Como el buen vino

Luis Alberto Coria

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Buen Vino.. Predicas Cristianas

Sermones Cristianos Escritos

Sermones Cristianos Escritos Predica de Hoy: Como el buen vino

Predicas Cristianas Texto Bíblico: Jeremías 48:11Quieto estuvo Moab desde su juventud, y sobre su sedimento ha estado reposado, y no fue vaciado de vasija en vasija, ni nunca estuvo en cautiverio; por tanto, quedó su sabor en él, y su olor no se ha cambiado”.

Introducción

Como el buen vino se pasa de vasija en vasija para que deje todo su sedimento y al final su presentación sea transparente y brillante, así somos los cristianos. El Señor nos hace pasar de prueba en prueba, a fin de que en cada una de ellas dejemos las cosas que arruinan el buen sabor, la transparencia y la pureza de nuestra vida cristiana.

Hoy quisiera hablarles del vino, un poco de cómo se hace, un poco de la calidad y también de cómo se hace para lograr esa calidad en forma artesanal, sin el empleo de alta tecnología o grandes inversiones. Recuerdan que el domingo pasado dijimos que somos seres individuales, que no había creado Dios una línea estándar para el hombre sino que cada uno de nosotros tenemos algo en particular que nos es propio, único y exclusivo.

El buen vino: Cada botella de vino tiene su particularidad

Bien, así es el vino, cada botella de vino artesanal tiene su particularidad. Puede ser mas seco o mas dulce, mas frutado o menos frutado, con mas color o menos color. En definitiva cada botella es distinta de la otra. Además de esto, podemos ver que cada variedad de vino se adapta mejor para acompañar una gama de comidas. Por ejemplo, los tintos para acompañar las carnes rojas, o los blancos para los pescados.

Comencemos ahora desde el principio. Lo primero que se hace es recolectar la uva. Es decir, separarla de aquello que no produce vino, es decir de las hojas, brotes, etc. Ese es el trabajo que hace el Señor, y en el cual debemos colaborar cada uno de nosotros como obreros suyos. Separar el fruto de lo que nada produce en el mundo, para poder ser transformados. Ese es el trabajo de evangelismo que debemos hacer para alcanzar al mundo con la palabra de Dios. Hagamos como dijo Juan. “Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega”. (Juan 4:35).

La cosecha: Como el buen vino

Es el tiempo de la gran cosecha de almas para Cristo, y en ella debemos ser partícipes todos (Mateo 13:37-43). No sé si alguna vez han visto una vendimia, pero en ella trabajan todos. Los varones acarrean la uva hasta el transporte. Las mujeres y jóvenes cortan los racimos y los colocan en los recipientes. Y los niños también colaboran recogiendo los granos o aquellos frutos que caen al suelo.

Hombres y mujeres, jóvenes y niños deben trabajar en la cosecha de almas del Señor, cada uno en su función. Cada uno desarrollando el ministerio, don o talentos que el Señor ha derramado a fin de cumplir con su propósito. Ningún hijo de Dios puede decir: “Yo no sirvo para la obra”. O “Yo nada puedo hacer en la obra de Dios”. El Señor nos ha diseñado para cumplir una misión, y debemos cumplir cada uno la suya.

El proceso: Como el buen vino

Próximo es la molienda de los granos, el procesado o rotura de ellos para obtener el mosto. Jesucristo nos aparta del mundo, nos recoge para Su reino, pero en ese momento estamos recubierto de una piel dura que impide que derramemos nuestro ser interior. El mundo se encargó de envolvernos de tal forma que perdemos nuestra personalidad, y llegamos a desconocer toda nuestra belleza interior.

El Señor nos ha llenado de ese potencial suave, dulce y agradable que todos desearían probar. Pero nuestra cubierta exterior nos impide derramarla, y cuantas veces es necesario que el Señor nos coloque en la prensa para poder extraer todo el jugo de nosotros.

Es necesario que sea rota la cubierta del orgullo, del ego, de todas aquellas cosas con que el mundo nos cubrió para que no veamos la verdad de Cristo. Es necesario que nos quebrantemos en la presencia de Dios para poder entregar todo lo que tenemos dentro nuestro.

