, sino vean lo que nos dice el siguiente versículo, Hechos 8:3 cuando leemos “Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.” Y en este caso el paso por Jerusalén, el perseguía a los primitivos cristianos, en el lugar que fuese él iba. Y repito, nuevamente escuchen: Hechos 9:1-2 cuando leemos “Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.” Y se preguntaran ¿para qué he citado este texto? Lo hago para que vean que la herencia del padre de carnal de Saulo no fue buena, en cambio la herencia y enseñanza de su padre espiritual fue la mejor. Fue simplemente fue perfecta en todo sentido. Y es entonces que dicho esto les pregunto hermanos ¿qué herencia queremos dejarle nosotros a nuestros hijos y seres amados? ¿Cómo la que Saulo recibió de su padre fariseo o la de Nuestro Señor?

Yo supongo que no hay aquí quien que no esté de acuerdo conmigo cuando digo que aun cundo la herencia material que le dejo su padre a Saulo la verdad es que también le dejo un sinnúmero de conflictos, menosprecio y desamor. Y les repito, no olviden que Pablo fue educado y formado como un fariseo, opositor de la Iglesia primitiva. Y todo esto queda perfectamente registrado, la Palabra de Dios es muy clara: el pueblo de Dios estaba dividido en dos grupos. El pueblo de Israel clamaba adorar a Dios pero dentro de su Iglesia estaban estos dos bandos que dirigían a la iglesia: los fariseos y los saduceos. Estos últimos se enfrentaban a los primeros porque no creían en la vida después de la muerte, es decir en el cielo y en el infierno. En el libro de Mateo queda registrado esta controversia Mateo 22:23 cuando leemos “Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron.” Estos dos bandos tenían plena confianza en ser poseedores de la verdad que alegaban. Pero lo cierto es que ninguno de los dos poseía la verdad de Dios y solo conseguían dejar de caer en su gracia. Yo sé que es imposible repasar por todos los versículos que hacen referencia a este tema pero en Mateo 23:13 hallamos una aseveración de lo que les digo, el Señor dijo “Más ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.” Aquí podemos ver que parte de la herencia de Pablo no era del todo buena, pero la que recibió después sería grandiosa.

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