Predicas Cristianas… Predicaciones Cristianas
Creo que todos aquí estaremos de acuerdo cuando digo que si queremos tener éxito en ésta vida, lo primero que debemos tener es una buena estrategia.
En otras palabras, para tener el éxito que tantos de nosotros deseamos es necesario establecer metas y objetivos que necesitamos cumplir. Tenemos que establecer a donde queremos ir, pero más importante de todo como lograr nuestra meta.
Cuando tomamos el tiempo de meditar en la Palabra de Dios no es difícil encontrar que Jesús tenía un plan y una estrategia divina para llegar al mundo. Él tenía en mente mucho más que Su vida y ministerio.
Debido a esto podemos hoy nosotros decir que Su estrategia continúa manifestándose en nuestros días. Debido a Su estrategia divina, nosotros hoy tenemos el privilegio de ser llamados hijos de Dios. ¿De qué estrategia les hablo? Pasemos ahora a la Palabra de Dios y exploremos éste tema.
Marcos 13:31 – El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Éste pequeño versículo forma parte de la enseñanza acerca de la segunda venida el Señor, pero en él podemos encontrar la estrategia divina de nuestro Dios.
Permítanme compartir con ustedes ahora una reflexión que me envió una hermana el otro día que servirá para ilustrar mejor el tema que hemos de compartir hoy. La reflexión se llama “El teléfono celular vs. La Biblia.”
Me pregunto, ¿qué sucedería si tratáramos nuestra Biblia de la misma forma que tratamos el teléfono celular? ¿Qué si la cargáramos en nuestros bolsos y bolsillos? ¿Qué si la abriéramos con frecuencia durante el día? ¿Qué si regresáramos a buscarla cuando se nos olvida? ¿Qué si la usáramos para recibir mensajes de texto? ¿Qué si la tratáramos como el que no puede vivir sin ella? ¿Qué si se la regaláramos a nuestros hijos? ¿Qué si la usáramos cuando nos vamos de viaje? ¿Qué si la usáramos en casos de emergencias?
Estas son cosas que te hacen reflexionar, y preguntarte, ¿dónde está mi Biblia? No como nuestro teléfono celular, nunca tenemos que preocuparnos que nuestra Biblia será desconectada, Jesús ya pagó la conexión por adelantado. Esto te hace parar y pensar, ¿cuáles son mis prioridades?
Otra cosa más, toda llamada será contestada con claridad y sin que se caiga la comunicación. Qué bonita reflexión, ¿verdad? Manteniendo ésta pequeña reflexión en mente continuemos ahora con nuestro estudio, y les advierto desde ahora que estaré haciendo varias referencias a las preguntas que expone esta bella reflexión.
En éste punto de la historia que estamos explorando hoy encontramos que nuestro Señor había cumplido la mayor parte de Su ministerio. Es decir, Él había sanado a numerosos enfermos; esto es algo que queda bien ilustrado en Mateo 15:30 cuando leemos, “Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó.”
Él había dado de comer a las multitudes hambrientas; esto es algo que queda bien ilustrado en Mateo 14:19-20 cuando leemos, “Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. 20 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.”
Él había liberado a los endemoniados; esto es algo que queda bien ilustrado en Mateo 8:16 cuando leemos, “Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos.”
Y Sus enseñanzas eran sin reproche, aun por aquellos que buscaban desacreditarle; esto es algo que queda bien reflejado en Mateo 7:28-29 cuando leemos, “Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 29porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.”
Pero todas estas cosas solo fueron señales que formaban parte de la estrategia divina de nuestro Redentor.
La estrategia de nuestro Dios no era que solo aquellos de ese entonces recibieran la salvación, sino que la salvación estuviera al alcance de toda persona en todo tiempo.
Pero el Señor conoce el corazón del hombre, y Él sabía que si no demostraba señales de Su autoridad y potestad, es decir, si no les demostraba Su verdadera identidad, entonces Sus enseñanzas solo serian vistas como las de un buen maestro o Rabí y nada más.