Quebrantamiento

Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita en la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y en la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”. (Isaías 57:15)

Para verter lo mas puro el cristiano debe quebrantarse. Debe derramar sus lágrimas y su ser interior en la presencia del Señor para que vierta la pureza. La pureza es lo exquisito que Él ha puesto en nuestro ser, sin que sea contaminado con ningún color o sabor extraño.

Distintas calidades y características: Como el buen vino

Sabían que el mosto tiene distintas calidades y características según el momento en que se obtenga. Por ejemplo, tenemos el escurrido y el de prensa. Todo podría ser de prensa, pero se aparta el que proviene de la simple rotura del grano. Debido a que este tiene contaminación de color o sabor.

El Señor dice en Su palabra: “Muchos son llamados, mas pocos los escogidos”. (Mateo 20:16). De todos los llamados, una parte son escogidos. A través de su consagración se mantienen limpios de contaminación, son transparentes en todas sus acciones y su vida tiene el agradable sabor de la pura vida cristiana. Cuando los granos son pasados directamente a la prensa, el mosto recibe el color de la piel y el sabor de la hoja y de los palos del racimo. Esta contaminado y su calidad no es la misma.

El buen cristiano se quebranta, y vierte todo lo que tiene dentro. No es necesario presionarle para que se entregue en la obra de Dios. Ya no tiene sobre él las excusas que el mundo pone al alcance de la mano para no cumplir su propósito.

Jugo puro

El buen cristiano es jugo puro de Dios, libre de contaminación. Es jugo agradable y apetecible para el paladar de cualquiera. El cristiano debe ser claro y transparente, brillante, deseable y tan refinado como el oro. Los buenos cristianos “Deseables son mas que el oro, y mas que mucho oro afinado; Y dulces mas que la miel, y que la que destila el panal”. (Salmo 19:10).

Ya tenemos el jugo de la uva. Este se toma y se coloca en una vasija en la cual debe reposar por un tiempo, y en condiciones particulares según su tipo. Durante ese tiempo sedimenta todo aquello que esta suspendido. En el primer tiempo se produce la fermentación, se transforma el azúcar en alcohol.

Cada un lapso de tiempo, el vino va teniendo un cambio, y en cada cambio es necesario cambiarlo de vasija para separar la borra que arruina y contamina el vino con su olor, color y sabor. Es necesario que “No repose sobre su sedimento”. Este proceso continúa hasta que el vino sea claro y transparente, con aroma y fragancia selecta conforme al gusto de su fabricante.

El primer amor

El primer tiempo con el Señor, el primer amor como se dice generalmente es todo efervescencia. Es cuando se produce la gran transformación, nos pasamos del mundo a Cristo sin preocuparnos de nada. Solo sabemos que debemos cambiar sin importar las circunstancias.

El resultado es que allí quedan nuestras contaminaciones mas groseras. Allí queda lo mas desagradable a los ojos de Dios. El jugo de uva se ha transformado en vino. El hijo de perdición se ha transformado en un hijo de Dios, lavado por la sangre del Cordero de toda contaminación del mundo.

Jesucristo nos compara con vasijas

Muchas veces hemos hablado de cómo el Señor nos compara con vasijas. Decimos que somos vasijas de barro en manos del alfarero, y que Él nos hace conforme a su voluntad. Ahora el tema es distinto. El Señor nos esta comparando con ese vino que es necesario cambiar de vasija en vasija luego de un tiempo en el cual sedimenta lo que nos contamina.

No somos un vino terminado y maduro, estamos en el proceso de Dios y por eso es necesario que seamos pasados de vasija en vasija hasta lograr la madurez. Solamente con voluntades entregadas, con espíritus maduros y quebrantamiento podremos llegar a ser vino bien puro y refinado, solo así podremos ser conformados a la imagen de nuestro amado Jesucristo.

De vasija en vasija

Quizás, sin darnos cuenta, hemos sido pasados de vasija en vasija. Hemos pasado de prueba en prueba, vasijas de distintas formas y dimensiones. Difícilmente las pruebas son iguales para dos cristianos, pues cada circunstancia las hace distintas.

Cada vasija tiene su propia forma, su propio color y su propia dimensión. Cada una de estas vasijas por las cuales pasamos es permitida por el Señor, a fin de que sedimenten todas esas cosas que producen mal olor o sabor desagradable.

