¿Cómo ser un buen siervo de Cristo?

José R. Hernández

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Siervos con un Corazón Dispuesto

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: ¿Cómo ser un buen siervo de Cristo?

Prédica Cristiana Lectura Bíblica: 1 Timoteo 4:6-12

Introducción

Sin ninguna duda, una de las personas más prominentes en la Biblia es el Apóstol Pablo. Después de su encuentro con Jesús, su vida cambio drásticamente convirtiéndose en uno de los pilares de la iglesia. Y luego de su muerte, sus epístolas son estudiadas por creyentes en todo el mundo.

Pero el Apóstol Pablo no pudo llevar las Buenas Nuevas por todo el mundo conocido por sí solo, debido a que era una tarea sumamente compleja. Por tal razón, tuvo ciertos compañeros y ayudantes que le sirvieron de apoyo durante distintas épocas de su ministerio. En esta predicación queremos hacer énfasis en Timoteo.

El Apóstol Pablo conoce a Timoteo alrededor del año 50 d.C. (Hechos 16). Los creyentes de Listra e Iconio tenían un buen concepto de Timoteo. Es poco probable que Pablo quisiera llevar a un adolescente a la tarea de misionero. Después de viajar con Pablo por numerosos lugares durante varios años, el apóstol Pablo lo deja encargado en Efeso (1 Timoteo 1:3).

Algunos historiadores y teólogos suponen que el apóstol Pablo le escribe esta carta a Timoteo alrededor del año 64 a.C., cuando Timoteo ha pasado los treinta y cinco años de edad.

Muchos predicadores, al hablar de Timoteo, le caracterizan como alguien joven. Pero lo cierto es que Timoteo no era tan joven. Quizás se le consideraba algo joven para el llamado pastoral que ejercía,  pero sin ninguna duda, todos los consejos que Pablo le da a Timoteo son aplicables tanto para jóvenes como para los no tan jóvenes. En esta predicación se titula: ¿cómo ser un buen siervo de Cristo?, y está basada en una serie de indicaciones que el Apóstol Pablo le da a Timoteo.

En 1 Timoteo 4:7 encontramos el primer consejo que es:

I. No pierdas el tiempo

Si Pablo le aconsejaba a Timoteo que no perdiera el tiempo en aquel entonces, no quiero imaginarme que nos aconsejaría a nosotros en la actualidad. Resulta increíble la facilidad con que nosotros perdemos el tiempo.

Sin ninguna duda, estamos en la era de las distracciones, y de los problemas de concentración. Hoy en día, hay tantas formas de derrochar el tiempo que el menú es muy amplio.

Si hablamos de la televisión, cada día aparecen más películas, más programas, más series, más eventos deportivos televisados, y más espectáculos, que consumen nuestro tiempo. Hace unos años, por lo menos existía la limitante de que podías ver solo lo que estaban transmitiendo en ese momento en la televisión, y debías ajustarte a la programación. Ahora con las nuevas plataformas como Netflix, puedes pasar todo el día viendo en la televisión lo que quieras ver, en el momento que quieras verlo.

Si tocamos el tema del internet, podemos pasar horas inmersos en Youtube, Facebook, Instagram y Twitter, y cuanta red social se invente, sin darnos cuenta de todo el tiempo que estamos desperdiciando allí, hasta que es demasiado tarde.

El uso de los Smartphone también nos invita a malgastar el tiempo. Prácticamente vivimos pegados a los teléfonos móviles para revisar redes sociales, correos electrónicos, y un sin fin de cosas que van quitando tiempo de calidad a otras actividades que lo valen. El uso de aplicaciones como Whatsapp o Telegram, cada día se tornan más populares y esclavizantes, consumiendo el tiempo libre que nos queda.

¿Qué hemos hecho con nuestro tiempo?

El día que se escribe esta predicación, han transcurrido solo tres semanas del 2019. Sería sabio preguntarnos: ¿qué hemos hecho con nuestro tiempo?, porque si queremos ser buenos siervos de Cristo, necesitamos dejar de perder el tiempo.

El tiempo es un recurso más de los que Dios nos ha dado y como todos los recursos, espera que los aprovechemos al máximo, que le saquemos todo el provecho posible sencillamente porque la vida es como neblina (Santiago 4:14), hoy estamos aquí, pero quizás mañana no.

En sus carta a los efesios, el apóstol Pablo recomienda lo siguiente en Efesios 5:15-16 “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.”

Utilicemos bien nuestro tiempo. La mejor forma de utilizar nuestro tiempo, es construir una bitácora de todo lo que hacemos en el día. Ahí podremos ver en cuales actividades se nos está escapando el tiempo.

¿Está mal ver televisión? ¿Es mal meterme en internet? ¿Está mal dormir? Por supuesto que no.

