Darle a Dios

Pedro Blanco

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Darle a Dios

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: Darle a Dios

Predicas Cristianas Texto Biblico:Pero esto digo: el que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” 2 Corintios 9:6-7

Introducción

En este texto podemos ver una relación directa entre el dar y el recibir; de la forma en que damos también recibimos. Sin embargo es un tema de suma dificultad para los cristianos e incrédulos. También en esa misma relación el dar a Dios y rendirle a Él puede darnos bendiciones o maldiciones. El dar no es una imposición, más bien es algo que nace del corazón de cada uno. Es importante conocer cómo dar, cuánto dar y a quien darle.

¿A quién le damos? (Hechos 5:1-11)

Hay en la biblia un relato de cómo los primeros cristianos tenían todas las cosas en común y compartían unos con otros. Hubo un movimiento, tal vez porque esperaban que Jesús regresara pronto por su iglesia, y cada uno vendía sus propiedades y el valor de la venta lo entregaban a la iglesia para los más necesitados y para la predicación de la palabra. 

Una pareja, Ananías y Safira, vendieron una propiedad y entregaron el valor de esta venta a la iglesia. Pero ellos habían convenido en indicar a los apóstoles que el valor de esa propiedad la habían vendido a un precio menor al que realmente lo habían vendido. Así ellos se quedaban con una parte de la venta y a los apóstoles les daban el resto indicándoles que ese era el total de la venta.

Lo que pasó después generó gran temor entre la iglesia. Pedro, guiado por el Espíritu Santo, supo lo que habían hecho y los dos murieron por este pecado. Pero Pedro le dijo a Ananías que la propiedad que habían vendido era de él y bien pudo haberlo entregado a la iglesia o no. También pudo entregar una parte y quedarse con la otra parte si así lo decidía, pero lo que había hecho fue mentirle a Dios.

En realidad Ananías entregaba a los apóstoles el dinero, pero la obra que estos estaban realizando era la obra de Dios en la tierra. No es a los hombres que entregamos nuestros diezmos y ofrendas, es a Dios mimos que lo hacemos en una acción espiritual.

Cuando damos no debemos pensar que quien recibe nuestra ofrenda es un hombre, aunque quien lo recibe físicamente sea una persona, pero en nuestro corazón a quien le entregamos es a Dios mismo.

Dando a lo hijos de Dios (Mateo 25:45)

Jesús también les indico a sus discípulos que quien le ayuda a los más necesitados a Él le estaba ayudando. Quizá no veamos a Dios pero Él se encuentra donde menos podemos esperarlo. Hay testimonios incluso de personas que han ayudado a ángeles de Dios. No se dieron cuenta hasta que se habían retirado pero se enteraron que hospedaron y ayudaron a ángeles.

Hoy en día es difícil en algunos lugares si realmente una persona está necesitara o se aprovecha de las circunstancias. Por eso es importante acercarse a alguna organización que sepamos que están ayudando verdaderamente a quien lo necesite.

Pero si no es posible y nosotros ayudamos a alguien que creemos está necesitado, nuestra conciencia debe estar tranquila. Si una persona finge estar necesitada y nosotros le ayudamos Dios ciertamente a cada uno le dará su recompensa. Al que ayudó de todo corazón y al que se aprovecha de la circunstancia. 

Pero nuestra mente debe estar puesta en Dios, no entregarle a los hombres sino primeramente a Dios y a su obra en la tierra. Debemos dar de todo corazón nuestros recursos, nuestro tiempo y esfuerzo para la obra de Dios y para ayudar al necesitado.

Si tenemos dudas que nuestros recursos se están yendo hacia donde no se está cumpliendo con la palabra de Dios pues debemos buscar donde se está cumpliendo el mandamiento de predicar a todas las naciones y ayudar al más necesitado.

La dificultad de dar (Marcos 10:17-31)

Ciertamente es muy difícil para una persona entregarle las cosas a Dios cuando el corazón de una persona está en esa cosa. Pero cuando nuestro corazón está puesto en Dios nuestro desapego a las cosas materiales hacen que el dar una ofrenda sea fácil. 

El relato del joven rico nos muestra esta dificultad para una persona que tiene su corazón en las cosas materiales. De ninguna manera es malo tener posesiones, pero por ningún motivo estas posesiones deben ocupar el lugar de Dios en nuestra vida.

Dios debe ser primero y después todo lo demás. El joven se jactaba de cumplir los mandamientos y se consideraba una persona justa y recta, pero cuando Jesús le dice que venda todo lo que tiene y lo de a los pobres el joven se retira triste pues tenía muchas posesiones.

No así los apóstoles quienes confesaron que habían dejado todo por seguir a Jesús y Él les dice que ciertamente recibieron su recompensa. 

