Invitación abierta

Pastor Jose R. Hernandez

La semana pasada hablábamos acerca de algunos de los problemas que afectan a un buen número de creyentes. Y a través de las escrituras el Señor se manifestó en nuestra vida y nos reveló lo que debemos hacer en determinadas situaciones, es decir en esos momentos de dificultad que se presentan a diario que en la mayoría de las ocasiones hemos influenciado o traído sobre nosotros.

Si se acuerdan, el tema principal de la semana pasada fue obtener una sabiduría genuina en nuestro corazón que nos permita entender lo que el Señor nos revela, y para que podamos conducir una vida llena de bendiciones.

Manteniendo estas cosas en mente, deseo que ahora examinemos una de la parábola del Señor que también nos revela otro grave problema que existe dentro del pueblo de Dios. Busquemos ahora en nuestra Biblia.

Lucas 14:16-24Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. 18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. 19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. 20 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. 21 Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. 22 Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. 23 Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.

Como acostumbro a decir para poder tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, y para poder entender a profundidad esta parábola, será necesario que estemos conscientes de algunos detalles de historia, y que conozcamos brevemente algunas de las costumbres y manera de comportarse de las personas en ese entonces.

Lo primero que encontramos aquí es que se nos dice: “Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.” Lo más evidente aquí es que alguien de suma importancia hizo una gran cena y convidó a muchos.

Pero el detalle que se les escapa a muchos o que no logran entender es que el hombre convidó a las personas dos veces. Para poder entender bien lo que estaba sucediendo aquí debemos conocer las costumbres de ese entonces. Primero de todo debemos recordarnos que las ciudades de ese entonces no eran como hoy en día; raramente había dos eventos grandes, como seria esta cena, tomando lugar a la misma vez.

Este es un detalle que hará más sentido un poco más adelante en la predica. Segundo, debemos saber que en ese entonces era normal invitar a las personas dos veces a la misma cena o fiesta.

La primera invitación era hecha cuando se planeaba la ocasión, y la segunda invitación cuando todo estaba listo para comenzar. En otras palabras es igual que si yo les dijera en el día de hoy que el martes tendremos clases bíblicas a las 8:00 p.m., entonces el martes a las 8:00 p.m. yo les llamo a sus casas para decirles que estoy en el templo esperando a que lleguen.

Aunque las costumbres del hombre han cambiado a través del tiempo; yo opino que cuando hacemos un breve contraste entre lo que sucedió aquí, y lo que ha sucedido en nuestra vida, pronto encontraremos que no existe mucha diferencia entre ellos y nosotros.

Digo esto porque el Señor estuvo aquí en la tierra, y nos hizo la primera invitación cuando nos dijo como encontramos en Mateo 11:28 cuando leemos: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Y tenemos Su promesa que Él nunca nos rechazara como encontramos en Juan 6:37 cuando leemos: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.”

Lo próximo a notar es que Él fue delante de nosotros para preparar el lugar donde todo creyente fiel gozara de la presencia de Dios, como encontramos que Él nos declara en Juan 14:2 cuando leemos: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” Así que en estos breves versículos podemos encontrar la primera invitación.

La segunda invitación será cuando el Señor envíe sus ángeles como encontramos en Mateo 24:31 cuando leemos: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Esto por supuesto es un evento que nadie puede decir con certeza cuando sucederá, ya que solo el Padre sabe el momento perfecto para que esto suceda. Esto es algo que queda bien claro en Marcos 13:32 cuando leemos: “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.”

Pero de lo que si podemos estar completamente seguros es que el evento sucederá y que todo creyente participara de esta gran fiesta. Esto es algo que queda bien declarado en 1 Tesalonicenses 4:16-17 cuando leemos:

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”

Así que como podemos ver, todo creyente ha recibido la primera invitación para vivir por la eternidad en la presencia de Dios, y todos han confirmado la primera invitación, pero el problema esta en que no todos alcanzaran ese lugar especial que Él ha preparado para nosotros.

Esto no es algo que diga yo, el Señor nos deja saber esto claramente en Mateo 7:21 cuando leemos: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” ¿Por qué sucederá esto? Continuemos ahora con nuestro estudio para descubrir el problema.

Continuando encontramos que se nos dice: “Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. 19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. 20 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.”

Como podemos ver aquí claramente, los invitados en esta ocasión insultaron al hombre que estaba dando la cena. Digo esto porque todos trataron de poner excusas por la que no podían asistir, pero en realidad no eran excusas sino que eran mentiras que solo servían para insultar la inteligencia de este hombre. Permítanme explicarles esto con más detalles para que determinemos si lo que les digo tiene sentido o no.

La primera excusa: “He comprado una hacienda, y necesito ir a verla.”

Aquí el Señor nos da ha entender que esta persona no había visto este terreno todavía. Ahora preguntémonos, ¿quién compraría algo sin primero verlo? Especialmente un terreno para utilizarlo para crecer alimentos o para pastorear animales sin saber las condiciones de ese lugar.

¿Cómo podría esa persona saber si lo que estaba comprando le seria útil para suplir sus necesidades, es decir, si tenia agua, tierra fértil, rocas, etc.? Claro esta en que nadie en ese entonces ni nadie hoy en día haría tal cosa; así que aquí rápidamente podemos observar que la excusa que usó este invitado era una simple mentira e insulto a la inteligencia del que lo invito.

La segunda excusa: “He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos.”

El Señor aquí nos da a entender que la persona había comprado unos bueyes y que necesitaba probarlos. Nuevamente, nadie compra algo sin primero saber lo que compra ya que esto sería una tontería. Digo esto porque cuando un agricultor compra bien sea bueyes o caballos para obrar en equipo en un terreno, lo primero que hacen es probar los animales.

