¿Conoces el lugar?

Luis Alberto Coria

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Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: ¿Conoces el lugar?

Introducción

¿Conoces el lugar en donde y cómo Dios quiere que vivas?; la voluntad del Señor es que tu puedas vivir en la forma que planificó para Adán, en un lugar especialmente preparado por él y en donde puedas gozar de todos sus beneficios; para ello, solo debes vivir como debió hacerlo Adán, y si no lo haces sufrirás el castigo que Él sufrió.

Leamos la palabra de Dios en Génesis 2:8-17Y Jehová plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal…; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.

Puedes vivir en el lugar y en el ambiente que tu deseas, puedes vivir como tu deseas y rodearte de quien quieras; pero en este día, déjame decirte que Dios tiene preparado un paraíso para ti en donde estarás rodeado de lo mejor para que puedas disfrutar allí de sus mas ricas bendiciones.

El Señor ha preparado este lugar para que tu puedas disfrutar de la forma de vida que Él quiere darte, una vida llena de bendiciones y por sobre todas las cosas, una vida eterna y sentado en la mesa del gran banquete celestial, en las bodas del Cordero, Apocalipsis 19:9-10.

La decisión es tuya, continúas tu vida como venías hasta ahora, o le dices sí al Señor y te entregas para que Él te lleve a ese lugar que te ha preparado.

Jehová plantó un huerto en Edén” (vers. 8), podemos ver que la parte especial de la creación de Dios, que es el hombre, no estaba destinado a tener igual rango que el resto, Génesis 1:27-30, sino que además le ha creado un hábitat especial para él de manera que pueda vivir rodeado de lo mejor, el deseo del Señor es que todo hombre pueda disfrutar de las bendiciones de su creación.

El Señor tiene ese lugar preparado para ti

Esta allí esperando tu decisión de seguir sus instrucciones y entonces estarás en condiciones de ser transportado hasta ese lugar en donde verás y disfrutarás de la gloria de Dios como lo hizo Adán por mucho tiempo, hasta que dejó que el pecado de la desobediencia penetrara en él.

Y puso allí al hombre que había formado” (vers. 9), el hombre fue puesto allí, esa maravillosa creación de Dios no nació en Edén, fue luego puesto en el sitio que Dios había preparado para él.

No debes preocuparte por tu pasado, no le interesa al Señor por qué caminos transitaba tu vida ni cuanta suciedad tenía tu vida porque esto para el Señor no tiene importancia porque “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Cuando recibes a Cristo en tu corazón, te conviertes en una nueva criatura, toda la suciedad que tenías sobre tu vida es limpiada para que puedas ingresar en este lugar maravilloso que el Señor tiene preparado para ti; el Señor limpia tu vida y la rodea de la belleza de la creación para que puedas disfrutar de ella con todos tus sentidos.

Hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer” (vers. 9), el Señor te rodea de todo, no solamente para que veas las bendiciones, sus prodigios y milagros, sino también para que te hagas partícipe de ellas, y no podía ser menos cuando te conviertes en un hijo de Dios, del Rey de Reyes, ya que:

Poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8).

Vemos también que el huerto estaba rodeado de ríos, verss. 10-14, y así es como Él desea que vivamos cada uno de nosotros, rodeados de los ríos de agua viva que brotan desde su trono de gloria.

Vivir dentro de los límites

Es necesario que vivamos dentro de los límites que marcan esos ríos que son la palabra de Dios. Cuando nos ocupamos de escudriñar las Escrituras, Juan 5:39, nos estamos ocupando de conocer al Señor.

Y al ponerla por obra estamos reconociendo que dentro de los límites que ella nos fija tenemos todo lo necesario y lo mejor para vivir; en el huerto del Edén, además de lo mejor y lo necesario estaba también lo más valioso ya que había oro, ónice y bedelio; en el huerto que el Señor ha preparado para nosotros también está lo más valioso: La salvación de nuestra alma y la vida eterna en Cristo Jesús.

Hemos visto que el Señor quiere transportarnos a un lugar de privilegio en el cual vivamos conforme a sus mandamientos, para que así disfrutemos de todas sus bendiciones.

Pareciera ser hasta acá que solo debemos cruzarnos de brazos y esperar cómodamente que transcurran nuestros días de bendición en bendición, mejor veamos la Palabra: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrase” (vers. 15).

Adán señoreaba sobre toda la creación y disfrutaba del huerto de Dios, pero también debía trabajar, debía labrar la tierra para hacer que cada vez sea más fructífero; podemos comprender de esta lectura que el Señor no nos entrega ese lugar para que lo disfrutemos solamente, sino que debemos trabajarlo para obtener cada vez mas frutos de él, y no solo para disfrutar de sus bendiciones o señorearnos de ellas.

