Predicas Cristianas.. Predicaciones Cristianas
Hablaba yo con uno de mis amigos el otro día, y mientras mirábamos una foto de cuando estábamos en la academia policíaca, es decir, de cuando éramos cadetes, comenzamos a hacer memoria de esos seis meses de entrenamiento que nos dieron la base para llegar a ser verdaderos policías.
En esos seis meses tuvimos que aprender las leyes del estado, y las leyes federales que influencian la profesión en general. Nos recordamos de tener que estudiar todos los días largas horas después de llegar a nuestros hogares para poder estar preparados para el próximo día; les puedo decir que el sistema de estudio es intenso ya que casi estas cumpliendo con los requisitos de un año de universidad en seis meses.
El entrenamiento no solo quedo en asuntos universitarios, también tuvimos que pasar por un riguroso entrenamiento físico; aprendimos tácticas de defensa personal, un poco de judo, el uso de las armas de fuego, y muchísimas otras cosas esenciales para ayudarnos a sobrevivir en caso de ataque o emergencia. Pero la realidad de todo es que muchos de nosotros estábamos muy fuera de forma, así que el entrenamiento tampoco se detuvo con eso.
Para ayudarnos a entrar en forma y ser disciplinados, los oficiales encargados del entrenamiento aumentaban el entrenamiento físico. Hicimos memoria de los mucho que nos gustaba (en realidad a ninguno nos gustaba) tener que estar una hora y media antes del comienzo de las clases para correr tres millas, hacer planchas, y otros ejercicios con el propósito de fortalecernos; también nos recordamos de tener que quedarnos una hora después de concluir las clases para practicar marchar en lo que amorosamente le llamaban el “moledor.”
Por supuesto el día nunca estaba completo sin que nos hicieran una inspección. Todas estas cosas sirvieron para entrenarnos y prepararnos para la carrera que ahora desempeñamos, pero más que nada para que aprendiéramos a trabajar no como individuales, sino como un equipo.
Les digo esto porque si por una razón u otra, uno de los cadetes no podía digamos terminar de hacer las planchas, uno de los otros cadetes debía levantar su mano y hacerse voluntario para terminar lo que el cadete que fallo no pudo terminar.
Al principio existían algunos en la clase que tomaron ventaja de esto y no se esforzaban al 100 % porque sabían que otro tomaría su lugar si decía que no podía terminar. Les puedo decir que se nos escaparon de la memoria varios nombres de cadetes en nuestra clase, pero de los que si nos acordábamos muy bien fueron de estos que nos hicieron quedarnos más tarde, o llegar más temprano en ciertas ocasiones, o que nos hicieron hacer más ejercicios de los que estaban destacado. De ellos nos acordamos muy bien porque ellos nos servían de obstáculo o tropiezo.
Quizás los tenga un poco aburrido con este pequeño viaje en mi memoria, pero les hice este recuento porque ilustra muy bien el tema que trataremos hoy. Hoy hablaremos acerca del no dar el 100 % de nuestro esfuerzo a la obra de Dios, y la consecuencia que trae, cual es el servir de piedra de tropiezo. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.
Lucas 17:1-6 – Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; más !ay de aquel por quien vienen! 2 Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos. 3 Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. 4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale. 5 Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. 6 Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.
Una de las cosas que debemos tener siempre en mente es que nosotros, la iglesia, no somos un grupo de personas independientes, ahora somos una familia, ahora formamos parte del Cuerpo de Cristo (Romanos 12:5).
Debemos tener esto muy en mente porque tal como en la academia policíaca todos éramos responsables por nuestros compañeros, cada persona que profesa ser Cristiana es responsable por los demás creyentes; en otras palabras somos responsables los unos por los otros (1 Corintios 12:24-25; Efesios 2:18-19).
Tal como en el pequeño recuento de mi memoria de la academia policíaca, en el cual pudimos ver que el entrenamiento básico sirvió para prepararnos para servir a la comunidad, en estos versículos que estamos utilizando hoy vemos la descripción del entrenamiento básico de todo creyente.
