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¿Qué nos enseñan los niños?

Predicas Biblicas | Sermones Cristianos

Mateo 18:1-5

Introducción

Uno nunca sabe cuando y como aprender de un niño, es sorprendente: Al autor y orador Leo Buscaglia se le solicito una vez que fuera parte del jurado en un concurso. El propósito del concurso era encontrar al niño más cariñoso. El ganador fue un niño de 4 años cuyo vecino era un anciano a quien recientemente le había fallecido su esposa.

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El niño al ver al hombre llorar, fue al patio de la casa del hombre, se subió a su regazo y se sentó. Cuando su mama le pregunto que le había dicho al vecino, el pequeño niño solo le contesto, “Nada, solo le ayude a llorar” Historias como esta nos deben llevar a pensar que debemos aprender de los niños estamos convencidos que como adultos somos nosotros los únicos que podemos enseñarles algo.

Jesús sabía que los niños no solo son hermosos, chistosos, bonitos, tiernos; sino que además son importantes; pero su importancia no solo radica en el aprecio que podamos tener por ellos; sino también en lo que ellos nos enseñan con sus pequeñas vidas. Hoy, en el marco de este día del niño, aprendamos 4 aspectos importantes que usted y yo debemos aprender de los niños.

I. Nos enseñan a seguir aprendiendo (v. 2) “Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos”

Tenemos a Jesús con sus discípulos en Galilea, específicamente en el poblado de Capernaum, cuando una discusión se desato entre los seguidores de Cristo; unos les decía al otros, que eran superiores y preferidos del Señor, otros argumentaban que eso no era cierto; así pues la discusión llego al punto en el que los discípulos deciden preguntar directamente a Jesús ¿Quién era el mejor de ellos? La discusión surgió porque tiempo atrás 3 de los seguidores de Jesús habían compartido un evento muy importante y el resto no había sido invitado. La transfiguración en el monte había sido una bendición para Pedro, Juan y Jacobo; pero estos mismos la habían convertido en una causa para pelear. Ya estando delante del Maestro, éste busca enseñarles algo a través de un ejemplo vivido; para eso nos dice Mateo en su evangelio que Jesús mando llamar a un niño que andaba por allí (v. 2) la respuesta de niño no fue de desconfianza; pues al parecer respondió inmediatamente a la orden de Jesús. ¿Qué quería enseñar Cristo con esto, al usar un niño?

En primer lugar que los niños siempre tienen la disposición a aprender; el niño va inmediatamente cuando el Señor lo llama; pues hemos de presuponer que el niño conocía y sabía quien era Jesús; pues de lo contrario hubiera huido; pero la actitud del niño fue la de ir, a ver que le enseñaba el Maestro Jesús. Así pues nosotros los que ya no somos niños debemos imitarlo; pues Dios siempre tiene algo que enseñarnos y nosotros no podemos, ni debemos negarnos a aprender. Hay un refrán que dice así: “Perro viejo, no aprende trucos nuevos” y así es como muchos viven su etapa de adulto, una completa cerrazón a aprender; pues consideramos que ya sabemos lo suficiente y que además ya hemos perdido la capacidad de aprender. Hay quienes olvidan que la vida cristiana es un constante aprendizaje, nadie puede jactarse de saber mucho. Recuerdo a una persona ya muy mayor que ya falleció, en una ocasión cuando presentaba un curso sobre como compartir la fe, esa persona llego al templo, al verla me acerque a ella y le invite a integrarse; su respuesta fue: “Ah, todo eso ya los sé, he tomado muchos cursos, he sido alumna de muchos pastores y he asistido a muchos talleres; no necesito aprender más” Olvidamos que Jesús siempre tiene “algo” que enseñarnos, olvidamos que Jesús siempre usara a alguien para enseñarnos.

Es triste andar por la vida con la actitud de “todo lo sé y a mi nadie me puede enseñar nada.” Pero Jesús nos dice a través de esta historia que debemos ser como un niño que siempre esta dispuesto a aprender algo. Por otro lado hay quienes creen que ya es tarde para aprender, que el tiempo ya se les fue y por lo tanto no están dispuestos a aprender como niños. Sin embargo un especialista en construcción del entendimiento, Ángel Cintrón Opio afirma que “el cerebro humano tiene una capacidad increíble para aprender, sin importar la edad.” En su artículo “Nunca es tarde” el Dr. Cintrón dice que a menos que su cerebro sufra una atrofia bioquímica o un trauma emocional, su cerebro con serva la capacidad para aprender lo que sea. Pero usted dirá “eso no es cierto, mi abuelita es muy aferrada a sus ideas y no quiere aprender lo nuevo.” Para muchos, si no es que para la mayoría de las personas la idea de “ya es tarde para aprender” es una gran limitante; pero según el Dr. Cintrón el “ya es tarde” es un mito social y que carece de base científica, ya que mayormente las personas adultas dejan de aprender por no enfrentar el juicio de la gente; expresiones como “ya viste al ruquito que viene a la escuela” o “ya esta grande para esas cosas” son armas poderosas que detienen el deseo de seguir aprendiendo.

Raros, pero inspiradores son los ejemplos de personas que deciden aprender sin importar la edad que tengan. Evelyn Figueroa aprendió a andar en bicicleta a la edad de 35 años, y todo porque de niñas, sus padres le cuidaban de los peligros que representaban los adoquines y las pendientes del lugar en donde vivía; Myriam Lugo aprendió a andar en patineta a los 60 años de edad; y ya no es raro ver a esta mujer mayor en su scooter por las calles de su colonia; pero si esto ejemplos le parecen lejanos, nuestra hermana Imelda Ferrer compartía que en la universidad en donde ella estudia su licenciatura su compañera más grande es una maestra de 72 años. Como pueden ver siempre podemos seguir aprendiendo; Jesús nos exhorta a nosotros a ser como los niños, estar dispuestos a su llamado a aprender, como lo hizo el pequeño que llamó para enseñarles a sus seguidores cosas importantes. Nunca pierda la disposición de aprender; pues se puede estar perdiendo de grandes bendiciones de parte de Dios.

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II. Nos enseñan a ser como ellos (v. 3) “…si no os volvéis y os hacéis como niños…”

Cierto día en una clase universitaria, un profesor interrumpió el largo silencio de un examen para preguntar a sus alumnos lo siguiente: “¿Saben ustedes por qué sólo los niños son plenamente felices?, nadie respondió; pero el profesor dijo: “porque ellos viven el momento, viven despegados del pasado y despreocupados del futuro.” ¿Qué debemos aprender de los niños? No solo a seguir aprendiendo; sino además ser como ellos, como los niños. Jesús ante la pregunta de sus discípulos, manda llamar a un niño; este responde y Jesús lo pone en medio de ellos (v. 2), y entonces les dice: “si no cambian y vuelven a ser como niños, no podrán entrar al Reino de los Cielos” (v. 3 BLA).

Con el paso de los años las personas cambiamos, crecemos; pero al mismo tiempo experimentamos grandes perdidas, y dentro de estas grandes perdidas podemos contar aquellas que nos identificaba como niños. Nos convertimos en seres preocupones, soberbios, temerosos, incrédulos, aferrados a nuestras ideas y creencias; en una palabra nos convertimos en adultos. Fue Juan Jacobo Rousseau quien dijo: “El niño nace bueno, pero la sociedad lo corrompe.”

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