La fe mueve montañas

Roberto Torres

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La fe mueve montañas

Predicas Cristianas

Prédica de hoy: La fe mueve montañas

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Santiago 1:1-8

Introducción

En el vocabulario de alguien que profesa fervientemente el Evangelio, la “fe” es una palabra crucial. Vivimos a través de ella y en su virtud, permitimos que se haga una voluntad superior a la nuestra: la de Jehová.

Gracias a la fe podemos adquirir sabiduría y sin ella cualquier cosa que hagamos es en vano. Pues de nada sirve hacer actos en los que no creemos.

No solo es una cualidad más, es preciso que trabajemos y prestemos atención a nuestro nivel de fe. En realidad se trata la parte central que nos permite entregar nuestra existencia por un propósito qué no vemos, pero sentimos.

Sí somos capaces de creer con una fe inamovible, somos capaces de hacer todo lo que Dios nos proponga. Es la raíz de la confianza y el amor; para hacer qué permanezca debemos saber cuidarla. Pues cómo se nos explica en Hebreos 11:6 “sin fe, es imposible agradar a Dios”.

I. La fe mueve montañas – Característica de la fe

1. Certeza y convicción (Hebreos 11:1)

En éste fragmento se nos ilustra brevemente aquello que contiene el significado de la fe: certeza y convicción.

Generalmente en la vida estamos en constante espera. Sabemos que van a pasar distintas situaciones y etapas. Esperamos que los niños crezcan, que las estaciones pasen, que el día termine. ¿Podemos verlo? No, nos es imposible mirar el futuro, pero tenemos convicción de qué va a suceder.

La fe es una garantía de que estamos existiendo, vivos, presentes aquí y ahora. Es la manera en que Dios se manifiesta ante nosotros de manera soberana y poderosa.

2. Vivimos en la fe (2 Corintios 5:6-7)

La fe es central en nuestras vidas porque andar en ella significa despojarnos del mundo. Sí bien existimos en el cuerpo, las Escrituras nos exhortan a no vivir haciendo caso al cuerpo. En cambio debemos prepararnos para estar presentes en el Señor. Esto solo puede conseguirse creyendo firmemente la palabra de Dios.

Creer va de la mano con la manera en la que vivimos. Mas allá de ser una condición para seguir a Dios, se convierte en el camino para seguirlo. No solo debemos “tener fe”, sino vivirla, habitarla y no olvidarnos de ella.

3. La fe es constancia (Santiago 1:3)

Cuando uno cree realmente en algo, no lo abandona. En la fe hay también una paciencia persistente y en calma. Ella crea constancia y nos invita a creer que todo es posible.

Lo primero que necesitamos entender, para poder manifestarnos a través de la fe, es disposición. Sí encontramos afán en la espera de que “algo suceda”, no estamos habitando la fe con honestidad. En este aspecto, nuestra fe debe ser humilde, como la de un niño. Esperando porque sabemos que algo va a suceder, no con incertidumbre ó miedo.

No existe espacio para la duda cuando se trata de la fe.

II. La fe mueve montañas – La fe como armadura

1. La fe nos arma de valentía (Mateo 8:23-27)

Ante la aflicción, Jesús uso la fe como su mayor armadura. En éste pasaje incluso les dijo a sus discípulos “hombres de poca fe”, por asustarse ante la tormenta.

El susto es una reacción natural del cuerpo en situaciones de peligro. Sin embargo, cuando tenemos fe en que Dios puede salvarnos, ese miedo se disipa.

La fe nos hace valientes para atravesar cualquier problema. Pero lo mas importante es saber que esto no ocurre por nuestros propios méritos. Tener fe es una acto humilde, pues

2. La fe como salvación (Juan 11:25-26)

La resurrección de Lázaro es uno de los pasajes mas maravillosos que encontramos en las Escrituras. Nos enseña que realmente Jesús es fuente de vida, pero qué para ver esa inmensa gloria, necesitamos tener fe.

