La oración de Jesús

José R. Hernández

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En esta vida tan apresurada que llevamos, a veces se hace difícil mantenerse enfocado en las cosas importantes. Con mucha facilidad perdemos de vista lo realmente imprescindible en nuestra vida, y nos fijamos en solo las cosas de este mundo que en realidad no tienen valor alguno.

Esto nos conduce a que en numerosas ocasiones tengamos que atravesar por situaciones difíciles, ya que en vez de buscar la gloria de Dios para con nosotros, nos pasamos la vida buscando satisfacer nuestra ambición y deseos.

Es por eso que hoy deseo que analicemos parte de la oración de Jesús antes de ser arrestado para ser crucificado por nuestros pecados.

Deseo que analicemos esta oración porque en ella encontraremos que Jesús nos revela Su corazón, y con eso nos demuestra a todos nosotros lo que debemos hacer cuando verdaderamente deseamos obtener la gloria de Dios. Pasemos ahora a las escrituras que estaremos estudiando en el día de hoy.

Juan 17:1-5Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; 2 como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. 3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

En este punto de la historia, a través de Sus enseñanzas y milagros, Jesús ya les había revelado a todos su verdadera identidad. Y existían muchos que creían en Él, pero que no se atrevían ha confesarle públicamente por temor a los líderes religiosos de ese entonces.

Esto es algo que queda bien reflejado en Juan 12:42-43 cuando leemos: “…Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. 43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios…”

Y porque Él no buscaba la aceptación del hombre, sino que solo buscaba la gloria de Dios, algo que encontramos claramente expuesto cuando el Señor nos dice como encontramos Juan 12:49-50 cuando leemos: “…Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. 50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho…”, dentro de muy poco tiempo sería entregado en las manos de los gobernantes para sufrir el tipo de ejecución más horroroso que el hombre ha inventado.

No sé cuántos de ustedes en realidad han examinado la muerte por crucifixión, pero para que todos tengan un buen entendimiento de lo que Jesús sabía que le esperaba, detengámonos aquí por un breve momento y examinemos este tipo de ejecución.

Lo primero que debemos saber es que la crucifixión era el método favorito de ejecución del Imperio Romano. La razón por eso es porque este tipo de ejecución enviaba un mensaje muy poderoso a la población.

Este tipo de ejecución le dejaba saber al pueblo que el Imperio Romano era completamente despiadado con todo aquel que rompiera sus leyes. Digo que este tipo de ejecución era el método más horrible y despiadado que existía porque la muerte por crucifixión no era nada rápido.

La muerte por crucifixión era algo largo y agonizante. Este tipo de ejecución era tan horrible, que la ley romana prohibía que un ciudadano de Roma fuera ejecutado por este medio. Permítanme ilustrarles brevemente el significado de la muerte en la cruz para que entiendan bien lo que esto significa.

Lo que se hacía normalmente era que se ataban los brazos de la persona con sogas a la parte superior de la cruz; esto causa que los hombros y los brazos sostengan todo el peso del cuerpo. No sé cuantos de ustedes han tratado de sostener el peso completo de su cuerpo con solo los brazos por un largo periodo de tiempo, pero sé que no pasaría mucho tiempo antes de que comenzáramos a sentir dolor en los brazos y los hombros. Así que estar crucificado por un tiempo prolongado causa un fuerte dolor, y también dificulta el respirar.

La razón por la que se dificulta el respirar es porque colgar de esa forma causa que todo el peso del cuerpo se concentre en el pecho y los hombros; esto causa que costillas se compriman creando presión en los pulmones.

No solo esto, pero también tenemos que recordar que todas la ejecuciones eran hechas en público, a la intemperie, lo que significa que la persona estaba expuesta a los elementos; en otras palabras la persona se deshidrataba y/o sufría hipotermia.

Cuando el imperio deseaba demostrar piedad de aquellos que sobrevivían por largos tiempos, los soldados le rompían las piernas para que la persona no pudiera sostenerse o aliviar su dificultad al respirar.

