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Creed en Jehová vuestro Dios

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Si se acuerdan, la semana pasada les dije que Dios tiene un propósito en todo, incluyendo las pruebas y tribulaciones por las que en ocasiones tenemos que atravesar. Otra cosa que también les he dicho en otras ocasiones es que las pruebas o tribulaciones más difíciles son una buena indicación de que estamos a punto de recibir una gran bendición.

Esto es algo que quizás muchos no comprendan, ya que como les dije la semana pasada, cuando nos llegan las pruebas o momentos difíciles, con frecuencia nosotros dejamos de fijar nuestra mirada en el Único capaz de entregarnos la victoria y por consecuencia nos falla la fe. Es por eso que en el día de hoy exploremos más este tema.

Hoy estaremos analizando un día en la vida del rey Josafat. En realidad deberíamos leer el capitulo 20 de 2 de Crónicas, pero como el tiempo que compartimos es limitado solo estaremos usando las secciones que se ajustan a nuestro tema de hoy, pero sí les pido que cuando tengan tiempo, es decir en ese tiempo que le dedicamos a Dios y a Su Palabra a diario, lean el capítulo completo. Pasemos ahora a la lectura del día de hoy.

Texto Biblico: 2 Crónicas 20:14-24

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Como acostumbro a decir, pare poder obtener un mejor entendimiento de lo que el Señor tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Primero de todo, ¿quién era Josafat?

Josafat era el rey de Judá. Él era un hombre fiel a Dios, un hombre que trató de traer un avivamiento al pueblo de Dios; esto es algo que queda bien reflejado en 2 Crónicas 19:4 cuando leemos: “…Habitó, pues, Josafat en Jerusalén; pero daba vuelta y salía al pueblo, desde Beerseba hasta el monte de Efraín, y los conducía a Jehová el Dios de sus padres…”

Josafat se encontraba obrando para Dios fuertemente y buscaba que el pueblo de Dios restaurara su fe y confiara en Él; esto es algo que queda bien ilustrado en 2 Crónicas 19:5-6 cuando leemos: “…Y puso jueces en todas las ciudades fortificadas de Judá, por todos los lugares. 6 Y dijo a los jueces: Mirad lo que hacéis; porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar de Jehová, el cual está con vosotros cuando juzgáis…”

Este era un tiempo en el que Judá estaba gozando de las bendiciones que Dios derramaba sobre Su pueblo. En otras palabras todo estaba marchando bien, pero en poco tiempo a ellos les tocaría pasar por una prueba bien difícil; en poco tiempo la prosperidad que ellos gozaban sería amenazada por este pueblo que venía a invadir la tierra.

Este peligro fue algo que tomó a Josafat completamente desprevenido porque la realidad del caso es que en tiempos atrás, las naciones a su alrededor le temían; esto es algo que queda bien reflejado en 2 Crónicas 17:10 cuando leemos: “…Y cayó el pavor de Jehová sobre todos los reinos de las tierras que estaban alrededor de Judá, y no osaron hacer guerra contra Josafat…”

Pero ahora estas tres naciones invadirían a Judá para robarles la paz y prosperidad de la cual ellos gozaban; esto es algo que queda bien declarado en 2 Crónicas 20:1 cuando leemos: “…Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra…”

¿Por qué es necesario que sepamos estos detalles? Es necesario conocer estos detalles porque en ellos encontramos que los problemas y dificultades le llegan aún a aquellos que se mantienen dentro de la voluntad de Dios. Es más, yo diría que los momentos difíciles instigados por nuestro enemigo aumentan mientras más fiel le somos a Dios. Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

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¿Puede alguien aquí identificarse con lo que le sucedió a Josafat? En otras palabras, ¿puede alguien aquí decir que cuando más gozosos estaban fue cuando recibieron malas noticias? ¿Puede alguien decir que cuando más gozosos estábamos fue cuando sucedió algo que nos atormentó o preocupó? Personalmente yo puedo decir que sí. Nunca falla.

Cuando más contento estoy es cuando recibo noticias o suceden cosas que tratan de afectar mi conducta, mi carácter y afectar mis sentimientos. Cuando más contentos estamos es cuando se nos rompe el automóvil; cuando nos quedamos sin empleo; cuando nos cambian de un lugar a otro sin razón; cuando se nos escapa el perro; cuando se nos muere un familiar; cuando tenemos una discusión con nuestros hijos, hijas, esposas, esposos…; cuando las preocupaciones y dificultades que tenemos en este mundo nos caen encima todas de un golpe. Todo marcha bien y de repente es como si nos cayera un piano encima.