Sus enseñanzas hubiesen pasado a la historia al igual que las de numerosas sectas o grupos religiosos que se habían levantado antes de Su llegada, y que se han levantado después de su partida. Él hizo grandes señales para que no cupiese duda alguna en la mente de toda persona que “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”
Ahora pregunto, ¿qué sucedería si tratáramos nuestra Biblia de la misma forma que tratamos el teléfono celular? La mayoría de nosotros aquí tenemos por lo menos un teléfono celular, y muchas familias tienen dos, uno para el esposo y uno para la esposa. Aquellos que tienen hijos adolescentes tienen uno para ellos igual.
La gran realidad es que el teléfono celular ha pasado a ser algo indispensable en la vida de muchos. Lo llevamos en el bolsillo, lo llevamos enganchado del cinto, lo llevamos en los bolsos, y si se nos olvida no demoramos en regresar para buscarlo.
Hemos formado un tipo de dependencia en un pequeño dispositivo electrónico sin igual a otra cosa, desdichadamente esto incluye nuestra Biblia, es decir la Palabra de Dios.
Voy a hacer una pregunta, pero no quiero que nadie me la conteste. Mi intención no es de abochornar a nadie, pero ahora pregunto, ¿a cuantos se les ha quedado la Biblia en la casa alguna vez? ¿Cuántos se han dado cuenta que se les ha quedado la Biblia encima de la mesa cuando decimos que abramos nuestra Biblia para la lectura del día?
Si somos honestos con nosotros mismos, todos encontraremos que en ocasiones se nos ha olvidado cargar nuestra Biblia; pero lo más triste de todo es que en ocasiones no solo se nos olvida cargar la Biblia, sino que se nos olvida vivir la Palabra de Dios. ¿Por qué sucede esto?
Esto sucede porque a todos nosotros nos gusta ser aceptados por aquellos que nos rodean, y andar con un libro grande a diario leyendo de él durante el día, causara que muchos de los que nos rodean comiencen a hablar mal de nosotros.
Entonces lo que sucede es que para evitar que algún demonio nos haga pasar una vergüenza, acusándonos de ser un religioso fanático, o usando cualquier otro de esos términos derogatorios que existen, dejamos la Palabra de Dios tirada a un lado recogiendo polvo hasta el próximo día de servicio.
Pero si encuentras que éste es el caso en tu vida, recuerda lo que te dice el Señor en Marcos 8:38 cuando leemos, “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”
¿Qué si abriéramos nuestra Biblia con frecuencia durante el día? ¿Qué si regresáramos a buscarla cuando se nos olvida? ¿Qué si usáramos nuestra Biblia como el celular para recibir los mensajes de texto? Con solo hacer estas cosas, pronto encontraremos que a través de ella Dios nos habla a diario.
Ese pequeño libro que con frecuencia despreciamos es el medio de comunicación entre nuestro Padre celestial y nosotros. Es el medio por el que Dios te habla, te instruye, y te da convicción. Es el medio porque la Palabra de Dios es viva y poderosa.
Fíjense bien como esto queda muy bien declarado en Hebreos 4:12 cuando leemos, “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”
La Palabra de Dios es la que nos ayuda a perseverar y a triunfar en momentos difíciles. Fíjense bien como lo dijo el Señor en Lucas 11:28 cuando leemos, “Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.” Bienaventurados, en otras palabras somos bendecidos por la presencia de nuestro Dios cuando aprendemos a guardar Su Palabra; somos bendecidos por Dios cuando dependemos de Su gloria, poder y majestad.
Recordemos lo que nos dice el Señor en Juan 5:24 cuando leemos, “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”
Una gran realidad es que todos nosotros aquí necesitamos más de Dios en nuestra vida; todos debemos estar buscando activamente la presencia de Dios en todo lo que somos. Todos necesitamos apartarnos de las cosas de éste mundo, acercarnos a nuestro Padre, y concéntranos solo Él.
Todo creyente fiel tiene que despertar a la realidad de lo que encontramos en Salmos 124:8 cuando leemos “Nuestro socorro está en el nombre de Jehová, Que hizo el cielo y la tierra.” ¿Quieres tener éxito en tu caminar cristiano? Entonces busca siempre la presencia de Dios en tu vida, porque Su diestra es la que nos sostiene y fortalece en esos momentos de debilidad.
Fíjense como esto queda bien reflejado en Salmos 17:6-7 cuando leemos “Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios; Inclina a mí tu oído, escucha mi palabra. 7 Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra, De los que se levantan contra ellos.” Recordemos siempre que se nos hará imposible caminar dentro del propósito de Dios si primero no tenemos comunión con Dios.