El asunto es organizar nuestras agendas para ver qué tiempo le podemos dedicar a cada actividad, y que no se nos olvide lo más importante que es nuestra comunión con Dios (Mateo 6:33).

Hay muchas formas buenas de invertir el tiempo: leer un libro, ver programas cristianos, escuchar música cristiana, predicar a través de las redes sociales, pero recordemos que un buen siervo de Cristo no pierde su tiempo.

En 1 Timoteo 4:7-8 encontramos el segundo consejo para ser un buen siervo de Cristo que es:

II. Entrénate en obedecer a Dios

Si queremos ejercitarnos para vivir de forma piadosa, lo principal que debemos hacer es obedecer a Dios. Necesitamos entrenarnos en obedecer a Dios, porque desobedecer ya sabemos.  Me sorprende lo fácil con que aprendemos a hacer lo que no debemos a hacer. Se observa en los niños. Hay que enseñarlos a ser obedientes, mientras más pequeños, mejor.

En nuestros países de habla hispana no existe una cultura de obediencia, y seguir las normas. Por lo general las personas que siguen las leyes se les tilda de tontos, y los que de una u otra forma burlan la ley, se les alaba por ello.

Mientras más tiempo tiene desobedeciendo, más le costará obedecer. El ser humano por naturaleza es reacio a los cambios es por ello que el Apóstol Pablo manda a Timoteo que se entrene en ello.

A veces queremos disfrazar la desobediencia, pero no se puede obedecer a medias. Eres obediente o desobediente, no hay término medio.

No se puede obedecer cuando es nuestra voluntad nada más. Hay personas que obedecen o siguen una instrucción, pero la siguen al momento que ellos deciden. Es una forma de decir: “está bien, haré lo que tú digas; pero lo hare cuando yo quiera hacerlo”.

Nuestro Dios exige una obediencia absoluta, merece una obediencia absoluta, y si somos sabios, le daremos una obediencia absoluta, porque entendemos que sus planes están por encima de los nuestros (Isaías 55:8-9), y  que Su voluntad es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

Nosotros estamos llamados a obedecer a Dios y punto.

Como sus hijos, necesitamos seguir las instrucciones que nuestro Padre Celestial nos indica. Debemos recordar lo siguiente: es un entrenamiento. Es algo progresivo. Después de estar acostumbrados a una vida totalmente pecaminosa, siguiendo nuestros propios instintos, intenciones e intuiciones,  costará un poco someterse a Dios. Por esto les repito debemos aprender a obedecer, porque desobedecer ya sabemos, y lo sabemos desde que somos niños.

Hay que estar atentos a esto: que sea progresivo no quiere decir que sea lento. Mientras más obedezcamos a Dios, más parecidos a su hijo Jesús que es nuestro modelo a seguir (1 Pedro 2:21). Lo mejor de obedecer a Dios es que es para nuestro propio beneficio. Cuando leemos 1 Timoteo 4:8 encontramos lo siguiente: “porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.”

Obedecer a Dios hoy, trae beneficios hoy. Muchas personas lamentablemente creen que Dios solo les dará el cielo y nada más, olvidándose que Dios está interesado en toda nuestra vida, inclusive la que vivimos aquí en la tierra. El seguir las instrucciones de Dios, promete beneficios en esta vida, y también los traerá cuando partamos de esta tierra a pasar la eternidad con Él. Si quieres ser un buen siervo de Cristo, comienza a entrenarte en la obediencia a Él, y verás los beneficios de vivir alineados a su voluntad.

En 1 Timoteo 4:12 encontramos nuestro tercer y último consejo para ser un buen siervo de Cristo que es:

III. Sé un ejemplo para todos

Es quizás lo más difícil de hacer porque muchos no quieren ser ejemplo de los demás, o piensan que ser ejemplo es un tarea exclusiva de los pastores, líderes, o de las familias relacionadas con el liderazgo de la iglesia, pero no. Todos los que quieren ser un buen siervo de Cristo deben ser un ejemplo. Me gusta la instrucción que le da Pablo a Timoteo porque es específica. Hay unos puntos claves en los cuales debía ser ejemplo y quiero también aprovechar para enfatizarlos acá.

Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. Sé un ejemplo en tu forma de hablar.

¡Qué difícil es controlar la lengua! En la epístola de Santiago, dice que la lengua es un miembro muy pequeño, pero es un fuego, un mundo de maldad (Santiago 3:5-6).

Como les decía anteriormente, se nos hace difícil cambiar nuestra forma de hablar porque sencillamente nos cuesta cambiar.

La sociedad ve como normal decir groserías, comentar vulgaridades, maldecir, blasfemar, criticar, chismear, murmurar, quejarse, decir obscenidades, mentir, inventar rumores, y cualquier otro uso indebido de la lengua.

