Ser fuertes en el Señor

José M. Vega

Fuertes en el Señor

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: Ser fuertes en el Señor cuando nuestros planes fracasan

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” Efesios 6:10-11

Introducción

Hace algún tiempo encontré una frase que me hizo pensar: “Cuando intento hacerlo solamente con mis fuerzas, descubro mis límites; cuando confío en Dios, descanso en su poder”. Inmediatamente pensé en tantos cristianos que oran, hacen planes, trabajan, se esfuerzan y, sin embargo, algunas veces terminan preguntándose: ¿por qué no salió como esperaba?

Tal vez nosotros mismos hemos vivido algo parecido. Oramos antes de tomar una decisión, creemos estar caminando correctamente y ponemos nuestras fuerzas en aquello que queremos alcanzar, pero finalmente el resultado no es el que imaginábamos.

Entonces aparecen preguntas difíciles.

  • ¿Falló nuestra fe?
  • ¿No oramos suficiente?
  • ¿Dios no estaba con nosotros?
  • ¿O quizás confundimos confiar en Dios con esperar que Él haga exactamente aquello que nosotros habíamos planeado?

La Palabra de Dios nos ofrece una perspectiva diferente. Pablo escribe: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” Efesios 6:10.

Observe dónde se encuentra la fortaleza: en el Señor.

No dice que debemos descubrir una fuerza escondida dentro de nosotros. No dice que debemos repetirnos que todo saldrá bien. Tampoco promete que cada proyecto que emprendamos terminará como nosotros queremos. Nos llama a ser fuertes en el Señor. Eso significa que nuestra seguridad no descansa finalmente en nuestra inteligencia, experiencia, dinero, contactos, emociones o capacidad para controlar las circunstancias. Nuestra confianza descansa en Jesucristo.

Y esto es especialmente necesario en nuestro tiempo. Vivimos rodeados de mensajes que exaltan la autosuficiencia: “cree en ti”, “tú puedes con todo”, “manifiesta lo que deseas”, “si lo quieres suficientemente, ocurrirá”. Hoy esas ideas llegan constantemente mediante redes sociales, videos, contenido motivacional y hasta herramientas digitales que prometen respuestas instantáneas para casi todo.

Pero el evangelio no nos enseña autosuficiencia.

Nos enseña dependencia de Cristo.

I. Ser fuertes en el Señor significa depender de su poder y no del nuestro

Cuando Pablo dice: “fortaleceos en el Señor”, está hablando de fortaleza espiritual.

La palabra griega ἐνδυναμόω (endynamoō), Strong G1743, utilizada en Efesios 6:10, comunica la idea de fortalecer, hacer fuerte o recibir fuerza. La expresión dirige nuestra atención hacia una fortaleza que encuentra su fuente en el Señor, no en nuestra autosuficiencia. Fuente: Blue Letter Bible Lexicon Strong’s G1743.

Eso cambia completamente nuestra manera de entender la vida cristiana. Ser fuertes en el Señor no significa que jamás sentiremos cansancio, temor o incertidumbre. Significa que cuando nuestra fuerza se acaba sabemos dónde buscar la verdadera fortaleza.

Pablo le escribió también a Timoteo: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” 2 Timoteo 2:1.

No necesitamos afirmar que Timoteo era físicamente débil para comprender el mensaje. Pablo estaba preparando a un joven ministro para permanecer fiel en medio del sufrimiento, enseñar correctamente la verdad y soportar dificultades como buen soldado de Jesucristo.

Su fortaleza debía estar en la gracia de Cristo. Eso también necesitamos nosotros. Muchas veces comenzamos algo diciendo que confiamos en Dios, pero mientras avanzamos vamos tomando nuevamente el control. Oramos, pero después pensamos que todo depende de nosotros. Buscamos dirección, pero terminamos haciendo solamente aquello que nuestra propia lógica determina.

Confiar en Dios no significa abandonar nuestra responsabilidad. El mismo Pablo dice: “El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero” 2 Timoteo 2:6.

El labrador confía en Dios, pero también trabaja.

  • Prepara la tierra.
  • Siembra.
  • Cuida.
  • Espera.

Dependencia de Dios y diligencia humana no son enemigos. La verdadera vida cristiana no consiste en sentarnos tranquilamente y decir: “Dios hará todo”. Tampoco consiste en comportarnos como si todo dependiera de nosotros. Trabajamos fielmente mientras confiamos completamente en Dios.

Por eso debemos tener cuidado con la frase “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Filipenses 4:13. Este versículo no significa que Cristo nos garantiza éxito en cualquier meta que nosotros decidamos perseguir. Pablo estaba hablando de haber aprendido a vivir tanto en abundancia como en necesidad, satisfecho o hambriento. Su declaración significa que Cristo le daba fuerzas para permanecer fiel en cualquier circunstancia.