De la única manera que podemos obtener la victoria sobre las ataduras de éste mundo es entrando en comunión con Dios, reconociendo nuestras faltas, confesando nuestros pecados, y arrepintiéndonos de todo corazón.
De la única manera que podemos obtener la victoria sobre las ataduras de éste mundo es entrando en comunión don Dios y conectándonos al Espíritu Santo que mora en nosotros. Recordemos siempre que las batallas y situaciones por las que tenemos que en ocasiones atravesar están diseñadas con un propósito; están diseñadas para tentarnos a apartarnos de la presencia de Dios.
Y es por eso que también debemos siempre tener muy en mente lo que David le respondió al gigante Goliat cuando trato de intimidarle y hacerle huir del campo de batalla como encontramos en 1 Samuel 17:47 al leer “Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.”
Cuando se presenten esos gigantes en tu vida que tratan de hacerte huir, cuando se presenten esos gigantes en tu vida tratando de apartarte de la presencia de Dios, recuerda que Él te entregara la victoria, pero que para que esto suceda primero tienes que estar en comunión con Él.
¿Qué si la tratáramos como el que no puede vivir sin ella? ¿Qué si se la regaláramos a nuestros hijos? ¿Qué si la usáramos cuando nos vamos de viaje? ¿Qué si la usáramos en casos de emergencias? Para el cristiano fiel la Palabra de Dios tiene que ser igual que el agua para un pez. Un pez afuera del agua muere porque no puede respirar, para un pez afuera del agua, el oxígeno que necesita para vivir se convierte en un veneno.
Afuera de la Palabra de Dios solo existe el veneno que busca matar nuestro espíritu y condenar nuestra alma. Es como nos dice la Palabra en Hechos 4:12 cuando leemos, “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”
A través de Su Palabra el Señor nos habla constantemente, pero desafortunadamente muchos de nosotros permitimos que las circunstancias y situaciones que nos rodean endurezcan nuestro corazón, y a consecuencia no oímos Sus palabras. Nosotros no podemos decir que somos cristianos si no dependemos de la Palabra de Dios constantemente; no podemos decir que somos cristianos si solo decidimos vivirla de vez en cuando.
Recordemos lo que nos enseña el Señor acerca de esto en Lucas 6:46 cuando leemos, “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”
No podemos ignorar lo que Dios nos dice y no podemos ignorar las advertencias que Dios nos provee para que conduzcamos una vida de éxito; pero para poder encontrar todo esto la Palabra de Dios tiene que pasar a ser lo más imprescindible en nuestra vida.
Para concluir. El versículo que leímos hoy nos dice, “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” Por Su Palabra conocemos al Padre, y por Su palabra hemos recibido la salvación.
La Palabra de Dios nos ha liberado de la esclavitud al pecado, y nos ha liberado de las ataduras de éste mundo. En Génesis 1:3 encontramos que se nos dice, “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.” Por Su Palabra fue creado éste mundo y todo ser viviente que habita en él.
La Palabra de Dios es nuestro sustento, la Palabra de Dios es nuestro alimento. La Palabra de Dios trae paz a nuestra vida, y regocijo a nuestra alma. Pero la Palabra de Dios no nos hace de ningún bien si la tenemos tirada colectando polvo y leyéndola solamente una vez por semana; estudiar y meditar en la Palabra de Dios es algo que tenemos hacer todos los días.
Si no estamos buscando de Dios a través de Su Palabra, entonces le estamos diciendo a Dios que no la necesitamos.
En la Palabra de Dios hay poder y esperanza; en la Palabra de Dios encontramos consuelo y alivio. La Palabra de Dios es esa luz al final del túnel; es la luz que alumbra al mundo. Fíjense bien como esto queda bien declarado en Juan 1:1-4 cuando leemos, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”
La estrategia divina de nuestro Señor Jesucristo fue dejarnos la Palabra de Dios para que siempre tuviéramos Su voz presente y activa en nuestra vida, ahora la pregunta que queda es, ¿trataras Su Palabra de la misma forma que tratas tu teléfono celular? ¿Estarás atento al timbre? Pero más importante de todo, ¿contestaras Su llamada?
Predicado: 20 de enero del 2008
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