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El Poder de Dios

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En el día de hoy vamos hablar acerca del poder de Dios. Esto lo hacemos con el propósito de entender completamente la magnitud de su poder. Todos creemos en un Dios todopoderoso, pero en realidad no hemos analizado Su poder. Porque una vez que podamos entender Su poder nos damos cuenta que nada es imposible. Busquemos ahora en la palabra de Dios para ver a que me refiero.

Josué 6:1-5Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. 2 Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. 3 Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. 4 Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. 5 Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.

Antes de empezar a entender lo que fue cumplido aquí tenemos que aprender un poco de historia.

La ciudad de Jericó cubría aproximadamente ocho acres y medio y era la ciudad más antigua del mundo.

¿Por que creen que era la ciudad más antigua del mundo? Era porque la ciudad estaba completamente rodeada por unas murallas fortificadas. Murallas que le hacían imposible a cualquier enemigo penetrar. La mayoría del pueblo vivía afuera de las murallas, pero en tiempos de problemas ellos acudían a la ciudad y eran protegidos.

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Ahora que conocemos ese pequeño pedazo de historia sigamos adelante. Las paredes de Jericó todavía se pueden encontrar en el día de hoy. Todos tenemos estas murallas fortificadas que bloquean nuestro camino en el crecimiento espiritual.

Puede que sea una debilidad en nuestros caracteres, una dificultad en nuestros hogares o trabajos, celos, envidia, odio, orgullo; en sí pueden ser compuestas de muchas cosas. Lo que sucede es que cuando vivíamos en el mundo dejamos que el diablo construyera estas paredes alrededor de nuestros corazones.

El problema es que estas paredes fueron fortificadas a través de los años y no son nada fáciles de derrumbar. Las personas han dejado que el diablo haga estas murallas alrededor de los corazones y han dejado a Dios afuera. Esto no es verdad solo para el mundo, también es verdad para algunos Cristianos.

Algunos Cristianos no han aprendido o no se han dado cuenta que Dios es todopoderoso y su poder es infinito. Esto es particularmente verdad para los nuevos creyentes, pero no se limita a ellos solamente.

En muchas ocasiones nos enfrentamos a situaciones o dificultades en las cuales no nos sentimos cómodos. Entonces, tratamos de encerrarnos dentro de las paredes no confiando en Dios o dejando que Él nos ayude. En realidad esta es la naturaleza del hombre; nuestro instinto es el de escondernos de los problemas.

Aquí es cuando el versículo dos tiene un gran significado: “Mas Jehová dijo á Josué: Mira, yo he entregado en tu mano á Jericó y á su rey, con sus varones de guerra.” Miren de la manera que Dios le hablo a Josué. Él no le dijo que le daría Jericó. Él le dijo que ya se lo había dado.

Lo mismo aplica a nosotros hoy en día, Él nos ha dado la victoria sobre la muerte, nos ha prometido un cuerpo glorificado (1 Corintios 15:47-49), ¿se imaginan esto?

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Entonces ¿qué importancia tiene nuestro cuerpo ahora? Nos ha dado la victoria sobre el pecado, sobre los poderes de las tinieblas. Él no esta diciendo que nos lo dará, Él ya nos lo dio y su nombre es Jesús. Todo lo que tenemos que hacer es ir más aya de las dudas y conquistaremos Jericó.

A ellos se les dijo que marcharan alrededor de la ciudad por seis días, y en el séptimo día que los sacerdotes tocaran las bocinas y que el pueblo gritara. ¿Ustedes se pueden imaginar como le sonó esto al ejercito? Aquí tenemos un ejercito con generales y capitanes preparando el ataque.

Seguramente estaban pensando en usar algún tipo de objeto para darle golpes a las puertas hasta abrir y usar catapultas para atacar las paredes y derrumbarlas. Ellos estaban planeando usar fuerza bruta para penetrar la ciudad.

Lo mismo aplica a nosotros hoy. En muchas ocasiones tratamos de resolver los problemas por nuestras propias fuerzas. Planeamos cómo vamos hacer las cosas, tratamos de cubrir todos los ángulos en nuestros planes, pero de momento nos encontramos frente a la muralla fortificada.

Le damos duro a esa muralla, pero ni modo, no se mueve. Nos tropezamos con las murallas de dudas, de rencor, de orgullo. Nuestros sentimientos son heridos y nuestro orgullo sufre una gran pérdida. Fallamos en marchar alrededor de las murallas, fallamos en pedirle asistencia a nuestro Padre.

En muchas ocasiones nosotros queremos una solución inmediata a lo que queremos para no tener que esperar en el Señor y confiar en Él. Fíjense bien que dije a lo que queremos y no a lo que necesitamos.

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Preferimos más confiar en nuestras habilidades, nuestra salud, nuestras cuentas bancarias, nuestra posición en la comunidad, nuestra reputación, nuestros talentos o nuestra educación. No nos damos cuenta que tenemos la victoria en la mano. Que el poder de Dios esta con nosotros.

Ellos hicieron exactamente lo que les fue dicho, marcharon por seis días y el séptimo día sonaron las bocinas y gritaron. Esto seguramente les pareció como boberías a algunos, pero ellos lo hicieron en obediencia y por fe. ¿Qué sucedió?

Josué 6:20Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron.

Las murallas impenetrables se derrumbaron.

Las murallas fueron abajo y ellos tomaron la ciudad tal como Dios les había dicho. Lo mismo es verdad para nosotros. No existe ningún problema que Dios no pueda resolver. Todo lo que tenemos que hacer es ser obedientes a Su palabra y las murallas se derrumbaran, los problemas desaparecerán.

Para concluir. Tenemos que darnos cuenta que no importa el tipo de paredes que tenga nuestro Jericó; tenemos que darnos cuenta que toda victoria viene a través del plan de liberación de Dios y no de nosotros. Ellos marcharon alrededor de la ciudad por seis días y en el séptimo, a toda voz, ellos declararon su victoria.

Nosotros tenemos que hacer lo mismo, tenemos que orar, y declarar la victoria que Dios nos ha dado. El poder de Dios es infinito. Todo lo que debemos hacer es creer en su poder, y declararlo con toda nuestra fe.

© 2000, José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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