Esto mismo fue lo que le sucedió a Josafat; todo aparentaba estar bien, pero ahora tendría que enfrentarse a una gran batalla en contra de un ejército muy superior al de su reino; esto es algo que se nos deja dicho bien claro en 2 Crónicas 20:2 cuando leemos: “…Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar, y de Siria; y he aquí están en Hazezon-tamar, que es En-gadi…”

Un ejército que estaba acampado a poca distancia de Judá, estaba acampado a menos de un día de marcha. Esto es bien significativo porque esto quiere decir que Josafat no tendría el tiempo de reunir a su ejército completo para poder enfrentarse al enemigo que tenía a su puerta. Cuando más contentos y gozosos estaban todos, fue cuando el enemigo trató de robarles las bendiciones que Dios había derramado sobre Su pueblo.

Es como encontramos en 2 Crónicas 20:11 cuando leemos: “…he aquí ellos nos dan el pago viniendo a arrojarnos de la heredad que tú nos diste en posesión…” ¿Cuál fue la reacción de Josafat? Su primera reacción fue que se asustó y tuvo temor pero él no se detuvo en ese temor. Josafat no obtuvo lástima propia y se preguntó: ¿por qué a mí?.

El acudió a Dios en ayuno y oración. Josafat sabía que él no podría detener a los invasores; él sabía que no podría ganar la batalla. Así que Josafat oró. Fíjense bien en su oración, como encontramos en 2 Crónicas 20:12 cuando leemos: “..!!Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos…” Él acudió al único que le podía ayudar; él acudió a Dios de inmediato. Dile a la persona que tienes a tu lado: él acudió a Dios.

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¿Qué sucedió a continuación? Debido a que él era un hombre justo y buscaba el propósito de Dios para su vida y para el pueblo, Josafat recibió una respuesta inmediata. Quiero que nos fijemos bien en que Dios no les dejó preocupados o angustiados, ellos recibieron la seguridad de que saldrían victoriosos. Dios les animó a confiar cuando les dijo por medio del profeta: “…porque no es vuestra la guerra, sino de Dios…” En ese momento Dios les quitó toda preocupación. Les liberó de toda angustia. Dios quiere hacer lo mismo con nosotros. Al igual que Josafat, Dios nos ha prometido a nosotros la victoria.

En momentos difíciles, en momentos de tentación Dios nos ha prometido la victoria. Fíjense bien en lo que encontramos en 1 Juan 5:4 cuando leemos: “…Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe…” Y también en 1 Corintios 10:13 cuando leemos: “…No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar…”

En momentos de pruebas y tribulaciones Él nos ha prometido la victoria; esto queda bien declarado en 1 Pedro 1:6-7 cuando leemos: “…En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7 para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo…”

Aún sobre la muerte, Dios nos ha prometido la victoria; esto es algo que el apóstol Pablo nos deja bien claro en 1 Corintios 15:54 cuando leemos: “…Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria…” Pero para poder obtener la victoria existe algo que tenemos que hacer. Para obtener la victoria tenemos que confiar en Él.

Tenemos que unirnos en oración y tenemos que reprender las fuerzas del enemigo que tratan de destruir lo que Dios nos ha dado. Cuando nos unimos en oración, cuando llegamos ante Su presencia humillados reconociendo que solo Él nos puede ayudar, Él responderá nuestras oraciones. Él nos quitará esa carga o preocupación y nos librará del tormento. Él peleará esa batalla la cual nosotros sabemos que no podemos ganar solos; Él nos dirá: “porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.” Dile a la persona que tienes a tu lado: confía en Dios.

Cuando el enemigo estaba por avanzar en Judá, Dios habló por medio de Jahaziel. Dios le dijo a ese pueblo que no temiese, que no se preocuparan porque la batalla era de Él. Quizás nosotros no estemos luchando en contra un ejército, pero todos los días luchamos con la tentación, la presión, la depresión, y huestes espirituales de maldad que quieren conducirnos a la rebeldía. Y es por eso que nunca podemos olvidarnos del hecho que como creyentes, tenemos al Espíritu Santo que mora en nosotros. Tenemos que rendirnos completamente a Dios y permitir que Él sea quien pelee esas batallas.