La biblia nos enseña en Efesios 4:29 que “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

Necesitamos ser un ejemplo con nuestra forma de hablar, incluyendo con nuestra forma de expresarnos en las redes sociales. Antes de emitir cualquier palabra o comentario, pensemos si será de edificación a nuestros oyentes, sino es así mejor abstengámonos de hacerlo.

“Sé un ejemplo en tu forma de vivir.”

Que tu forma de vivir sea un gran recurso para evangelizar. Que las personas puedan ver el Poder de Dios en tu vida será la característica más atrayente del Dios que predicas. En Lucas 7, se nos narra la historia del siervo del centurión. Me sorprende que varios ancianos judíos intercedieron por el centurión ante Jesús, diciendo que era una persona digna de concederle el milagro por las cosas que había hecho; y cuando llegó Jesús pudo darse cuenta de que la forma de vivir del centurión era cónsona    con la fe que profesaba.

Charles Spurgeon, uno de los predicadores más conocidos de la historia expresó alguna vez un pensamiento impactante relacionado con esto: “Que el sermón principal de tu vida lo predique tu conducta”.

Que las personas puedan ver en nosotros alguien digno de imitar debería ser uno de nuestras grandes prioridades, y que nuestra conducta sea un reflejo de nuestro Señor Jesucristo.

“Sé un ejemplo de amor.”

Hay tantos versículos que hablan sobre esto, el mismo Jesús pasó su vida aquí en la tierra hablando del amor. Si vamos a amar, entonces tenemos que ser dadivosos. ¿Cómo decir que amamos a alguien si no podemos brindarle la ayuda cuando la necesita? (1 Juan 3:17). Jesús instó a sus discípulos (Juan 15:12) amarse unos a otros muchas veces, y no lo hubiese hecho así de no ser necesario. Si vamos a ser un ejemplo de amor, recordemos que el amor todo lo sufre, todo lo duele, todo lo espera y todo lo soporta (1 Corintios 13:7).

Generalmente, si hay un versículo de la Biblia que todos conocen seguro que es Juan 3:16, pero hay otro versículo que habla sobre el amor que lamentablemente no es muy conocido. 1 Juan 3:16 dice que “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.” Si queremos amar como Jesús nos manda entonces es necesario dejar de pensar en nosotros mismos, y pensar  primero en nuestro prójimo.

“Sé un ejemplo de fe.”

En la sociedad nos enseñan que hay que creer para ver, sin embargo Jesús dijo que eran bienaventurados los que no vieron y creyeron (Juan 20:29). Cuando Jesús estuvo en la tierra hubo personas que le maravillaron por tener una gran fe: el centurión (Lucas 7:9) y la mujer cananea (Mateo 15:28). Si queremos ser buenos siervos de Cristo estamos llamados a tener tanta fe que podamos ser considerados ejemplos de Fe.

Así como Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, José, Moisés y algunos otros, nosotros necesitamos ser conocidos como personas de fe para ser buenos siervos de Dios.

“Sé un ejemplo de pureza.”

Si hay un lugar donde es difícil mantenerse puro es en la sociedad actual donde la música, la televisión, el internet, y los demás medios de comunicación, promueven un montón de valores distintos a los que enseña la Biblia sobre la pureza.

Si de verdad queremos ser un ejemplo en el tema de la pureza, hay que reflexionar sobre: los programas de televisión que vemos, las canciones que escuchamos, los libros que leemos; y después de esto, tomar decisiones drásticas en algunos casos.

Ahora hay cosas que no podemos hacer, que hacíamos antes cuando no conocíamos a Cristo. Ahora que queremos ser buenos siervos de Cristo debemos evitarlas a toda costa. Así como José, quien fue un ejemplo de pureza, al punto de salir huyendo cuando su pureza sexual se vio comprometida, y no importarle el ser acusado y condenado a la prisión por un crimen que no cometió, con tal de no defraudar a su Dios (Génesis 39).

Que aunque hoy parezca ser anticuado e incluso raro, mantengamos firmes nuestro estilo de vida siendo puros, y alejándonos de todas aquellas actividades que pongan en peligro nuestra santidad.

Conclusión

Usted y yo necesitamos anhelar ser buenos siervos de Cristo por encima de muchas cosas, por encima de tener más dinero, por encima de alcanzar nuestras metas, por encima de cumplir nuestros sueños. Si nuestra meta es ser buenos siervos, seguramente podremos alcanzar todo lo que Dios nos ha prometido.

Recordemos las indicaciones que Pablo le dio a Timoteo, y apropiémonos de ellas: no perdamos el tiempo, entrenémonos en la obediencia a Dios, y por último, seamos un ejemplo en todo lo que hagamos, y en donde quieras que estemos. Eso es lo que hacen los buenos siervos de Cristo.

© Jose R. Hernandez. Todos los derechos reservados.

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José R. Hernández
Autor

José R. Hernández

Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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