Entonces la verdadera fortaleza en Cristo no se demuestra solamente cuando conseguimos aquello que queríamos. También se demuestra cuando las cosas no salen como esperábamos y todavía permanecemos fieles.

II. Confiar en Cristo no garantiza que nuestros planes tengan éxito, pero garantiza que nunca caminamos solos

Aquí tenemos que corregir una idea que puede parecer espiritual, pero que termina produciendo mucha frustración: pensar que si verdaderamente confiamos en Dios, todos nuestros planes tendrán éxito.

La Biblia nunca promete eso. Podemos orar sinceramente y aun así recibir un “no”. Podemos actuar con buenas intenciones y descubrir después que nuestra decisión no fue sabia. Podemos obedecer a Dios y aun atravesar sufrimiento. Los apóstoles obedecieron y fueron perseguidos. Pablo fue fiel y terminó encarcelado. Muchos creyentes del primer siglo siguieron a Cristo y perdieron posesiones, libertad y aun sus vidas.

Por eso éxito y fidelidad no son necesariamente la misma cosa. Desde la perspectiva del mundo, la cruz parecía un fracaso. Jesús fue rechazado, abandonado por muchos, condenado y crucificado. Pero precisamente mediante aquella cruz Dios estaba realizando su obra redentora. Así que nosotros no podemos medir la presencia de Dios solamente por resultados visibles.

Romanos declara: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” Romanos 8:37.

¿Cuáles son “estas cosas”? El contexto menciona tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro y espada. Pablo no está diciendo que los cristianos nunca experimentarán esas cosas. Está diciendo que ninguna de ellas puede derrotar finalmente el propósito redentor de Dios ni separarnos de su amor.

Por eso continúa:

“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir… ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” Romanos 8:38-39.

Esta es nuestra victoria. No que todo esté bajo nuestro control, sino que nosotros permanecemos en las manos de Cristo. No que todas nuestras decisiones producirán prosperidad material, sino que ninguna circunstancia puede arrancarnos de su amor. No que jamás tendremos pérdidas, sino que ni siquiera la muerte tiene la última palabra sobre aquellos que pertenecen a Jesucristo.

Esto también cambia la manera en que entendemos aquella frase: “Cuando lo intento, fracaso; cuando confío, Él tiene éxito”. No debemos interpretarla como si todo esfuerzo humano fuera malo. Debemos trabajar, pensar, planificar, aprender y actuar con diligencia. El problema comienza cuando dejamos de depender de Dios y convertimos nuestra capacidad en nuestra confianza final.

Confiar en Dios significa poder decir: “Señor, voy a trabajar con todo lo que me has dado, pero el resultado te pertenece a ti”. Eso produce libertad. Porque entonces una puerta cerrada no destruye nuestra identidad. Un negocio que no funciona no destruye nuestra fe. Un proyecto que necesita cambiar no significa automáticamente que Dios nos abandonó.

Incluso un fracaso puede convertirse en una escuela donde Dios corrige nuestro orgullo, madura nuestra fe, cambia nuestra dirección o nos enseña aquello que no hubiéramos aprendido mediante el éxito.

Por eso la vida abundante de la que Jesús habla en Juan 10:10 no debe reducirse a prosperidad material. Cristo vino para que sus ovejas tengan vida en Él, una vida reconciliada con Dios, protegida por el Buen Pastor y finalmente eterna. Pero conocer a Cristo no significa solamente saber su nombre, conocer historias acerca de Él o tener información doctrinal acumulada en nuestra mente. Ese es un éxito que ninguna circunstancia puede robarnos.

III. Crecemos en fortaleza cuando conocemos verdaderamente a Jesucristo

La fortaleza espiritual está profundamente relacionada con nuestro conocimiento de Jesucristo.

Juan registra estas palabras de Jesús: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” Juan 17:3.

Ese conocimiento no es solamente información. Es una relación real con Dios por medio de Jesucristo. Conocemos a Cristo mediante su Palabra, caminamos con Él en oración, obedecemos aquello que nos enseña y aprendemos a reconocer su carácter. Aquí también debemos tener cuidado. Una impresión que aparece en nuestro corazón no tiene automáticamente la misma autoridad que la Palabra de Dios.

Podemos decir: “Sentí que Dios me dijo”, pero nuestros sentimientos pueden equivocarse. Por eso toda dirección que creemos recibir debe ser examinada a la luz de la Escritura. Dios nunca nos guiará a hacer algo que contradiga aquello que ya reveló en su Palabra.

Esto es especialmente importante hoy porque tenemos una cantidad enorme de información delante de nosotros. Podemos escuchar predicadores, videos, podcasts, opiniones, consejos generados por inteligencia artificial, publicaciones y enseñanzas de personas que jamás hemos conocido.

