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Nuestra armadura para la guerra

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Hermanos, actualmente estamos viviendo conflictos y dificultades, en las cuales los asesinatos y atentados, están a la orden del día. La guerra que tenemos que luchar, queramos o no, la hacemos con nuestra alma. No podremos ver por ningún medio de comunicación, las masacres, los heridos, los asesinatos y demás actos, que suceden en el mismo, sin embargo esta cruenta batalla están en disputas dos bandos, dos ejércitos. El uno es el ejército de Jehová y el otro, es el ejército de Satanás; lo más inverosímil de esto es que, si formamos parte de esta guerra, en la cual; si; no estamos preparados, fácilmente sucumbiremos ante las hordas amenazantes de Satanás. Es por ello, que incito hoy a este tema de estudio; para saber que, como y cuando; prepararnos para salir victoriosos y bien librados de la batalla.

Tomemos nuestra Palabra de Dios y abramos en el Libro de:

Efesios 6.10-18 y leamos juntos: Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

Muy bien vayamos desglosando poco a poco nuestro estudio y analicemos la primera parte: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”

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Podemos creer que esto solo está sujeto a las autoridades de la Iglesia, sin embargo; debo manifestarte que estas equivocado, que justamente esa actitud ha generado, que caigas herido en esta batalla. Queridos hermanos, no podemos decir que solo por ser un creyente pasivo, es decir; voy a los cultos y a las reuniones, pero no estoy hecho cargo de ningún ministerio como los líderes, los ancianos y el pastor; no formo parte de esta guerra, o; no seré tomado parte de ella, estás viviendo una mentira más del diablo y te está haciendo caer, más y más herido, con heridas al principio leves, pero; que poco a poco van causando estragos y deterioro en tu cuerpo. Recordemos que como creyentes, estamos peleando; junto al Rey de Reyes Señor de Señores y los gentiles, apoyan al maligno. Esta guerra espiritual, no es por apoderarse de nuestros cuerpos, realmente, la postura que se busca es controlar nuestras mentes.

Pero, ¿cómo se relaciona una guerra espiritual, con el dominio de mi mente? Bien, es muy saber esto, el enemigo es muy astuto y muy ágil, para cometer sus fechorías. El busca, bajo todo medio controlar la mente, porque si controla esta parte de nuestro ser, será capaz de controlar nuestros pensamientos, nuestras creencias, nuestra manera de convivir y hasta nuestra manera de hacer las cosas. Es decir, tendrá dominio absoluto de todo nuestro ser. La Palabra de Dios nos alerta que nuestras luchas no son contra “carne o sangre”, esto; implicaría; que no estamos luchando contra personas o grupos de personas; que no luchamos contra estados o ejércitos de manera y forma física; sino que, son contra “huestes infernales”. Si eres, como Tomas, el cual dijo tengo que ver, para creer. La exhortación del Apóstol Pablo, no te servirá de ninguna manera, en la cual indica que peleamos contra demonios, pero; como estos seres sobrenaturales, no los podemos ver; seguiremos confiados que no existen y por ende, es tener una batalla con un resultado evidente, muerte.

Hermanos la simple idea de no creer en algo, solo porque no lo podemos ver, simplifica al idea, que no estamos preparados para esta batalla. Como muchos, todos sabemos cómo funcionan por lo general los equipos electrónicos e inalámbricos de una forma básica; es decir, sabemos que para que exista una funcionabilidad en un equipo electrónico, es necesario que exista una señal electromagnética que alimente nuestro equipo con la información que necesitamos. Aunque, no podemos ver esta señal electromagnética, sabemos que existe; y sabemos también, que con ello nuestros equipos también funcionan. Entonces, porque creemos que si existe esta señal y no podemos creer que no existen los demonios. Notemos un momento lo que nos dice la Palabra de Dios: “contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Esto nos dicta a que los demonios son reales, que están alrededor de nosotros y que están buscando la manera de apartarnos de los caminos de Dios, lanzándonos dardos cargados con malos pensamientos, vanidad, placeres y demás coas que no son agradables para Dios.

Nosotros estamos sujetos a las leyes de Dios, es decir; que somos de su propiedad, nadie más nos puede mandar, ni hacernos creer otra cosa, sin embargo, muchas veces, nosotros mismos otorgamos esta autoridad al diablo y este comienza a destruir todo aquello que Dios ha construido, tomando posesión sobre nuestras vidas. La Biblia nos enseña, y es muy clara en su mensaje, por favor leamos 1 Juan 3.8: El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.», Cristo vino al mundo a destruir todas las obras del maligno, por ello, ya no somos esclavos del pecado y tenemos la maravillosa oportunidad de vivir eternamente en el paraíso; sin embargo, algo que tenemos, que tener muy en cuenta, es que el diablo, siempre va a buscar una brecha, un momento de debilidad, una ligereza para influenciarnos y dañarnos completamente. ¿Que podríamos hacer para que no suceda esto? Dios nos ha provisto de su armadura, para nuestra protección.

Podríamos pensar jocosamente por un momento y decir, acaso Jesús tiene un almacén de equipos de protección y cuidado personal, seguramente no; pero; lo que si tiene es un conjunto de elementos más poderosos y que está al alcance de todos, para poder cubrirnos de las embestidas que suframos, la Palabra de Dios, nos dice: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.”

Nuestra interpretación se basa mucho, en como enfocamos lo que leemos. A primera instancia podemos imaginar, que al decir, usamos la armadura; es usar un traje que nos cubra cada parte de nuestro cuerpo; a sabiendas que es de algún material resistente; sin embargo; a nivel espiritual, el usar la armadura de Dios; es usar metafóricamente un traje, el cual nos servirá, para la defensa en esta cruenta batalla, pero; basados en la Palabra de Dios.