Vasija de los malos entendidos

Veamos un vino colocado en una vasija de color. Podríamos llamarla “Vasija de los malos entendidos”. Es común juzgar por las apariencias, vemos el color a través de la vasija y no el color real del vino, nos preguntamos como un buen cristiano aparece con un color distinto.

Allí es necesario tomar un tiempo de oración. Es necesario aquietarse para que pueda sedimentar lo malo y que se clarifique el vino. No debemos mantener el movimiento tratando de explicar que solo es el color del envase. Cuando todo esta claro se pasa a otra vasija.

Vasija de la mirada pública

Cuando la vasija es grande y fea, el vino debe ocupar ese lugar abierto a las miradas. Es la “Vasija de la mirada pública”. En ella nos exhibe el Señor para exponer nuestras debilidades y nuestra humillación. Allí no es posible aparentar otra forma, pues todos nos ven. Sufrimos el juicio y la crítica pública. Cuando sedimenta nuestro orgullo y nuestro propio ego, es que podemos ser pasados a otra vasija.

Vasija de la prueba larga y oscura

Si la vasija es de barro, no es transparente y no hay luz en ella. Es la “Vasija de la prueba larga y oscura”. Estamos solos allí, escuchamos todo cuanto sucede a nuestro alrededor, recordamos nuestros tiempos de luz y felicidad pero no vemos el final de la prueba.

A través de el tiempo de soledad y reposo, se acrecienta nuestra confianza en el Señor. Aprendemos a descansar verdaderamente en Él, sabiendo que la luz volverá a brillar en nuestra vida. Queda en el fondo el sedimento de impaciencia, cuestionamientos e incredulidad, y somos pasados a otra vasija.

Vasija de la dirección particular

Ahora la vasija es de forma rara, y diseño fuera de lo común. Es la “Vasija de la dirección particular”. Es la palabra de Dios. “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (Isaías 55:8).

El Señor nos pone en un lugar y decimos: “No es mi lugar, esto no es para mi, mi ministerio es otro”. En esta vasija queda como sedimento la carne, nuestro propio criterio y pensamiento.

En esta vasija prendemos que solo debemos dejarnos guiar por el Señor, sin pensar que Él debe explicarnos el porqué de cada cosa. Simplemente debemos tomar la forma que Él nos da, sin preguntar por qué lo hace de esa forma.

Vasija de la culpa de todos los demás

Hay tantas vasijas como personalidades y carácter distintos hay en los hijos de Dios, pero alguna mas. Una que esta hecha con muchos materiales. Es la “Vasija de la culpa de todos los demás”. Es un lugar incómodo.

Allí la gente no cumple su responsabilidad, no hay entrega o se rehúsa a hacer lo que Dios quiere que haga. Estamos dispuestos a pasar la prueba cuando la culpa es nuestra, pero no la aceptamos cuando no tenemos nada que ver.

Es necesario que entendamos que no debe importarnos quien hizo la vasija, solo debemos ceder a la guía de Dios y llenar la vasija a pesar de no gustarnos o no ser culpables de nada. No perdamos tiempo diciéndole al Señor el tamaño, forma o material sino que aprendamos a que Él la hizo y nosotros debemos ceder y fluir dentro de ella.

Conclusión

Después de pasar de vasija en vasija. Después de dejar en cada una de ella el sedimento que nos contamina, que nos cambia el color, que nos pone maloliente y de sabor desagradable, nos habremos convertido en el vino de Dios, conforme a la imagen de nuestro amado Jesús, transparentes, brillantes, de excelente color y sabor. Luego de ser pasados de vasija en vasija seremos el vino apetecible que el mundo deseará beber.

© Luis Alberto Coria. Todos los derechos reservados.

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Luis Alberto Coria
Autor

Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, soy un Pastor jubilado. Estoy casado con Nora Griselda Correa; tenemos cuatro hijos. Tuvimos una iglesia en Córdoba, Argentina, que formaba parte del ministerio El Nuevo Pacto. Somos fieles seguidores de la palabra de Dios.

1 comentario en «Como el buen vino»

  1. Aleluya aleluya que gozo que felicidad y jubiló ay en el pueblo pastor Coria cada ves que predica cada ves que leemos sus predicas sus predicas creamelo han levantado santos y expulsados demonios siga así siga compartiendo más predicas por favor se lo pedimos se lo imploramos

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