Pudiéramos seguir describiendo el sufrimiento tan grande que este tipo de ejecución significa, pero creo que ya todos tienen muy buena idea de lo que el Señor tuvo que padecer por cada uno de nosotros, así que manteniendo estos breves detalles continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

En los versículos que estamos usando en el día de hoy encontramos que nos dicen: “…Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti…”

Como les dije, Jesús sabia muy bien por lo que tendría que pasar; Él sabia muy bien lo que tendría que soportar y sufrir. Esto es algo que queda muy bien reflejado en Su clamor al Padre en Getsemaní antes de ser arrestado como encontramos en Mateo 26:39 cuando leemos: “…Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú...” Pero a pesar de que Él sabía muy bien por lo que tendría que pasar, Jesús en ningún momento exigió o demando que dejase de cumplirse la voluntad de Dios.

Jesús no le pidió al Padre que le quitase el dolor, sino que le pidió que le diera las fuerzas para poder soportar. Fíjense bien en este detalle cuando leemos: “...glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti…”

Con esto aquí Jesús le estaba diciendo al Padre: yo se lo que tendré que soportar, dame las fuerzas para no fallarte. Hermanos y esto mismo es lo primero que todos debemos hacer al encontrarnos en las situaciones que se presentan en nuestra vida a diario.

Tenemos que aprender a reconocer que nuestra fortaleza no esta en nosotros, sino que nuestra fortaleza reside en la gloria de Dios. Si no podemos reconocer esto, entonces se nos hará muy difícil soportar y vencer los ataques del enemigo.

Yo no deseo alarmar a nadie, pero con solo prestar atención a las cosas que suceden a diario todos podemos reconocer que con cada día que pasa las cosas se ponen peor.

La inmoralidad, la falta de escrúpulos, y la falsedad de este mundo continúan tomando raíz en las personas, y la gran realidad es que al no ser que Dios nos provea con Su fortaleza, ninguno de nosotros podrá soportar y vencer los ataques del enemigo.

Si queremos vencer, entonces tenemos que pedir que Dios nos fortalezca para que nuestra actitud y comportamiento siempre le revele al mundo la gloria de nuestro Padre celestial.

Continuando con nuestro estudio leemos: “…como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. 3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese…”

Cuando nos entregamos a Jesús recibimos el regalo más excelente en todo el universo, recibimos vida eterna, y esto mismo es lo que cada uno de nosotros tenemos que declarar en todo momento. Tenemos que clamar al mundo que existe una guerra por nuestra alma que esta siendo peleada en estos mismos momentos.

Es como encontramos en Efesios 6:12 cuando leemos: “…Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes…” ¿Creen ustedes que la degradación de principios morales y la falta de escrúpulos se propagan en el mundo por casualidad o porque es la moda?

La respuesta es ¡NO! A diario el enemigo ataca al creyente tratando de alejarle de la presencia y voluntad de Dios en todo momento; a diario el enemigo y sus demonios atacan al creyente con el propósito de impedir que la gloria de Dios sea reflejada en nuestra vida.

Es por eso que en 1 Pedro 5:8 encontramos una gran advertencia que nos dice: “…Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar…” En otras palabras, que estemos atentos y listos en todo momento para que nuestro enemigo no pueda formar una fortaleza en nuestra vida, y destruir lo que Dios ha iniciado en nosotros.

En Su oración el Señor le dice al Padre: “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.” ¿Qué significa esto? Pero más importante aun, ¿podemos nosotros decir igual?

Lo que esto significa para nosotros es que no podemos continuar siendo como espectadores en un juego, sino tenemos que actuar y cumplir la obra que nuestro Padre nos ha encomendado. Dile a la persona que tienes a tu lado, es hora de pelear.

Es tiempo de sacar al enemigo de nuestra vida; él no tiene derecho alguno en nuestra familia; él no tiene derecho alguno en nuestras escuelas; él no tiene derecho alguno en nuestro trabajo.

