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¡Clama a mí!

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En numerosas ocasiones hemos hablado acerca de la importancia de la oración.  Como todos sabemos la oración es al arma de todo creyente, ya que cuando oramos no estamos dependiendo de nuestra propia fuerza para producir una victoria, sino que estamos dependiendo del Todopoderoso para que sea Él quien nos guíe a través de una situación.

Una persona que ora es una persona que reconoce dos cosas de suma importancia.

  • Número uno; reconoce que siempre existirán cosas o sucederán eventos que están completamente fuera de nuestro control.
  •  Número dos; sin la ayuda de Dios nunca podremos superar esos eventos que buscan desviarnos de la voluntad de Dios.

Ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo podemos hacer nuestras oraciones más eficaces?  Este es el tema que estaremos explorando en el día de hoy.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Jeremías 33:1-3Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo: Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: 3Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

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Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

Lo primero que debemos saber es que el libro de Jeremías no fue escrito cronológicamente, así que organizar todo lo encontrado en él en contenido histórico preciso, es algo problemático en los eventos nacionales y políticos.  Segundo debemos saber que durante la vida del profeta el pueblo de Dios estaba dividido en dos reinos; Israel era el reino del norte, y Judá el reino del sur.

Durante éste momento en la vida del profeta, el reino del norte había sido destruido y llevado cautivo por Asiria. Así que a él le toco vivir por unos momentos bien difíciles; a él no solamente le toco ver la destrucción de Israel, a él también le toco ver como el remanente del pueblo de Dios le daba la espalda a Jehová.

Digo esto porque eran tiempos cuando la apostasía, la idolatría y los rituales paganos florecían.  La maldad había tomado raíz y el pueblo de Dios con cada día que pasaba se alejaba más de Él.  Esto es algo que queda muy bien reflejado en la exhortación de Dios a Israel y Judá como encontramos en Jeremías 3:13 cuando leemos: “…Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado, y fornicaste con los extraños debajo de todo árbol frondoso, y no oíste mi voz, dice Jehová…

Jeremías le ministró a éste pueblo por un período de más de cuarenta años, y le tocó vivir durante lo que serían los últimos días del reino de Judá. En éste punto de la historia, Jerusalén (la capital del reino del sur), tenía un bloqueo militar a su alrededor; tenían al ejercito de Babilonia a las puertas.

El ejército babilonio había bloqueado la ciudad con su poder militar, y éste bloqueo había durado por un período de más o menos dos años.  ¿Por qué es necesario saber estos detalles?

Es necesario conocer estos detalles porque ellos nos revelan que aunque mucho tiempo ha pasado, el mundo se encuentra en más o menos la misma condición de ese entonces.  Con cada día que pasa, el mundo prefiere abrazar la maldad en vez de aceptar la verdad de Dios.  Así que manteniendo estos detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

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Lo primero que debemos notar aquí es que esta bella promesa de Dios le fue dada al profeta durante uno de los momentos más difíciles en su vida.  Fíjense bien que la Palabra aquí nos dice: “…estando él aún preso en el patio de la cárcel…”  ¿Por qué estaba el profeta encarcelado?

Jeremías se encontraba encarcelado debido a que él les había traído un mensaje de Dios que el rey no quería escuchar o aceptar.  Fíjense bien lo que le dijo Dios a éste pueblo como encontramos en Jeremías 21:9-10 cuando leemos: “…El que quedare en esta ciudad morirá a espada, de hambre o de pestilencia; mas el que saliere y se pasare a los caldeos que os tienen sitiados, vivirá, y su vida le será por despojo. 10 Porque mi rostro he puesto contra esta ciudad para mal, y no para bien, dice Jehová; en mano del rey de Babilonia será entregada, y la quemará a fuego…”  Hermanos, lo que sucede es que el hombre ha tomado una actitud incorrecta acerca de Dios.

A través del tiempo el hombre ha visto a Dios como a un mendigo, le han visto como a un mendigo sentado a la puerta del templo con su mano extendida pidiendo limosnas, pero la realidad del caso es que ésta es la imagen de Dios más errónea que existe.  Dios no es un limosnero sombrero en mano pidiendo que el hombre se arrepienta, y Su ira se enciende sobre aquellos que escogen servir el mal.  Ahora bien, permítanme detenerme aquí por un breve momento y hacer una aclaración.