Marta creyó tan fuertemente que Jesús hizo el milagro. Su hermano fue salvado gracias a esa convicción. De igual manera también nuestra propia salvación consiste en vivir la fe. Debemos creer que Jesús ha vencido al mundo y en esa certeza, nos apropiamos de su promesa.

Para poder transitar éste mundo conforme a los preceptos de Dios, necesitamos que sean sus promesas las que guíen nuestros actos. Es parte de nuestro camino guardarlas y compartirlas en comunidad. De eso se trata la salvación.

3. Pedir con fe (Mateo 21:20)

Jesús enseñó la manera correcta de orar a Dios. Siempre desde la fe y la humildad, jamás exigiendo nada. Sabemos que podemos pedirle pues el como Padre, conoce nuestras necesidades. Sin embargo, se nos recuerda que debemos pedir creyendo con verdad.

Para el Creador no hay nada imposible o difícil. Cuando aceptamos ésta verdad, entendemos que en sus manos no hay nada que temer.

III. La fe mueve montañas – ¿Cómo debe ser nuestra fe?

1. Como un grano de mostaza (Mateo 17:20)

La fe no es algo que podamos medir, es un don de Dios y como tal su dimensión supera los límites de aquello que conocemos. Sin embargo, las Escrituras en dos ocasiones usa ésta metáfora. Debemos tener al menos la fe como un grano de mostaza. ¿Qué significa esto?

Un grano de mostaza es en definitiva bastante pequeño. Lo particular de él, es que si es cuidado debidamente, crece y se expande como un árbol enorme.

De ésta manera nuestra fe debe asemejarse a una semilla que sembrada correctamente, es capaz de transformarse en la manifestación de la obra de Dios. Empieza muy pequeña y humilde, para convertirse en algo grandioso.

Así nosotros en el Evangelio, debemos proyectar que nuestra fe nos haga crecer sin límites.

2. La fe debe ser firme (Santiago 1:6)

El inicio del libro de Santiago, se extiende sobre éste tema. Explica que quiénes todavía tienen dudas son como las olas de mar, yendo de un lado para otro. Cuando estamos firmes en la fe pasa lo contrario. Encontramos seguridad en el Evangelio y entre mas fe tenemos, mas difícil es que nos apartemos de el.

Sí estamos seguros en nuestro Dios y lo que profesa su palabra, ningún tipo de pecado podrá atravesar nuestra fe. Ella nos mantiene enraizados, sin que desviemos nuestro camino.

Esto no significa que el pecado deja de existir, sino que ahora tenemos la fuerza de Dios y su poder a nuestro lado.

Conclusión

Cuando algo es realmente importante en nuestras vidas, lo cuidamos con esmero y queremos que permanezca. Siendo Dios nuestra mayor prioridad, es necesario qué en nosotros habite una fe cuyas dimensiones hagan justicia a ese nivel de importancia.

La fe debe ser un tema que cultivemos en oración y ayuno constante. Debemos sustentarnos en ella cómo árboles plantados, siendo fuertes y honrando a Dios con nuestra existencia. Recordemos que sin ella, es imposible acercarnos al Padre y entender ese inmenso amor.

Ella es sobrenatural y encontramos repuestas qué el mundo no puede responder. En esa verdad hay regocijo y refugio, pues el mundo tiene sus aflicciones y soledades, pero como no actuamos según el mundo, podemos sentirnos a salvo. A través de nuestra fe, somos salvados.

Es necesario preguntarnos cómo está nuestra fe todos los días de nuestra vida. De ella depende nuestro crecimiento y desarrollo cómo cristianos. Aspiremos a ser como el grano de mostaza, y en esa irremediable transformación, seremos capaces de sentir lo qué predicamos.

© Roberto Torres. Todos los derechos reservados.

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Roberto Torres

Siervo de Cristo y seguidor de la palabra de Dios. Es mi oración que los mensajes que redacto le sirva de bendición.

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