Iremos poco de poco definiendo cada parte de nuestra armadura y la aplicación que el daremos según, la Palabra de Dios. El primer elemento que veremos será el cinto, la Biblia nos relata de la siguiente manera: “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad.” El cinto nos hace referencia, al soporte con el cual; se sostenía tanto la armadura como las armas, en los soldados. Para nosotros, los creyentes; el cinto, representa la verdad. En el Evangelio de Juan 8.32 nos dice “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.”, al mantener esta convicción en nuestras vidas, y al saber que buscamos día a día su Santidad, podremos mantener soportada nuestra armadura. Cada creyente, debe mantener esta arma poderosísima, sujeta a si mismo durante toda su vida.

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El siguiente elemento analizado será la coraza, y dice así: “y vestidos con la coraza de justicia.” nuevamente veremos a nuestro soldado virtual, y vemos que la coraza, cubría todo lo que es el frente de su humanidad, lo cubría desde el cuello hasta la cintura; y cubría todos sus órganos vitales. La coraza nos hace referencia, a que nosotros debemos estar siempre fieles y puros. La idea es que vayamos descartando de nuestro corazón y nuestra mente, pensamientos y sentimientos mefíticos, e ir descartando la pecaminosidad existe en nuestra humanidad; esa es nuestra protección, esa debe de ser nuestra coraza.

La siguiente pieza de nuestra armadura, es el calzado; la Palabra de Dios nos la brinda así: “y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.”, nuestra estabilidad debe mantenerse en todas las condiciones que nos presentemos, nuestro Padre convoca a su Pueblo, no a levantarse a la guerra; sino, a mantenerse firmes y erguidos, en la fe y en su Palabra de verdad. Nuestro calzado es representado por el Evangelio de paz, el cual debería estar perennemente con nosotros, ante cualquier hostilidad que lleguemos a padecer; la paz que Dios provee con su Palabra, debe ser, nuestra arma; ante las asechanza del maligno. Para fortalecernos con mayor decisión, leamos la carta escrita por el Apóstol Pablo en Filipenses 4.7, y nos dice así: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

El escudo de la fe, es la siguiente pieza de nuestra armadura a revisión, y la Palabra del Todopoderoso, dice así: “Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.”, Hermanos queridos, el escudo que Nuestro Señor nos brinda, para protección, es el escudo de la fe. Satanás, la serpiente es muy sigiloso, muy astuto y muy ventajoso; no solo sabe esperar, sino que, también analiza cuidadosamente cada parte de nosotros, cada parte de nuestras vidas y utilizara, lo que este a su alcance, con el fin de dañarnos y destruirnos. Si nuestra fe, no está bien fortalecida, y no hemos ido dando la suficiencia para irla perfeccionando, estaremos yendo a la batalla, sin ninguna protección, que nos ayude a embestir los ataques de las huestes infernales.

La siguiente pieza de análisis es el yelmo de la salvación, la vivificante Palabra de Dios, nos dice lo siguiente: «Y tomad el yelmo de le salvación.”, este elemento es el que cubre, la cabeza del soldado; es por ello, que al inicio de este estudio, dijimos que era una lucha, por controlar nuestra mente; pues bien, el yelmo cubre la parte en la cual, empiezan todas nuestras actividades y donde ocurren todo tipo de pensamientos e ideas. Como lo vimos, el diablo y sus demonios, trataran siempre, de corromper y destruir nuestros pensamientos, si le damos la oportunidad de hacerlo, por tanto es vital; que en nuestras mentes, reine un solo pensamiento; la Palabra de Dios.

Todos debemos tener poseer, armas para la defensa; pero, también, debemos tener armas para el ataque, para ganar la batalla. Pues bien, para ello tenemos dos armas tan determinantes como poderosas, si las sabemos usar, las cuales son: la espada y la oración. La Biblia nos ilustra lo siguiente, “y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”, hermanos amados la Palabra de Dios es el arma más importante que poseemos, y es aquella, que hará liberarnos del mundo extraviado en el cual vivimos. En Hebreos 4.12 podemos sostener con autoridad lo que estamos aprendiendo en este momento, y dice así: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos.”, la Palabra de Dios también nos ilustra con nuestra segunda arma, la oración; y nos dice: “orando en todo tiempo con toda oración y suplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia.”

Hermanos la oración, es el camino con el cual llegamos a la presencia de Dios; y su Santa Palabra nos dice en el Evangelio de Lucas 1.37porque nada hay imposible para Dios.”, entendamos que la oración del justo, siempre será escucha por Dios y más aún, si estamos pasando tribulaciones, recordemos como Moisés oro y atravesaron el Mar Rojo, igualmente Josué oro y derribaron las murallas de Jericó, igualmente, lo hizo Jesús aquí en la tierra, y lo dejó plasmado en el Evangelio de Juan 14.13, lo siguiente “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.”, es por ello queridos hermanos, que las batallas más difíciles, solo las podremos ganar; estando de rodillas ante Dios.

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Conclusión

La batalla por la posesión de nuestras mentes, es algo muy real; que no podemos dejar pasar inadvertidos, debemos aceptar que estamos en medio de una cruenta batalla que no podemos ver, pero; que si podemos sentir. Que Dios nos ha dado su armadura y sus armas, para la ofensiva; para pelear y ganar esta guerra. Que debemos estar firmes, seguros y confiados que Dios nos está respaldando y que su Palabra es la misma hoy, mañana y siempre.

Acerca de Jose Hernandez

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