Debemos labrar la tierra que el Señor nos entrega, labrar significa romper los terrones duros de la tierra, labrar nuestro huerto es romper con aquellas durezas que aún existen en nuestra vida y que impiden que demos los frutos que el Señor espera; labrar nuestro huerto es abonarlo con nuestras oraciones y acciones de gracias para que los frutos que brindemos al Señor sean de buen tamaño y no solo pequeñas muestras.

Labrar nuestro huerto es regarlo con las lágrimas derramadas en su presencia bajo la unción del Espíritu Santo; el Señor nos entrega el huerto, su obra, para que trabajemos en ella, para que no estemos calentando las sillas de la iglesia sino calentando los pies y nuestros labios predicando su Palabra, llenando la iglesia con frutos, con almas entregadas al Señor.

Dios creó todo para que el hombre disfrutara de ello, desarrollo la creación y la entregó a Adán para que señoree sobre ella, “Las trajo a Adán” (vers. 19); de igual forma, a cada uno de nosotros nos ubica en el huerto y trae las bendiciones, lo mejor para nuestras vidas puede ser disfrutado cuando vivimos en ese huerto que el Señor nos prepara y no salimos de los límites que nos marca la Palabra de Dios.

En el huerto de Edén, Dios hizo crecer dos árboles especiales, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal, es allí donde Adán debía demostrar su obediencia y ejercitar su libre albedrío, vers. 16-17.

De igual forma en tu huerto, el Señor hace crecer el árbol de la vida, que es Cristo, y el árbol de la ciencia del bien y del mal, el que ha de mostrar la posición que el Señor ocupa en tu vida y en tu corazón.

En tu huerto, al alcance de tu mano se encuentra la vida eterna que Jesús derrama desde la cruz, y la muerte que te trae el pecado, al alcance de tu mano esta la decisión; eres tú solamente quien debe decidir, quien debe ejercitar tu libre albedrío.

Tu decides si vivirás por siempre en el huerto que el Señor preparó para ti, rodeado de sus bendiciones y disfrutando de ellas, con los límites que te impone su Palabra.

O puedes decidirte a seguir los caminos que el demonio te presenta, aquellos que parecen muy agradables pero que significan la desobediencia y el pecado, aquellos que te envolverán con las tinieblas del mundo.

Tienes el libre albedrío y puedes ejercitarlo, debes tomar una decisión seria para tu vida, una decisión firme y categórica, no tibia, Apocalipsis 3:16.

Es tiempo que decidas si verdaderamente quieres vivir en la mejor forma, como el Señor quieres que vivas, dentro del huerto de Dios; o hacerlo sin cumplir con sus requerimientos, en desobediencia, aún sabiendo que eso significa que estás perdiendo el derecho de permanecer en él con las consecuencias que esto acarrea para tu vida, Génesis 3:23-24.

CONCLUSIÓN:

El Señor ha plantado un huerto para ti y pone ciertas condiciones para que puedas ingresar a éste; lo primero es que creas en Jesús y le recibas en tu corazón como tu Señor y Salvador personal, Juan 1:12, de manera que te conviertas en un hijo de Dios, limpio y purificado por la sangre vertida en la cruz; es necesario que saques de tu vida toda levadura de maldad, 1 Corintios 5:8.

Otra condición para que puedas ingresar a ese paraíso que el Señor pone a tu disposición, es que tengas la inocencia de Adán; has nacido de nuevo, eres una nueva criatura en Cristo, eres un niño espiritual y como tal debes de permanecer para poder ingresar en el reino de los cielos, Mateo 18:3, ya que de los niños es el reino de los cielos, pero “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduro en la forma de pensar” (1 Corintios 14:20).

Cuando cumplas con los requisitos, el Señor te introducirá en el huerto preparado para ti, allí es donde podrás verte rodeado de las bendiciones, Malaquías 3:10; serás puesto en el huerto pero en ti está el permanecer o salir de ese lugar de privilegio:

He aquí pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: La bendición, si oyeres los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyeres los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy” (Deuteronomio 11:26).

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Luis Alberto Coria
Autor

Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, soy un Pastor jubilado. Estoy casado con Nora Griselda Correa; tenemos cuatro hijos. Tuvimos una iglesia en Córdoba, Argentina, que formaba parte del ministerio El Nuevo Pacto. Somos fieles seguidores de la palabra de Dios.

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