Pero abundancia de información no significa abundancia de sabiduría. Hebreos habla de creyentes maduros que “por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” Hebreos 5:14.

La madurez se desarrolla mediante el uso.

  • Aprendemos.
  • Practicamos.
  • Discernimos.
  • Corregimos.
  • Crecemos.

Pablo también advierte: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica” 1 Corintios 8:1.

Podemos conocer muchos términos bíblicos y continuar siendo espiritualmente orgullosos. El verdadero conocimiento de Cristo no infla nuestro ego; nos hace más humildes porque comenzamos a comprender cuánto necesitamos de Él. Esa es la sabiduría de Dios.

No es solamente información teórica. Es una verdad que transforma nuestra conducta. Mientras crecemos en el conocimiento de Cristo, aprendemos a mirar nuestros problemas de otra manera. Dejamos de observar solamente aquello que vemos frente a nosotros y recordamos que nuestra vida tiene una dimensión eterna.

Nuestro cuerpo es temporal, pero nuestra existencia no termina con la muerte. La Escritura enseña una resurrección futura y un juicio delante de Dios. Para quienes están en Cristo existe esperanza de vida eterna; para quienes permanecen separados de Él existe juicio.

Por eso nuestra mayor preocupación no puede ser simplemente tener éxito durante unos cuantos años en esta tierra. Nuestra mayor preocupación debe ser permanecer fieles a Cristo. Pedro termina su segunda carta con una advertencia y una exhortación:

“Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” 2 Pedro 3:17-18.

Ahí está nuestra dirección.

  • Guardaos.
  • Permaneced firmes.
  • Creced en la gracia.
  • Creced en el conocimiento de Jesucristo.

Mientras más conocemos a Cristo, menos necesitamos depender de nuestra propia fuerza.

Y mientras menos dependemos de nosotros mismos, más capaces somos de permanecer firmes cuando las circunstancias cambian.

Conclusión

Quizás hoy estás mirando algo que no salió como esperabas.

  • Oraste.
  • Trabajaste.
  • Planificaste.

Creíste que todo marcharía de determinada manera, pero finalmente las cosas tomaron otra dirección.

No concluyas inmediatamente que Dios te abandonó. Tampoco pienses que tener fe significa negar que algo fracasó. Podemos reconocer una derrota temporal sin convertirla en derrota espiritual. La pregunta más importante no es solamente: “¿Tuvo éxito mi plan?” La pregunta es: “¿Estoy permaneciendo fiel a Cristo?”

Tal vez Dios necesita corregir nuestra dirección. Tal vez necesitamos aprender algo. Tal vez debemos volver a intentarlo con mayor sabiduría. Tal vez tenemos que aceptar que aquella puerta se cerró. Pero en cualquiera de esos casos podemos continuar siendo fuertes en el Señor. No confundamos confianza con pasividad.

  • Trabajemos.
  • Estudiemos.
  • Planifiquemos.
  • Busquemos consejo.
  • Oremos.
  • Corrijamos nuestros errores.

Y después coloquemos el resultado en las manos de Dios. Eso es confiar.

Podemos decir como Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Filipenses 4:13, entendiendo ahora que esa declaración no significa “todo lo que deseo tendrá éxito”, sino algo mucho más poderoso: “Cristo me dará fuerzas para permanecer fiel cualquiera que sea la circunstancia”.

Quizás esa sea precisamente la palabra que necesitamos hoy.

  • No tienes que demostrar que eres invencible.
  • No tienes que controlar cada resultado.
  • No tienes que conocer todo lo que ocurrirá mañana.
  • Necesitas conocer a Cristo.
  • Necesitas permanecer en su Palabra.
  • Necesitas depender de su gracia.
  • Y necesitas seguir caminando en obediencia.

Porque ser fuertes en el Señor no significa que nunca caeremos de rodillas por el cansancio; significa saber qué hacer cuando estamos de rodillas.

  • Miramos a Cristo.
  • Confiamos en Cristo.
  • Nos levantamos en Cristo.
  • Y seguimos caminando.

Por eso hoy, frente a aquello que no salió como esperabas, no pongas tu confianza final en tus propias fuerzas. Colócala en Jesucristo.

Porque nosotros podemos equivocarnos, nuestros planes pueden cambiar y nuestras fuerzas pueden acabarse, pero la gracia de Dios permanece.

© José M. Vega. Todos los derechos reservados.

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Autor

José M. Vega

Soy José Vega, un cristiano devoto que disfruta escribir mensajes inspiradores basados en la fe cristiana para compartir con la comunidad cristiana. Mi mayor pasión es transmitir esperanza, amor y fe en Dios a través de mis escritos. Es mi oración que los mensajes que publico fortalezcan y le de animo a otros en su caminar cristiano.

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