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Padre rico, mente pobre

Predicas Cristianas

Dios, en Su Palabra se declara: “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitosHageo 2:8, y la misma Palabra declara que:  “el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificadosRomanos 8:16-17

Con esta base, y como hijos de Dios, podemos decir con seguridad de que nuestro Padre es rico, y que nosotros debemos serlo también ya que somos sus herederos.

Leamos la Palabra de Dios en Marcos 6:30-44

Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos. Y comieron todos, y se saciaron. Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces. Y los que comieron eran cinco mil hombres”.

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Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!Marcos 10:23-24, donde está hablando de las riquezas humanas, las que el hombre sin Cristo considera riquezas.

Mientras que Él habla de las espirituales, Dios habla de las riquezas verdaderas que trae hoy, “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?Romanos 2:4, son las riquezas de Dios en nosotros: “para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santosEfesios 1:17-18, ahí tenemos nuestra herencia más importante, ahí está el Reino de Dios, el cual teniéndolo en nuestra vida todas las otras cosas nos serán añadidas.

La cultura tradicional ha llevado a la humanidad a alejarse de Dios pues les ha establecido una estructura mental que les lleva a pensar que la única forma de incrementar sus ingresos, y así poderse dar algunos gustos, es trabajando cada vez más tiempo, incluso ocupando el tiempo de Dios, pues “seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios; ninguna obra harásDeuteronomio 5:13-14, “mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo JesúsFilipenses 4:17.

Lo que los cristianos no piensan muchas veces es lo que pierden al obedecer estos paradigmas estructurales, estas mentiras a medias del diablo que les llevan a dejar de compartir tiempo con Dios y la familia espiritual, que es lo que les llevará a disfrutar las bendiciones que Dios tiene para que las disfrutemos los verdaderos hijos de Dios.

El miedo a lo nuevo es lo que muchas veces hace que nos encerremos en las viejas estructuras.

Tenemos miedo a dar al Dios lo que es de Dios porque no entendemos que no es nuestro dinero sino una bendición de Dios para disfrutar, pero también para bendecir.

Tenemos miedo a emprender algo nuevo con Cristo aunque nos muestren muchas personas que le va bien tomados de la mano del Señor, simplemente porque no tuvimos una experiencia personal en ese sentido.

Quien no abre su mente a algo nuevo se cierra en la vieja estructura de seguridad que le enseñaron toda la vida, estudiar, buscar un empleo que sea lo más seguro posible y por eso es que hay tantos empleados públicos, para luego jubilarse y en la mayoría de los casos ser ayudado por sus hijos porque la jubilación no les alcanza; pero se dieron cuenta que en todo es plan no aparece Dios, ni las bendiciones que Dios ha dejado como promesas en Su Palabra.

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Se preguntó alguna vez ¿como es posible que haya cristianos que en vez de abrirse camino y destacarse como un verdadero hijo de ese Padre rico, buscan la seguridad que el mundo les da aun a costa de ganar menos?

Eso es porque su estructura mental le hace creer que no es capaz de lograr un desarrollo económico cumpliendo con las leyes de Dios, por lo que su seguridad está en lo que logra por sus medios en un mundo sometido por el diablo, pues “sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno 1 Juan 5:19, y es a esto a lo que llamo una mente pobre.

Hay una barrera que separa los hijos de Dios y los del mundo

Podríamos decir que a la izquierda están los del mundo, donde se incluyen a los creyentes que confían en sus propias fuerzas o habilidades, donde están aquellos que desean estar porque no se reconocen como hijos de un Padre rico, donde seguramente muchos habrán tenido, o tienen, la intención o el deseo de pasar a la derecha de esa barrera.

Es decir, al grupo de cristianos fieles y obedientes que tienen la seguridad de que tienen un futuro económico consolidado, estable y creciendo, pues han logrado buscar “primeramente el reino de Dios y su justicia, lo que les asegura que todas estas cosas les serán añadidasMateo 6:33, logrando la libertad a través de la vida espiritual que desarrollaron.

Pero volviendo a esa pared que separa el mundo de los creyentes, yo le agregaría una pista entre la izquierda y la derecha, y en esa pista ubicaría a los “yo quiero, pero…”, los “me gustaría, pero…”, y a todos aquellos que pueden ver una posibilidad nueva pero que no se animan a dar el salto, los que todavía les queda algo del mundo que les sigue atrayendo y eso hace que no tomen la decisión final de brindarse a sí mismo la oportunidad de emprender un camino nuevo con Cristo.

Si una persona se anima a pasar esa pista, debe tener claro que debe hacer lo que tiene que hacer para lograr aquello que quiere lograr en el camino del Señor y en las finanzas.

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No vamos a decir que es fácil porque no lo es, pero si entendemos que las circunstancias son circunstancias que se presentan y pasan, pero en todos los casos la variable que va a afectar directamente tus logros, eres tú y solamente tú, ya que las dudas que se te pueden plantear en tu mente no son externas sino que están dentro tuyo.

Puede que para algunos se les esté planteando hoy esa oportunidad ya que no lo hicieron hasta ahora; pero quiero decirles que en las cosas de Dios, como en todas las cosas, la única forma de llegar a desarrollarnos y lograr la libertad que buscamos, es haciendo, es caminando, pues el que no lo hace, el que no se pone en marcha, seguirá en esa pista intermedia sin llegar a ningún lado, pero con el deseo de servir a Dios y recibir sus bendiciones.

En Cristo, las bendiciones no nos llegan por aparentar ser un buen cristiano ni por cumplir en parte con lo que el Señor nos pide

Debemos tener en cuenta que nuestro crecimiento espiritual lo generamos con nuestro trabajo para el Señor, con la lectura y aplicación de la Palabra en nuestra vida, y del cumplimiento de ella en cuanto a lo que nos pide, y es por esto que también debemos saber que todo lo que el Señor piensa de nosotros, y nos da, es buenísimo para nosotros y nuestra familia, y si no llega a nuestras manos es porque no hacemos lo correcto para lograrlo, y allí está nuestra tarea para lograr la libertad que anhelamos.

El Señor nos ha dado promesas y recompensas terrenales como pueblo elegido de Dios en la tierra, muchos desean tomar sus bendiciones, pero no sus maldiciones, y Dios no condena a nadie por tener riquezas que vienen de muchas fuentes.

Pero Dios advierte a aquellos que las buscan más que a Dios y confían en ellas más que en Dios, pues su deseo es que nuestros corazones busquen las cosas de arriba y no las cosas en esta tierra.

Y por esto quiero finalizar este mensaje invitándote a que juntos leamos la Palabra de Dios en Deuteronomio 8:11-18

Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal; que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día”.

© Luis Coria. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos. Soy un fiel seguidor de la palabra de Dios.

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