Predicas Cristianas
Predicas Cristianas Predica de Hoy: Recibamos la recompensa
Predicas Cristianas Lectura Bíblica: 1 Corintios 3:14
Introducción
La Palabra de Dios dice claramente que la salvación es por fe, y de la misma manera la Biblia dice que se recibe la recompensa por las obras; la Biblia nos revela que la salvación es por la fe de los pecadores, y la recompensa es por las obras de los cristianos, es decir que la fe está relacionada con la salvación, y esto está más que claro, pero las obras están relacionadas con la recompensa, y esto también está más que claro, por lo que uno no debe mezclar estas dos cosas.
Recibamos la recompensa – Desarrollo
Leamos la Palabra de Dios en 1 Corintios 3:14 “Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa”, y en Apocalipsis 22:12 “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.
En este pasaje, la Escritura utiliza el término “galardón”, que proviene del griego “μισθός” (misthós – Strong’s G3408), el cual describe una recompensa o pago otorgado conforme a la obra realizada. Esto nos revela que, aunque la salvación es un regalo por la fe, la recompensa está directamente relacionada con la obediencia y el servicio del creyente.
Este último versículo que leímos, como también el que le sigue, dice que el Señor dará a cada uno de acuerdo con sus obras, es decir que Él recompensará a cada uno según su obrar; y por supuesto, esta obra no es nuestra propia obra, ya que nosotros sólo lavamos nuestras ropas en Su sangre para que estén blancas.
Pero cuando el Espíritu Santo hace vivir a Cristo en nosotros, tenemos las obras de un cristiano, es decir que algunos permitirán que Cristo viva en ellos y otros no; si todas las riquezas provienen de Cristo, y todo el poder también es de Cristo, algunos permitirán que el Señor obre en ellos y otros no, por lo que la recompensa está relacionada con la fidelidad delante de Cristo.
Santiago 1:22 nos dice: “Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”, y en la Biblia descubrimos cómo era Pedro; ese relato también es la Palabra de Dios.
Leemos cómo actuaba Pablo y eso también forma parte de la Palabra de Dios; leemos acerca del comienzo de la iglesia en Jerusalén, Samaria, Antioquía, y estos relatos no son simple historia, sino que también son la Palabra de Dios, pues los hombres proclaman la Palabra de Dios en la historia, pero también la ponen por obra en la historia, y es el Espíritu Santo quien la revela a través de sus vidas.
Pero “los que viven según la carne no pueden agradar a Dios….Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” Romanos 8:8-9, donde vivir según la “carne” es tener como modelo el pecado, y esta vida en pecado implica vivir en medio de las envidias, celos, impurezas, adulterios, codicia, enemistades, odios, pereza, etc, por lo que tomar como modelo lo “carnal” hace que el que hombre no pueda agradar a Dios de ninguna manera, ya que no mora en él el Espíritu de Santo.
Esto lleva a enfrentarnos con la necesidad de tomar una decisión en nuestras vidas, ya sea aceptando y viviendo según Cristo, o rechazarlo para seguir nuestras propias pasiones, por lo que Pablo, en la carta a los gálatas, y hoy a nosotros, nos dice cuáles son las consecuencias de estos dos diferentes modos de vida afirmando:
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” Gálatas 6:7-8.
El anuncio de la vuelta a la vida de los huesos secos dado en la profecía de Ezequiel, está hablando de la vuelta a la vida del pueblo elegido sepultado a causa de sus pecados, el retorno a su tierra y el cumplimiento “en la plenitud de los tiempos” de la vida nueva que se ofrece a todos los que crean en el Señor.
Pero no todos hacen caso de las palabras de la Biblia, tal como están expresadas, hoy, un gran sector de la iglesia, despreocupadamente ha abierto sus puertas para que ese mundo engordado por el pecado entre sin tapujos en las congregaciones bajo la mirada complaciente de muchos.
Un gran sector de la iglesia, pretendiendo “alcanzar” al mundo, ha sido alcanzado por éste, engañado por lo que llaman “lo nuevo de Dios”, es decir, hablan de que Dios está haciendo “algo nuevo” como si la Biblia estuviera inconclusa, y esto sucede porque no han aprendido a discernir y separar lo santo de lo profano, entonces no cree que la Palabra de Dios jamás cambia y jamás cambiará.
