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Confía en Dios

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Una de las cosas más difíciles que enfrentamos como seres humanos es un cambio. Creo todos aquí estaremos de acuerdo cuando digo que en muchas ocasiones tememos lo desconocido. Es decir, no nos gusta dejar la seguridad y o la comodidad, aunque la comodidad no sea tan cómoda.

Sé que esto suena un poco raro, pero para que puedan entender bien el mensaje de hoy, tendremos que dar un viaje por la historia. En el día de hoy viajaremos al pasado para tener un mejor entendimiento de nuestro futuro como iglesia.

Nuestro futuro como el pueblo escogido de Dios, porque eso mismo es lo que quiere decir la palabra iglesia. Pasemos ahora a la Palabra de Dios. Examinemos el éxodos del pueblo de Israel al ser liberados de la esclavitud de los egipcios.

Éxodo 13:17-22Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto. 18 Mas hizo Dios que el pueblo rodease por el camino del desierto del Mar Rojo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados. 19 Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros. 20 Y partieron de Sucot y acamparon en Etam, a la entrada del desierto. 21 Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. 22 Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.

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Sé que no tendré que contarles todos los acontecimientos que nos conducen a este punto en la historia. Todos aquí conocemos más o menos por lo que sufrió este pueblo por un largo tiempo, pero a pesar de su sufrimiento, a pesar de la gran opresión, este pueblo creció de tal manera que los egipcios llegaron a temerle (Éxodo 1:12-14).

Aunque este pueblo sufrió en manos de los egipcios, Dios nunca se olvidó de ellos. Dios los bendijo de tal manera que cuando fueron liberados de la esclavitud, ellos no salieron como saldría un esclavo común (Éxodo 3:21-22). Ellos salieron de Egipto bendecidos no solo con la presencia de Dios, sino que también fueron bendecidos en lo material (Éxodo 12:35-36). Entonces llegamos a este punto en la historia.

Lo primero que quiero que notemos aquí es que habiendo anunciado Su intención de traer a los israelitas de regreso a la tierra de Canaán, Dios procedió a guiarles en esa dirección. Sin embargo, debido a la preocupación por su seguridad, les condujo por una ruta larga y más segura, hizo que el pueblo diese un rodeo por el camino del desierto hacia el mar Rojo.

Esto es algo que en muchas ocasiones muchos de nosotros no logramos entender. Esto es algo que sucede hoy en día pero nosotros no logramos aceptar. No logramos aceptar de la manera que Dios hace las cosas porque por naturaleza al hombre no le gusta pasar trabajo. Creo que puedo hablar por todos aquí cuando digo que a todos nos gusta las cosas fáciles, pero las cosas fáciles en muchas ocasiones nos conducen lejos de Dios.

Sería muy fácil aceptar las cosas del mundo, sería muy fácil continuar en el pecado, sería muy fácil no tener que cambiar, ¿verdad? Pero, ¿nos conduce esto a una vida de santidad tal como estamos llamados a vivir? (1 Pedro 1:15-16). ¿Nos conduce esto a Dios? Por supuesto que NO.

Lo que en muchas ocasiones no logramos entender es que a veces tenemos que pasar por caminos difíciles, en ocasiones tenemos que pasar por situaciones difíciles, porque Dios quiere que aprendamos algo. Dios quiere glorificarse en esos momentos cuando a nosotros todo nos aparenta estar perdido (Éxodo 14:9-10). Este mismo fue el caso del pueblo de Israel.

Dios quería que este pueblo aprendiera a confiar en Él. Dios quería que este pueblo se dejara guiar por Él. Esto es algo que Dios quiere de todos nosotros, Él quiere que tengamos confianza absoluta en Su poder, misericordia y gracia. Dios esta buscando que Su pueblo le sea fiel en todo momento. Esta buscando que estemos dispuestos a poner todo en Sus manos, dispuestos a confiar que Él nos guiara al lugar donde Él nos quiere.

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El camino quizás no sea fácil, quizás nos cansemos un poco, quizás tendremos un desierto que cruzar, pero lo importante es el saber que Él siempre esta con nosotros (Juan 14:16-17). El pueblo de Israel fue guiado por Dios, aquí vemos que la Palabra nos dice: “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche.”

Quiero que prestemos mucha atención a esto, porque aquí existe nuestro mensaje para hoy en día. Dios estuvo con ellos de noche y de día, Dios les iba guiando, pero lo más importante aquí es cuando leemos “a fin de que anduviesen de día y de noche.”

En otras palabras, Dios no quería que este pueblo se detuviera, Dios quería que este pueblo siguiera hacia delante en todo momento. Esto mismo es lo que Dios quiere con nosotros. Como el pueblo de Dios que somos, nosotros no estamos llamados a detenernos en nuestro caminar o a retroceder, estamos llamados a avanzar. Estamos llamados a conquistar, estamos llamados a vencer (Filipenses 4:13).

El enemigo quiere que pensemos diferente, el enemigo quiere que pensemos que no podemos enfrentarnos y vencer, el enemigo quiere hacer la batalla lucir mucho más difícil de lo que es, pero nosotros tenemos las promesas de Dios (Juan 16:33; Romanos 8:37-39; Apocalipsis 17:14).