Sé que muchos en este momento piensan que estoy mal en lo que digo porque no todo creyente es discípulo, y aquí Jesús le esta hablando a los discípulos, pero si piensas así siento informarte que estas muy equivocado.
Estas muy equivocado porque si verdaderamente has hecho un compromiso con Dios; si verdaderamente has decidido servir a Jesús y cumplir con sus mandatos, entonces debes saber que NO estas llamado a ser un simple creyente, estas llamado a ser un discípulo (Mateo 28:19). Analicemos la definición de la palabra discípulo.
Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra discípulo es definida como “Persona que aprende una doctrina, ciencia o arte bajo la dirección de un maestro. 2. Persona que sigue la opinión de una escuela, aun cuando viva en tiempos muy posteriores a los maestros que la establecieron.”
¿Describe esta definición al verdadero Cristiano? Claro que si; entonces podemos decir sin dudar que un verdadero Cristiano no es un simple creyente, un verdadero Cristiano es un discípulo de Jesús. Así que estas palabras que Jesús le hablo a Sus discípulos nos la hablan a todos nosotros aquí.
En estos versículos encontramos el entrenamiento básico para todos nosotros que hemos hecho un compromiso genuino con Dios.
Lo primero que nos enseñaron a nosotros en la academia fueron las leyes estatales y decisiones federales que afectan la libertad y derechos de todo ciudadano. El Cristiano lo primero que tiene que aprender es a conducir vidas que agradan a Dios y que glorifican Su santo y divino nombre (1 Pedro 4:11); esto es algo que solo lo logramos cuando tomamos el tiempo de estudiar, y meditar en la Palabra de Dios.
En estos versículos que estamos empleando en el día de hoy vemos que Jesús nos hace una gran advertencia acerca de este mismo tema; aquí leemos: “Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; más !ay de aquel por quien vienen! 2 Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos.”
Quiero que nos demos cuenta de algo bien importante; todos seremos tentados a pecar, todos seremos tentados a apartarnos de Dios (Eclesiastés 7:20; 1 Juan 1:8), pero si cedemos a la tentación entonces como les he venido diciendo en estas ultimas predicas, aquellos que nos rodean serán afectado de manera directa o indirecta.
En esencia, lo que el Señor le advierte a todo creyente es que pecar es algo malo, pero peor aún es cuando causamos que otros pequen. Sé que les he dicho esto en numerosas ocasiones, pero tengo que repetirlo; cada uno de nosotros estamos bajo vigilancia.
El mundo esta pendiente de lo que hacemos para poder acusarnos, esta pendiente de lo que hacemos para poder desacreditar la obra de Dios. Con esto en mente, siempre tengamos presente que cuando nuestra acción o falta de ella causa que una persona peque, entonces hemos servido de piedra de tropiezo.
El pecado no son solamente los diez mandamientos como algunos piensan
El pecado no son solamente los diez mandamientos como algunos piensan; el pecado cubre un amplio terreno y con solo un pensamiento podemos llegar a pecar (Mateo 5:27-28). Permítanme ponerles un ejemplo; el mejor ejemplo que les puedo poner acerca de esta tema son las modas que se ven hoy en día, particularmente en la mujer.
Tal parece que el gran problema que existe en el mundo es la falta de material o tela para hacer las vestimentas; digo esto porque con cada día que pasa los vestidos y las blusas son más reveladores, y las faldas más y más cortas.
Muchos dirán que es solo una moda, pero les digo que esta moda le esta sirviendo de piedra de tropiezo a muchos en este mundo. Digo esto porque esta moda hace exactamente lo que esta diseñada para hacer, esta moda inspira pensamientos de lascivia y lujuria.
No quiero profundizar en este tema en el día de hoy, esto es otro estudio para otro día. Creo que con este pequeño ejemplo ya se han dado cuenta del punto principal de la primera enseñanza como Cristiano; la primera enseñanza es de asegurarnos que otros no caigan debido a nuestras acciones.