Es verdad que nosotros servimos a un Dios misericordioso, y Él no desea que nadie se pierda; algo que encontramos bien ilustrado en las palabras de nuestro Señor en la parábola de la oveja perdida como encontramos en Mateo 18:14 cuando leemos: “…Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños…”; pero de algo que tenemos que permanecer muy conscientes es que ir en contra de la voluntad de Dios voluntariamente y deliberadamente producirá consecuencias extremadamente negativas en nuestra vida.

Éste mismo fue el caso con el pueblo en ese entonces.  Fíjense bien como esto queda bien claro en Jeremías 17:3-4 cuando leemos, “…Todos tus tesoros entregaré al pillaje por el pecado de tus lugares altos en todo tu territorio. Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, que para siempre arderá…”  Ellos lo perdieron todo, y son muchos los que lo pierden todo, es decir las bendiciones de Dios, debido a que no están dispuestos a cambiar.  Esto en toda ocasión causa que la persona caiga encerrada nuevamente en la prisión del pecado.

Esto en toda ocasión causa que la persona caiga enredada nuevamente en las trampas de las que fueron liberadas.  Y de la única manera que podemos prevenir que esto suceda es permitiendo que el Espíritu Santo obre en nosotros, cambiándonos por completo, y haciendo como nos dice la Palabra en Gálatas 5:1 cuando leemos: “…Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud….”  Dile a la persona que tiene a tu lado: párate firme.

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La esclavitud a las cosas del mundo nos causan sufrimiento; la esclavitud a las cosas del mundo nos causan dolor; la esclavitud a las cosas del mundo nos roban la paz.  En ocasiones caemos prisioneros del maligno inconscientemente, o simplemente por hacer la voluntad de Dios como en el caso del profeta.  Caemos en prisiones que aparentan inescapable, pero aun en esa prisión Dios le habla al siervo fiel y le provee esperanza y fortaleza.  Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios nos habla.

Continuando con nuestro estudio encontramos la promesa de Dios a todo siervo fiel, y la respuesta a nuestra pregunta de hoy cuando leemos: “…Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces…”  Una gran realidad es que existen numerosas formas de expresarnos dependiendo de la situación.  Digo esto porque nuestro estado de ánimo es el que influencia de la manera que nos expresamos.

Por ejemplo, en la mayoría de los casos cuando nos presentamos ante Dios en oración, lo hacemos con voz humilde; esto por supuesto depende de que no estemos enojados por algo que nos ha sucedido, porque si es así, entonces nos presentamos con voz alterada y demandante.   Pero aquí la Palabra nos dice “…Clama…”

Para tener un mejor entendimiento del poderoso significado de ésta palabra debemos examinar su origen.  La palabra “clama” es la traducción de la palabra hebrea “qara’” y parte de su definición es: “llamar, nombrar, dar un nombre, llamar por.”  Quiero que prestemos mucha atención a ésta parte de la definición porque una gran realidad es que aunque el espíritu y ánimo del hombre no ha cambiado mucho en cuanto  Dios, existe una gran diferencia entre la cultura bíblica y la cultura moderna.  En la cultura Bíblica, es decir en el mundo hebreo, los nombres eran escogidos por su significado.  En otras palabras, los nombres definían a su poseedor.

Sin embargo, en la cultura moderna los nombres han pasado para solo designar y diferenciar a la persona.  En  otras palabras, utilizamos los nombres porque simplemente nos gustan, o lo hacemos como un tipo de recordatorio de seres queridos o familiares.  ¿Hacia donde me dirijo con todo esto?  No se preocupen, todo lo que les acabo de decir tendrá sentido en un momento.

El Señor nos dice: “…Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces…”  Una persona que clama a Dios es una persona que admite que sin Dios nada puede.  Una persona que clama a Dios es una persona que admite que existen cosas en éste mundo que están completamente fuera de su control y que solo Dios puede solucionar o resolver.  El Señor nos dice: “…y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces…”  Existen muchas cosas en éste mundo que nosotros desconocemos, pero que en ocasiones pueden ocasionar que tropecemos y caigamos.

Existen numerosas cosas en éste mundo que buscan enredar al siervo de Dios en agonía, sufrimiento y dolor. 

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