La Palabra es muy clara cuando nos enseña que cada uno de nosotros debemos ir experimentando una transformación, fruto de pensar como Dios piensa, y eso es siempre conforme a su misma Palabra, y guiados por Su Santo Espíritu.
No lo veas como algo obligatorio, pero la lectura constante de la Biblia es más que recomendable para que la Palabra de Dios golpee con toda su intensidad en nuestras vidas a fin de superar esos baches que tenemos muchas veces en la vida, con depresiones, inseguridades, la separación y pensamientos suicidas que nos genera esa angustia que quiere hacernos retroceder en el camino, cuando ya es hora de dejar de comportarse como un adolescente desorientado, para pensar y actuar como creyentes maduros.
La vida del creyente es una vida de decisión y obediencia, donde esta obediencia implica el someter nuestra voluntad, a la voluntad del Señor, y si le sumamos a esto la disciplina de oración y lectura, y el declarar la verdad de Cristo, tendremos el principio de la victoria, por lo que el Señor nos dice:
“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” Mateo 11:29-30.
“El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” Mateo 10:40-42
El Señor recompensa a todo el que se vuelve a sus caminos, lo busca y ama de todo corazón, pero tú:
¿Qué recompensas anhelas?
Las que se terminan o las que son eternas?; como cristiano sabemos que: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” Jeremías 17:9-10
Para no engañarte, dile al Señor como el salmista: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno” Salmos 139: 23-24.
Debemos tener claro cuál es la recompensa que esperamos ya que existe un roce entre lo temporal y lo eterno, ya que por un lado deseamos realizarnos aquí en la tierra, lograr nuestros objetivos, vivir en prosperidad y con la bendición de Dios; y por el otro, saber que nuestra morada, nuestra verdadera patria, está en los cielos, y además sabemos que es de más valor la vida eterna que la vida presente.
Cuando nos inclinamos hacia un lado, nuestra personalidad sufre un desequilibrio en lo psíquico y en lo espiritual, si nos inclinamos hacia lo temporal, tendemos a quejarnos y rebelarnos contra Dios si todo lo que queremos no se concreta rápidamente, cuando uno deja de mirar lo eternidad puede terminar ahogado en las riquezas o resentido contra Dios.
Por otro lado, cuando nos inclinamos a lo eterno tendemos a descuidar nuestro trabajo, llegando a pensar que no vale la pena nada de lo que hagamos en este mundo, o algunos llegan a pensar: “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos” Isaías 22:13.
Si volvemos al versículo que leímos: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” Apocalipsis 22:12, nos está diciendo que el Señor viene pronto para darnos, pagarnos, devolvernos, o recompensarnos a cada uno según sea nuestra obra.
Entonces, la salvación la tenemos por la fe, completamente gratis, y de igual manera, si creemos y recibimos a Cristo tenemos vida eterna, pero la recompensa la tendremos por lo que hacemos mientras estamos en la tierra.
Conclusión
Habrá recompensa para los que cumplan con el Señor, dando “no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” 2 Corintios 9:7, “Mas cuando tú des …., no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea ……. en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” Mateo 6:3-4.
Habrá recompensa para los que oran, “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” Mateo 6:6, entonces, si nuestra oración está de acuerdo con la mente de Dios, no sólo será respondida, sino que también recibirá su recompensa.
Habrá recompensa para los que ayunan, “Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” Mateo 6:16-18.
Habrá recompensa para los que trabajan en la iglesia, pues para Dios trabajan, “Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios” 1 Corintios 3:8-9.
Habrá recompensa para los que hicieron bien su trabajo, pues “Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa” 1 Corintios 3:14, como también habrá recompensa para los que anuncian el evangelio “Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada. ¿Cuál, pues, es mi galardón?” 1 Corintios 9:17-18.
“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”, entonces, dejemos de lado la pereza, el desanimo, las dificultades y excusas, para proponernos con decisión y firmeza servir al Señor con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra alma y con todo nuestro corazón, entendamos que vale la pena cualquier sacrificio para recibir un premio tan grande y eterno de las manos de Jesucristo, nuestro Señor.
© Luis Alberto Coria. Todos los derechos reservados.