Lo segundo que se nos enseño en la academia fue que teníamos que estar en buena forma física. No podíamos graduarnos de la academia sin poder correr por lo menos tres millas diarias, y sin hacer las planchas y todos lo demás ejercicios.
En otras palabras teníamos que dar el 100 % de nuestro esfuerzo para lograr la meta. En la academia aprendimos que para poder vencer teníamos que ser un equipo; cuando un compañero no podía terminar un ejercicio o la carrera, era la responsabilidad cada uno de nosotros de terminar por ese compañero. El Cristiano tiene que hacer igual; el Cristiano tiene que poner el 100 % de todo lo que es para alcanzar la meta.
El Cristiano tiene que actuar como un equipo, tenemos que obrar juntos porque de otra manera seremos derrotados, y muchos no alcanzaremos la meta (1 Timoteo 6:11-12).
Pero en ocasiones se nos hace muy difícil trabajar en equipo, ¿verdad? No es fácil trabajar en equipo con aquellos que nos han ofendido, o faltado de una manera u otra, ¿verdad? Fíjense bien lo que les dije al inicio, les dije que NO se nos olvidaron los nombres de aquellos que hicieron que el resto de la clase tuviese que hacer más ejercicios y que corriéramos más de lo normal.
Pero no obstante esto, les puedo decir que tanto mi amigo como yo tenemos muy buenas relaciones con todos que nos graduamos de la misma clase, la razón siendo porque ellos eventualmente corrigieron sus deficiencias. Pero, cuándo alguien nos ofende o falta, ¿le perdonamos?
En los versículos que estamos empleando hoy leemos: “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. 4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.”
Esto es algo imprescindible en la vida de un Cristiano; tenemos que aprender a perdonar. Nunca podremos obrar para Dios en equipo si primero no aprendemos a perdonarnos nuestras faltas; y si te piensas perfecto y sin falta, piensa otra vez porque ninguno de nosotros somos sin falta. El problema esta en que el hombre no perdona correctamente.
Permítanme una ilustración: estaban hablando dos amigos, y uno le dice al otro -cada vez que discuto con mi esposa ella se vuelve histórica; -¿cómo que histórica? respondió el amigo, -tu quieres decir histérica, ¿verdad? –No; respondió el otro. –histórica porque cada vez que discutimos ella siempre trae a la luz el pasado y me recuerda de todas las veces que he fallado.
Preguntémonos, ¿hacemos lo mismo nosotros? Recordemos que si no sabemos perdonar, y si no perdonamos, no seremos perdonados (Mateo 6:14-15). Así que la segunda lección que debemos aprender de aquí es que tenemos que llevarnos los unos con los otros; recordemos que un equipo que no se lleva es un equipo que no funciona.
La tercera cosa que nos enseñaron en la academia fue el uso de armas de fuego, pero el énfasis fue en que desarrolláramos tácticas defensivas que salvarían nuestra vida, o la vida de un ciudadano o victima, en un momento determinado. Leyendo estos versículos detalladamente vemos que los discípulos le piden a Jesús que les entrene en exactamente esto; fíjense bien lo que aconteció a continuación: “Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.”
En esta ocasión, los discípulos movidos por la advertencia, le pidieron a Cristo que aumentara su fe. Ellos reconocieron que la única arma que ellos podrían usar en contra de los ataques venideros era su fe y nada más.
Ellos sintieron la necesidad de que su fe fuera aumentada para no fallarle a Dios, pero la pregunta que debemos hacernos es ¿necesitaban ellos y necesitamos nosotros que nuestra fe sea aumentada? Cuidado al responder, porque esta es una pregunta cargada de explosivo.
Al leer la respuesta de Jesús en ese entonces les puedo decir que la respuesta a nuestra pregunta es NO. Ni ellos ni nosotros necesitamos que nuestra fe sea aumentada, lo que necesitamos es ¡FE! Fíjense bien como Cristo les respondió: “Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.”