A los seres humanos nos gusta más recibir antes que dar, pero Dios quiere que seamos prontos para dar también de lo mismo que Él nos da. Debe ser nuestra prioridad el poner a Dios siempre en primer lugar, para que cuando Dios nos pida que le entreguemos algo lo podamos hacer con amor y prontamente. El joven rico no pudo entregarlo todo y se quedó con sus riquezas perecederas, los apóstoles dejaron todo y recibieron la recompensa eterna del Maestro.

Como damos, así recibimos (Gálatas 6:7)

La manera en la que entregamos a Dios las cosas así recibiremos también recompensa. Gálatas 6:7 indica que lo que sembramos también cosecharemos. Si sembramos bien a los demás eso también segaremos. Si sembramos pecado y maldad eso también vamos a recibir.

Para el mundo lo ideal sería sembrar mal y cosechar bien, pero en la naturaleza de Dios eso no es posible. Dios dejó establecidas normas de conducta y leyes espirituales que no pueden ser quebrantadas. Dios no puede ser burlado y lo que sembramos eso también cosechamos.

Cada uno decide si siembra de todo corazón en la obra de Dios, si siembra escasamente o siembra generosamente. Es decisión de cada uno la forma en que lo hace. Lo que damos recibimos de vuelta y la forma en que damos también se regresa a nosotros. 

Jesús dijo que nos dará medida buena, apretada, remecida y rebosando recibiremos. Si damos como Dios quiere no solamente recibiremos algo semejante a lo que dimos, sino una porción mayor, bendiciones de Dios añadidas.

¿Qué es lo que estamos dando?

No importa lo que estemos dando no nos pertenece. Todo lo que tenemos actualmente o lo que podemos llegar a tener es un regalo de Dios. Tanto las cosas materiales, nuestras habilidades las tenemos por la gracia de Dios.

Entonces lo que le podemos dar a Dios es lo mismo que el nos dio a nosotros para administrarlo.  Y como en la parábola de los talentos el Maestro nos pedirá cuenta de lo que hemos hecho con lo que nos concedió. Podemos guardar nuestro talento, no alumbrar a los demás y generar ninguna ganancia para el reino de Dios, o podemos poner ese talento a funcionar e invertirlo para que genere almas para la gloria de Dios.

Vemos en la historia de Job como glorifico a Dios con todo lo que tenia y cuando lo perdió todo también glorificó a Dios. Pablo también indicó que podía vivir en abundancia al igual que escasez, eso no lo definió como persona. Lo que realmente nos define es si amamos a Dios de corazón y le ponemos en primer lugar o no. En cualquier circunstancia es lo único que realmente importa.

Lo que sí es seguro es que Dios nos pedirá cuenta de nuestros actos. Si fuimos generosos para la obra de Dios o amamos más las posesiones que a Él.

¿Dios nos pide que vendamos todo y lo entreguemos a su obra? no necesariamente. Pero cuando Él nos pida algo debemos ser prontos para entregárselo, pues en principio Él es quien nos da a nosotros todo lo que poseemos. Y si nos lo da es para engrandecer su reino.

Ofrece tu corazón

Pero más importante que darle a Dios bienes materiales, o dar nuestro tiempo y esfuerzo para su servicio, es más importante darle a Él nuestro corazón. Él no quiere que esté compartido con nada, sino que enteramente le pertenezcamos.

No podemos darle nada más, pues todo le pertenece. Rendirle nuestro corazón es ponerlo en primer lugar de todo, rendirle adoración como merece y depender enteramente de Él.

Dios se agrada cuando nos humillamos delante de Él y nos acercamos con un corazón contrito. Es nuestra máxima adoración a Él cuando sabemos que nada tenemos y lo único que podemos darle se lo entregamos sin limitación. Dios se agrada de esto y seguro nos aguarda una corona en el paraíso.

Conclusión

La ley de la siembra y la cosecha es fácil de comprender. Lo que el hombre sembrare eso segara. Si sembramos bien recibiremos bien, si sembramos mal cosecharemos mal. No hay mejor inversión que entregarle a Dios pues él nos recompensará en su tiempo. Pero entregarnos a Dios no esperando nada a cambio, sino como muestra de adoración que Él es primero y le damos lo mismo que Él nos da. 

Dios ama cuando lo que damos lo damos con alegría. Si de esta manera damos, de todo nuestro corazón, recibiremos en su tiempo nuestra recompensa. De Dios mismo recibiremos sus bendiciones, con medida rebosante.

Y esta bendición no solo nos alcanza a nosotros, sino a nuestras generaciones venideras. Dios es justo y da a cada quien según merece. Seamos justos también nosotros y demos a Dios lo que Él merece, todo nuestro corazón y adoración para siempre.

© Pedro Blanco. Todos los derechos reservados.

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Autor

Pedro Blanco

Mi familia y yo aceptamos a Cristo como nuestro rey y salvador hace más de 20 años. Fui ministro en mi iglesia local por 15 años. Es mi oración que el material que publique te sirva de bendición.

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