La razón por la que se hace esto es porque no todos los animales sirven para trabajar en equipo; así que de la única manera que se puede determinar si serán animales útiles para las labores necesitadas será probándolos. Si los animales no pueden trabajar en equipo, y si no están fuertes, entonces ¿para que sirven? Así que aquí nuevamente encontramos que la excusa que uso este invitado era una simple mentira e insulto a la inteligencia del que lo invito.

La tercera excusa: “Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.”

Aquí es donde entra en juego lo que les dije al inicio, cuando les dije que rara vez se celebraban dos eventos especiales como serian la gran cena, y una boda. Es más, si hubiese habido una boda el señor que estaba proveyendo la gran cena hubiese sido invitado a la boda, y nunca hubiese preparado la gran cena.

Pero aquí el Señor nos da a entender que este invitado se acababa de casar. Quizás quiso decir que estaba recién casado, pero en todo caso él pudo asistir a la cena y luego regresar a su esposa. Nuevamente encontramos que la excusa que uso este invitado era una simple mentira e insulto a la inteligencia del que lo invitó.

Ahora, ¿que significa esta parábola y cómo se aplica a nosotros hoy en día? Para encontrar la respuesta a esta pregunta continuemos ahora con nuestro estudio de hoy. Continuando leemos:

Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. 22 Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. 23 Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.”

Para poder entender bien el poderoso mensaje encontrado en estos versículos primero debemos estar concientes de un detalle; este detalle es que la razón inicial por la que el Señor vino al mundo fue por el pueblo judío.

Esto es algo que queda bien reflejado en Marcos 7:26-27 cuando leemos: “La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27 Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.” Demás esta decir que el pueblo por quien vino le rechazo por completo; esto es algo que se nos deja claramente expuesto en Juan 1:11 cuando leemos: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”. Manteniendo esto en mente continuemos ahora.

Yo estimo que nada le daría mayor gozo a Dios que el que toda persona en este mundo se volviera a Él. Pero la triste realidad es que aunque todo ser humano tiene una invitación abierta, pocos son los que responderán y asistirán a la gran cena del Señor. Esto es algo que el Señor nos deja saber claramente en Mateo 7:13 cuando leemos:

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.” ¿Por qué sucede esto?

Esto sucede porque muchos son invitados, pero pocos responden. Al igual que en la parábola existen muchas personas que ponen excusas para no asistir a lo que Dios nos ha llamado. ¿A qué nos ha llamado Dios?

Dios nos ha llamado a conducir una vida guardando Su santa y divina Palabra; es como encontramos en Juan 14:23 cuando leemos: “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

Sin embargo existen muchos que conducen una vida opuesta a la Palabra de Dios, dejándose influenciar y dirigir por las cosas de este mundo. Dios nos ha llamado a entrar en comunión con Él; es como encontramos en las palabras del apóstol Pablo en 1 Corintios 1:9 cuando leemos:

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.”

Sin embargo existen muchos que se alejan de la iglesia; existen muchos que le dan más valor a las cosas temporales que a la comunión con Dios; existen muchos que no oran, no alaban, no adoran al Dios todopoderoso. Dios nos ha llamado a propagar el evangelio de Jesucristo a toda persona; es como encontramos en Marcos 16:15 cuando leemos:

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”

Sin embargo existen muchos que no hablan de la iglesia, del poder y misericordia de Dios, y lo que Dios ha hecho o esta haciendo en su vida debido al temor.

Existen muchos que no responden a lo que Dios nos ha llamado y solo pueden poner excusas; y en la mayoría de los casos, ante los ojos de Dios, las excusas son tal como las excusas que encontramos en esta parábola. En la mayoría de los casos las excusas no son más que mentiras que solo sirven para insultar la inteligencia de Dios.

Para concluir. No existe excusa por la que una persona no pueda asistir a la invitación del Señor. La invitación a vivir en el Reino de Dios que es lo que recibimos cuando permitimos que Cristo entre en nuestra vida.

Al igual que nosotros nos dimos cuenta de las grandes mentiras que dijeron estas personas en la parábola para no asistir la cena, Dios se da cuenta de las grandes mentiras o excusas que usamos nosotros para no servirle o no aceptar la invitación a vivir en Su Reino.

Esta parábola nos da a nosotros una visión clara de lo que cada uno de nosotros tenemos que hacer. El Señor nos ha hecho la invitación a la gran cena, y Él ha ido a preparar ese lugar para nosotros.

Nuestra visión y misión como iglesia Cristiana esta mas que clara. El Señor nos esta hablando en el día de hoy tal como lo estaba haciendo en ese entonces. Nos esta diciendo, pues salgan e inviten a todos los que encuentren. Esta invitación que nos hizo no es para que nos quedemos con ella, sino para que sigamos invitando. Para que sigamos construyendo el Reino de Dios.

Recordemos que Él nos ha escogido para que participemos en la gran cena, y es por eso que debemos tener mucho cuidado que nuestra invitación no sea cedida a otro. Debemos tener mucho cuidado de que no vayamos a perder nuestro puesto en la mesa por hacer excusas.

Es hora de llevar la invitación a otros. Es hora de ser siervos obedientes a nuestro Rey e invitar a todos los que podamos.

Acuérdense que no existe excusa o razón para no hacerlo. Solo esta en que seamos obedientes a Su Palabra, y Él guiara todos nuestros pasos.

© 2008, José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

José R. Hernández
Autor

José R. Hernández

Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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