¿Se dieron cuenta de lo que paso aquí? Ellos, al igual que muchos en el pueblo de Dios, NO necesitaban que su fe fuera aumentada, lo que necesitaban era tener FE. Puedo decir esto porque cuando analizamos la respuesta de Jesús, vemos que lo que Él en realidad les estaba diciendo es que ellos no tenían fe.
Fijémonos bien en la ilustración que el Señor hace; fijémonos bien en la comparación y veamos si lo que les digo es verdad. La semilla de mostaza es la semilla más pequeña en el mundo (Mateo 13:32). Jesús usa esta comparación aquí para ilustrar que cuando se tiene fe, podremos hacer cosas impresionantes.
La comparación que Jesús hace aquí nos deja saber que tan pequeña nuestra fe es en realidad. Esa fe de cual estamos tan orgullosos es más pequeña que un grano de mostaza. De esto que nos dice el Señor podemos, y tenemos que aprender dos cosas.
Primero es que toda fe tiene espacio para crecer. Segundo es que sin fe, existirá un vacío in nuestra vida, y ese vacío se llenara de temor, que es lo opuesto a la fe. Hermanos Dios nunca nos mandara a cumplir con algo que no podamos hacer. Dios nunca nos mandara hacer algo que Él no nos haya equipado para hacer (Hechos 18:9-10).
Lo único que debemos tener es fe, tenemos que confiar que Dios es quien nos guía y nos mueve hacia la victoria. Lo que necesitamos es FE genuina; porque con una fe genuina podremos vencer toda oposición, derrumbar todo obstáculo, y defendernos de los ataques del enemigo (Efesios 6:16).
Tal como el Señor nos indica aquí, con un poquito de fe (grano de mostaza) mucho podremos lograr. La fe es la única arma que podemos usar para desarrollar tácticas defensivas para cuando seamos atacados.
Para concluir. En la academia policíaca aprendí mucho, pero con la Palabra de Dios he aprendido mucho más. A nosotros nos tomó seis meses aprender las tácticas, las leyes, y reconocer que no éramos individuos sino ahora éramos compañeros de un equipo.
Seis meses de largo entrenamiento básico, pero aquí en solo este momento que hemos pasado con el Señor, Él nos ha revelado todo lo que necesitamos saber para graduarnos al próximo nivel. Como les dije, nosotros no estamos llamados a ser simple creyentes, cuando hacemos un compromiso genuino con Cristo, estamos llamados a ser discípulos.
No te quedes sentado en el banco de la iglesia satisfecho con ser salvo; muévete hacia delante, avanza al frente de batalla, y recuerda que fuiste llamado a mucho más. Recuerda las tres enseñanzas básicas que has aprendido hoy; solo no podrás vencer al enemigo y a los poderes de las tinieblas en tu vida, pero si la podrás vencer en equipo; lo podremos vencer unidos en oración (Marcos 11:24; Hechos 4:31).
Segundo, tienes que estar en buena condición espiritual; para pelear hay que estar nutridos para no desmayar, y saludables para poder resistir; condición espiritual que lograremos cuando ejercemos la Palabra de Dios (Hebreos 4:12; Colosenses 1:24-25).
Tercero, tenemos que tener FE (Hebreos 11:6). Lo que aprendí en la academia me ha ayudado a sobrevivir más de 22 años de servicio a la comunidad, y he podido vencer en momentos difíciles aun cuando la oposición aparentaba mucho mayor que yo.
Lo que el Señor te ha revelado aquí en estos versículos te servirá para sobrevivir los ataques del enemigo, y te ayudará a servirle de la manera que Él desea que le sirvas, pero tal como yo tuve que poner de mi parte para graduarme de la academia, tu tienes que poner de tu parte en tu caminar.
Haz hoy un compromiso con Él, te invito a que te gradúes.
© José R. Hernández.