Nosotros tenemos la victoria que Cristo murió en la cruz para entregarnos. No siendo merecedores Su sangre nos limpió de todo pecado.

No siendo merecedores Su sacrificio nos redimió ante los ojos de Dios. Como el pueblo de Dios tenemos que aprender que Dios no nos quiere sentados, Dios no nos quiere acampados en el conocimiento de nuestra salvación. Dios quiere que siempre estemos en un movimiento hacia delante. Dios quiere que avancemos confiando que Él esta presente, que Él esta en control, que Él nos entregará la victoria.

Cuando continuamos leyendo la historia de este pueblo vemos que Dios hizo grandes milagros y señales, pero a través de todo, esto pueblo no hizo más que protestar y dudar. Hasta llegaron a decir en varias ocasiones que mejor hubieran estado en Egipto, y en una ocasión decidieron elegir a un capitán quien les guiaría nuevamente a Egipto (Números 14:4).

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En otras palabras, como les dije al inicio, ellos anhelaban la comodidad que tenían aunque en si no estaban nada cómodos. Este pueblo alcanzó ver señales poderosas, hasta alcanzaron oír a Jehová hablándole a Moisés (Éxodo 19:9; 18-19; 20:18-19), pero nunca cambiaron. La mayor razón por la cual no hubo un cambio fue porque ellos temían. Digo esto porque cuando leemos la historia completa encontramos que todas sus preguntas estaban centradas en el temor.

Ellos temían morir de hambre, morir de sed, y hasta temieron entrar en la tierra que Dios le había dado.

El temor es un arma muy poderosa que utiliza el enemigo. El temor es un arma que corta eficazmente nuestros espíritus cuando no estamos completamente confiados en Dios. Este pueblo que Dios libero de las manos del faraón nunca entró en la tierra prometida por causa de la rebeldía y la desobediencia, pero la causa de ambas fue el temor.

Como les dije, el temor es un arma que divide nuestro espíritu, un arma eficaz del enemigo porque el temor no es de Dios (2 Timoteo 1:7). El temor nos detiene de hablarle a alguien de la Palabra de Dios; nos dice que no sabemos lo suficiente.

El temor nos detiene de ofrendar y diezmar; nos dice que no tendremos lo suficiente. El temor nos detiene de vivir vidas victoriosas; no avanzamos por temor a fracasar. El temor nos detiene de cambiar; nos dice que seremos repudiados. El temor, arma eficaz del enemigo, reprendámosla hoy en el nombre poderoso de Cristo Jesús.

Hermanos como iglesia nosotros estamos entrando en una nueva etapa en este ministerio. Estamos no solo en un crecimiento local, sino que estamos creciendo a nivel internacional. Él Señor esta enviando las almas, Él Señor esta enviando a los obreros, Él Señor esta enviando a los líderes.

El Señor nos esta guiando hacia ese lugar donde Él nos quiere, y tenemos que estar preparados (Apocalipsis 14:14-16). Preparados a luchar contra los poderes de las tinieblas en todo momento, preparados a enfrentarnos contra los ejércitos de Satanás que trataran de atemorizarnos, trataran de poner dudas en nuestras mentes, trataran de alejarnos de los caminos de Dios.

El pueblo de Israel permitió que el temor acampara en sus corazones y que habitara en sus mentes y su futuro no fue muy agradable.

Estuvieron perdidos, rodando por el desierto por cuarenta años, nunca alcanzaron ha ver la tierra que Dios les había entregado. Como iglesia tenemos mucho que aprender de este pueblo, tenemos que aprender lo que no debemos hacer. Dios nunca se aparto de ellos, mas ellos se apartaron de Dios.

Para concluir. Como les dije al inicio, el hombre teme el cambio, el hombre por naturaleza teme a las cosas nuevas. Existe una frase que estoy seguro que muchos han escuchado que expresa esto muy bien, y dice: “Mejor es lo conocido que lo que esta por conocer.” ¿La han escuchado?

Pero si nos regimos por esa frase entonces nunca recibiremos las bendiciones que Dios tiene para nosotros en el día de mañana (Mateo 5:2-12). Nunca estaremos dispuestos a atravesar por esos desiertos. Nunca nos dejaremos ser guiados hacia los lugares mayores y mejores que Dios tiene para nosotros.

No podemos permitir que el enemigo acampe en nuestros corazones y mentes con esos espíritus de temor. Tenemos que confiar que nuestro Padre celestial va delante de nosotros, que nuestro Padre celestial pelea por nosotros (Deuteronomio 3:22; Josué 23:10).

Tenemos que permitir que Él se glorifique en esas situaciones cual nosotros pensamos pérdidas. Como iglesia tenemos que movernos hacia delante, avanzar y conquistar. Como iglesia tenemos que hacer un compromiso genuino con Dios, no podemos más hacer las cosas a media. ¡Si queremos ser bendecidos, tenemos que bendecir! (2 Corintios 9:6)

¡Si queremos ser victoriosos, tenemos que pelear! (1 Timoteo 6:12) ¡Si queremos avanzar, tenemos que marchar y ser valientes! (Josué 1:9) Dios iba delante de ellos, confiemos siempre que Él va delante de nosotros.

Predicado: 20 de Enero del 2002

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados

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