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La oración de Jesús

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En esta vida tan apresurada que llevamos, a veces se hace difícil mantenerse enfocado en las cosas importantes. Con mucha facilidad perdemos de vista lo realmente imprescindible en nuestra vida, y nos fijamos en solo las cosas de este mundo que en realidad no tienen valor alguno.

Esto nos conduce a que en numerosas ocasiones tengamos que atravesar por situaciones difíciles, ya que en vez de buscar la gloria de Dios para con nosotros, nos pasamos la vida buscando satisfacer nuestra ambición y deseos.

Es por eso que hoy deseo que analicemos parte de la oración de Jesús antes de ser arrestado para ser crucificado por nuestros pecados.

Deseo que analicemos esta oración porque en ella encontraremos que Jesús nos revela Su corazón, y con eso nos demuestra a todos nosotros lo que debemos hacer cuando verdaderamente deseamos obtener la gloria de Dios. Pasemos ahora a las escrituras que estaremos estudiando en el día de hoy.

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Juan 17:1-5Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; 2 como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. 3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

En este punto de la historia, a través de Sus enseñanzas y milagros, Jesús ya les había revelado a todos su verdadera identidad. Y existían muchos que creían en Él, pero que no se atrevían ha confesarle públicamente por temor a los líderes religiosos de ese entonces.

Esto es algo que queda bien reflejado en Juan 12:42-43 cuando leemos: “…Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. 43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios…”

Y porque Él no buscaba la aceptación del hombre, sino que solo buscaba la gloria de Dios, algo que encontramos claramente expuesto cuando el Señor nos dice como encontramos Juan 12:49-50 cuando leemos: “…Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. 50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho…”, dentro de muy poco tiempo sería entregado en las manos de los gobernantes para sufrir el tipo de ejecución más horroroso que el hombre ha inventado.

No sé cuántos de ustedes en realidad han examinado la muerte por crucifixión, pero para que todos tengan un buen entendimiento de lo que Jesús sabía que le esperaba, detengámonos aquí por un breve momento y examinemos este tipo de ejecución.

Lo primero que debemos saber es que la crucifixión era el método favorito de ejecución del Imperio Romano. La razón por eso es porque este tipo de ejecución enviaba un mensaje muy poderoso a la población.

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Este tipo de ejecución le dejaba saber al pueblo que el Imperio Romano era completamente despiadado con todo aquel que rompiera sus leyes. Digo que este tipo de ejecución era el método más horrible y despiadado que existía porque la muerte por crucifixión no era nada rápido.

La muerte por crucifixión era algo largo y agonizante. Este tipo de ejecución era tan horrible, que la ley romana prohibía que un ciudadano de Roma fuera ejecutado por este medio. Permítanme ilustrarles brevemente el significado de la muerte en la cruz para que entiendan bien lo que esto significa.

Lo que se hacía normalmente era que se ataban los brazos de la persona con sogas a la parte superior de la cruz; esto causa que los hombros y los brazos sostengan todo el peso del cuerpo. No sé cuantos de ustedes han tratado de sostener el peso completo de su cuerpo con solo los brazos por un largo periodo de tiempo, pero sé que no pasaría mucho tiempo antes de que comenzáramos a sentir dolor en los brazos y los hombros. Así que estar crucificado por un tiempo prolongado causa un fuerte dolor, y también dificulta el respirar.

La razón por la que se dificulta el respirar es porque colgar de esa forma causa que todo el peso del cuerpo se concentre en el pecho y los hombros; esto causa que costillas se compriman creando presión en los pulmones.

No solo esto, pero también tenemos que recordar que todas la ejecuciones eran hechas en público, a la intemperie, lo que significa que la persona estaba expuesta a los elementos; en otras palabras la persona se deshidrataba y/o sufría hipotermia.

Cuando el imperio deseaba demostrar piedad de aquellos que sobrevivían por largos tiempos, los soldados le rompían las piernas para que la persona no pudiera sostenerse o aliviar su dificultad al respirar.

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Pudiéramos seguir describiendo el sufrimiento tan grande que este tipo de ejecución significa, pero creo que ya todos tienen muy buena idea de lo que el Señor tuvo que padecer por cada uno de nosotros, así que manteniendo estos breves detalles continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

En los versículos que estamos usando en el día de hoy encontramos que nos dicen: “…Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti…”

Como les dije, Jesús sabia muy bien por lo que tendría que pasar; Él sabia muy bien lo que tendría que soportar y sufrir. Esto es algo que queda muy bien reflejado en Su clamor al Padre en Getsemaní antes de ser arrestado como encontramos en Mateo 26:39 cuando leemos: “…Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú...” Pero a pesar de que Él sabía muy bien por lo que tendría que pasar, Jesús en ningún momento exigió o demando que dejase de cumplirse la voluntad de Dios.

Jesús no le pidió al Padre que le quitase el dolor, sino que le pidió que le diera las fuerzas para poder soportar. Fíjense bien en este detalle cuando leemos: “...glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti…”

Con esto aquí Jesús le estaba diciendo al Padre: yo se lo que tendré que soportar, dame las fuerzas para no fallarte. Hermanos y esto mismo es lo primero que todos debemos hacer al encontrarnos en las situaciones que se presentan en nuestra vida a diario.

Tenemos que aprender a reconocer que nuestra fortaleza no esta en nosotros, sino que nuestra fortaleza reside en la gloria de Dios. Si no podemos reconocer esto, entonces se nos hará muy difícil soportar y vencer los ataques del enemigo.

Yo no deseo alarmar a nadie, pero con solo prestar atención a las cosas que suceden a diario todos podemos reconocer que con cada día que pasa las cosas se ponen peor.

La inmoralidad, la falta de escrúpulos, y la falsedad de este mundo continúan tomando raíz en las personas, y la gran realidad es que al no ser que Dios nos provea con Su fortaleza, ninguno de nosotros podrá soportar y vencer los ataques del enemigo.

Si queremos vencer, entonces tenemos que pedir que Dios nos fortalezca para que nuestra actitud y comportamiento siempre le revele al mundo la gloria de nuestro Padre celestial.

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