¿Cómo podemos permitir que Dios pelee por nosotros?

Lo hacemos al darnos cuenta que la lucha no es nuestra sino de Dios. Lo hacemos cuando reconocemos las limitaciones humanas y cuando permitimos que la fortaleza de Dios trabaje a través de nuestros temores y debilidades. Lo hacemos al asegurarnos que buscamos el propósito de Dios en las cosas y no nuestros deseos egoístas. Lo hacemos cuando le pedimos al Padre su ayuda en nuestras batallas diarias. Josafat confió en Dios; Josafat descansó en Dios y ese gran ejército que marchaba en contra de su reino se destruyó a sí mismo sin tener que, el ejército de Judá, tirar ni una piedra.

Fíjense bien lo que encontramos en 2 Crónicas 20:22-24 cuando leemos: “…Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros. 23 Porque los hijos de Amón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir para matarlos y destruirlos; y cuando hubieron acabado con los del monte de Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero. 24 Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado…” Hermanos, lo he dicho en numerosas ocasiones y lo diré nuevamente: detrás de toda gran prueba, detrás de las pruebas más difíciles siempre existe una gran bendición que Dios tiene para todos aquellos que nos mantengamos firmes. Dile a la persona que tienes a tu lado: mantengámonos firmes.

Aquí en estos versículos encontramos un gran ejemplo de lo que les dije: “detrás de todo prueba viene una gran bendición.” Para Josafat era imposible detener la invasión que venía en contra de su reino. Para el pueblo de Judá la invasión que venía destruiría todo aquello por lo que habían luchado; se acabaría el gozo y la prosperidad, pero Dios se glorificaría en lo que aparentaba imposible.

Lo que le sucedió a Josafat y al pueblo de Judá no fue nada más que una prueba de su fe. Una prueba difícil. Una prueba a la que ellos no le veían la solución, pero ellos pasaron la prueba con un 100%. La fidelidad de este pueblo fue recompensada como encontramos en 2 Crónicas 20:25 cuando leemos: “…Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas, que tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar; tres días estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho…” Ellos pensaron que lo perderían todo, pero Dios recompensó su fidelidad y les dio aun más riquezas y prosperidad de lo que tenían. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios recompensará tu fidelidad.

Para concluir. La oración de Josafat no fue una oración cualquiera, no fue una oración apresurada, sino que fue una oración que reconoció el dominio soberano de la divina providencia y dio a Dios toda la gloria por ello. Una oración que reconoció que sin Dios nada podían hacer. Tenemos mucho que aprender de Josafat. Tenemos que aprender a caminar con el Espíritu Santo en todo momento; tenemos que aprender a confiar en Su poder.

Tenemos que confiar en que el espíritu Santo nos guiará y enseñará lo que debemos hacer en toda situación, recordando siempre lo que encontramos en Romanos 8:14 cuando leemos: “…Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios…” Una vez que aprendemos a confiar en Su poder, una vez que aprendemos a mantenernos en contacto con Él, entonces encontraremos que Él nos enseñará cómo hacer las cosas y encontraremos que Él nos dirigirá en toda situación.

Nosotros, todos, podemos tratar de hacer las cosas por nuestra propia fuerza, pero la realidad del caso es que si no nos dejamos guiar, si no escuchamos la voz de Dios, entonces fracasaremos. Nunca nos olvidemos de lo que nos dice el Señor en Deuteronomio 12:28 cuando leemos: “…Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, para que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios, te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre…”

El Espíritu Santo es quien nos guía a cómo sobrevenir los impulsos de la carne, quien nos da convicción de nuestros pecados, quien nos fortalece para derrotar las tentaciones y vencer en las tribulaciones. Cuando permitimos ser guiados por el Espíritu Santo, entonces aprenderemos a confiar más en Dios que en nuestras habilidades.

Cuando hacemos estas cosas entonces podemos decir como encontramos en Salmos 44:5-7 cuando leemos: “…Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos; En tu nombre hollaremos a nuestros adversarios. 6 Porque no confiaré en mi arco, Ni mi espada me salvará; 7 Pues tú nos has guardado de nuestros enemigos, Y has avergonzado a los que nos aborrecían…”

Confiemos en Dios y descansemos en Su poder y Él se glorificará en toda situación.

Predicado: 6 de julio del 2008

© Jose R. Hernandez. Todos los derechos reservados. 

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