Tenemos que glorificar a Dios exhibiendo el coraje de declarar nuestra fe, y proclamar el evangelio de nuestro Señor en todo momento. Tenemos que pedirle a nuestro Padre que derrame Su gloria sobre nosotros. Cuando pedimos que la gloria de Dios descienda sobre nosotros y sea reflejada en todo lo que somos, el enemigo no tiene potestad alguna en nuestra vida.

Pero nosotros somos responsables de recordarnos de todo esto diariamente, ¿cómo podemos hacer esto? Lo hacemos a través de nuestra oración. La oración es algo que nunca puede faltar en la vida de un creyente, porque cuando falta la oración entonces llega la tentación.

Esto es algo que queda muy bien reflejado en las palabras de nuestro Señor como encontramos en Mateo 26:41 cuando leemos: “…Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil…” Nuestra comunicación con nuestro Padre debe ser constante, no podemos permitir que nada interrumpa esta parte de nuestra vida.

Continuando leemos: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” Aquí vemos que Jesús le pide al Padre que lo glorifique y le permita estar a Su lado como lo estuvo antes de la creación, y esto es algo que nosotros también debemos pedirle a nuestro Padre celestial.

Debemos pedirle que nos glorifique con Su presencia en nuestra vida, que nos glorifique para que siempre podamos encontrarnos junto a Él.

En Juan 17:11 encontramos que el Señor dijo: “…Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros…” Aquí en sí encontramos el mensaje principal para nosotros en el día de hoy. A nosotros nos ha tocado vivir en tiempos difíciles, estamos viendo como la humanidad se degrada cada día más y más.

Estamos viendo como muchos se apartan del Dios verdadero para seguir dioses falsos, y doctrinas del hombre. Y si no queremos caer en la misma trampa en la que muchos han caído, entonces tenemos que mantenernos unidos a Dios.

Satanás trata de engañar al hombre a través de numerosos medios y maneras, y es por eso que nosotros no podemos flaquear en nuestra fe, sino que tenemos que permitir que la gloria de Dios sea reflejada en todo lo que somos, ya que esta es la única forma que podremos exponerlo por el mentiroso que él es.

Cuando nosotros somos uno con Dios aquellos que nos rodean y el mundo lo verán también. Cuando nos mantenemos uno con Dios no existe diablo que pueda venir para asustarnos. No existe demonio que pueda venir a hacernos ningún mal, porque conocemos la verdad.

La verdad es como encontramos en Santiago 4:7 cuando leemos: “…Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros...”

También siempre recordemos lo que nos dice la Palabra en Romanos 8:31 cuando leemos: “…Si Dios es por nosotros, quien contra nosotros…”

Hermanos, Jesús desea que toda persona esté tan cerca del Padre tal como Él, y no existe razón por la que no lo podamos estar.

Para concluir. Enviémosle un mensaje poderoso al mundo en el día de hoy. Digamos ahora y siempre, nosotros somos uno con Dios y los demonios no tienen potestad en nosotros. Nosotros somos uno con el único y verdadero Dios.

En Juan 17:13 encontramos que Jesús oró al Padre y dijo: “…Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos…”

En otras palabras, el Señor aquí le estaba diciendo al Padre: estoy en camino a verte, estoy en camino a estar contigo, pero antes de irme deseo que Tú les des el gozo a ellos por haberme conocido. Tengamos el gozo que Jesús quiso que tuviéramos, y no le permitamos al enemigo que nos robe esto.

Oremos al Padre pidiéndole que se glorifique en nuestra vida, dándonos las fuerzas para sobrellevar toda dificultad.

Oremos al Padre pidiéndole que se glorifique en la vida de todos aquellos que aún no conocen la verdad, permitiendo que el mensaje de salvación llegue a su vida.

Oremos a Dios para que se glorifique en nuestra vida y podamos reconocer las oportunidades que Él nos brinda de introducir a Su hijo amado a los que no le conocen.

Oremos al Padre pidiéndole que se glorifique en nuestra vida, para que siempre podamos reflejar la grandeza de su majestad, misericordia, y poder.

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José R. Hernández
Autor

José R. Hernández

Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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